VELOCÍPEDO


VELOCÍPEDO

El niño era feliz pedaleando en su flamante tres ruedas color rojo: grande la rueda de adelante y chicas las dos de atrás; casi una bicicleta, como la de su hermano grande.

 

El problema vino cuando su abuelo le dijo “¡Qué lindo velocípedo!” y el niño se quedó pensando…

 

Un amigo del niño, que visitaba su casa, vio el vehículo-juguete nuevo y le dijo: “¡Qué paja tu triciclo…!”.

 

El niño respondió de inmediato y le dijo: “No se llama triciclo, mi abuelito me dijo que se llamaba algo así como…  (piensa/piensa/piensa)… ¡pedo veloz!”

 

Imagen: spanish.alibaba.com

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LA OLA


LA OLA

Tal vez noten que he cambiado la imagen de fondo de este blog, “manologo”, en la que Pierce, la gata que ya no está, tomaba de un vaso de leche, en la mesa del desayuno; ahora lo que hay es “LA OLA” del pintor japonés Hokusai (Edo, hoy Tokio, 1760 – 1849); es un cambio y todo cambio merece una explicación, si la tiene, y en este caso es así.

 

Me enteré por mi sobrina Teresa, que ha venido de visita a Lima, que ella y sus dos hijas se han hecho en la piel idéntico tatuaje, en homenaje y recuerdo de mi hermana, que fue su madre y abuela, respectivamente: es uno que representa al mar, que Teté amó tanto…; entonces me sentí maravillado y a la vez en “offside”, como se dice en el lenguaje del  fútbol, porque mis recuerdos de Teté son eso, recuerdos, fotografías, escritos, pero nada que diga a los que lo ven que eso que llevo allí es porque pienso siempre en ella…

 

A estas alturas de mi vida no me voy a hacer un tatuaje y nunca pensé en hacérmelo antes, lo confieso, pero en ese offside-maravillado, pensé que este blog debía tener una imagen permanente que me recordara aún más –si esto es posible- a mi hermana Teté; eso no significa, por supuesto, que Pierce desaparezca, porque sigue ocupando un lugar en mi corazón y conservo en este blog su imagen como logotipo, pero esta ola es mi homenaje a esa hermana que ahora tampoco está y me dejó siendo el único Echegaray Gómez de la Torre existente; no es la imagen del mar calmo, con rumor de agua arrastrando las piedras como el domesticado de los Baños de Barranco, sino ese mar más libre, amplio y de aguas movidas que mojaba la playa de La Herradura, donde con Teté íbamos cuando ella llegaba (estando ya casada) de Arequipa, los 26 de diciembre para celebrar en ese mismo día el cumpleaños de Manuel Enrique, nuestro padre;  yo siempre intuí que ese era su regalo mayor y estoy seguro que así era al recordar la sonrisa de mi padre.

 

Ciertamente la ola de Hokusai es agresiva, pero el mar puede serlo y lo hermoso es su constante cambio que va desde esa calma en la que parece una lámina de metal, hasta el torbellino líquido y poderoso que se eleva hacia el cielo en olas increíbles.

 

Queda pues aquí, plasmado, este homenaje a Teté como un tatuaje virtual porque el tatuaje verdadero, para mí, está grabado en la memoria.

 

Imagen: closetart.wordpress.com

EL JOVEN ENRIQUE


EL JOVEN ENRIQUE

Mi amigo Lucho le decía a mi padre “el Joven Enrique” y a mi madre “la Niña Tony”, tal vez porque en las películas de vaqueros que tanto nos gustaban y veíamos en el cine Balta de Barranco, siempre había un “joven” que se llevaba a la “chica” y él en vez de chica, cariñosamente, llamaba “niña”  a Tony; no lo sé con certeza, pero esa manera de nombrarlos definió siempre algo especial para mí.

 

Hoy, 14 de setiembre, hace ya años, el Joven Enrique murió mientras yo le hacía masaje al corazón y su amigo de siempre, médico cardiólogo, le daba respiración boca a boca hasta que pasados unos minutos me dijo que lo dejara, porque la sangre ya no llegaba a su cerebro y se echó a llorar mientras mi madre rezaba…

 

Casi a fin de este año, el 26 de diciembre, el Joven Enrique hubiera cumplido 115 años y se fue un año que se ha borrado de mi memoria, como se borran de ella las muertes de quienes sigo queriendo aunque no estén conmigo porque prefiero recordarlos en la cotidianeidad de sus sonrisas…

 

Tener juntos en el corazón y en las cosas familiares al Joven Enrique y a la Niña Tony que cogidos de la mano caminaron su camino enseñándome con el ejemplo que el amor es lo que permite vivir, hace que cada día sea como ese ayer que aunque sé que se ha ido, está en los recuerdos que se quedan amables; por eso, hoy que es viernes, me desperté pensando en el Joven Enrique y en que se fue en el día de la Santísima Cruz, el nombre de la parroquia a la que perteneció en Barranco.

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A VECES SE EQUIVOCAN…


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A VECES SE EQUIVOCAN...

En el congrezoo peruano, sucede que sus integrantes, llamados padres y madres de la patria, a veces, como el burro de la fábula, tocan la flauta por casualidad…

Acaba de suceder cuando aprobaron la creación de la Autoridad del Transporte Urbano, tema que llevaba años ninguneándose y sería el principio del fin de gran parte del caos vehicular que Lima sufre porque en vez de desperdigar y superponer responsabilidades entre organismos varios, municipios y otros, esta Autoridad dependerá solamente del ministerio de Transportes.

Sin embargo, para demostrar que lo sucedido es una equivocación, ahí están las idas y vueltas de un parlamento que “pasea” normas urgentísimas, pretextando “que hay que estudiarlas más” y dándole largas hasta unas calendas griegas (la fecha que no existía en el calendario) que se pierden en el desinterés interesado de aquellos a los que las reformas que todo el país quiere, no les conviene; baste…

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Memorias de un Telemarketer


¡NOTABLE!

#JuacoHaciendoCosas

call_center“Philips Argentina, buenas tardes. Mi nombre es Joaquín. ¿En que lo puedo ayudar?” ésta frase la dije 120 veces por día, 600 veces por semana, 2400 veces por mes, 28800 veces por año y 57600 veces en total durante los dos años que trabajé como telemarketer de la prestigiosa empresa holandesa.

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INTOLERANCIA A LA LACTOSA


INTOLERANCIA A LA LACTOSA

Los niños toman leche y la leche contiene lactosa (salvo la “deslactosada”, claro); hay quienes son intolerantes a la dicha lactosa, no la resisten: les produce vómitos y diarrea.

 

Con los años yo me he vuelto intolerante a la lactosa, pero no a la que la leche contiene, sino a esa “lactosa” que es más bien latosa y que supone las niñerías de las discusiones estériles, el escuchar chiquilladas de quien “tiene la razón” y en general esa lactosa latosa de los que no admiten más verdad que la suya.

 

De pronto, mi intolerancia es mala y debería ser más “permisivo”, pero es curioso que esta se haya desarrollado solamente en un sentido y no en otros: cosa de las enfermedades que focalizan tal vez y quizá haya cura para ella, pero francamente la disfruto y valoro…

 

Tener intolerancia a la lactosa me parece, con perdón, un logro.

 

 

Imagen: http://www.farmaciatorrent.com