FAKE, FALSO, FEBLE


Sí, ya sé que “feble” significa débil, pero cuando se dice, por ejemplo, que una moneda es feble, es que no tiene valor, ergo, es falsa … Pero siguiendo con las “efes”, utilizaremos también la palabra “fenómeno” y es que –no es difícil de adivinar- se trata de las noticias. Las noticias falsas. Las “fake news”, en inglés. Algo que se pierde en las oscuridades de la Historia, pero que, como verdadero fenómeno moderno, florece actualmente, se disemina y pulula por todas partes, especialmente por ese otro fenómeno moderno, que son las “redes sociales”; un fenómeno que se populariza, masifica y se vuelve ola incontrolable en todo el mundo, gracias a Internet …

Y no es que Internet tenga la culpa de las “fake news”, pero parece ser su vehículo predilecto, por la cobertura, la fácil, muy rápida diseminación –casi inmediata-, y la “viralización” de casi cualquier noticia que se “suba” a las redes, especialmente si es llamativa por lo extraña, cómica o escandalosa …

Las noticias falsas han existido desde que el ser humano es… ¡un ser humano! Hay muchos, infinitos ejemplos que buscaron distraer el ataque de algún ejército, confundir a poblaciones enteras (el famoso caballo de Troya sería un “fake” físico, para excitar la curiosidad y cumplir un fin), o para poner un caso más, la frase atribuida a Goebbels, ministro de propaganda del nazismo, “Miente que algo queda”, que da cuenta del uso intencional de las noticias falsas como un arma de guerra …

Nunca como ahora, las “fakes” se han convertido en opiniones que se repiten y vuelven a hacerlo, con la facilidad de apretar un botón y sin responsabilidad alguna. Nadie sabe de dónde nace lo que está repitiendo y lo más que se conoce es que se trata de un “mensaje repetido muchas veces”; no se sabe si es verdadera o falsa la información, pero el “dar la noticia”, que suena terrible, cómica o muy “atractiva”, parece de pronto importante y sencillo: solamente basta con apretar un botón. El asegurarse sobre la veracidad no importa. Lo importante es la velocidad y el ser “fuente” (no importa si de quincuagésima mano) de “información”. “Soy alguien informado”, piensa, satisfecho, el apretador de botones, sin darse cuenta que es un inconsciente, que está repitiendo “como un loro” algo que vio y que concuerda con lo que siente. “Es lo que yo diría”, asiente orgulloso …

Es la banalización de la información, la entronización del chisme y elevar a este a la categoría de opinión … Es una estupidez, que repetimos varias veces al día, y nos quedamos felices y tranquilos, porque “sabemos la última” …

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«TIFIPICADO»


He escuchado al conductor de un programa que se emite por numerosas plataformas informativas a todo el Perú, repetir muchas veces la palabra que es motivo de este título y creo que, si bien es un error y “a más inri”, repetido, lo preocupante es que se insiste en algo, que está mal y “para peor”, lo hace quien hoy se llama “un influencer”, palabra que cuya traducción al castellano –en un modo bastante libre, general y sonoro, por cierto- borra cualquier duda: “influenciador” …

No es que sea algo “muy horrible”, pero aprovecho este pequeño suceso, para llamar la atención sobre eso que muchas veces pasamos por alto, pero que parece estarse convirtiendo en algo cotidiano para los locutores de programas o noticieros, y es un mal uso del idioma, lo que revela falta de información sobre su elemento principal de comunicación, que es el lenguaje, y la poca o ninguna preocupación por corregirlo que existe…

Es verdad que los errores al hablar son bastante comunes y que un ex presidente del Perú y un ex alcalde de Lima decían “consuidadanos”, que los “endenantes”, “nádienes”, “nadies” u otras equivocaciones al hablar, sean corrientes en las voces de algunos prominentes políticos, pero esa no es razón para que importe un bledo la manera correcta de hablar, porque se cree que “me entienden”, y menos para quienes lo hacen en público y debieran dar ejemplo de corrección (y diría respeto por los demás) al hablar …

¿Y esto que tiene que ver con la publicidad?

