TIEMPO DE DESPERFECTOS


La PC no funciona y escribo desde el teléfono celular. Desde hoy, por tiempo indefinido, dejaré de “alimentar” al blog… Con las disculpas debidas, pero sin PC, con la pandemia rondando, con lo difícil que me resulta escribir desde el celular y concentrarme para atinar les bien a las letras, escribir algo coherente y no cometer errores… Mejor lo dejamos para cuando pueda ayudarme el técnico y la PC se digne funcionar…

Gracias por la paciencia.

Manolo.

Hoy, que es lunes 3 de agosto, del 2020. ✌️

DE LA PERSONALIDAD, DEFINIDA EN UNA PALABRA


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Se llamaba Fe y desde niña tuvo una manera de ser que llamaríamos perversa: les quitaba las alas a las mariposas que lograba atrapar,  amarraba latas a la cola del perro, que se asustaba y corría haciendo un estruendo terrible o “jugaba” viendo los desesperados intentos por escapar de la muerte, de dos moscas que estaban atrapadas en un frasco de vidrio con una araña.

 

Salvo sus padres, que le celebraban las “ocurrencias” el resto de la familia no la miraba con buenos ojos y les parecía que el comportamiento de la niña no era muy normal que digamos, hasta que la abuela resumió todo con una sola palabra, llamándola “mala”.

 

Imagen: http://www.dreamstime.com

 

 

EL CORREO DEL ZAR


 

Su abuelo, que era un viejo muy leído, le decía “El correo del Zar”, porque el chico tenía la manía de contárselo todo a su padre, siempre como una acusación. Así, don Miguel no podía ir a comer las galletas dulces con que se premiaba de tarde en tarde, sin que Miguelito o Micky lo espiara y después le dijera a su papá, a mitad de la comida, que el abuelo había estado robándose las galletas del frasco de tapa verde, desatando miradas de reprobación y el eterno “Papá, no puedes por tu diabetes…” además de una pequeña charla de su nuera, sobre lo mal que hacía el azúcar que tenían las galletas y los carbohidratos vacíos, que para cualquier organismo eran innecesarios pero para el suyo eran verdadero veneno; que el glaucoma era su destino si seguía así y que por gusto le preparaba las ensaladas especiales que, decía, solo eran para él…

 

 

Miguelito estaba atento e intervenía: “Es que yo cuido al abuelo, porque es mi abuelo y nos llamamos igual…”; la madre sonreía tierna y estiraba su brazo hacia él, por sobre la mesa, mientras el papá meneaba la cabeza y se levantaba para salir al patio y fumarse el cigarrillo de costumbre, el que el café final pedía…

 

Micky sonreía, la mamá sonreía y don Miguel callaba, maldiciendo en silencio a la diabetes, a la vejez, a la sordera que le impedía escuchar y darse cuenta de los pasitos sigilosos de su nieto, que andaba detrás de él “para cuidarlo”.

 

El apodo se lo dijo una vez y Miguel chico no lo entendió, el padre tampoco y su nuera recordó vagamente que algo había leído, una novela de un tal Verde, creía que era una en la que el personaje se apellidaba Strogonoff, como el lomo ése tan rico, o algo así…

 

Cuando no eran las galletas, Micky esperaba que su abuelo entrara al baño y denunciaba: “El abuelo estuvo como dos horas en el baño…” o miraba cómo dormía la siesta, para ir donde su madre a decirle que don Miguel se dormía en la sala, haciendo como si leyera el periódico, después del almuerzo y roncaba…

 

Pasaron los años, el abuelo quedó ciego y completamente sordo, al papá de Micky se lo llevó un cáncer al pulmón y el que fue niño, nunca dejó de acusar al viejo, pues siguió fiel a su apodo, secreteándole a su mamá sobre lo poco que don Miguel hacía y cómo era un cochino que no se dejaba bañar por ella como intentaba y la carga pesada que tenían que soportar cuidándolo y vigilando que no comiera porquerías y tomara sus pastillas…

 

Nada decía Miguel nieto acerca de que vivían gracias a la pensión del abuelo, porque su padre solamente dejó deudas; y que “a él no se le iba a ocurrir desperdiciar su talento en un trabajo cualquiera”, sobre todo si sabía que un día le ofrecerían algo digno de lo que había aprendido en el pre-universitario, que abandonó porque no era gente de su nivel la que iba allí; nada decía la madre, salvo “Yo se lo decía…”, refiriéndose a la ceguera de don Miguel, fruto de la diabetes, porque todo era cuidados, mimos y contemplaciones  para con Micky, que ya era un Miguelón creído, ocioso y engreído.

 

Cuando llegó el sobre con la carta notarial que notificaba del embargo de la casa, hecho por el padre difunto para meter el dinero en un negocio “seguro”, que resultó ser una estafa y de lo cual no dijo nada, madre e hijo, mudos, miraron al unísono al abuelo ciego pensando en que su dinero sería la solución y Miguel, Miguelito, Miguelón,  fue por el frasco de galletas, mientras la madre asentía, sin saber ambos que don Miguel que parecía dormir después del almuerzo y sin periódico que disimulara, estaba realmente dormido y para siempre.

 

Manolo.

 

 

DE LAS COSAS RARAS QUE SUCEDEN EN EL CIELO


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Era un día tranquilo y de pronto empezó a llover: venga a caer agua, tanta que parecía el diluvio universal. Las noticias, de inmediato, dieron cuenta de este fenómeno, que sucedía en todo el planeta, sin importar que fuera de día o de noche, sin importar cambios horarios ni estaciones vigentes en la zona. Fueron dos días de constante y tupido aguacero.

 

Lo que había pasado es que en el cielo decidieron exprimir las nubes, que estaban cargaditas de agua, para después ponerlas a secar al sol, que obedeciendo órdenes superiores, salió a brillar.

 

Imagen: sp.depositphotos.com