ALERTA DE TSUNAMI


TSUNAMI

Nos avisa, nos está pasando la voz.

El tsunami que viene y que lo más probable es que arrase todo con olas de cuchucientos metros, se forma poco a poco ante la indiferencia de unos y la complicidad suicida de otros, que alquilan sillas para ver el fenómeno; venden cámaras fotográficas, cancha, sánguches y bebidas. Hay quienes ofrecen recuerditos: polos, llaveros, viseras y almanaques de plástico. Se ofrecen lentes oscuros y todo lo “necesario” para equipar con todo a un buen espectador.

Nadie parece preocuparse mucho por si hay consecuencias, porque piensa que su seguro contra todo riesgo cubrirá si hay problemas.

El tsunami que viene puede no dejar piedra sobre piedra y sí, dejar chiquititos a huaycos, terremotos y desgracias sin nombre…

Y a propósito, ya que hablamos de nombres, así como se le ponen uno a los tornados y a los huracanes, este tsunami tiene su patronímico.  Se llama “Elecciones del 2016”. Y que se viene… ¡viene!; estamos avisados.

RÁPIDO Y FURIOSO


América TV

Sé que el título es un lugar común, pero es lo primero que me viene a la mente al leer y escuchar sobre este personaje que colecciona autos carísimos como si fuera un chico que junta figuritas; que ostenta del dinero y lo maneja como si existiera –y fuese de su propiedad- una plantación de billetes de cien dólares; como si se hubiese enterado que es el último día de su vida y estuviera dispuesto a vivir la final, definitiva juerga hasta la nota terminal y el postrero estertor.

Las noticias que parecen de fábula y  sacadas de un guión de reality chirriante, asombran, no solo por sus implicaciones y las innumerables ramas que demuestra este caso, sino porque parece que es la punta de un iceberg. Esto que presenciamos es solo un atisbo de todo lo que se oculta bajo la superficie, con la complicidad de múltiples instituciones y personas que miran a otro lado extendiendo la mano.

Nadie tiene la culpa; todo lo que sucede parece fruto de la casualidad y frente a nuestros ojos incrédulos se desarrolla lo que es en verdad el drama de un país donde esto ya resulta normal. El robo se celebra; la droga que aniquila es de libre comercio; ser rico y poderoso se busca a cualquier precio; se mata por encargo y todo sigue igual.

El Perú que soñaron nuestros libertadores es hoy  una pesadilla terrible, de esas en las que por más que uno corra, no avanza ni un milímetro y el peligro gana.

Lo peor es que no parece que estamos ni a mitad del camino de esta caída libre: que nos falta mucho horror para ver; un mar excrementicio por cruzar; un desierto candente para quemar los pies si intentamos salvarlo. No sé si aguantaremos antes de desaparecer en medio de esta “fiesta” a la que hemos llegado sin pensar, pero culpables porque nos invitamos.

Imagen: AMÉRICA TV

COLORES PERSONALES


TEST

Nunca había escuchado la palabra acromatopsia hasta que un amigo me dijo que veía en blanco y negro. No le creí y él me explicó que era una enfermedad que sufría y que hacía que viera así. Supongo que le creí a medias y busqué en el diccionario y sí, era una rara enfermedad hereditaria, que se daba en una de 30,000 personas y que se llamaba también monocromatismo.

Sin embargo había más: mi amigo contaba que unas veces veía en blanco y negro, pero en otras confundía los colores. Le creí menos y entonces el diccionario me dijo que lo que mi amigo Ernesto tenía era daltonismo, que ocasiona la imposibilidad de ver algún color (solo el blanco y el negro) hasta confundir algunos matices del verde, rojo y de vez en cuando el azul. De una manera u otra, sufría de una aberración cromática, que le dicen.

Me contaba que su mamá se enteró un día en que chico, pidió que le comprara un pantalón de corduroy  de hermoso color verde botella que había visto en una tienda. La mamá se lo trajo y Ernesto armó un tremendo escándalo, porque le habían traído un pantalón de corduroy… ¡gris rata!

