LOS DESAYUNEROS


Se reunían temprano, en una de las mesas que estaban en el exterior del café, sobre la vereda; generalmente primero eran dos, a los que poco a poco se iban uniendo otros y el mozo acercaba sillas, o una mesa más, si fuera necesario. Ya sabía que de lunes a viernes se reunían lo que él llamaba “Los Desayuneros”, que conversaban, comentaban noticias oídas en la radio, mostraban un periódico, compartían silencios y fumaban…

¿Desayuno…? ¡Nada! Solamente café; litros de café y algún vasito de agua para alguien. Podían haber sido “Los Tempraneros”, o “Los Converseros”, o tal vez mejor, “Los Cafeteros”. Pero les llamaban “Los Desayuneros” y ese nombre era adivinado a la llegada de los dos primeros, cinco días en la semana, por el mozo inventor, que se sentía parte de ellos.

Imagen:  https://thumbs.dream

PERDONEN, PERO NO CONOZCO OTRA PALABRA ASÍ…


Sé que “¡GRACIAS!” es una palabra trillada, que se repite muchas veces y por diversos motivos, pero he estado tratando de encontrar una que pueda expresar lo que siento y no hallo otra, simple así, como es.

Tal vez si ensayo con el tamaño, pueda ser: “¡GRACIAS ENORMES!” o si le pongo música, que sería: “El Himno a la Alegría”. Y si un símbolo es el escogido para acompañar el “¡GRACIAS!”, es indudablemente el de infinito…

Infinitas gracias a todos porque me siento querido y ese para mí es el mayor tesoro que tengo. A una palabra sencilla como CARIÑO, respondo con otra sencilla: ¡GRACIAS!, dos términos que en apariencia son cotidianos y hasta un poco manidos, pero que tienen una profundidad enorme. Esa profundidad que CARIÑO, AMOR, AMISTAD y GRACIAS comparten.

¡GRACIAS a todos y cada uno!  Sepan, por favor, que los llevo en mi corazón, que está lleno de amor, cariño, amistad y agradecimiento por ustedes…

¡GRACIAS, DE VERAS!

Manolo.

LA NOCHE QUEDÓ ATRÁS


Abrí los ojos y no veía nada.

Es decir, sí “veía”, pero era un color amarillento cremoso, infinito, uniforme y que no variaba así moviera los ojos, que era lo que conscientemente estaba haciendo.

Me di cuenta que estaba en una cama con barandas y comencé a incorporarme, cuando una voz me dijo: “Está en una clínica, soy médico, no puede ver y lo que le ha dado es un infarto cerebral. Pronto, todo irá volviendo a la normalidad… No se asuste”.

No estaba asustado, sino aterrado…  Al desconcierto siguió el miedo y eso que a veces se siente en situaciones extremas y se llama pánico: ¡ESTABA CIEGO!

Es muy difícil tratar de explicar lo que se siente y de qué manera los pensamientos se atropellan en un instante así. Difícil y doloroso, porque después se racionaliza y poco a poco se acepta, ocupando la mente en “estrategias” para hacer las cosas, aún las más sencillas, con la ausencia total de la vista. Pero eso viene después y al desconcierto, el miedo, el terror y el pánico, de inmediato sucede un estado de anonadamiento que lleva a pensar que todo esto no es cierto, que debe ser una pesadilla…

Lo último que recuerdo antes de abrir los ojos al amarillo cremoso, es unas náuseas tremendas y el “¡Yu-yu-yu-yu…!” de la sirena de una ambulancia; después, el color uniforme y el desconcierto.

No se trata aquí de “hacerme el pobrecito”, sino de contarles que estoy muy agradecido porque “la noche quedó atrás” y si bien “la noche” duró cuatro meses aproximadamente, poco a poco la luz se fue haciendo y primero muy mal, desenfocado e inestable, empecé a ver. No bien, o “20/20” como dicen, porque desde los siete años soy miope, pero fui viendo un poco más claramente, aunque me quedó la miopía, por supuesto, y se produjo lo que llaman “visión de túnel”, que me impide –si miro de frente- ver arriba, abajo o a los costados. No tengo “visión periférica” y si muevo los ojos, se me “descompone el cuadro” y todo es un desastre, que tarda algo en acomodarse nuevamente.

Demás está decirlo, pero me dieron dos infartos cerebrales más: el segundo me produjo parálisis lateral derecha (toda la mitad del cuerpo sin movimiento) y me dejó “insensible” el labio superior derecho, además de dificultades para tragar y con la lengua “enredada”, como para que no me entendieran. Era, pienso, que tal vez así de encerrada se sentiría la mariposa cuando crisálida, pero con la diferencia de que ella no habría tenido un “antes” de volar libremente por el aire…

Fueron otros cuatro meses (un número que parece me persigue, porque nací en el 47 y cumplo 74, más 4 infartos al corazón…) de ir recuperando habla y movimiento, gracias a terapias intensivas y algo de tozudez y fuerza de voluntad de mi parte.

El tercero, lo único que hizo fue bajar un poco más mi capacidad visual…

La noche (por ahora y en mi caso particular) quedó atrás, porque veo: Mal, pero veo; y me muevo, mal, pero me muevo. Me dicen que parece que no me hubiera pasado nada, o “¡Qué bien que te veo!” y trato de hacer todo lo que pueda, lo más normalmente posible…

Perdonen que hable hoy otra vez de mí, pero como mañana cumplo 74, he estado revisando un poco el tiempo pasado y vuelvo a decir que doy gracias a Dios, a mi esposa, a mis hijas y a los amigos buenos, porque sin esa ayuda hubiera estado muy, pero muy solo, y sin poder hacer nada.

Gracias por leer.

