EL CONDOMINIO EN LOS TIEMPOS DEL VIRUS


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Lo que escucho insistentemente, a  cada rato del día es el traqueteo metálico que producen los carritos de compra, como los del supermercado, que el condominio tiene a disposición de los inquilinos en cada etapa (los escucho en mi edificio y fuera de él, en la 4ª).

 

Estos carritos se usan cuando alguien viene con muchas bolsas o paquetes grandes, para dar facilidades de transporte entre la puerta de entrada y los edificios de la etapa…

 

Es desde hace poco que este ruido, antes muy esporádico, se ha hecho insistente y coincide con el pánico que el coronavirus ha desatado, produciendo caos, desabastecimiento, toma de medidas oficiales e intentos de las autoridades por convocar a la calma…

 

Pienso, desde aquí, que es el sonido del miedo, el de la desesperación. El sonido que dice “Yo traigo lo que he conseguido para sobrevivir…”.

 

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Es de día y hay un silencio extraño a pesar de tener frente a mi ventana, la zona de juegos infantiles de la etapa 4; miro afuera y veo que los subibajas, el tobogán y las escaleras aéreas, pintadas de colores brillantes están sin niños y hay una cinta plástica amarilla con palabras impresas en negro que rodea la zona; no llego a ver qué es lo que está impreso, pero imagino un “NO PASAR” o tal vez un inglés “NO TRESPASSING”…

 

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En el condominio hay gatos sueltos que salen por las noches y maúllan bajito mientras caminan amparados por la tranquilidad de la hora y la falta de personas que molesten su deambular explorador. Pero ahora es media tarde y un gato maúlla desesperadamente, como si tuviera miedo, le doliera mucho o aterrorizado, viera algo extraño.

 

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El “happy birthday” es cantado finalmente y lo que era rumor de voces que venía de algún edificio, amplificado un poco por el silencio, identifica que la vida sigue y hay quienes se reúnen para celebrar, a pesar de temores y recomendaciones.

 

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Todo sigue lentamente y ahora, afuera, detrás de la ventana está lloviznando.

GRITOS Y NO SUSURROS


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Creo que hay un problema sonoro aquí en el condominio porque las voces de los chicos que juegan en las áreas verdes se escuchan sumamente altas y no sucede lo mismo con los adultos, salvo que alguna mamá no sé si desesperada, exasperada o angustiada pega un grito llamando a su hijo que parece no hacer el menor caso, porque los alaridos maternos continúan hasta que la bullanga chiquilleril gana y son las voces jóvenes con un nivel decibélico verdaderamente bélico, las que atruenan el ambiente con el fragor de una multitud en el estadio nacional, celebrando un gol de Paolo Guerrero.

 

No entiendo por qué para jugar tienen que gritar; tal vez sean sordos o a veces pienso que se comunican entre ellos a distancia, pero compruebo que están tan cerca uno de otro que se confunden en una especie de masa trepidante…

 

Es un misterio para mí si ya metidos en sus departamentos, piden a gritos el teléfono celular o se oponen estentóreamente a comer lo que no les gusta…; es también un misterio –creo yo, científico- si es algo heredado cromosómicamente o aprendido en alguna clase de oratoria escolar, para poder hablar sin micrófono y amplificación a una asamblea de 700 personas.

 

¿Son los gritos el futuro comunicacional que nos espera y entrenan para ello? ¿Es que yo no tengo paciencia? ¿Es que soy susceptible?

 

He tratado de preguntar si alguna de las opciones anteriores es válida, pero parezco el personaje de una película a la que le hubieran quitado el sonido, porque abro la boca para pronunciar palabras mudas que en el fragor del multitudinario juego infantil, son totalmente vanas.

 

Imagen: http://www.yummymummyclub.ca

 

RODOLFO, EL RENO DE LA NARIZ ROJA


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La Navidad está a tiro de piedra y el condominio está adornado con lucecitas intermitentes de colores, guirnaldas y lazos, decoración que supongo está en todas las etapas de este gran complejo de edificios de vivienda porque la administración se encarga de eso, previo pago, por supuesto, de una cuota por departamento que creo asciende a 10 soles; nada caro por unidad, pero un montón de plata si se multiplica la cifra por el número de departamentos y edificios  (4 por piso, en construcciones que tienen 10 o 12 pisos)…

 

Pero es Navidad y todo se hace en función de ella; por ejemplo, en la 4ª. Etapa, donde vivo. Hay un concurso “inter-torres” con premio a la mejor decoración navideña propia de cada torre y que los vecinos elaboran entusiasmados (aquí lo que prima es el “ingenio y la creatividad torrísticos” porque este ornato es propio y particular de los habitantes de cada edificio) y que significa más lucecitas (no sé  si parpadeantes o no) y más guirnaldas con hojitas de muérdago plástico y colgandijos, también de plástico, pero metalizado.

