MUJER.


 

Hoy, Día de la Mujer, quisiera escribir sobre ellas. Un intento más entre los miles que se están produciendo en el mundo en este momento, que se unen a otros miles ya producidos. Un homenaje más, con la diferencia que este es un homenaje que en una persona, abarca a todas.

Ella es mi esposa, Alicia, con quien en diciembre de 1971 me casé.

Con ella hemos pasado lo que todo matrimonio pasa a lo largo del tiempo. Hemos tenido altas y bajas, decepciones y esperanzas. Ahora acercándonos a una fecha emblemática en nuestro andar juntos, quisiera decirle un ¡gracias!  Que suene no fuerte, sino bajito. Como un ronroneo de satisfacción, como el permanente murmullo del agua del mar que baña la playa. Es así porque miro hacia atrás y veo la cantidad de errores que cometí y que ella siempre supo perdonar, sonriendo después. Miro al presente y veo los errores que cometo a diario sin percatarme de ellos y que Alicia corrige con eso tan difícil de obtener y que se llama amor.

Cada paso que doy, lo aprendí a tropezones, compartido es mejor. Ambos nos apoyamos el uno en el otro y así vamos por la vida. Ahora, cuando veo a nuestras hijas y a nuestros nietos, sé que pudimos cometer errores, pero no nos equivocamos.

Alicia es fuerte cuando debe serlo, comprensiva y cariñosa. No es un dechado de virtudes y ella lo sabe, pero estas, por lo menos para mí, pesan más que sus defectos.

A veces en serio o riendo acepta las críticas, pero tiene la nobleza de analizar la cuestión y actuar de acuerdo a aquello que le parece bien. Nunca le he visto doblez alguno.

Podría narrar toda una historia, pero lo que soy, a ella se lo debo. A sus reflexiones en momentos difíciles, a su permanente estar en el lugar correcto, o ponerse de inmediato en él. Después de estos meses en que la enfermedad me ha hecho hacer un alto largo, reflexionando con calma, veo cuanto le debo. Está aquí, a mi lado, haciendo con cariño lo que otros hacen sólo por dinero. Haciendo que mi vida valga la pena.

De pronto este es un escrito egoísta, pero no encuentro mejor ejemplo que su desempeño conmigo. Sé que está cerca y me tranquilizo, aunque a veces pareciera que salgo de mis casillas. Sé que gracias a ella estoy vivo y que su aliento me hace avanzar.

Por eso digo que en el Día de la Mujer, mi homenaje tiene nombre. Porque sin Alicia no sería nadie y sin su fe, la mía se hubiera apagado hace tiempo. En ella, felicitaciones a todas las mujeres del mundo, donde quiera que estén sobre el planeta.