Bueno, es algo digno de notar para que se evite, no suceda,  y no se haga, porque la comunicación publicitaria es comunicación pagada y quien paga, tiene todo el derecho de exigir a cambio, un buen producto en todo sentido; las “equivocaciones” lingüísticas en publicidad, además, se propagan rápida y masivamente lo que las hace peligrosas para la supervivencia de algo tan fundamental, pero lamentablemente también distorsionado, descuidado y vapuleado como el idioma …

Publicado originalmente en el blog «mentemochilera.blogspot.com«

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EL BOOM


Para todo el que haya tenido contacto con la radio o la televisión antiguamente, un “boom” (bum) es el micrófono grande, omnidireccional, que en la tele estaba fuera de cámaras, colgado, en un trípode con ruedas que permitía moverlo y que en la radio, colgaba del techo de la cabina …

Pero es a otro “boom” al que quiero referirme y este término define aquí lo que es un éxito (como el “boom” de la literatura latinoamericana, de hace un tiempo). Algo que es “grande”, una verdadera explosión …

Es l “boom” que se vive desde hace varios años, de las comunicaciones, entendidas como una carrera universitaria, no con la tecnología que la permite. Las comunicaciones se volvieron “la carrera de moda”, la especialidad que había que seguir si uno quería ser “moderno”; profesiones como la ingeniería, el derecho, la antropología, la medicina y otras, no eran muy “fashion”. Había que ser “comunicador” y así nacieron como hongos después de la lluvia, las facultades universitarias de la especialidad y los institutos superiores que ofrecían educación en esta rama …

A los periodistas se les llama, correctamente, “comunicadores”, y también a los que profesan la publicidad, y ahora pareciera que los comunicadores abundan y uno se en encuentra con comunicadores egresados de esa carrera, que laboran en muchas cosas que nada tienen que ver con lo que estudiaron. Es verdad que uno puede encontrar ingenieros o abogados como taxistas, por ejemplo, pero tal vez porque yo he estado toda mi vida profesional dedicado a la comunicación publicitaria (sin estudios universitarios ni título alguno, hasta que la Universidad Católica, hace diez años, me otorgó el título “honoris causa” por currículum distinguido), es que me “fijo” más en los comunicadores y creo que hay un sobre abundancia de estos, lo que no le hace ningún bien a la profesión, porque los niveles educativos de muchos, no son los que debieran ser …

El asunto es que comunicar es tan “común” y todo el mundo comunica, que estudiar en una universidad para hacerlo, parece una tontería, pero el comunicador profesional tiene mucha mayor responsabilidad que cualquiera que comunique “normalmente”, pues a quienes comunica, es decir los receptores, son generalmente muchísimos y hay que SABER llegar a ellos, conocer el QUÉ, el COMO y el CUÁNDO. No es cosa de poca monta y la abundancia de comunicadores, no asegura una BUENA comunicación …

Y el mundo en general y especialmente el Perú, precisa de ella para que las diferentes crisis que vivimos en este tiempo, se entiendan y se pueda abordar sus soluciones. Si no se comunica BIEN, se conoce MAL, o a medias y eso impide actuar.

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«HABLANDO SE ENTIENDE LA GENTE»


El título es un refrán archiconocido y muy usado, que dice que hay que “hablar” –léase “dialogar”-, porque cuando se hace una perorata individual, si alguien la escucha, no implica necesariamente una respuesta …

Quien escribe para publicidad, emite comunicaciones que son recibidas por un público determinado y la respuesta de este, no es precisamente un diálogo con el comunicador (a no ser que alguien del público comente en alguna red social como Twitter y establezca uno con el comunicador, o en el peor de los casos lo insulte, lo que no implica por cierto diálogo alguno), sino que puede observarse por medio del éxito del producto o servicio publicitado (algo así como los “likes” que se dan en ciertas redes sociales) y que equivaldría a una respuesta positiva del público, pero que tampoco se prolonga más allá de las recompras si lo publicitado tiene éxito …

Es que, en el fondo, lo que hace quien escribe publicidad es hablar, sí, para que “la gente” lo entienda, sí, y lo hará con el conocimiento que tiene o ha adquirido acerca de las características de esa “gente” o público objetivo; sin embargo, es un “hablar” solitario, confiando en que lo que diga, será bien recibido, atrayendo y produciendo reacciones positivas …

Es verdad que hablando se entiende la gente, pero tiene que escuchar ese hablar y establecer un diálogo para entenderse y es que “entiende”, no significará que se esté de acuerdo con todo; recordemos si no, aquél “conversar no es pactar”, célebre frase del político peruano Ramiro Prialé.

Esto es muy importante, ya que supone “optar”, “escoger” y allí está el quid del asunto. Lo comunicado debe ser convincente de manera tal, que signifique la aceptación de algo y francamente, eso no sucederá si no conocemos las características de aquellos a quienes nos dirigimos.