 

Muy bonito, parpadeante, iluminado y colorido a partir de las 7 de la noche (porque de día no se ven las lucecitas), destinado a decir que fiesta, quevhay alegría y por ejemplo, escuché a una señora que cantaba mientras paseaba con su retoño: “¡Feliz Navidad para todos, feliz Navidad para todos…!” y me pareció recordar que completa, la cancioncita pegajosa había sido el jingle publicitario de las tiendas “Saga-Falabella” de la pasada Navidad…

 

Pero lo mejor no son las lucecitas parpadeantes de colores, ni el muérdago, las guirnaldas, los lazos y otros adornos, sino la musiquita: esa musiquita electrónica de villancicos que “electropleta” (o sea interpreta electrónicamente) con sonidito como de órgano musical diminuto y que es el “loop” de un limitado muestrario de canciones populares alusivas a la fecha, pero cuyas letras originales están en inglés (aunque aquí solo hay la música diminuta) según tengo memoria: “Rudolph the Red Nosed Reindeer”, “Silent Night”, “We Wish You a Merry Christmas” y creo que nada más; una parte de cada una que se recontrapite desde las 7.00 a las 10.00 u 11.00 in the night…

 

Por supuesto el loop musical navideño es parte de la decoración lumínica parpadeante con la que la administración condomínica alegra el ambiente.

 

Hasta hace unos días, la celebración musical era fortísima, pero parece que las quejas de algunos vecinos, lograron una disminución del volumen sonoro.

 

Digo yo, ¿tendrá que ver algo en esto el que la compañía que construyó el condominio y lo administra se llame “San José”…?

 

Me pregunto también si es que ustedes (aquí en el Perú) alguna vez habrán visto un reno, con la nariz roja y que se llame Rudolph, fuera de algún libro de cuentos navideños, de una película o de esas populares decoraciones y figuras plásticas “Made in China”…

 

Finalmente, no soy el Grinch (ese que se robó la Navidad) pero “Silent Night” se traduce al castellano como “Noche de Paz” y con esto de los renos y las musiquitas navidosas no es que haya mucho silencio ni paz por este condominio que digamos.

 

Imagen: www. tumblr.com.com

¡DAME MI OSITO!


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Tarde de domingo, hay sol, mientras escribo escucho viejas melodías tocadas por la orquesta de Paul Mauriat y tengo abierta la ventana para que entre el aire; junto con él se cuelan las voces de niñas que juegan fuera, pero están fuera de mi vista.

 

Juegan y por el tono de las voces no tendrán más de 8 años: “¡Dame mi osito…!”, risas, silencio, risas. “¡Dame mi osito…!”, más risas y silencio. “Dame mi osito te digo…”.

 

Largo silencio y después: “¡Dame mi osito, mierda, hijueputa…!”. Hay sol, jugaban y de pronto algo se ha roto.

 

Es como si la infancia hubiera saltado en pedazos y cierro la ventana porque lo que van a seguir son llantos, seguramente forcejeos y tal vez más lisuras. El aire queda afuera, con los sonidos y yo escribo…

 

Hay sol, es tarde de domingo y todo está transcurriendo con “normalidad”; no tengo que preguntarme nada, porque imagino lo que la niña del “¡mierda, hijueputa…!” escuchará en su casa. Imagino que “así se defenderá” y que de pronto, más tarde, tendrá hijos a los que acunará cantando reguetón…

 

Ya sé, soy de otra época y seguramente por eso escucho las viejas melodías de la orquesta de Paul Mauriat, una tarde de domingo, con sol…

 

Imagen: mercadolibre.com.pe

EL CABALLO


EL CABALLO

Puede  ser posible que un departamento de este condominio tengan un caballo, lo alojen en alguna cuadra fuera del recinto y que el dueño sea aficionado a la crianza y a las carreras de estos animales (a propósito nunca entendí porque el más popular “datero”, antiguamente, un periodiquito especializado, se llamaba “Estudie su polla”, cosa que para los hombres españoles significaría “mirársela con detenimiento”, además de que las pollas (aves) no tienen nada que ver con los caballos, salvo que se trate de las crías de los  “guardacaballos”, unos pájaros de color negro que rondan los lugares por donde los equinos andan).

