EL REGALO


Ya va a ser Navidad y solamente puedo regalarles lo que tengo: El cariño y las palabras. Que estas fiestas sean felices para todos. Manolo.

EL REGALO

Era un cuarto de hora antes que sonaran la campana de la iglesia del pueblo, que anunciaba la llegada de la Navidad, cuando lo que sonó fue la puerta, que alguien tocaba una y dos veces.

¿Quién podría ser a esa hora…? Miró por la ventana y no vio a nadie. Cauto, se acercó a la puerta, pegó el oído a la madera, pero solamente logró percibir el silencio.

Con cuidado y sin hacer ruido, quitó la aldaba y abrió la puerta: no había nadie, pero al mirar al suelo, vio un paquete de regalo envuelto en papel con lunares verdes y con un hermoso lazo de cinta roja…

Miró para todos lados, a derecha e izquierda, intrigado, hasta que con el pie empujó la caja –que no era muy grande ni pesada- hasta meterla en la casa y cerró la puerta.

Se quedó mirando, inquisitivo, lo que era evidentemente un regalo; desató la cinta y quitó el papel navideño. La caja era una caja común, de cartón y cuando la iba a abrir, sonó la campana de la iglesia, anunciando que ya eran las doce, que ya era Navidad.

Abrió la caja y estaba vacía. En el fondo, tenía pegada una pequeña tarjeta, con el dibujo de unas hojas de muérdago, con dos campanitas doradas y un texto manuscrito, que decía: “¡Feliz Navidad! Te regalo la vida. Dios.

Leyó otra vez la tarjeta y supo que no estaba solo, en ese pueblo perdido entre los cerros, donde había ido a morir.

Imagen: http://www.clipartmax.com

PAL UL DON


Creación de Edgar Rice Burroughs, Pal Ul Don, situada en el corazón del África, es la “Tierra Perdida”, donde pasean, gigantes, los dinosaurios y Tarzán, a horcajadas sobre Tantor, el elefante, se aventura…

Conversando –por escrito- en Facebook, con Jorge Morato, amigo, colega creativo publicitario, con quien trabajé hace tiempo en J. Walter Thompson de Lima, él como director de arte y yo como redactor, acerca de cómo hoy, la publicidad ya no es lo que era antes, se me ocurrió mencionar algo a lo que le doy vueltas y que es que nosotros, “los viejos” (en mi caso han sido 50 años como creativo) de la publicidad somos dinosaurios muertos y enterrados, cuyas osamentas aún no se descubren, o tal vez lo que sucede es que no nos hemos dado cuenta todavía de nuestra desaparición o quizá vivimos en una especie de “dimensión desconocida” virtual, en un imaginario Pal Ul Don, donde, como dinosaurios, damos vueltas…

Estoy seguro –porque yo conservo el entusiasmo creativo de hace cincuenta años- que mis colegas-amigos-compañeros publicistas que van quedando, conservan ese mismo entusiasmo por la profesión y que la experiencia adquirida, junto con el conocimiento cabal de la comunicación, provocan a veces cuando vemos un comercial o un aviso, ese sentimiento de “yo lo haría así”, que parece ser inevitable entre cualquiera que dedicó su vida a algo.

Quizás vivamos en Pal Ul Don y aunque estemos cómodos allí, tengan la seguridad de que, si nos preguntan, nos gustará mucho, porque es sumamente entretenido buscar y encontrar las respuestas.

Imagen:edgarriceburroughs.blogspot.com

SECANDO Y RECORDANDO


Algo tengo que hacer además de escribir y, entre otras pequeñas cosas personales y domésticas, lavo la vajilla después del desayuno, almuerzo y lonche-comida, seco y la ordeno; eso me ayuda a sentir que colaboro con los ajetreos caseros, aquí, donde por lo general no hay más de cuatro personas…

Para secar la vajilla a veces cojo “el secador de National”, que es uno que tiene muchos años de servicios secadores en la cocina y que me obsequiaron en Matsushita Electric del Perú, empresa de origen japonés, propietaria de la marca de artefactos electrodomésticos “National” –además de otras de los rubros electricidad, electrónica, audio y video-, para la cual durante muchos años hice trabajos de creatividad publicitaria y muy buenos amigos.

El secador de esta historia es parte de un juego (uno por cada día de la semana con una receta de cocina) que promocionaba la marca y se obsequiaba a los compradores de esta. A mí me los dio Carlos Montesino, que era gerente de la agencia publicitaria “in house” (de propiedad de la misma empresa), “INAPU” (Instituto National de Publicidad), división para la cual yo hacía mis trabajos de creatividad publicitaria.

