ESTÁ LLOVIENDO BARRO


lodo.

Parece que la garúa  limeña se ha convertido en un aguacero de barro. En los medios se escuchan y leen los epítetos más insultantes y estrambóticos. El famoso “pitido” con que la TV tapa el sonido de palabras no aptas para ser transmitidas, se convierte en zumbido perenne. Se insultan las vedettes, los políticos, las personas comunes. Las mentadas de madre vuelan en medio del tráfico; parecen “graciosas” las lisuras proferidas y poco a poco está el barro pegajoso inundándolo todo.

A un congresista le han dicho de todo por “osar” presentar una ley igualitaria en proyecto: de pronto unas declaraciones de evidente intención, dicen que defiende a “su” género. Esta lluvia de barro quiere alcanzar a todos, no sirven los paraguas: la ciudad y el país se encuentran chapoteando en el lodo.

Se ha vuelto un deporte masivo: las peleas que en la TV veíamos, importadas, hoy son producto nacional y como un “reality” monstruoso se expande de los barrios a los medios y regresa de estos hacia aquellos.

¡Cómo se espera que la lluvia normal se lleve el barro y limpie! Ojalá que mañana, cuando el tiempo escampe, no se nuble de nuevo y llueva mierda. 

HAY QUE PROBAR EL CAFÉ PARA NO QUEMARSE LA LENGUA


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Muchas veces por apuro, nos quemamos y lo que pudo ser un rico café se convierte en una terrible sorpresa.

Lo que pasa es que no probamos antes y nos fijamos si la temperatura era correcta. Nuestro Gobierno se viene quemando con el café de sus decisiones que si hubiera dejado enfriar un poco, hubiesen sido distintas: aceptables y bienvenidas por una mayoría. Sin embargo los retrocesos que vemos ante “decisiones tomadas” nos dicen que en la puerta del horno se nos queman los  panes y que es mejor probar temperaturas.

Con esto no se niega la opción de equivocarnos que tenemos y tampoco la de nuestro Gobierno; pero en su caso los retrocesos continuos hablan de improvisaciones, de apuros, de “pataletas épicas” que a nada bueno llevan.

Corregir es honesto, pero no se puede manejar sin mirar el espejo retrovisor y mantener vigilancia sobre la carretera adelante. Mejor que corregir es hacer algo bien y para eso se necesita pensar: proyectar consecuencias, construir escenarios, consultar futuribles. Nadie se tira a un clavado en la piscina sin agua a no ser que quiera desnucarse.

Si el café está que quema, esperemos un rato y cuando sea el tiempo disfrutemos de él. No es bebida de gente apresurada, es bueno “conversarlo” para hacerlo durar y con él, extender y hacer grato el momento.

¿Por qué quemarse con el café caliente si se puede esperar?

Es mejor conversarlo y disfrutar.

 

 

EL RELOJ


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He empezado el día dando cuerda al reloj de pulsera que usó mi padre al final y que conservo. Es un LonginesAdmiral”,  de acero, redondo, con carátula azul y segundero pequeño. Sencillo, su correa de cuero negro asegura el ajuste.

Lo tenía guardado en mi mesa de noche, en el cajón.

Se echa a andar sin problemas, fijo la hora y pienso que hoy, “Día del Padre”, él no está. No está desde hace muchos años y debo haber usado el reloj infinidad de veces, pero hoy no sé por qué, siento que es especial. Mi padre tendría 110 años, cumplidos el 26 de diciembre de este año. Se fue hace tiempo con su risa, sus “malas pulgas” y con las matemáticas que fueron su pasión y mi tormento.

Hoy, que es “Día del Padre”, ponerme su reloj es casi un homenaje o así lo siento al menos. Cada vez que consulte la hora, miraré por sus ojos bondadosos y veré retroceder el tiempo: conoceré a mi madre de joven,  a mis hermanos cuando chicos, esperaré la salida del sol en algún campamento ingenieril perdido entre las sierras y sentiré cómo Manuel Enrique se sentía.

Casi nunca escribo los domingos pero hoy no es un día

corriente.  Empezó al ponerme el reloj y confirmar que mi padre no fue un hombre cualquiera.

 

COMENTAR INCIDENTES


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Cuando escribo sobre algo, si se trata de algún incidente ocurrido y notorio, trato de informarme bien y dejar que el asunto “repose” para no comentarlo de inmediato con riesgo a equivocarme. He aprendido que muchas veces las cosas no son lo que la primera impresión dice y que es mejor tomar cierta distancia tratando de ser así mucho más objetivo.

Generalmente, cuando ha pasado el tiempo, las luces son más claras y mejor se definen los colores. ¿Le quita inmediatez” a lo que escribo? Por supuesto. Tampoco se trata de estar tocando siempre lo que los periodistas llaman “inactuales” pero sí de ofrecer una opinión pensada. Este, todos sabemos, no es un blog de noticias, que para eso hay muchos y muy buenos. Es un humilde aporte que combina los temas tratando de darles una mirada personal – la mía- que pienso les puede interesar.

Hago toda esta introducción porque a veces, como hoy, reviso lo que he escrito y me pregunto si lo ofrecido está correcto, bien. Bien, no lo sé, pero es mi visión de ciertas cosas, el viaje por interioridades personales y lo que el tiempo ha ido dejando en mi memoria. Eso es lo que comparto.

Hay ocurrencias sobre las que siento las ganas inmediatas de manifestarme y escribir algo; sin embargo prefiero que la cosa se asiente porque así se separan los líquidos y sólidos, saliendo a flote mucho.

Este batiburrillo resultante que explora los campos más diversos, fue ganándose el nombre que al principio le puse al blog: “Manologo”. Sin acento es la marca o el nombre (el logo) de Manolo. Con acento es un soliloquio de Manolo (o sea yo) sobre temas que cambian y siento que merecen compartir opinión. Un acento puede cambiarlo todo y pero estoy seguro que yo soy lo que pienso, o sea que en este caso resulta ser lo mismo.

Entonces a lo dicho, reflexionar primero y después escribir. Si es que no están de acuerdo, me lo dicen.

¡SEGUNDOS AFUERA!


timbreCreo que ya es tiempo que al Presidente del Perú lo dejen dar pelea. Siempre aparecen por ahí “responsables” que no se sabe bien si por encargo o por ganas de figuración dicen lo que él debería decir.

Al frente hay una multitud de especulaciones y la interpretación de “lo que quiso decir” o lo que se supone que hará. Una bola mágica de cristal parece aparecer y brotan arúspices que pronostican futuros mirando las entrañas de las aves-llámense las señales– que creen escrutar.

Sin embargo pocas veces se oye la voz del Presidente estableciendo posiciones o diciendo al país lo que vendrá. Es cierto, no es un mago para adivinar pero nos gustaría conocer derroteros y saber que ha leído la historia y sabe qué caminos ya se anduvieron y lo que es más importante: sus resultados. Es porque tenemos que recordar siempre que el país que no conoce su historia y aprende de ella, sacando conclusiones, está condenado a repetir lo hecho.

Siento que ya es el tiempo de las definiciones. Terminaron las pruebas, los amagos y el decir que “tal vez” para llenar vacíos. Hay temas-casi todos– en los que el Presidente debe decidir. Ha llegado el momento en el ring en que los demás sobran y lo mejor es darle  libertad para ganar la pelea. Si él gana, como nos representa, todos seremos ganadores. Este es el momento: la campana ha sonado y la lucha de fondo es lo que importa.