ÁNGELES EN LA CABEZA DE UN ALFILER


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En la Edad Media se solía hacer preguntas como “¿Cuántos ángeles pueden bailar en la cabeza de un alfiler?”. Temas tan trascendentales como ése tratan de distraer la atención, lográndolo muchas veces, de lo que en realidad sucede en el Perú.

Resulta que nos piden que nos fijemos en cosas absolutamente accesorias, en vez de que se tome al toro por las astas y nos remanguemos para resolver los verdaderos problemas. Bajo los lemas de “no hagan olas” o “no mojen que no hay quien planche” buscan que se mire para otro lado para no tener dificultades y seguir accionando impunemente.

¿A quiénes me refiero? A los de siempre. A quienes han hecho del Perú su chacra y cosechan a manos llenas desde hace tanto. Porque la sinvergüencería no tiene edad y se mueve cómodamente en el tiempo.

Tratan de distraernos regalándonos vidrios de colores, figuritas y chucherías mil. Creen que si no vemos no nos daremos cuenta y seguirá la farra para alegría de ellos y lucro, por supuesto.

Mientras tanto, lo que está sucediendo es que rodamos por la cuesta, cada vez a mayor velocidad. Pero quieren que sigamos distraídos, como si fuéramos un montón inconsciente de gente que va bailando cumbia hacia su muerte.

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LOS MALDITOS IMBÉCILES


OBSERVATORIO

Otra vez, los invasores destruyeron el patrimonio nacional.

Nuevamente, quienes quieren apoderarse de un pedazo de tierra, que no les pertenece en exclusiva y que lotizan sin pudor para venderlo a otros, que tal vez, desavisados, compran para tener un suelo que reclamarán luego como suyo y levantar viviendas.

Y después nos sorprende la falta de peruanidad de los peruanos: nos llama la atención que nunca hayamos podido constituir una nación.

Mientras los malditos imbéciles pululen y sigan ignorando en forma olímpica que hay terrenos que no son de su propiedad solamente, sino una herencia de la cual participamos todos, seguirán los desmanes y nuestra Historia será algo que provoca la admiración de otros.

Es difícil pensar que esa ralea que solo busca el lucro, tenga nuestra misma nacionalidad y es difícil creer que tan siquiera piense en otra cosa que no sea la inmediatez de su delincuencial ganancia.

Hoy es el Reloj Solar de Buenavista, en el valle del río Chillón; el observatorio astronómico más antiguo de América, con cerca de 4,000 años de antigüedad. Mañana venderán lotizado Machu Picchu, Sacsayhuamán o el terreno donde están las Líneas de Nazca.

Los mal nacidos, apedrearon la cápsula  de acrílico de 2 pulgadas de espesor y dañaron la escultura de barro. El lugar arqueológico está protegido por una reja que violaron; la cápsula que destrozaron a pedradas y la conservación del monumento, se lograron gracias a una donación de la National Geographic Society.

El sitio cuenta además con un letrero del Ministerio de Cultura, que indica que la Ley protege el sitio. Los malditos imbéciles no saben leer o no les importa nada lo que el aviso diga.

¿Y el Estado? Bien, gracias.

Nuestro gobierno no solo no protege lo que debe, sino que actúa a posteriori, cuando el daño está hecho. La prevención no parece ser de su incumbencia.

Mientras tanto, los malditos imbéciles continúan lotizando un Perú que es de todos nosotros y vendiéndolo. Y a nadie le interesa.

 

Fuente y foto: Diario “La República”

MARGARITA, TE VOY A CONTAR UN CUENTO


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“..Este era un rey que tenía un palacio de brillantes, una tienda hecha del día y un rebaño de elefantes…”.

Es el fragmento de un poema de Rubén Darío, que mi madre me recitaba cuando era chico y yo me enojaba mucho porque no era ninguna Margarita, sino Manolo.

No sé si será cierto que Martín Belaunde Lossio perdió un vuelo que lo iba a sacar de Bolivia,  por culpa de una entrevista por teléfono a un programa de la televisión.