Imagen: http://www.architonic.com

LA ARMÓNICA DE CUARZO


martes, 6 de abril de 2021

Me voy a permitir escribir sobre algo muy personal, que como dice el título, tiene que ver con la música y la publicidad. Ambos temas se juntan en mi ánimo, hoy que Coco Chiarella no está…

Cuarzo fue su agencia de publicidad y Coco tocaba maravillosamente bien la armónica. Por supuesto, el teatro era su gran pasión y fue por el teatro como lo conocí, en un lejano 1966…

Ya he contado antes que fue gracias a él que empecé a participar del teatro, en el TUC; también gracias a Coco, “descubrí” la armónica (el instrumento musical más vendido en todo el mundo y del que se calcula existen más, que todos los demás instrumentos juntos), que para mí era el “rondín” corriente, que de chico había tenido varios, obviamente de juguete, pero que sonaban, y aunque la hubiera escuchado, no la imaginaba como un instrumento musical serio. Coco varió por completo mi percepción, introduciéndome en un mundo musical, donde el virtuosismo era la norma y mi asombro entusiasta fue el resultado. A partir de ahí, un disco de 33rpm del sello “Mercury” (lo recuerdo clarísimo) del pequeño y famoso grupo norteamericano “The Harmonicats”, se volvió mi favorito y renovaba el asombro cada vez que lo escuchaba…

Algún día, Coco me contó, que, en el ómnibus del colegio, iba Pepe Meza y lo escuchaba tocar la armónica (Tiempo después, Pepe fundaría “Quorum” y contrataría a Coco como creativo); como habrán visto, la publicidad y la armónica tuvieron un lazo de unión en la vida de mi amigo…

Escribir sobre “Cuarzo” (su exitosa aventura publicitaria), sería un poco ocioso, porque están frescos todavía sus logros publicitarios…, pero también como me comentaba Mimi Sano, dirigió comerciales para “Cine70.”

Pero siempre el teatro fue su gran pasión y no paró nunca, aunque en épocas en las que este no daba para vivir, tuvo hiatos de diverso tamaño y uno de ellos –tal vez el más largo- fue la publicidad. Digo que no se detuvo, porque con gran esfuerzo creó la sala teatral “Ricardo Blume”, nombrada así en honor del “Maestro”, en la que, en Jesús María, ofrecía –si no me equivoco- un teatro circular único en su género, por lo menos en el Perú…

Creo que es muy importante que quienes recuerden a Coco como publicista, sepan que, como tantos profesionales de la comunicación, mi amigo tenía un abanico muy grande de intereses y habilidades en su inmenso corazón y fértil hacer. Maestro, músico, publicista, actor, director, hombre de teatro íntegro, emprendedor, abogado (no sé si se graduó) … Coco Chiarella fue, principalmente un HOMBRE BUENO, perfeccionista, con la sonrisa siempre a flor de labios y, sobre todo, gran amigo. Ese amigo que al irse deja un vacío, pero que nos lega la Esperanza, esa que produce alegría.

Gracias por permitirme escribir sobre mi amigo.

PUBLICADO EN EL BLOG “MENTE MOCHILERA” 6.4.2021.

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MI ADIÓS A DOS LUCHOS


MI ADIÓS A DOS LUCHOS

Partieron hacia el Barrio Eterno, con muy poca diferencia de tiempo. Con Luis Bambarén Gastelumendi S.J. y Luis Bedoya Reyes, siento que se va parte de lo vivido por mí…

El primero, fue mi profesor en el colegio y el Prefecto de Disciplina del mismo. Fue mi amigo y me dio la oportunidad de trabajar con él, cuando lo hicieron “Obispo de los Pueblos Jóvenes” (término que creo se le ocurrió a él, en vez de “barriadas”, que le parecía despectivo. Así se fundó PUJOP (“Oficina de Pueblos Jóvenes del Perú”), bajo su presidencia y la dirección de Gustavo Noriega, también ex alumno del colegio de la Inmaculada, Roger Sattler, norteamericano, que venía a integrar el equipo desde el Cuerpo de Paz, a quien luego reemplazaría Lucy Conger, del mismo organismo de voluntarios norteamericanos, Eduardo Lastra, promotor… No éramos muchos y yo cumplía las funciones de jefe de relaciones públicas…

A Luis Bedoya Reyes, lo conocí personalmente y trabajé con él, pero en un campo totalmente distinto, como es la política, porque gracias a mi buen amigo Raúl Rachitoff, hoy también fallecido, me integré como creativo al equipo de comunicaciones de la campaña política para “Convergencia Democrática”, que buscaba llevar a la presidencia del Perú a Luis Bedoya Reyes, en alianza con uno de los más grandes caballeros y hombres de bien que he conocido, y que fue don Andrés Townsend Ezcurra.

Ambos, los dos Luchos, Bedoya y Bambarén, hicieron siempre honor a su apelativo cariñoso al luchar denodadamente, desde donde estuvieron, por la misma causa: la Justicia social.

Si de algo puedo preciarme, es poder haberles dicho “amigo” y sentir que me correspondían. No es algo común conocer en el día a día y estar cerca (aunque sea solo por un tiempo), colaborando con ellos, a dos personas de su talla.

Escribo esto desde la tristeza que me da su partida, pero me consuela saber que ambos llegaron a una edad avanzada, 102 y 93 años, tremendamente lúcidos y sin claudicar ni un ápice de aquello en lo que creían.

Estoy seguro que ambos se han encontrado ya, allí en el Barrio Eterno y deben estar riendo juntos con las bromas cundas de don Lucho Bedoya.

Ojalá tuviéramos muchos “Luchos” como ellos.

Imagen: Internet