LA ISLA DE LA FANTASÍA


En 1977, una serie de televisión sumamente popular, cuya trama y acción se localizaba en una isla, en algún lugar del océano Pacífico, donde la gente podía cumplir cualquier fantasía que tuviera, previo pago de US$ 50,000 y de no revelar nada sobre la ubicación de la isla…

Estamos en el año 2020, en el camino inmediato al 2021, en una Tierra que es más que nunca una isla, flotando en el espacio y vivimos la fantasía más fantástica que ningún señor Roarke ni Tattoo harían posible, sino un microscópico personaje, cuyo nombre tiene el número 19.

Lo que está sucediendo en todo el mundo, hace realidad una historia que parece salida de la ciencia ficción, que deja chiquitos a los libretistas de la más imaginativa serie de la tele y nos pone a todos en esta nueva realidad, que, aunque no queramos, ni hayamos pagado nada por vivirla, es.

Pero lo último no es tan cierto, ya que muchas personas –sin quererlo- sí pagaron y con lo más valioso que tenían: sus vidas. Esta es una pesadilla fantástica, en la que estamos atrapados en nuestra isla, rodeada de oscuridad por todas partes, que, aunque figurando en los mapas estelares, es tan minúscula e insignificante que parece haber sido olvidada…

Esta serie, ya está resultando larga, tediosa y aunque en cada capítulo se nos promete un final casi feliz, a veces dan ganas de apagar el televisor para irse a tomar un café…

Imagen:  ABC Television – eBay itemphoto frontphoto back, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=20143137

NO SE SABE NADA


Se especula mucho y todo sigue haciendo un círculo vicioso en torno al Covid-19 o “El Virus”, como quiera llamársele.

Es “algo” sumamente simple y produce efectos tan complejos que traspasan al ser humano y se vuelcan hacia la sociedad modificándolo todo y prometiendo más cambios que son poco predecibles.

No hace distingo alguno entre razas, colores de piel, de nacionalidades; no diferencia entre ricos ni pobres, ni tampoco entre creyentes o agnósticos. Es un gran homogeneizador que nos vuelve iguales a todos, vulnerables, nos pone en peligro y tal vez sea la primera vez para muchos, que hace de la muerte una certeza indiscutible y cercana.

No tiene cerebro ni escoge sus víctimas; solamente ataca. No hay curación cierta hasta ahora, tan solo promesas y esperanza. Una sola esperanza: la de ganar la guerra contra un enemigo ubicuo, implacable, invisible y mortal.

Imagen: http://www.isoladiminorca.com

¿ES LA HORA DE LA REIVINDICACIÓN?


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Las redes sociales que existen en Internet y que deberían servir para eso, o sea socializar, han sido desnaturalizadas, convirtiéndose en las redes “suciales”, como las he llamado más de una vez.

 

En mi caso particular, , yo, que como profesional de la publicidad y persona interesada en informarme y opinar interactuando a través de ellas, salvo una o dos, las he ido abandonando con el tiempo; esto no significa que haya disminuido mi interés en la comunicación, sino que he visto y sufrido en carne propia este proceso que me parece de descomposición por un uso banal, tonto y verdaderamente insignificante de una forma tan importante de comunicar; aquella que lo pone al alcance de quien acceda a una computadora, o lo que es aún mucho más común, a un teléfono celular.

 

Las redes sociales, perdónenme, se han convertido en una cloaca donde las aguas negras de una comunicación pésimamente entendida confluyen. Podría compararse también con un botadero de basura, donde no es que abunden las bolsas cerradas, sino que el detritus está a vista y paciencia de todos, con legiones de moscas pululando y gusanos reptando entre los deshechos.

 

Si creen que soy muy duro o injusto en mis apreciaciones, fíjense simplemente en lo que se han convertido Facebook o Twitter (por solamente nombrar dos), donde lo que campea es la desinformación, el insulto o los sarcasmos ofensivos. Las redes sociales se han transformado en un campo de lucha, en un “todos contra todos” que desnuda  lo más bajo de una gran mayoría de usuarios.

 

Probablemente usted, que me lee, no se sentirá parte de este ejército de zombis que se expande constantemente y que usa las redes sociales para ventilar diferendos, exhibirse y exhibir a sus familiares o conocidos; mostrar sus propiedades,  gustos, paseos y en general todo lo que a cualquiera se le ocurra: desde fajos de billetes hasta perros bailarines.

 

Tal vez se me dirá que las redes sociales también tienen un lado lúdico, divertido y es verdad, pero creo que lo lúdico y divertido a costa de la desgracia, inocencia o la ignorancia de otros no es un juego gracioso sino una canallada de estupidez mayúscula.

 

Y esto sucede alrededor del mundo sin mayor distinción; pero ahora ha llegado el tema que tiene más palabras escritas y dichas e imágenes en movimiento o estáticas, comentarios, reportajes, noticias y “bromas”: Sí, se trata del coronavirus que además de infectar seres humanos y a ciertos animales, lo ha hecho con las redes sociales, abarrotándolas de lo peor…

 

La desinformación cunde y todos “saben” y  quieren saber. No es que el coronavirus sea “cualquier cosa”, como para desestimarlo de una, pero –lo he dicho ya en otras ocasiones- el pánico casi irracional que está provocando hace que en vez de pensar en prevención, se piense en contagio, muerte o desgracia personal: supermercados primero rebosantes de clientes ansiosos que se arrebatan todo lo imaginable, luego desabastecidos por la locura compradora y seguramente después cerrados por falta de existencias y pobre abastecimiento, son las imágenes que grafican lo irracional del tratamiento que se está dando a un tema sensible y delicado.

