LA “BENDITA” FECHA FINAL


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En publicidad lo que importa es la fecha de publicación: hacia allí apunta todo el esfuerzo creativo, los de planificación y ejecución.

Es tan simple como acostumbrarse, para planificar, a ir de adelante (la fecha final) hacia atrás (el proceso de ejecución y el de creación, en ese orden).

Eso quiere decir que, mirando en lontananza, faltan X días para publicar o salir al aire, lo que supone que cada etapa de creación y ejecución deben ser medidas por separado, en días y sumarse guardando una reserva prudente por cada una de las etapas (creación/redacción, creación/diseño de bocetos, planificación/estrategia de medios, presentación interna/presentación a cliente, ejecución de arte/video/radio/otros medios, aprobación interna/aprobación cliente, FECHA FINAL: Emisión por los diversos medios elegidos.

Este calendario inverso debe elaborarse para cada trabajo y quienes estén encargados de realizarlo, tener claro el calendario completo así como su parte; es muy importante que se sepa cuánto tiempo toma cada etapa y se respete estrictamente el calendario propuesto para evitar sorpresas desagradables.

Resulta terrible cuando las partes no ven el todo y consideran importante solamente lo que ellas realizan porque el desorden cundirá y la “bendita” fecha final, puede tornarse en una verdadera maldición.

El tiempo es oro y en publicidad esta frase es absolutamente cierta.

 

Publicado en codigo.pe 4.9.2019.

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TARJETA DE CUMPLEAÑOS


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La señora, mayor ya, de pronto se echó a llorar mientras hablaba durante la sesión de focus Groupy contaba cómo nadie en su familia se había acordado ese año de su santo y que la única felicitación que había recibido era de la AFP, que le hizo llegar a su casa una tarjeta de saludo por su cumpleaños:“Nadie, ni mis hijos se acordaron…” dijo entre sollozos.

Esto que puede parecer la secuencia de un melodrama o telenovela, lo presencié yo mismo en una sesión de grupos de control para averiguar, entre otras cosas, el impacto de algo que trataba de reforzar los lazos de fidelidad cliente-AFP.

Declaración absolutamente auténtica de un usuario agradecido y que sentía que era considerado importante y no únicamente un número más, porque la mayor parte de las veces se ve al usuario/consumidor como una masa compradora, que busca satisfacer sus necesidades o sus gustos…

El marketing y la publicidad existen porque hay clientes y los productos o los servicio también y esto es algo que hay que tener en cuenta siempre, porque esa especie de “asepsia reductora” que lo convierte todo a cifras, es algo en mi concepto, absolutamente errado.

Tener en cuenta al ser humano con sus múltiples diferencias, sus pulsiones, su hábitos, sus sentimientos, defectos y virtudes resulta capital cuando de diseñar un producto o un servicio de trata, así como de comunicar su existencia y animar a que se acerquen a él, lo prueben y hagan suyo es algo capital y sin embargo a veces olvidamos la individualidad diversa porque privilegiamos -lo que considero errado como término- la comunicación masiva.

Es el hombre o la mujer el destinatario y es necesario ponerlo en valor y de relieve porque de otra manera estaremos plantando en el desierto, o arando en el mar.

 

Publicado en codigo.pe 2.9.2019.

CUANDO EL PRODUCTO ES LA VIDA


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En mi caminar como creativo publicitario me ha tocado participar en miles de campañas, crear miles de guiones, escribir más de cien mil avisos y material para publicidad de muy diverso tipo para innumerables productos, marcas y servicios, pero francamente nunca me he sentido mejor y más a gusto que cuando se trataba de la Cruz Roja, la donación de órganos o de sangre, la lucha contra el cáncer, además de algo para crear conciencia sobre la ecología.

Recuerdo vivamente alguno de los pedidos que venían a las agencias en las que trabajé, llenos de esperanza porque confiaban que la comunicación publicitaria pondría de su parte todo lo que sabía para luchar por la Vida, no solamente la humana, sino esa Vida que nos permite a todos, siendo parte del planeta, existir.

Publicitar productos, marcas o servicios es lo usual, por eso cuando se presenta una oportunidad para hacerle publicidad a entidades o emprendimientos que no buscan el lucro sino crear conciencia sobre un tema de tanta y capital importancia como es la Vida, no solamente es un deber hacerlo sino un verdadero placer.

Mi experiencia personal –y disculpen que la mencione, pero ha sido personalmente vivida- cuando dictaba el curso “Proyecto de Publicidad” en la universidad Católica, más gratificante era comprobar como los alumnos recibían y desarrollaban con verdadero entusiasmo y comprobado éxito la tarea semestral que consistía en desarrollar campañas reales del llamado “bien social”, en las que, con clientes que eran entidades que no podían pagarse comunicación y difusión publicitaria y que seleccionábamos al iniciar el curso, durante seis meses, aplicarían REALMENTE lo aprendido en las aulas.

