LA TIERRA TIEMBLA


LA TIERRA TIEMBLA

 

 

Tierra

Hubo una película italiana, famosa que llevaba el título que hoy pongo a este post. La tierra, todo nuestro planeta, sufre de movimiento sísmicos, movimientos de guerra y esos pequeños movimientos muy focalizados que hacen que el título que puse sea una terrible realidad. La tierra tiembla ante las amenazas de una guerra, tiembla por el odio y la codicia que los hombres expresan, tiembla por una corrupción que no conoce de límites ni fronteras, tiembla por la injusticia y se estremece físicamente como si tuviera fiebre, como cuando alguien quiere sacudirse de un mal sueño.

La tierra, ese organismo vivo del que formamos parte y que rota entre estrellas desde hace miles de millones de años demuestra así su disconformidad para con lo que pasa. Es mucha ya la historia acumulada y está tratando de decirnos que reaccionemos. Que es hora de corregir el rumbo y que ya no podrá seguir dando vueltas con una carga así.

La tierra habla de múltiples maneras y nosotros parecemos esperar un gran grito para salir de ese marasmo maligno. El problema es que ese gran grito puede ser el final. Un final anunciado que ignoramos adrede, acercándonos, conscientes, a la Nada.

LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO


El teléfono sonó anunciando que había mensaje y cuando me desperté del todo, eran casi las seis de la mañana, El despertar fue violento, pues en lo único que pude pensar fue en mis hijas. Ajusté el botón que no debía y apareció un siete. Ya más despabilado pero nervioso, busqué “mensajes” y mientras lo iba haciendo, pensaba rápidamente que no podía ser Paloma, porque está en Argentina. Si era lo que me temía, sería Alicia María. Cuando pude ver el mensaje resultó ser de la compañía telefónica que me anunciaba que había expirado mi “bono de Internet” y que “para renovar…”. Dejé el aparato, tranquilicé a mi esposa y rumié improperios contra quienes me habían despertado con un susto y con la alegre intención de venderme acceso al espacio de Internet.

Esto que no tendría trascendencia, puede convertirse en un problema si quien recibe el aviso sonoro anunciando mensaje, sufre –por ejemplo- del corazón y el hecho desconcertante e inesperado le provoca un paro cardíaco. Me dirán que exagero, pero, pero las personas que murieron “de susto” pueden perfectamente haber pasado a la otra vida por un hecho así.

Lo que quiero decir es que no hay derecho que, en aras de las ventas, a un ciudadano que está pagando por un servicio, le ocurra algo así. Como estrategia de marketing es mala por no decir pésima. Esto se repite a diversas horas con mensajes para que baje canciones de moda, chistes u horóscopos. Son como las llamadas telefónicas que hacen los delincuentes, para por medio del susto y la desorientación, timar a la gente con diversas historias.

Yo sé que una empresa necesita vender, pero no puede hacerlo “al guerrazo”, tratando a los potenciales clientes como cualquier cosa. ¡Qué distinta esta realidad de sus bonitos comerciales de televisión donde todo es idílico y nos pintan de colores sus ofrecimientos poniéndolos al alcance de una llamada.

Seguramente debí inscribirme en INDECOPI para que no me enviaran mensajes: no lo hice. No lo voy a hacer, porque creo que nadie puede ser tan bruto como para espantar a los clientes, o como se dice “matar a la gallina de los huevos de oro”.

PARA MUCHOS NUESTRO PERÚ QUEDA EN NEBRASKA


Lo que está pasando en el Perú parece ser visto por algunos como si sucediera en otro sitio, lejos: en Nebraska, por ejemplo.

Los problemas que tenemos en el país son solo un eco para quienes no se sienten tocados por ellos y se refugian en su auto, en su telenovela, en la bulla ensordecedora, en su música y en su “no es conmigo” para no atender a una realidad que es tan urgente y que toca las puertas de todos insistentemente.

Hoy más que nunca se necesita cabeza fría y no pueden marear la perdiz, distraer, con un partido de fútbol, que si bien tiene importancia para “elevar la moral peruana” si ganamos, no puede ser un elemento definitorio de la peruanidad. No tengo nada contra el deporte más popular, pero no me parece justo que se condicione, como lo hacen quienes acostumbran a encomendar a otros las soluciones, la alegría a un resultado favorable en goles.

Vuelvo a decir que me parece bien que se juegue y que si se puede, se gane, pero eso no va a cambiar el verdadero presente.

Un presente que bloquea carreteras, toma rehenes y deja sin hacerse obras que la población necesita, porque no sabe usar el dinero. Un presente que llena de plomo la sangre de niños y los mata lentamente, que envenena ríos y habla de “daños colaterales”. Presente que es sumamente complicado porque falta voluntad para hacer, oídos para escuchar y sobran ambiciones. De todas partes.

Pareciera que al Perú se lo pelean de uno y otro lado, sin importar que en la lucha haya sangre y muertos,  importando únicamente el poder y el dinero, que finalmente resultan ser lo mismo.

Los famosos monos parecen domiciliar aquí: “No veo, no oigo y no hablo”. Se prefiere voltear la cabeza y ensimismarse a tratar de comprender lo que sucede.

Se puede vivir en el país y sentir que se está fuera, que lo que sucede es asunto de “otros”. El Perú es hoy más que nunca una tierra de desconcertadas gentes. A las que parece no importarles nada sino ellos mismos. Habría que cambiar, me parece.