TODOS SOMOS IGUALES


Especialmente ante la Ley, y si eres culpable o mereces ser investigado para demostrar eso o tu inocencia, no puede haber ninguna diferencia, porque como se dice, “nadie tiene corona” …

La denuncia de un ataque con lesiones graves al ciudadano Richard Muro, perpetrado por militantes de Perú Libre, tiene verdadera importancia y si se comprueba el hecho repudiable, no solamente tiene que ser rechazado por todos, sino que sus autores deben ser castigados por la Ley…

Hechos como este, además el actuar vandálico y criminal perpetrado por seguidores o militantes del partido opositor, lo que hacen es demostrar una división casi fanática, que lo único que consigue es incrementar la inseguridad nacional, fomentando la criminalidad con la excusa de las “ideas”.

Estamos, como nunca, viviendo esta polarización exacerbada, que es el fruto de una larga postergación de la mayor parte del país, y un no menos largo desinterés sobre lo que sucede, creyendo que “Lima es el Perú” …

La votación en las últimas elecciones, ha dado, finalmente, a un ganador y nos guste este o no, aceptarlo es lo correcto y lo legal. Podemos discrepar de él y su pensamiento, pero no se justifica de ninguna manera la violencia para demostrar que se disiente, ni tampoco el que sus militantes o seguidores, recurran a ella como argumento.

En el momento en el que los golpes reemplazan a las ideas o buscan “reforzarlas”, no solamente estamos retrocediendo a la época de las cavernas, sino que nos convertimos en animales irracionales…

No creo que el tema “se acabe aquí”, pero quería escribir esto, porque a propósito de mi artículo de ayer, me dijeron que estaba mirando un solo lado, pero lo que hice fue comentar hechos en los que participaron cientos de personas, sin que, por eso, el ataque vandálico y repito, criminal, a una persona “opositora” no sea tristemente destacable y punible para los responsables…

El Perú lo formamos todos y absolutamente todos, somos iguales, sin distinción alguna…, especialmente ante la Justicia y la Ley.

Imagen: culturagenial.com

LOS PICAPIEDRAS


Los personajes que en la serie son simpáticos y usan su imaginación para “modernizarse”, sin dejar de vestir pieles y vivir en Piedradura, los Picapiedras, parecen tener en el Perú su lado cavernícola más oscuro y agresivo…

Son “KAVERNÍKOLAS”, con la “K” como símbolo y bandera, que arremeten contra todo aquello que no les sea grato o convenga, como lo sucedido en Lima, cuando –copiando “a la champa” (o sea de cualquier modo)- la “estrategia” de Donald Trump, de azuzar a sus seguidores para “tomar el poder” (en este “copiativo” caso, además, sacar al presidente Sagasti, a la fuerza, de Palacio de Gobierno) …

En la algarada confluyeron grupos violentistas, de los que la señora “K”, en un par de tweets posteriores, ha querido deslindar vinculación, a pesar de existir evidencias gráficas de la esta… No solo enfrentaron y golpearon a la policía, sino que golpearon también a reporteros gráficos, periodistas, transeúntes y atacaron a los restaurantes y comercios de la zona, destrozando muebles y maltratando malamente a parroquianos y empleados de estos lugares…

Su intención, evidente y manifiesta, era “tomar el Capitolio” (aquí, Palacio de Gobierno), porque lo dijeron, y eran azuzados por un “periodista”, que, desde un canal de televisión de señal abierta, les indicaba que “Tomaran Palacio de Gobierno” (es el mismo espécimen que pedía (“Sacar a Sagasti en pijama, como a Belaunde”) …

Dirán que “todo parecido es pura coincidencia”, pero los hilos de conexión se ven, y es una burda copia (la de “no querer perder”) de lo que en EUU produjo muertes, además de destrozos, en la sede del Capitolio norteamericano, todo producido por vándalos delincuentes, con la diferencia de que aquí, no estaban disfrazados y son fácilmente identificables.

Estos Picapiedras locales, son no solamente una deshonra para los peruanos, una vergüenza para los limeños y un verdadero peligro para la seguridad nacional, sino que son reales y verdaderos delincuentes, que se zurran en la ley, el orden y en todo lo que se oponga a su ilícito accionar…

Qué pena que tenga que escribir sobre esto y qué pena que mi ciudad sea ese lugar que el “realismo mágico” literario, hubiera envidiado (el de la magia negra, por supuesto).

¡NO PASARÁN!

Imagen: formulatv.com

EL CIELO SABE MEJOR


Una amiga me escribió ayer que había visto en Facebook, que a los 103 años, “Tejadita”, el propietario del mítico “Tejadita” barranquino, había fallecido, y pienso que se ha ido al “barrio eterno” dejando un gran vacío entre amigos, familiares y clientes (a los que yo llamaría “fans”) pero que permanecerá, en especial, en la memoria de más de una generación de barranquinos y limeños, sobre todo de aquellos que somos anteriores a las cadenas de hamburgueserías, pollo frito y “comida chatarra” que inundan la ciudad (y el mundo).