Era de ver cómo se relacionaban con los solicitantes para obtener información, procesarla, crear las campañas y trabajar para obtener que salieran a la luz en medios que colaboraban desinteresadamente y la reacción positiva de las entidades que eran beneficiadas por grupos de estudiantes de último año de Comunicaciones (especialidad de Publicidad) que ponían verdadero empeño profesional en algo importante, que no fuera un champú o una mayonesa – sin que hacer publicidad para productos sea “malo”- que sería el tipo de publicidad más común que efectuarían durante su carrera.

Es que, perdónenme, pero personalmente creo que no hay nada más importante que la Vida.

Publicado en codigo.pe 29.8.2019

Imagen: “Violencia en España/encuesta” publicada por codigo.pe

EN PUBLICIDAD, COMUNICAR NO ES TAN COMÚN


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Lograr que alguien entienda lo que queremos decir no es “lo que pasa siempre” y hay que imaginarse como se puede multiplicar eso en el caso de los mensajes de publicidad, con los que se trata de llegar a tanta gente, para que sea atraída, informada y convencida: es decir que entienda y se persuada de algo.

Realizar comunicación publicitaria no puede ser tomado a la ligera porque no solamente involucra a miles de personas en la parte de audiencia o público, sino que reúne también a quienes la desarrollan, que tienen que ser profesionales de la comunicación que verdaderamente atraigan y persuadan.

Parecería sencillo a primera vista y si uno elige al azar spots electrónicos o avisos impresos no se imagina el trasfondo que tienen y lo cuidadosamente que son elaborados; hay mucho trabajo, mucha confianza de parte de los clientes y hablando materialmente, hay mucho dinero involucrado, además de tiempo y no nos olvidemos de que “el tiempo es oro”.

Por eso es que no “cualquier hijo de vecino” hace publicidad y es que se requiere que confluyan una serie de factores que involucran a la psicología, la creatividad, al tiempo, al dinero (por lo menos “algo”), al conocimiento de los mercados, al conocimiento de los medios y una precisión y constancia muy grandes.

Así como el sentido común es el menos común de los sentidos, la publicidad es la menos común (aunque sea profusa) de las comunicaciones.

 

Publicado en codigo.pe 22.8.2019.

¿SIEMPRE SE NECESITA UN PERRO?


SIEMPRE SE NECESITA UN PERRO

 Guardianes de la casa, hacen fiestas a su amo, le obedecen y son sus incondicionales; a cambio de comida, un lugar donde dormir y una palmadita cariñosa de vez en cuando en el lomo, gruñirán para después atacar a quien se entrometa, aunque sea un poco, en lo que el animal considera su terreno, pero del que es únicamente guachimán de cuatro patas.

 

En el mundo hay seres, que como los perros, a cambio de dinero y un lugar desde donde puedan ser oídos, responden a las más variadas directivas, haciéndose una imagen de feroces defensores de lo que sea con tal de ganarse las caricias y la seguridad de un pago en las quincenas; son los que quieren convencer a los demás con actitudes desafiantes y palabras que en realidad son un balbuceo primitivo de que “su” posición sobre determinados temas es la correcta y que cualquiera que no encaje en su estrecho molde mental es un “enemigo”  del cual hay que burlarse, a quien hay que denostar con frases soeces y atacar sin piedad tratando de morder donde –en su obtusa mente- creen que más les puede doler.

 

El asunto es que, como  dice la leyenda urbana sobre los perros Doberman, acerca de la pérdida del olfato en algún momento de sus vidas, lo que les impediría reconocer a sus dueños y podrían atacar, estos ciertos seres (no creo que tengan la categoría de humanos) pierden, si lo tuvieron alguna vez, el sentido de la orientación y la capacidad (aunque fuera mínima la que tuvieran) de razonar y se revuelven mordiendo a diestra y siniestra víctimas de una especie de locura furiosa que, estoy seguro, es provocada por ellos mismos y sus opiniones, excretadas a los cuatro vientos.

 

Entonces los amos que los utilizaron para sus propios fines se deshacen de ellos y  los dejan en la calle para que encuentren cobijo en otro lado, aunque si alguien los acoge -si no es del vecindario- desconocerá la condición que los hizo perros callejeros y correrá el riesgo de ser mordido en cualquier momento, porque –ley de la calle- aprendieron a disimular aunque sea por un tiempo.

 

Estos seres (otra vez, no creo que tengan la categoría de humanos) pululan en nuestro entorno y felizmente, como somos algo observadores, sabemos quiénes son, los que fueron sus sucesivos dueños y conocemos las que han sido sus anteriores guaridas, estamos prevenidos porque los mordiscos, sobre todo si son los de un animal hidrófobo, pueden matar o hay que vacunarse después del ataque.

 

Imagen: jota-salud.blogspot.com

EL BANALIZADOR


EL BANALIZADOR

Está al alcance de casi todos el mundo y casi todo el mundo lo posee; sirve para banalizarlo todo –de ahí su nombre- porque convierte en intrascendente cualquier conversación y cualquier sentimiento.

 

Banaliza aquello que el hombre ha perfeccionado desde que apareció sobre la faz de la tierra y pudo hablar, superando a las señas; convierte en intrascendente casi cualquier comunicación en la que se use y curiosamente no solo para hablar sino para escribir.