 

He preferido poner punto aparte porque la digresión ha sido larga y lo más probable es que el lector se haya perdido; decía que es posible que aquí en el condominio alguien o más de uno, sea aficionado al turf y tenga ejemplares propios que compiten, pero resulta que en el segundo piso, justo encima del departamento donde vivo y sobre mi habitación, se aloja un caballo.

 

Lo digo porque el ruido que provoca con sus carreras (que deben ser cortas, porque si la habitación es como la mía, no es muy grande que digamos) o  cuando va a paso lento: “¡clop-clop-clop-clop!” es un poco insoportable,  pero de pronto, como el espacio es reducido lo que tienen arriba es un “pony”, pequeño caballito que podría acomodarse mejor; lo que pasa es que no he oído relincho alguno y –o se trata de educación- o el animal es mudo.

 

Ahora que pensándolo bien y reflexionando un poco podría tratarse de un niño que corre, juega, salta –y sí- trota; la pista puede darla algo que suena a veces al rebote de una pelota más bien dura (una bola de goma, diría) y su rodar por el piso de la habitación que queda inmediatamente encima de mi cuarto.

 

Tal vez el enigma no sea tal, no exista caballo alguno y la bulla provenga de un humano pequeño que, como está haciendo frío, no tiene permitido salir al parque, se aburre y se entretiene a costa del vecino, que soy yo.

 

Imagen: http://www.dibujoswiki.com

HALA… ¡QUÉ TAL TROLL!


HALA

He oído varias veces esta expresión en algún chico que jugaba en esta parte del condominio y lo primero que pensé es “¡qué castizo!” porque el “¡Hala!” se lo escuchaba a mis maestros en el colegio, a los jesuitas españoles cuando querían decir “¡Vamos!” o “¡Anda!”… y la palabra “Troll” me trajo a la memoria el folklore escandinavo con sus cuentos infantiles donde los “troles” (plural de Troll) son criaturas que se empeñan en hacer travesuras y gracias…

 

Pero claro, estoy seguro que si al chico le pedimos que lo escriba, pondrá: “Ala… ¡qué tal trol!” y no es que se trate de un ser del folklore escandinavo, ni tan siquiera de lo que en la jerga de Internet se conoce como “troll”, que es alguien que publica mensajes sin ninguna relevancia, ambiguos o malintencionados; creo que el “Ala… ¡qué tal trol!” es una expresión de asombro, una especie de invención derivada de la jerga de Internet y el blablablá de algún youtuber español popular; digamos, una mescolanza infantil que “innova” en el lenguaje que debe resultar aburrido para alguien que lo usa como le da la gana.

 

Es algo curioso –pero debe ser normal- la cantidad de expresiones y palabras nuevas que se incorporan al diario hablar: neologismos, extranjerismos, estupideces y demás van formando eso que a veces no entendemos porque somos de otra generación.

 

En mi época un “trole” era el “trolley” de los tranvías, o sea esa especie de antena terminada en una ruedecita que conectaba al vehículo al cable aéreo que le suministraba corriente eléctrica y cerraba el circuito con las ruedas metálicas corriendo por los rieles también de metal. Una “trola” puede ser un argentinismo para prostituta y también se le dice así a un gran embuste aunque en mis tiempos era lo que se le llamaba al pene u órgano sexual masculino…

 

Es curioso porque algo que nos debería unir es lo que nos divide un poco: la lengua española varía de país en país, de región en región y de una generación a otra; no se diga nada sobre las diferencias que hay entre España y la América del Sur “hispanoparlante” en cuestión de idioma común…

 

Pienso todo esto porque un chico dijo algo mientras jugaba que yo escuché e interpreté…; de pronto es como dicen que estoy “rizando el rizo” y lo que han leído – los que llegaron hasta el fin- no tiene la menor importancia…

Imagen: teaser-trailer.com