ÁRBOL GENEALÓGICO


'ARBOL GENEALÓGICO

La genealogía no solo no es mi fuerte sino que para mí siempre ha sido algo tedioso aunque comprendo que para muchos puede ser una aventura eso de recorrer “hasta sus últimas consecuencias” las uniones y derivaciones que forman la familia, esa, que como “célula de la sociedad” es  todo un celulario casi inconmensurable; tengo primos y amigos a los que les fascina adentrarse en las ramas de esa planta gigante y hallar curiosidades como un tataratío millonario o un ancestro pirata.

 

Mi primo Pancho es de esos y su curiosidad lo fue llevando (según confiesa) de apuntar en una libretita ciertos datos a crear un árbol genealógico que llevaba a mi casa, hecho en la parte de atrás de planos que no usaba (Pancho es ingeniero) pegados con cinta adhesiva para formar un rollo kilométrico donde los nietos sucedían a los hijos, los hijos a los padres, estos a los abuelos, bisabuelos, tatarabuelos y choznos con ramificaciones a los tíos, primos, sobrinos y vete tú a saber que personajes más de la nomenclatura familiogenealógica; el rollo que traía a mi casa viajaba instalado en el compartimento que está detrás del asiento posterior del VW modelo escarabajo y Pancho tenía uno de esos, verde, si no me equivoco.

 

Un mal día le robaron el carro con árbol genealógico más y no recuperó nunca ni el uno ni lo otro; pero Pancho es trejo y volvió a la brega…

 

Supongo que ahora fue un poco más sencillo –aunque igual de trabajoso- ir anotando y estableciendo conexiones, por la práctica que ya tenía y la colaboración de muchísimos parientes Gómez de la Torre (porque este es el apellido  “arbóreamente investigado”) que sumaron los datos familiares que poseían.

 

Todo este prolegómeno es para contar que el martes 16, Pancho me invitó para almorzar con “los primos” y feliz acepté porque de vez en cuando es bueno que uno salga y socialice; de los que me nombró e irían, además de Pancho, conocía exactamente a cuatro y uno de ellos no fue; el en el carro de Pancho (que es ahora un Fiat) fuimos por Juan Francisco, hijo de Pancho ( hay multitud de Panchos en la familia, en honor de Francisco, el abuelo), hermano de mi madre, primo más o menos 12 años mayor y de allí tras los reconocimientos y efusiones propios de la ocasión que se daban después de unos cinco o seis años de no vernos, enrumbamos al lugar del almuerzo.

 

Mi primo Juan Francisco usa bastón y ve poco; yo camino rengueando, ayudado, veo mal y Pancho, fresco con sus 69 primaveras es un guía-chofer-guardián-amigo-primo-apoyo ayudador; pero ahí vamos a encontrarnos con más canas y calvas, para abrazar a todos (si se puede abrazarlos) a estos primos que esperan en el chifa (comida china) del club Regatas Lima, frente al mar (“mirando al mar de arriba” diré mejor, porque si no me equivoco estamos en un 4° piso); Pancho y Juan Francisco son mis primos hermanos y los que están allí, en principio son lo que se llama “primos segundos”, hijos de primos o primas de los padres de Juan Francisco, de Pancho y de mi madre.

JUAN FRANCISCO GT

 

Allí hay un ex marino, un administrador pero los ingenieros ganan por goleada; salvo Tony (el ex marino),  yo, que tenemos la misma edad y Pancho, el menorcito, los demás primos superan los ochenta años cada uno.

PANCHO GT

 

Las anécdotas vuelan, las historias se alargan y el “mi mamá que hablaba siempre de la tuya” se vuelve casi un tópico; desfilan personajes y nombres conocidos, queridos o escuchados por ese recordar que viaja a sitios diferentes, que evoca coincidencias, que visita pasados; todos somos amigos, somos primos, parientes y llevamos el “Gómez de la Torre” con el orgullo de esos que se saben pertenecientes a la Historia, esa que a veces está en los libros y otras en lo que siempre nos creímos que era una leyenda.

CON TONY GT

 

 

Imagen: http://www.imagui.com

Fotografías de la reunión (ya se habían ido dos primos).

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MORDERSE LA COLA


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MORDERSE LA COLA

Cuando un perro o un gato se desesperan, giran en círculos tratando de morderse la cola, “sin darse cuenta” (o dándosela) que eso que se mueve y está detrás de ellos es su propia cola, o sea ellos mismos.

Igual le está pasando al fujikeikismo y al apra: la desesperación está haciendo que pierdan el sentido y solamente actúen: acosan al fiscal José Domingo Pérez de todas las formas posibles, desde acusarlo de terrorista hasta insultarlo vía las redes sociales donde el anonimato les permite multiplicidad de identidades; al extremo que este fiscal ha tenido que solicitar protección para él y su familia al Ministerio del Interior. ¡Llegan a acusarlo de “traidor a la patria”, igual que lo que fue declarado Montesinos).

El terror como consejero no es lo mejor que se puede tener y eso es lo que ambas agrupaciones (que fueron y ya no son “fuerzas”) políticas evidencian…

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EL GIGANTE


EL GIGANTE

Veía todo desde lo alto, mientras volaba lentamente batiendo sus enormes alas correosas, planeando sobre la vegetación, la tierra y el mar: debajo estaba el mundo joven, o según se mirara un poco viejo, que seguía formándose.

