RADIO VERANO


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Hasta hace cerca de cuarenta años, todos los veranos iba a la playa, pero tal vez la época que más recuerdo es la de mi adolescencia, en la que el verano significaba la playa “La Herradura”, con su malecón, con “Las Gaviotas”, el único edificio playero de departamentos  del que yo supe por mucho tiempo, el antiguo y famoso bar “El Nacional” con su rokola muicaly por supuesto la arena y el maravilloso mar.

 

En la playa, mientras tomábamos el sol, prolegómeno obligado antes de una zambullida, había música, que nunca supe (ni me interesó saber) de dónde venía y que seguramente era transmitida a través de parlantes. Para mí, era tan natural como el sol, el mar y la arena que hacían de “La Herradura”, LA PLAYA, tan distinta a la cercana y populosa “Agua Dulce” o al también cercano y familiar “Establecimiento Municipal  de baños de Barranco”, con su pérgola, orquesta dominical, mesas, funicular  y playa de piedras…

 

La Cajita de Música” era el programa que conducía el disc-jockey Emilio Peláez Rioja y que forma parte integrante, indesligable, de esos veranos memorables, donde las preocupaciones se reducían a lo que habría en casa para almorzar y que hubieran tapado el plato con la comida, para que conservara un poco de calorcito (ni se soñaba entonces con el horno de microondas).

 

Verano, sol, playa y música… ¿Se puede pedir más?

 

Imagen www.toutube.com

 

LOS VOLVERES


Vuelvo, como lo prometí, ya desde la PC y con un poco más de facilidades, aunque el cambio trae siempre eso: cambios, que a veces no sentimos y algo que sucede nos hace entender que este es el “después” que sigue a un “antes” que nos dice adiós desde una curva del camino.

 

Vuelvo, porque quiero tratar, con mis escritos, de colaborar con la distracción del que lee, de esta monotonía covidiana que lo acapara todo.

 

 

No sé si logre conseguirlo, pero por lo menos hago el intento y este me sirve para pensar en otras cosas que existieron, existen, existirán o no.

 

 

La esperanza, que dicen es de color verde, como un brote minúsculo, pugna por poner una nota de luz en esta oscuridad y de veras espero que crezca un arbolito para que después tengamos el bosque de esperanzas donde cada uno pueda coger la fruta roja de un mañana mejor.

EL CONDOMINIO EN LOS TIEMPOS DEL VIRUS


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Lo que escucho insistentemente, a  cada rato del día es el traqueteo metálico que producen los carritos de compra, como los del supermercado, que el condominio tiene a disposición de los inquilinos en cada etapa (los escucho en mi edificio y fuera de él, en la 4ª).

 

Estos carritos se usan cuando alguien viene con muchas bolsas o paquetes grandes, para dar facilidades de transporte entre la puerta de entrada y los edificios de la etapa…

 

Es desde hace poco que este ruido, antes muy esporádico, se ha hecho insistente y coincide con el pánico que el coronavirus ha desatado, produciendo caos, desabastecimiento, toma de medidas oficiales e intentos de las autoridades por convocar a la calma…

 

Pienso, desde aquí, que es el sonido del miedo, el de la desesperación. El sonido que dice “Yo traigo lo que he conseguido para sobrevivir…”.

 

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Es de día y hay un silencio extraño a pesar de tener frente a mi ventana, la zona de juegos infantiles de la etapa 4; miro afuera y veo que los subibajas, el tobogán y las escaleras aéreas, pintadas de colores brillantes están sin niños y hay una cinta plástica amarilla con palabras impresas en negro que rodea la zona; no llego a ver qué es lo que está impreso, pero imagino un “NO PASAR” o tal vez un inglés “NO TRESPASSING”…

 

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En el condominio hay gatos sueltos que salen por las noches y maúllan bajito mientras caminan amparados por la tranquilidad de la hora y la falta de personas que molesten su deambular explorador. Pero ahora es media tarde y un gato maúlla desesperadamente, como si tuviera miedo, le doliera mucho o aterrorizado, viera algo extraño.

 

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El “happy birthday” es cantado finalmente y lo que era rumor de voces que venía de algún edificio, amplificado un poco por el silencio, identifica que la vida sigue y hay quienes se reúnen para celebrar, a pesar de temores y recomendaciones.

 

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Todo sigue lentamente y ahora, afuera, detrás de la ventana está lloviznando.

ESCRIBO


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 Escribo y conforme avanzo, las letras van formando palabras, éstas frases, se acomodan los puntos y las comas y leo y me divierto con lo escrito porque parece arte de magia como se va llenando la pantalla de la computadora de esos signos, que como moscas obedientes, se detienen y quedan quietecitos formando filas ordenadas…

 

Leo, sonrío y me admiro cada vez que escribo, porque de veras no sé de donde brotan las ideas y cómo se encadenan, formando esas guirnaldas rectas que adornan la pantalla…

 

Claro que sí sé que el cerebro trabaja, que se dan la mano las neuronas y que según informaciones todo es química y electricidad, pero a mí en el colegio me jalaron de año porque la química, la física y las matemáticas no eran buenas vecinas y creo que de mi padre, ingeniero electromecánico, no heredé la afición por lo  eléctrico (tampoco por lo mecánico, es un hecho)…

 

Por eso es que escribir me parece mágico y cada vez que empiezo o me detengo a leer lo escrito y continúo, siento que soy una especie de Merlín (con perdón del que es sinónimo de magia), pero un Merlín chiquito, provinciano, de feria, sin mayor pretensión que entretener, que no tiene otro público que el aire, porque en el fondo sabe que esos sus pocos pases mágicos, son solo para él…

 

Cuando termino de escribir o creo que lo he hecho, espero un rato, leo y tomándome un segundo café me pregunto si eso que estoy leyendo es algo que me gustaría leer… Es entonces cuando borro, corrijo, encuentro otras palabras que tengan más sentido, saco o coloco signos de puntuación, elimino algo que sobre, vuelvo a escribir una, dos, quince líneas…, releo y quedo satisfecho o todo se va al basurero electrónico de la computadora (extraño el basurero físico relleno de papeles arrugados y mi vieja máquina de escribir, porque arrugar y botar un papel no es lo mismo que desaparecerlo en el desconocido espacio cibernético, al pulsar una tecla).

 

Sí. Trato de escribir lo que me gustaría haber leído y pienso (porque de pensar solo se para al morirse) que ojalá les guste a los que tengan la paciencia de leerlo, tanto, como a mí me gustó el escribirlo…

 

Imagen: http://www.freepik.es