Digan lo que digan, era tradicional “irse a Tejadita” después de “la función de noche” de cualquier cine, o para calmar un antojo hambriento, de esos que asaltan de madrugada y que se calman con un “Tejadita Especial” y un gran jugo de mandarina o chirimoya…

Hace ya mucho que no vivo en Barranco, ni voy a “Tejadita”, pero mi recuerdo no se borrará nunca, porque es de esos entrañables, de aquellos que se remontan a la época feliz y despreocupada en la que fuimos habitantes de un mundo diferente, en el que si te provocaba podías caminar de noche o madrugada con el riesgo máximo de encontrar en tu camino a un borrachito abrazado a un poste de alumbrado, o que un perro te siguiera por un rato…

Eran “otros tiempos” y “Tejadita” ha sido una especie de puente que unió el ayer con el hoy y que siempre fue grato recorrer.

No sé si “Tejadita” seguirá, ahora que su homónimo humano ya no está, pero no me cabe la menor duda que desde ya, el Cielo tiene mejor sabor.

Foto: Raúl F / es.foursquare.com

¿EL PERÚ SIN MÁSCARA?


Hay momentos en los que me gustaría ser letón o circasiano. Momentos en los que mi bilis burbujea como espumante. Momentos en los que no puedo creer lo que mis ojos ven y mis oídos escuchan. Momentos en los que la vergüenza se avergüenza.

Un vecino del barrio de Magdalena en Lima, sale con su perro y sin la mascarilla – que es obligatoria- los serenos del distrito le reconvienen y pidiéndole que salga con mascarilla. El vecino los insulta con términos racistas y palabrotas, a pesar de lo cual los serenos le siguen indicando que es necesario el uso de mascarilla o que regrese a su casa. Más insultos del vecino y su negativa a irse… Todo grabado en video.

Me duele mucho decirlo, pero pareciera que así es el Perú sin máscara, “a la hora de los loros” … No se trata de denigrar a mi país ni a su gente, es decir a nosotros, los peruanos y quiero decir que una golondrina no hace verano, pero también que justos pagan por pecadores…

El Perú ostenta el record mundial de muertos por Covid-19, a pesar de advertencias, ordenanzas, ejemplos y toda clase de comunicación que alerta sobre los peligros del virus y las maneras de contenerlo, que son sencillas…

El video muestra la actitud de algunos, que primero causa indignación, para después viralizarse y convertirse en tema de memes y de programas cómicos de la televisión y así, un hecho que fue causante de ira, termina promoviendo la risa al banalizarse, tal vez porque se piensa que es mejor reír que llorar, o porque debajo de la máscara está el gesto despectivo del “¡A MÍ qué me importa…!” o un desaprobador y enfático “¡YO no soy así!”.

El vecino, después, ha salido a “pedir disculpas” para tratar de justificarse, minimizando lo ocurrido y por supuesto que con la mascarilla puesta.

Dicen que la pandemia esta lo cambia todo, pero me parece que si el ser humano no cambia…

Imagen: vectorstock.com

Imágenes noticia: ATV

RADIO VERANO


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Hasta hace cerca de cuarenta años, todos los veranos iba a la playa, pero tal vez la época que más recuerdo es la de mi adolescencia, en la que el verano significaba la playa “La Herradura”, con su malecón, con “Las Gaviotas”, el único edificio playero de departamentos  del que yo supe por mucho tiempo, el antiguo y famoso bar “El Nacional” con su rokola muicaly por supuesto la arena y el maravilloso mar.

 

En la playa, mientras tomábamos el sol, prolegómeno obligado antes de una zambullida, había música, que nunca supe (ni me interesó saber) de dónde venía y que seguramente era transmitida a través de parlantes. Para mí, era tan natural como el sol, el mar y la arena que hacían de “La Herradura”, LA PLAYA, tan distinta a la cercana y populosa “Agua Dulce” o al también cercano y familiar “Establecimiento Municipal  de baños de Barranco”, con su pérgola, orquesta dominical, mesas, funicular  y playa de piedras…

 

La Cajita de Música” era el programa que conducía el disc-jockey Emilio Peláez Rioja y que forma parte integrante, indesligable, de esos veranos memorables, donde las preocupaciones se reducían a lo que habría en casa para almorzar y que hubieran tapado el plato con la comida, para que conservara un poco de calorcito (ni se soñaba entonces con el horno de microondas).

 

Verano, sol, playa y música… ¿Se puede pedir más?

 

Imagen www.toutube.com