 

Es hoy, con este virus, que las redes sociales tienen la oportunidad de reivindicarse y demostrar que son un eficaz medio de comunicación socializante. Sé que no es fácil pero tienen que alzarse voces potentes, que de manera sencilla, digan esas verdades que uno tiene y quiere conocer para informarse y tomar así las acciones que sean necesarias.

 

Hay que olvidarse de exageraciones o alarmismos que lo único que consiguen es causar pánico, ese que impide pensar y hace actuar a tontas y a locas.

 

Compete, más que nunca, a las redes sociales cumplir a cabalidad un papel protagonista, serio y que les devuelva esa función para lo cual fueron creadas: la comunicación.

 

Diversión sí, pero que antes ayuden a tomar exacta conciencia del problema y sus implicancias en todo el mundo.

 

No sé si le logrará, pero espero que sí, porque de otra manera, la raza humana se irá al tacho.

 

Imagen: http://www.minutoneuquen.com

 

 

PANDEMIA, PÁNICO, PÁNFILOS


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Este post contiene lo que pienso acerca de eso que es noticia (que los medios llaman “en desarrollo”) de nivel mundial: el coronavirus, sobre el que se han escrito, se escriben y escribirán tantas palabras, que si pesaran, desfondarían a nuestro planeta. Un verdadero virus palabrístico, del cual parece que me he contagiado.

 

El virus (que es diferente a una bacteria), ha producido (y sigue produciendo) no solo contagio, sino muertes y lo que mucho más peligroso: pánico.

 

Pánico que se extiende, contagiándose a velocidad infinitamente mayor que lo que podría hacerlo el virus, por todo el planeta hasta donde lleguen las noticias propaladas por los distintos medios, e incluyo aquí a las redes sociales, que además abundan en desinformación, comentarios totalmente equivocados, maliciosos o simplemente mentirosos.

 

La Organización Mundial de la Salud, ha declarado que hay una pandemia (que es mayor que una epidemia) y que para este tipo de coronavirus (porque hay varios que “circulan) hace muchos años) no existe una cura descubierta aún, porque entre otras cosas, es mutante, o sea que en cada infección/infectado cambia un poquito y no es el mismo original: es un buen ejemplo de eso de que lo único inmutable, es el cambio, porque el coronavirus cambia, pero el acto de cambiar prosigue su marcha…

 

La primera palabra  del título es pues pandemia, la segunda es pánico y la tercera, pánfilos, que son aquellos que creen cualquier cosa, que son “almas de dios”, que piensan que no hacen daño a nadie y se sienten muy orgullosos cuando creen “saber” algo y lo difunden entre amigos, parientes, conocidos y una fauna variopinta que se esconde tras los famosos “Like”; son esos pánfilos que abundan mucho más de lo que uno supone, porque de otro modo, el pánico no existiría y la tercera palabra: pandemia -que existe definitivamente y podría explicarse por la movilidad moderna y lo que es un verdadero efecto de la globalización que acerca a las personas y países como nunca, borrando fronteras y convirtiendo a prácticamente todos, en ciudadanos del mundo- no es un virus tan mortal como se cree (las cifras de muerte son bajísimas).

 

Lo que pasa es que las emociones llaman siempre la atención, suelen ser “transmisibles” y el miedo es una de ellas; el pánico no es otra cosa que el “miedo extendido” (“pan”: del griego, “que abarca a todos”)…

 

Sucede también  que las emociones “venden” y esto lo utilizan los medios, que no hay que olvidar que además de informar necesitan vender su materia prima (la información) y para ello mostrarla de la manera más atrayente posible y así obtener audiencia que justifique la inversión publicitaria que los financia (son raros los que no la tienen como fuente principal de su financiamiento).

 

 

Y mientras más se “trabajen” las emociones del público, tanto más buscará este la noticia sobre determinados temas, porque –y esto es entrar en un terreno que tiene que ver con el ser humano y su psiquis- el masoquismo existe y es aquello que al producir dolor, provoca placer; el que nos hacer ver películas de terror para sentir “el gusto” del terror o leer u oír historias de miedo para “asustarnos” y experimentar esa sensación.

 

Las noticias “dolorosas” o “tremendas”, gustan, son vistas y venden porque quienes las leen se saben conocedores de una verdad que físicamente puede serles ajena y que de pronto les sirve para compararse con “los otros”, sentirse “diferentes” a ellos y satisfechos por tanto.  Tal vez pase lo mismo con las noticias “escabrosas” y, repito, todas aquellas que tengan relación con, o susciten emociones.

 

 

El miedo a lo desconocido, alimentado (por interés o repetición) se convierte en pánico y como esta pandemia tendría consecuencias insospechadas (cura que no se conoce) provoca pánico, ése que los pánfilos tienen, porque están desinformados, porque conocen solamente una parte y  se creen propietarios del conocimiento completo, porque están acostumbrados a recibir una sola opinión y no la contrastan…

 

Pandemia, pánico, pánfilos: tres ingredientes cuya mezcla ha demostrado ser absolutamente ignífuga y que sin embargo muchos medios y redes sociales alimentan y avivan para que el incendio se mantenga porque “hay que ser importante opinando” y el ruido de las explosiones que el incendio produce asustan,  atraen y el color amarillo de las llamas se ve bien bonito.

 

Imagen: http://www.youtube.com

 

¿LO DIGITAL TE VUELVE VEGETAL?


 

DURA UN POCO MÁS DE 41 MINUTOS, PERO ESTE DOCUMENTAL ME PARECE ALTAMENTE RECOMENDABLE E INTERESANTE. EL TÍTULO DE ESTA ENTRADA AL BLOG NO ES EL DEL DOCUMENTAL, PRECISAMENTE, PERO HACE UNA PREGUNTA QUE ES CLAVE RESPONDER. 

Gracias Youtube.