¡BASTA!


 

Pare

Como a cualquiera, la ocurrencia y trágica sucesión de hechos como los asesinatos de los últimos días en la capital, me impacta y mueve inmediatamente, pero también sé que para emitir una opinión debo dejar un poquito de distancia, que no supone sino darme el tiempo necesario para pensar antes de hacerlo.

La muerte de cualquier persona es tremenda, pero los casos recientes demuestran no solo cuánto se desprecia una vida humana sino que quienes debieran protegerla hacen que lo dicho por la Constitución respecto a que la persona es su razón de ser, sea verdaderamente letra muerta.

Venimos en una escalada tremenda de violencia que se expresa en calles, plazas, medios de información y espacios como las redes sociales de Internet. Violencia que concluye en asesinatos que a su vez demuestran la inoperancia de un sistema que hace agua y pone en peligro de muerte a toda la población. Si se cree que exagero, basta ver estos dos últimos casos para darse cuenta que uno ocurrió en una calle igual a las miles que existen en nuestra ciudad y el otro en una notaría, lugar donde la gente acude cada día para realizar trámites y de las que existen muchas en Lima. La muerte en lugares impensables, causada por mano ajena: el asesinato.

Parece estarse respondiendo a estos hechos que se suman a los que ocurren en el país cada  día, con declaraciones y excusas. Es cierto que la policía está desactualizada y aparece como infectada por la corrupción. Es cierto que se acaba de hacer un cambio de comisarios, dado de baja a policías y que salen nuevos y más efectivos y patrulleros a las calles. Es cierto, pero no se ataca la raíz del problema.

Todo toma tiempo, y hay medidas que se deben adoptar de inmediato, porque el tema no da para más.

La autoridad ha ido perdiéndose en una peligrosa horizontalidad y la crisis que termina en asesinatos y “pobladas” nos está envolviendo a todos.

En un momento nos tocará el número “premiado” en esta macabra ruleta en la que todos los números al ser ganadores, pierden la vida.

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LA AGONÍA DEL DIFUNTO


 

Fuente TV Perú

Hay un nuevo miembro en el Gabinete Ministerial.

Una mujer, abogada, reemplaza al renunciante Ministro de Trabajo.

Mucho tiempo pasó desde los desafortunados sucesos de Arequipa, en los que el saliente Ministro cumplió un triste papel. Su negativa a dejar el puesto, las “explicaciones” que dio, las falsedades en las que parece haber incurrido y la “aceptación de sus disculpas” por parte de un Gobierno a todas luces equivocado, prolongaron en demasía lo que debió ser inmediato. La cobertura mediática y la de las redes de un incidente que no debió ocurrir y al que además de negarle las consecuencias al principio se quiso minimizar, aduciendo múltiples razones, dio cuenta de cómo el ojo ciudadano está atento, mucho más atento que antes y que las reacciones son también inmediatas.

Este, que es un tema palpable de velocidad de la comunicación, parece no ser bien entendido.

Lejos están los tiempos en que uno se enteraba “por los periódicos” de algún suceso importante. Ya la radio empezó a acelerar las cosas; ciertos diarios publicaron una edición vespertina para ganar lectores e informarles. Vino la televisión y luego la Internet. Ahora las redes sociales pueden mantener al segundo la información e INTERCAMBIARLA. Sin embargo se reacciona con pereza o con dudas, cuando lo que cabe es responder de inmediato. Y responder con lo que es cierto y creíble, porque de nada sirve exponer a la luz una verdad a medias que supone una mentira. Es una buena lección y ojalá sea aprendida. Resulta penoso que suceda un incidente así, pero es un nuevo ejemplo que hace más urgente un cambio en la velocidad de los reflejos comunicacionales. Es triste saber que nadie está inmune al “virus” del poder que deforma las conductas, pero es bueno saberlo. La mayor enseñanza es que nadie puede ser más que los demás, así tenga el título que tenga, ocupe el cargo que sea o ejerza una función cualquiera.

DE LAS REDES SU VIOLENCIA


Somos un país violento. Se comprueba diariamente en los medios, en la calle, en la manera de discutir y zanjar las discusiones. Desde el viejo “callejón oscuro” que en los colegios obligaba a alguien a pasar entre filas de quienes le lanzaban puñetes y patadas hasta el “bulliying” moderno que no es otra cosa que el acoso inmisericorde a las personas nuestro país se ha caracterizado por una violencia que se desata en la cruenta toma de carreteras como un medio de protesta y el asesinato directo o por encargo como “solución definitiva” de los problemas. Las famosas “redes sociales” de Internet no son ajenas a esta característica y en ellas gracias al relativo anonimato que ofrecen, la patente de corso hace que el lenguaje violento y los peores deseos se expresen.

Este fenómeno, muy acorde con los tiempos, no es sino la evidencia de aquello que creo que es la raíz del tema general: la violencia por un sentimiento de inferioridad. Escondidos entre una inidentificable multitud, la “valentía” aflora y en “Fuenteovejuna todos a una” hace que se cometan desmanes físicos y verbales que individualmente no se cometerían tal vez. No se cometerían porque el temor a la respuesta paraliza. Como existe este sentimiento de inferioridad individual, se busca al grupo, la “mancha”, el “hago lo que todos” como excusa para dejar salir las frustraciones personales. Las redes sociales no son sino una expresión donde este sentimiento tan extendido y tan poco aceptado aparece.

Siempre hay una excusa para no hacer lo correcto. En todo aspecto se le echa la culpa a otros de los males ajenos. No hemos aprendido a afrontar la realidad y la Historia lo consigna a lo largo de la existencia como país, con honrosas, claro está, excepciones.

Podría referirme a casos puntuales de esta violencia en red, pero prefiero no señalar a ninguno en particular. Ocurre a la vista de todos y tristemente con una inmensa complicidad.

Creo que un país como el nuestro, no puede albergar sentimientos de inferioridad si miramos hacia un pasado lleno de maravillas, un presente que desafía y es resuelto con ingenio cada día y un futuro que construimos desde el hoy con decisión. Ser menos nunca nos debe pasar por la mente y al no serlo lograremos hacer el país que siempre hemos debido ser: un país de ciudadanos iguales, con la frente en alto y la razón como arma y escudo.