Todo comunicador, sea publicitario o no, lo sabe. O debería saberlo…

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SALVAJE OESTE


Este asunto se está pareciendo cada vez más a ese “Salvaje Oeste” (WW o “Wild West” en inglés), que veíamos en series de la tele como “La Ley del Revólver” (“Gunsmoke”) y en películas de “pantalla grande”, donde cualquiera, con una Colt 45, hacía destrozo y medio, o prácticamente lo que quería …

No me quejo de la digitalización en cuanto a técnica (que es imparable), ni tampoco de la evolución que sirve para facilitar el acceso a los medios, o de la importancia que tienen las redes sociales; lo que me parece es que con toda esta facilidad y el poner tan a la mano una tecnología que “antes” estaba reservada a los que sabían usarla, ahora cualquiera puede echar mano de ella, con los resultados que muchas veces vemos y que no son otros que el desorden y la banalización de algo tan importante como la comunicación. Precisamente, a la comunicación publicitaria me refiero …

La publicidad, de respetar ciertas reglas que la hicieran posible, para que sus contenidos se entendieran y surtieran efecto, ha pasado a ser una especie de “tierra de nadie” o “tierra de todos”, porque ahora, cualquiera se siente “publicista” y con una computadora, imágenes bajadas de Internet, grabaciones de video y audio hechas con un teléfono celular, puede perpetrar cualquier cosa. Sí, “perpetrar” cualquier cosa, porque lo que haga NO será publicidad, ya que el tema de la COMUNICACIÓN estará ausente o tan deformado que sería irreconocible y por supuesto, ineficiente y claro, ineficaz …

Con esto repito lo dicho ya otras veces, y es que no son los lamentos de un viejo que opina que “todo tiempo pasado fue mejor” y que “lo que se hacía antes …” . No, es que me parece que en publicidad, salvo excepciones, por supuesto, todo se está tomando a la ligera y que sufren los clientes, los productos o servicios que representan, el consumidor –que se desconcierta y quizás es desinformado- y finalmente la publicidad que termina siendo colores, sonidos, letras y ningún fondo. ¿La comunicación?: Ausente.

Imagen: https://www.alamy.es

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¿ES COMÚN COMUNICAR?


La palabra parece decir que sí, y en efecto, todos intentamos hacer algo que sea eso. Intentamos, digo, lo que significa que tratamos de comunicar, pero no siempre nos acompaña el éxito…

Comunicar implica a otros. Yo no puedo “comunicar al aire” ni tampoco comunicar a las piedras; como ser humano, comunico a otros seres humanos y me puedo comunicar con algunos seres vivientes, en especial si son animales “domesticados”, que entienden mis “señales” de comunicación…

En el plano que ahora nos interesa, que es aquella comunicación que establecemos con otros seres humanos, lo que parece simple, natural y “común”, no lo es, porque para que exista, tienen que haber, en primer lugar, un emisor y un receptor; es decir, alguien que “diga” algo y alguien que lo escuche…

El segundo paso será la claridad y la comprensión de los mensajes, porque estos, al ser emitidos, tienen que ser entendidos y, además –que no es lo mismo- comprendidos por quien o quienes los reciben…

Aquí suelen empezar los problemas, porque el emisor no tiene en cuenta la capacidad del receptor para entender el mensaje… El emisor “habla en difícil” por ejemplo; usa un lenguaje que no es bien entendido, o se orienta a otro grupo objetivo. Así un ingeniero, un médico o un astrónomo, no podrá (ni deberá) comunicar al público en general, usando términos profesionales que solamente entienden los que comparten su actividad profesional, porque el auditorio “se quedará en la luna” y el fracaso será patente…

El comunicador tiene que saber hacerlo, porque no se trata de hablar o escribir solamente, sino hacerlo para que quienes escuchan o leen, entiendan y comprendan lo que se está exponiendo…

A veces se piensa que “se baja el nivel” del conocimiento al   –como se le suele decir- “vulgarizarlo”, pero esto en realidad lo que supone es ponerlo al alcance de la mayoría, eliminando “tecnicismos” innecesarios y –ojo, parlamentarios nacionales- parrafadas que no dicen absolutamente nada, y están repletas de palabras sonoras, pero huecas…

Vulgar aquí, por si acaso, no tiene la acepción de “basto”, sino que como la palabra proviene del latín, (“vulgus”), significa un conjunto de personas comunes, que no tiene conocimientos especiales sobre una materia… ¡Y esto TIENE que tenerlo en cuenta el comunicador!

Comunicar no es “pararse y hablar”. Es muchísimo más que eso y por esta razón a veces los receptores se “quedan en la luna”. Lo que pasa es que el emisor “habla en difícil” o dice paparruchas…

PUBLICADO EN «XCOMUNICACIONES» 30.3.2021