PERDÓNAME, TORIBIO


LOBO

Perdona que escriba poco, ahora que tú que diste tanto no estás.

Siento que mis palabras sonarían a hueco y prefiero guardar en el recuerdo lo que significaste, Gran Lobo, para mí, porque siento que eso me ayudará a seguir.

Gracias Toribio Alayza porque yo sé que entiendes y sonríes porque el café que nos prometimos compartir, tantas veces, va a tener que esperar un poquito. Estará bien caliente, eso sí, cuando nos sentemos, sin apuro, en un sitio tranquilo a conversar de todo.

Ahora solamente quiero darte un abrazo: que pintes las estrellas y que bromees mucho.

Gracias por tu amistad.

CUMPLEAÑOS


 

pushi

Hoy que es 15 de abril, es mi cumpleaños.

Son 67 quinces y aquí vamos, caminando.

Hay mucho por dar gracias y a muchos. Sería muy pequeño este espacio, por eso prefiero tratar de resumirlos a todos en un ¡gracias a Dios!

Gracias porque hace sesenta y siete mañanas que abro los ojos a esta maravilla de existir. Gracias porque me tiende puentes, me dio padres, hermanos, esposa, hijas, nietos y cantidad de amigos. Me dio esta familia hermosa que cada día, sin merecerlo yo, crece. A todos los que se “adelantaron” y me felicitaron por Facebook ayer, gracias miles por recordarme…

Este post no tiene otro motivo que ése: dar gracias y tratar de seguir.

FLORIANÓPOLIS


FLOR

Nada tiene que ver esto con la capital de Santa Catarina, en Brasil, salvo que desde hace un tiempo, Lima parece haberse cambiado de nombre. La presencia mediática de Florcita y toda su cohorte, algo verdaderamente insoportable, lo asalta a uno desde cualquier parte. ¿Es tan importante para la vida del país? ¿Son sus problemas, disfuerzos, desmayos, gritos y “confesiones” algo que interese profundamente a la ciudadanía?

No se trata de negar que algo sea cierto, pero esto resulta ser más largo que una telenovela. Largo, tedioso y tan frecuentemente manoseado, que sus protagonistas (porque son un verdadero elenco), pugnan por sacar nuevos brillos al tema, cuando parece que las cosas por fin están tomando su real dimensión.

Colaboran los medios que ven la oportunidad de tener material y rellenar el tiempo y el espacio que podrían dedicar a algo diferente. Este enanismo mental (con perdón de la gente pequeña) demuestra por qué somos una ciudad y un país que puede avanzar en lo económico, pero confunde a La Haya con Haya de la Torre y para colmo, lo escribe con “ll”.

Triste región donde los archipiélagos son unos animales y “teníanos” una palabra usual. No es que haya que estirar el pescuezo y decir “pof”; es que algo hay que hacer.

Vemos maestros que no quieren exámenes, otros que ni multiplicar saben; hay congresistas que falsifican títulos, ser “pirata” es honroso (¡es que trabajo, pé!”) y cada día llueve sobre mojado porque “Dios es peruano” y el tema es “ganar experiencias”.

Confieso que me siento de este asunto completamente harto, como estoy seguro que se sienten muchos. ¿Qué se podrá hacer?: no lo sé. El libro de sugerencias lo escondieron o se lo robó alguien para venderlo como papel a un reciclador.

Mientras tanto, sigue lloviendo aquí y las flores no paran de crecer.

MARÍA, DE TEMBLADERA


Tembladera

Tembladera queda en Cajamarca y María era de ahí.

María vino  Lima y atrás quedó lo que después se convertiría en las historias del “Canosito”, que María Vásquez me contaba cuando era un niño.

María y su hermana Alejandrina trabajaban en casa; ambas me engreían, pero María me tomó a su cuidado.

Recuerdo claramente como me hacía el remolón y dejaba de comer: cuando María venía diligente, a recoger el plato, yo empezaba de nuevo. Así, una y otra vez, hasta que la risa nos explotaba a ambos.

El “Canosito” y sus historias era un tema que me producía un miedo delicioso. Nunca llegué a identificar si era un hombre real o una imaginación supersticiosa; de lo que sí estoy seguro era que mi sed inagotable por escuchar las historias que María contaba, seguramente provocó sus invenciones. Ingenuos cuentos, me producían gratos escalofríos, cuando acomodados en la despensa, mientras hervía el agua puesta en una tetera en el “Primus”, esperábamos la hora de comida, en que mágicamente para mí, subirían los platos desde la cocina, en el “ascensor”: una caja que se hacía subir con manivela. Para lograrlo, mientras María me contaba historias, Alejandrina se atareaba en ollas.

¡Cuánto tiempo ha pasado desde que “Canosito” viniera en la voz de María a la despensa de la casa en la calle Ayacucho!

María, de quien supe mucho después que se había convertido en una famosa curandera, ya no está. Se fue un día y hoy debe estar en compañía de sus personajes de fábula o tal vez cuente de “Canosito” a las estrellas.

 

TRIQUIÑUELAS


EP656_Infernape_usando_Envite_Igneo_bajo_la_tierra

Es lo que son y gracias a su empleo, lo negro se hace blanco, lo fétido oloroso y lo que debería andar derecho, viene chueco.

Nos hemos acostumbrado a ver que las “legalidades”, llamadas por su nombre: leguleyadas, triunfan.

Por eso no es raro ver a prohombres (que en realidad son “protohombres”) que en lugar de historia exhiben prontuario y que desfachatadamente se muestran sin importarles nada.

Así, a la vuelta de la esquina, se tuercen voluntades y se alteran los hechos. Todo es “legal” y todo tiene el tufo que dejan los tahúres a su paso. “Hecha la ley, hecha la trampa” dicen y buscan recovecos e interpretaciones que les den “meridianamente” la razón. Invocarán letra chiquita, sostendrán argumentos y si estos fallaran, siempre queda el recurso de sicarios anónimos que solucionan todo a su favor de una “buena” vez.

Mientras tanto ellos circulan, opinan y saludan como si no estuviera sucediendo nada; los acompaña una comparsa que, como en los carnavales, usa máscaras para que el que los vea, no sepa a ciencia cierta quienes son.

Triquiñuelas: astucias que se emplean para algún fin.