 

Es claro que me refiero al teléfono celular, ese invento maravilloso en un principio, que fue ampliando su radio de acción hasta poder unir a dos personas desde los puntos más distantes e insospechados; su desarrollo lo ha llevado de ser un maletín algo engorroso a  empequeñecerse, multiplicando sus funciones y capacidad de modo asombroso. Hay un manido chiste que dice: “¿Qué es lo único que admite y se siente orgulloso un hombre de tener pequeño…?: ¡El teléfono celular!”.

 

Pero con todos los avances tecnológicos y habiéndose convertido casi en un miembro más del cuerpo humano, su cotidianeidad lo ha convertido en algo que si bien se hace sentir indispensable, en algo que le quita importancia a todo: un corazón reemplaza al sentimiento del amor, una carita sonriente, llorando o enojada y roja significa que se está alegre, triste o enojado; los famosos “emoticones” suplen a las emociones: los colores y la expresión mínima denotan el estado de ánimo.

 

Se ahorra tiempo para comunicar, pero un sentimiento o emoción se convierte en algo apurado, dicho al paso, por salir de un compromiso y mención aparte merecen los dibujitos con el pulgar arriba o las diferentes señas que manos y dedos graficados indican. Los famosos “likes” o “me gusta” se dispensan de un modo tan copioso y corriente, que son el equivalente a ver llover a través de una ventana.

 

Se usa el teléfono celular para decir “Me divierto bailando” y se adjunta la fotografía o el pequeño video que muestra una discoteca en plena ebullición, tomados por el mismo celular: perennizamos el instante y al mismo tiempo lo hacemos descartable con el próximo mensaje.

 

Sí, es verdad que sirve para saber dónde se está, qué hay cerca o lejos y para mil cosas más que van desde servir como linterna hasta darnos la cotización de la bolsa: un universo de posibilidades que se usan tanto como un impermeable, un día de sol radiante en la playa.

 

El banalizador ha entrado en nuestra vida, ha sido adoptado, incorporado a nosotros mismos y es elemento indispensable “para estar en contacto” con personas que ni conocemos y que se identifican con un alias o apodo pululando en las llamadas redes sociales donde intercambian opiniones, zalamerías o insultos de diferente calibre, sin discriminación ninguna y sin necesidad de que sean verdaderos.

 

Creo que casi todos conocemos o tenemos un banalizador, pero pienso que su utilidad se ve opacada por su futilidad.

 

Imagen: http://www.pinterest.com

VIAJE A CANCÚN


VIAJE A CANCÚN

Desde hace algún tiempo venía planeándolo y decidí por fin que ya era tiempo de suspender mi línea telefónica “alámbrica” para quedarme con el celular, sobre todo porque el teléfono es un aparato que ocupa lugar, acumula un poco de polvo y por más que los diseñadores se hayan esforzado no es muy estético que digamos; es algo que está ahí “porque hay que tener teléfono”, para estar conectado y disponible…

 

En verdad solamente suena cuando de la empresa de telefonía llaman para ofrecerme “un mejor plan” y a veces cuando la llamada es para un colegio que debió tener el mismo número antes y yo les digo amablemente que no es el número, que no sé el número telefónico actual del colegio o que aquí no impartimos clases de nada; es muy raro que alguien llame y si quiero hacerlo, uso el celular, mi esposa usa el suyo, nuestra hija el suyo y quienes visitan llevan los suyos.

 

Es verdad que aquí la recepción celular es un poco muy mala –supongo que por la multitud de edificios del condominio- pero hay “lugares estratégicos” como la puerta-ventana de la sala, el escritorio (donde está el “router”) o mi cama, sitios desde donde se puede hablar y escuchar bien; ya lo tengo estudiado y para los visitantes hago las indicaciones que corresponden, claro que no le voy a decir a una visita que quiere hablar por celular que vaya a mi cama, porque como decía mi amigo Julio, “no sería propio”.

 

Prácticamente nadie llama, no lo usamos en casa y tenerlo es como mantener un fax o un teletipo cuyo lugar está en alguna vitrina de museo (pero supongo que hay quienes resisten y los siguen usando: “son pocos, pero son”, tal como dijo César Vallejo)…; en resumen, prescindir del “teléfono fijo” (aunque el que tenemos en casa es portátil gracias a que nos lo obsequió Jaime) es una decisión tomada y ejecutada; ahora toca devolver con nuestros agradecimientos u obsequiar a alguien el aparato, deshacernos del cable que serpentea por la parte inferior de la pared (no sé si la compañía de teléfonos se hará cargo) y de la guía telefónica; de pronto es como supongo será el sentir del perro, que se ve libre de la correa que lo sujetaba…

 

¿Y lo de Cancún…? Bueno, es que no vamos a viajar, porque por no tener “teléfono fijo” no me llamarán para decirme que he ganado el premio mayor de un sorteo que es de dos pasajes aéreos, bolsa de viaje y estadía de una semana en Cancún: sorteo en el que no participé nunca y estoy seguro que no existe; además, no tenemos bloqueador solar, los pasaportes deben estar refundidos en algún cajón y a mi esposa no le gusta la playa…

 

Imagen: http://www.cancuncare.com