Claro, para él el pasto no era verde sino gris y los colores que para él eran normales, existían solo en la confusión que su enfermedad producía.

Aprendió (porque todo se aprende) y pudo ir definiendo de qué color eran las cosas que los demás veían. Pero claro, también se acostumbró al calvario que significa ponerse una media verde y otra azul al vestirse y a identificar claramente una hoja de lechuga si es que no tenía letrero. Según él lo más peligroso fue un choque, en una avenida que tenía un semáforo horizontal. Claro, estaba acostumbrado a los verticales con luces de color rojo, ámbar y verde; y de pronto por el cambio de posición vio luz verde y trató de pasar… ¡con luz roja!

Hace tiempo que no lo veo, pero siempre me imaginé su ropa guardada en el ropero, con carteles para identificar el color. Y seguramente su vida sigue siendo una comedia de equivocaciones. Equivocaciones que pueden ser un desastre si no se toman con humor. Como él tomaba su vida y su personal paleta de colores.

OBLIGARQUÍA


OLIGARQUÍA

En el colegio tenía un buen amigo, que decía que la palabra correcta era “obligarquía” y su explicación era sencilla: “porque obligan, pues”. Recuerdo hasta ahora sus argumentaciones en la góndola 2, que era nuestra movilidad escolar y a nosotros tratando de convencerlo que la “b” sobraba. No sé si logramos convencerlo, pero estoy seguro que si lee esto ahora por casualidad, si se acuerda y lo admite, se reirá mucho.

Sin embargo el tiempo ha pasado y pienso que no lo faltaba razón en sus explicaciones sobre lo que la oligarquía había hecho, hacía siempre y en todo lugar: obligar.

Hemos venido siendo obligados a aceptar muchas cosas, por demás inaceptables, por resignación o engaño; ese poder supremo en manos de poquísimas personas, ha causado más daño en el mundo que todas las catástrofes.

El poder económico es el mejor ejemplo y éste sigue vigente con unos pocos nombres, dictando que haya hambruna en el África, guerra en Afganistán o pobreza en algunos países de América Latina.

Unos pocos deciden lo que les va a ocurrir a millones; unos pocos que viven, no solo de espaldas a lo que causan, sino en una burbuja fortificada, donde no ven ni oyen y lo que dicen o deciden, afecta al mundo entero.

No creo que haya “muchas”. La oligarquía es una, mundial, y la define su modo de pensar y lo que es aún más lamentable y tremendo: el de actuar.

No estaba equivocado mi amigo.  Lástima.

PERDONEN LA INMODESTIA


01-1948- Barranco-001

Hoy, 15 de abril, cumplo años; es mi “santo” y por eso les pido que perdonen si en este post hago un balance que será chiquitito, lo prometo.

El balance es sencillo: lo bueno supera largamente a lo malo. Tengo, familia, amigos y las limitaciones de salud lo que hacen es que agradezca cada día el estar vivo. Este es mi balance; es positivo y me alegro por ello y doy gracias a Dios que sea así. ¡Japi berdi tu mí!

EL CAZADOR


ALFREDO CHÁVEZ FALCONÍ AKA JOSÉ LÓPEZ VIDAL

Se llama Orión y es la “compañía” de combis y coasters (cústeres en criollo), de inseguro transporte público que hace noticia casi a diario no precisamente porque preste un servicio excelente, sino por el rosario de delitos que acumula; las personas que mata, las multas millonarias que no paga y la impunidad de la que hacen gala sus dirigentes, cobradores y choferes.

Se llama Orión, que en la mitología es el nombre del cazador y eso es lo que hace: anda de cacería y suma víctimas sin que le importe nada. Cuenta con licencias sospechosas y para coronar la torta, el que es dueño de esta atrocidad usó un DNI falso para fundar… ¡hasta tres empresas de transporte! Se llama de una manera, pero dice que “lo llaman” de otra (con nombres y apellidos) desde hace 18 años. Si no es un delincuente debe ser un marciano.

En la mitología griega a Orión lo mató una flecha de Ártemis o un escorpión gigante.