Carlos, mi amigo hasta hoy, es una de las personas con las que más a gusto trabajé y de quien aprendí día a día, bajo la modalidad de “freelance”, que supone prestar servicios y facturarlos una vez aprobados, sin ser dependiente de la compañía y que era la forma en que yo trabajaba. Lo hice por mucho tiempo e incluso siendo director creativo en JWT, Lee Pavao, mi también amigo y gerente, me permitió que continuara “por la libre” con esta actividad; eso sí, siempre que lo hiciera en el tiempo que tuviera libre y no hubiera conflicto de intereses.

Pero volviendo a “National”, es mucho lo que tengo que contar sobre esta etapa importante de mi vida profesional y, como suele acontecerme, no tengo un orden cronológico para ello, porque los recuerdos no es que respondan siempre a fechas, sino a épocas más o menos claras o difusas en la memoria y en siguientes pequeños artículos iré compartiendo las anécdotas que forman parte del tejido de mi carrera en la publicidad por más de medio siglo…

National” me dio muchas satisfacciones y alegrías, me permitió conocer de muy cerca a gente maravillosa, sentirme útil y a veces inteligente (cosa que abonaba en mi ego de creativo) y no sería justo que todo esto se redujera a un simple secador, que, aunque no me crean, es importante para mí porque está lleno de recuerdos…

¡GRACIAS CON “G” DE GALLINAUTA…!


Aquí estoy de vuelta, después de un silencio casi funerario, porque como escribí en mi último post, la PC murió sin posibilidad de resurrección y postear desde el teléfono celular resulta tan problemático para un setentón cegato y poco hábil como yo, preferí el silencio…

Aquí es donde intervienen los “Gallinautas” del título, que no son otros que mis compañeros de colegio, con quienes me hice amigo allá por 1952, o sea en el siglo pasado, cuando a los cinco años empezábamos a descubrir un nuevo mundo, ataviados con saco azul sin solapas con ribete celeste, gorra azul, camisa blanca de cuello redondo duro, corbata celeste, pantalón gris corto, medias grises y zapatos negros (los días de fiesta en el cole, llevábamos guantes blancos, medias blancas e íbamos sin gorra), pero nuestro “uniforme” de diario era un mameluco de color verde clarito que por supuesto se ponía sin el saco, que se dejaba colgado en un perchero largo, donde cada uno tenía su número para evitar equivocaciones, al fondo de la clase.

Mis mejores y más antiguos amigos vienen de esa época que ahora que escribo esto, se agolpan en mi memoria junto con un universo de loncheras, abecedarios, monjas y “misses” que con cariño se hacían cargo de nosotros, mesitas y sillas celestes, una pizarra, tizas y borrador de paño (“la mota”), que tiempo después considerábamos un honor limpiar sacudiéndolo…

También está en mis recuerdos el pequeño ómnibus azul con carrocería de madera, “la gondolita”, que me recogía en Barranco para ir hasta el local de la avenida Petit Thouars, en Miraflores…Y los recreos, el patio, el “cuartito de las escobas” debajo de la escalera donde a veces alguien era castigado, condenándolo a la oscuridad y pequeñez de un espacio donde, según chismeaban, había ratones…

Sería seguramente aburrido para el que lee que siguiera enumerando los recuerdos de esa época feliz, en que aprendí lo que era la amistad, esa que dura tantos años y desafía al tiempo, que no sabe de lugares, horas o condiciones meteorológicas. Esa amistad que nada pide y está siempre dispuesta a darlo y compartirlo todo…

Solo quisiera decir que me enorgullezco de ser un Gallinauta y de que mis amigos también lo sean y por si acaso, explicar que el término “Gallinauta” se debe a que lo somos porque esta red de amistad se comunica siempre por Internet, y somos gallinazos (nombre que le dimos a las aves – cóndores probablemente- que formaban parte de nuestro banderín) nautas de este mar electrónico…

Gracias a mis amigos Gallinautas, porque gracias a ellos puedo volver al ruedo de Internet y hacer lo que sé hacer más o menos, que es escribir, porque me obsequiaron esta computadora nueva que estoy disfrutando y aprendiendo a manejar, tal como lo hace un chico con un juguete nuevo que lo maravilla, asombra y hace que se sienta bien, único y querido.

Solamente puedo decirles ¡Gracias Amigos Gallinautas!,

pero quiero que sepan todos que lo único que tengo son familia, amigos y palabras; que estas tres: Amigos, Gracias y Gallinautas, son las más bonitas.

Manolo.