 

El Pterosaurio giró despacio, majestuoso, mientras sus ojos buscaban la comida, abría el largo pico y su cerebro no podía imaginar siquiera su extinción y que cerca de 68 millones de años más tarde sería un fósil.

 

Imagen: evolucion01.blogspot.com

CHAPITA


CHAPITA

Una de las tres mesas del pequeño restaurante estaba desnivelada: “la mesa coja” le decían y siempre que un cliente se quejaba, ponían una chapa de cerveza debajo de la pata a la que le faltaba un poquito para llegar al suelo y listo.

 

La chapa cervecera era el complemento obligado y siempre, al lado de la caja donde se guardaba la plata, debajo del mostrador que separaba la cocina del “salón” había alguna salvadora chapa cervecera porque las usadas desaparecían como por encanto, tal vez pateadas por algún cliente o barridas al descuido en el acceso de limpieza post almuerzo porque –hay que especificarlo- “La Pintada” solo servía almuerzos: un menú que constaba de primero, segundo y fruta, más el vaso de chicha; el café ralo de sobremesa costaba un sol más.

 

A él que había venido un par de veces, comentó que era carpintero y había puesto su taller a media cuadra, le dijeron que si podía arreglar la mesa y hacer que no cojeara, mostrándole la chapa que nivelaba: “Las chapitas se pierden y hay que ponerlas siempre ¿qué se podrá hacer?”, dijeron; él movió un poco la mesa y esta se bamboleó.

 

“Vengo más tarde y la arreglo”, dijo y volvió cuando ya no había clientes porque eran las cinco trayendo un martillo; sacó de su bolsillo un clavito y cuando le preguntaron qué iba a hacer respondió: “voy a clavar la chapa para que no se salga”.

 

 

Imagen: allinstante.com

EL FISKAL


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EL FISKAL

Pago de favores: “Tú me proteges, yo te protejo” “Me blindas y no me entran balas” “Si no me blindas, las balas te pueden alcanzar porque estoy delante”.

El fiskal Chávarry, inexplicablemente inamovible de su puesto, que sí se mueve como lagartija para que su paraguas “legal” abierto oportunamente, evite que la lluvia ácida dañe a la señora K y a un entorno que se apretuja para buscar la providencial Kobertura; así, acomoda fiscalías, da de baja a personal que no le conviene a su proteKción y lo último (por ahora) es que ha despedido sin que ella lo supiera, ni los dos fiscales a cargo del tema “lava jato” tampoco, a Erika  Rocío Delgado Torres, que apoyaba precisamente al Fiscal José Domingo Pérez en la investigación del caso Odebrecht.

Las pruebas del accionar dirigido a proteger a la señora K más su gentita y…

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PEQUEÑA CERTEZA


PEQUEÑA CERTEZA

Hoy he tenido una certeza, tal vez sin importancia, pero que al parecer resuelve algo que siempre me decía y usaba con otros como broma: parece que no me quieren arriba ni abajo y por eso me mantienen aquí.

 

Me explico, porque dicho así, fuera de contexto, lo más probable es que no se entienda: después de cuatro infartos al corazón y tres ACV´s (que se dicen infartos) al cerebro y luego de secuelas que se tradujeron  en ceguera temporal (4 meses), hemiplejia lateral derecha (tres meses) y las complicaciones subsiguientes, sigo aquí, casi recuperado cerca de ocho años después del último episodio, viendo peor y mucho menos que antes, cojeando un poco y con ciertos dolores musculares pero vivo y con el cerebro, al parecer intacto en cuanto a las funciones que regulan el ser y el existir.

 

No es que me haga la víctima y pido disculpas si al repetir las cosas que han pasado eso es lo que parece; en realidad el recuerdo solo sirve para contextualizar el que haya tenido esta certeza que de pronto se abrió paso y entendí que contar estos avatares sirve como humilde testimonio para los que piensan que lo que les sucede es lo peor y que no hay ninguna salida.

 

Imagen: rozitahchavez.wordpress.com

HABÍA UNA VEZ…


LUCHO Y MANOLO

Eran dos niños que se conocieron allá por 1952, en el siglo pasado, cuando empezaban la vida de colegio; se hicieron amigos desde kindergarten, vivían cerca, en un Barranco soñoliento y casi pueblerino compartiendo travesuras, aventuras y sueños.

 

Tenían la esperanza atada a los zapatos para andar por la infancia y por una adolescencia que vino con canciones, alguna que otra chica, bicicletas, veranos y esos dos amigos, “Chino” y Carlos, con los que desde siempre fueron inseparables.

 

El tiempo dividió el camino y se adentraron por parajes distintos pero se reunían y se reúnen todavía cuando un paisaje merece compartirse…

 

Los hijos –esa prolongación maravillosa- y los nietos, vinieron para hacer de la vida la Aventura Soñada que no estaba en los libros de Salgari ni en las películas del Far West a colores que el cine “Balta” ponía en matiné.

 

Han pasado los años y al ser 12 de octubre nuevamente es cumpleaños de Lucho, que por solo por unos meses resulta ser el mayor de los cuatro que corretearon juntos ese viejo Barranco que dejó de ser pueblo y que ellos dejaron a su vez para andar por la vida…

 

Hoy, una llamada telefónica, el abrazo virtual y este pequeño escrito llevarán el cariño del amigo al amigo que lo conoce tanto.