El caso de donde los medios comen (junto con el de Oropeza y sus compinches) no podía tener un ingrediente mejor.

Al final lo cogió la policía del país altiplánico, gracias al rastreo que hizo en base a una señal que –mediático él- dio para contar la “primicia”, que se constató después como una mal fabricada mentira: secuestro, heridas y escape fantástico de supuestos captores. La realidad resultó ser tristemente común y lo encontraron escondido debajo de una cama, camuflado, entre un montón de ropa usada. El final heroico, de serie trepidante de la tele que soñó y contó (contar viene de cuento) se convirtió así en algo chapucero y, banal.

Ahora “contará su verdad” (otra vez, contar viene de cuento) y ya se sabe cuánto se le puede creer a un cuentista que se proclama “perseguido político” y que más parece fabricante de tramas o escritor de guiones de fracasadas series policiales.

Ha de haber un trasfondo ciertamente, pero menos complejo que lo que él y otros quisieran. Siguiendo la pista del dinero (vieja táctica policial) se llegará al final, a no ser que otros cuentos ingresen en la escena. Entonces se alargará la cosa, se adornará la cosa y se volverá irreconocible la cosa… ¿Qué cosa? ¿De qué hablan?

¡PAU!


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Es lo que suelen decir los niños chicos cuando algo desaparece. “¡Pau!, ¡Se fue! ¡Desapareció!”.

Martín Belaunde Lossio se hizo pau. Hizo lo que se intuía que iba a hacer. No hay que ser muy zahorí para predecir que el personaje desaparecería convenientemente. Lo que es tremendo es la tranquilidad del gobierno para traerlo al Perú de vuelta de Bolivia y la impresión que quería dar de una urgencia que sonaba ficticia.

De pronto los policías bolivianos que lo custodiaban se quedaron convenientemente dormidos. De pronto nadie se percató que el señor salía a las 4 de la mañana (es la hora que se calcula) por la ventana de su cuarto y ganaba la calle. Total, a esa hora está oscuro y hace mucho frío en La Paz, o sea que bien abrigaditos y sin posibilidades de ver algo, o en brazos de Morfeo, “nadies vio nada”. Ahora la pelota bota y rebota, pero lo sucedido es puntual: el individuo “buscado intensamente” y con una cobertura mediática bi-nacional inmensa, se hizo humo, para ser otra vez “buscado intensamente”. Todos echan la culpa a todos y todos se disculpan; tal vez el Gran Bonetón sea el culpable.

Esta sería una trillada comedia de equivocaciones si no estuviera en juego lo que está. “¡Exijo una explicación!” diría Condorito y hasta ahora las explicaciones son de historieta, solo que en lugar de ser cómicas, son una historia trágica. Su familia boliviana está pagando unas consecuencias que no tendría por qué pagar. Mientras tanto, por las redes sociales él “reaparece” y dice que huye de la injusticia.

Martín Belaunde Lossio ha desaparecido. Se fue una madrugada fría por la ventana. Ojalá que haya estado bien abrigado. Sería el colmo que después de un tiempo lo encuentren por ahí, muerto de frío, con un balazo en la cabeza.

DE CABEZA


DE CABEZA

No debería sorprendernos el que veamos todo patas arriba, al revés de como debiera estar.

A una chica le rompen el vidrio de su auto para robarle la cartera. Los “bujieros” huyen en moto y ella los persigue; los choca: uno de los delincuentes huye y el otro es atrapado. La moto del asalto tiene la placa falsificada y el que es atrapado, antecedentes policiales por robo. El malhechor reclama por “sus derechos” y no quiere que lo filme la televisión, amenazando. Un campeón mundial de boxeo descubre a unos ladrones robando en su automóvil; los coge y luego la familia de uno de los ladrones lo denuncia por “agredir” a un menor. Waldo Ríos, el que recibió dinero de manos de Montesinos para cambiar de partido y apoyar a Fujimori, es “rehabilitado” por la Sala Penal Especial de la Corte de Justicia y puede ser Gobernador de Áncash.

