TRANQUILINA


El padre, amante de la historia, escogió el nombre de una emperatriz romana, Tranquilina, para que su hija desde recién nacida, tuviera un futuro auspicioso.

Tranquilina creció llamada cariñosamente “Tranqui” en familia,  y pronto se convirtió en una jovencita vivaracha que parecía tratar de emular al título de la canción de Roberto Carlos, “Un millón de amigos”, de tantos que tenía. Era popular, pues.

Un día, sin pensarlo mucho, algunos amigos pasaron a la categoría de íntimos (con lo que esto significaba) y Tranquilina, poco a poco, vio su futuro claramente y claro, empezó a cobrar por las intimidades; primero algo tímidamente y luego con total desparpajo. Tan desparpajada era, que su popularidad corrió de boca en boca y ella, ahorrativa, se hizo de una platita que era, según decía, “para asegurar la vejez” y que acrecentaba, animosa, a golpe de cadera.

Claro que a Tranquilina su nombre no le parecía muy acorde al movimiento y cuando las intimidades se volvieron negocio, se puso Babette como “nom de guerre”.

Imagen: http://www.wildwinds.com

CARAVANA


Vista desde muy arriba, con la mirada de un extraño pájaro que pudiera volar a muchos kilómetros de altura, parece una fila de hormigas minúsculas, que avanza lentamente en medio de una inmensidad que varía entre el beige y el amarillo oscuro.

Más de cerca, las hormigas se transforman en camellos, que hunden sus pezuñas en una arena que conoce de antes, solamente el toque del viento, que la riza como lo hace con el agua del mar.

Barcos del desierto, llevan su carga de tesoros cruzando por la Historia y el Tiempo, sin que parezca importarles nada, salvo el seguir andando, y en las noches heladas que siguen al calor abrasante del día que termina, doblan sus patas, acomodándose en un círculo para rodear a los bultos descargados por los barbados camelleros que se abrigan al medio, encendiendo una fogata con las escasas ramas recogidas y con algo de leña que traen para el viaje.

Si el viento es implacable y hace volar la arena creando una tormenta cegadora, los camellos sirven de muro protector al sueño, ese que hace brotar ciudades de la nada, que se disuelven como si fueran espejismos…

Una nueva mañana, otra noche y tal vez mil días más: la caravana avanza, como fila de hormigas que lleva los granitos de azúcar no se sabe bien dónde.

Imagen: revolucioninterior.wordpress.com

ROMPIENDO LAS COSTURAS


El saco de gatos que es la política peruana está rompiendo las costuras y los animales pueden llevar con su pelea ciega a que el Perú se convierta en un caos terrible, donde el todos contra todos sea la norma y que se haga imposible organizar nada sensato.

Al enorme problema que es la pandemia que ha sumido al país en la oscuridad de la desgracia y la incertidumbre, se suma la estupidez asesina y suicida de los políticos en general –los “profesionales” y los “aficionados”- y en particular los que están representados en el congrezoo (donde la mayoría son “aficionados”)-; que además de estúpida es interesada porque lo que quiere la mayoría de ellos, es que “su botín” de prebendas, gollerías y “negocitos” no se les vaya.

Pero ellos (salvo algunos, la verdad sea dicha) siguen revolcándose, mientras tanto el saco va a reventar y “otros” tienen la culpa de todo, porque ellos son mansas palomitas blancas, casi casi Espíritus Santos, incapaces de todo mal. Incapaces son, hasta en tratar de cometer felonías, que sin embargo repiten con terquedad de mulas.

No sé si tendremos solución y los gatos morirán en su combate, antes que las costuras del saco se acaben de romper… Tal vez la mirada que tengo parezca apocalíptica, negativa y hasta derrotista, pero tal vez habría que aprovechar y gasear el saco. No sé cómo.

Imagen: depositphotos.com

ASTRONAUTA


Era ya tiempo de regresar a casa, de volver a encontrarse con la familia y los amigos. Era tiempo de leer los periódicos y disfrutar, despacio, del café recién hecho, de estirar la mañana hasta que un olor atractivo anunciara el almuerzo.

Era ya tiempo de volver a reír, de hacer planes para unos días que iban a estar limpios, de regar el jardín, de ir a la vieja librería para mirar las novedades y elegir, como lo hizo antes, uno o dos títulos al azar y saboreando la espera de aspirar el olor a libro nuevo y empezar a recorrer las líneas en busca de sorpresas.

Era ya tiempo de volver a la Tierra después de tantos años cruzando la negrura y ver luces extrañas. Era tiempo, era tiempo, enlazó los dedos de ambas manos y estiró los brazos bostezando.

Era ya tiempo de volver, aunque su viaje no tuviera retorno.

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Medusa, Medusita, ¿qué te hicieron?


El blog de una empleada doméstica

Estaba buscando una fea entre las protagonistas de los mitos para escribir sobre ella y me topé con Medusa ¡Qué horror!, serpientes en vez de cabellos, unos ojos desorbitados de loca perdida y la boca desencajada, como emitiendo un grito de odio y terror a la vez. Adefesio ya tenía pero no del todo, lo cierto es que Medusa no nació así, la volvieron fea a la fuerza. Es la suya una historia muy injusta y trágica.

Los padres de Medusa eran Fortis, un dios marino y Ceto, una señora con tipo de ballena, de ahí viene cetáceo, y tirando a monstruosa. Sin embargo, Medusita nació bonita. Ya Píndaro habla de ella como la de “las bellas mejillas” y el poeta Ovidio la describe como una hermosa doncella que trabajaba de sacerdotisa en el templo de la diosa Atenea.

Tan hermosa y atractiva era que Poseidón, dios del mar, la…

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EL FABRICANTE DE COLORES


Trabajaba en una fábrica de colores; el edificio era grande y gris, pero dentro se producían cientos de miles de lápices de todos los colores, que iban después a convertirse en paisajes, garabatos, letras y cuanta cosa puede un chico imaginar cuando tiene a su disposición, papeles en blanco y una caja con lápices de colores…

Cada noche, al terminar una jornada de trabajo más, regresaba a su casa caminando despacio, para detenerse a mirar el cielo oscuro e imaginar que las estrellas eran de colores y guiñaban para él sus cómplices ojos brillantes; le gustaba porque sabía que los lápices que metía en cajas, algún día tendrían –no sabía cómo- los colores que él inventaría. Colores nuevos, siempre alegres, luminosos, nunca vistos por nadie y que él había soñado en esas noches en las que el cansancio lo vencía y dejaba abierta la ventana desde donde había seguido mirando el cielo y el titilar de las estrellas.

Nunca pudo describir los colores que veía en el oscuro cielo y soñaba por las noches; le faltaban palabras y no sabía cómo llamar a sus nuevas creaciones sin usar los nombres que los colores ya tenían. Sabía que los suyos eran nuevos y que debían tener nuevos nombres. Lo sabía y rumiaba de día las posibilidades que el cielo de la noche y sus sueños le mostraban.

Una noche, la ventana quedó abierta y él vencido por el sueño, se sumergió en brillos extraños que hicieron una línea de colores sin nombre, maravillosamente diferentes, que cambiaban y cambiaban uniendo a las estrellas, en un diseño hermoso que tenía la forma de una caja llena de esos colores solo vistos en sueños y en las noches oscuras de un camino a su casa que ya no haría más.

Imagen: samuelyanez.wordpress.com