QUÉ DEBATE?


 

El DEBATE PRESIDENCIAL. Así, en mayúsculas nos ha ofrecido lo que pudo haber sido un “todos contra todos” y no pasó de ser una serie de monólogos sobre tres temas (importantes)  pre-determinados y uno llamado libre, donde cada candidato podía elegir el qué decir sobre algo. Monólogos de tres minutos cada uno, con algunas anécdotas como la de quedarse sin tiempo para formular bien el tema o desperdiciar el tiempo en insultos explícitos o soterrados.

Once candidatos no podían debatir en tan poco tiempo ni aunque se ciñeran a un solo tema.

Por lo tanto, el nombre resultó un “engañamuchachos”  que ofrecía mucho más de lo que daría y dio lo que pudo.

Es indudable que cada uno de los once candidatos sabía que no iba a debatir sino a exponer. Alguno desaprovechó su oportunidad y trató de mostrarse duro o “ilustrado”, rozando solamente lo que en el fondo debería decir con alguna propuesta y un par de cifras.

Creo, personalmente,  que PPK mostró una garra profesional y verdadera solvencia distintas de lo que le vemos hacer en TV que suele ser lamentable y lejos de una campaña publicitaria -hasta ahora- chata y obvia.

Toledo habló como presidente en funciones, con un tono distinto y confiado. El tono del que sabe que va primero.

Keiko Fujimori no dijo nada nuevo y se mostró como la mujer-madre que es y representa y Castañeda se enredó un poco y se quedó sin tiempo. Humala dijo cosas que estaban bien, pero a pesar de su cambio donde por lo visto hasta el polo rojo chavista ha desaparecido, sigue apareciendo por allí un cierto aire militarista y autoritario (que no hay que confundir con verdadera autoridad). De los demás candidatos me queda el recuerdo gritón y fuera de sitio de Noriega y Ñique. Juliana bien aunque los temas sonaban a mucho para ella, Pinazo un desastre en todo y Belaúnde tranquilo, sabiendo que está recorriendo un camino.

Del “debate” en sí nada. Más ruido que nueces. Mucha exposición para un medio y festival de propuestas.

Es que esperábamos más?