Si vemos someramente las noticias tendremos un panorama de lo que está pasando. Jueces liberan a delincuentes; los delincuentes amenazan y agreden a la ciudadanía; un cajero de banco les roba a los más pobres; un congresista más hace que el Congreso les pague a “asesores” que trabajan… ¡en su universidad particular!

El mundo está al revés en nuestro país: de cabeza, patas arriba, equivocado; mala, dolosamente equivocado. Todo está trastocado.

Dicen que estamos camino a ser país del primer mundo ¿no será que caminamos hacia el último? ¡Esquina bajan…!

EL OJO DE LA CERRADURA


OJO CERRADURA

Antes, cuando existía el ojo de la cerradura y este era el lugar donde se ponía la llave para abrir la puerta, era una especie de ventana mágica, por la que se atisbaba para ver lo que había y sucedía del otro lado. Hoy las chapas de las cerraduras son tan solo una ranura ciega. Se ha perdido la frase “ver por el ojo de la cerradura”.

Sin embargo hay una especie de sustituto que da acceso a un universo inmenso y permite mirar, sin ser mirados; Internet, en sus múltiples rutas, nos permite con un computador o un teléfono celular “con conexión”, ser algo así como el “voyeur soñado”; el mirón impune que extiende su vista a donde quiera.

Además, usamos Internet y en especial las redes sociales para enterarnos de un modo, antes impensable, de lo que sucede tras las puertas cerradas; detrás de las cortinas corridas y en lo íntimo de mucha gente. Es verdad que si accedemos, es por lo general porque nos lo permiten, a no ser que uno sea un “hacker” que hurga en lugares recónditos y a veces innombrables.

Vivimos en una época donde la popularidad de ver por ese ojo electrónico de cerradura, se ha convertido no solo en un deporte, sino en ocupación muchas veces y en verdadera manía. Nos escandalizamos a veces de lo que vemos, pero es que lo buscamos, porque hay una oferta siempre renovada y las personas airean allí su intimidad. Detrás de todo esto está el morbo evidente y el exhibicionismo enfermo. Detrás está el mostrar y el querer saber lo que –se piensa- otros no saben. Por eso se busca y se comparte, para que esos otros puedan participar de esta especie de juego mortal, ruleta rusa, que al final termina manchando de sangre y porquería lo que toca.

El hombre convirtió lo que pudo ser una maravilla, en una cloaca. Defeca en la comida y empantana las aguas. Lo que pudo estar hecho para el conocimiento y la facilidad de comunicación se ha convertido en chisme, habladuría; en puñal electrónico, en publicación de la peor calaña.

La exploración de las cloacas en un símil: si es que se busca, se encontrarán las heces. Lo malo es que no solo parece que se exploran sino que hacerlo puede convertirse en algo cotidiano y popular.

Con el olfato y la sensibilidad embotados; el gusto destrozado, le ponemos un “like” y compartimos. Mientras tanto, desde la oscuridad alguien se ríe porque sabe que bastardea lo que toca y esto, contamina.

 

LA REPUBLICUCHA.


El tema de los “vientres de alquiler” en la política peruana demuestra a qué nivel se ha llegado en algo tan importante como la elección del futuro nacional. Definitivamente no importa nada con tal de “llegar”. Poco a poco la bastardización de una actividad que engloba a toda la vida nacional va dejando ver las miserias y la basura que producen la impresión de vivir en un enorme relleno sanitario. Lo ocurrido que para algunos es un tecnicismo legal, no es otra cosa que comprobar hasta donde puede llegar la degradación de las personas e instituciones. Si en algún malhadado “talk show” había participantes que lamían los pies de alguien por un premio pecuniario, esto no parece ser distinto. Es que vamos a aceptar que todo esto suceda en nuestro país? Queremos entrar al libro de los Records Guiness como ganadores en la categoría “Republicucha” (porque ya no seremos ni republiqueta)?

Vergüenza debería darnos el que la podredumbre siga siendo el estado natural del lugar donde “el indómito inca prefiriendo morir, legó a su raza la gran herencia de su valor”.