LAS VACACIONES DE MONSIEUR MAMANI


LAS VACACIONES 1

Una vez más acude en mi ayuda el título de una película, esta vez la del genial francés Jacques Tati, “Las vacaciones de monsieur Hulot”, aunque tengo la seguridad que los franceses acentuarían la “i” del apellido congresal, quedando como Mamaní, lo que tal vez haga referencia a lo que este sujeto tiene como cerebro.

 

120 días de vacaciones le han dado en el congrezoo (¡sin goce de haber, faltaba más!) que seguramente empleará para descansar de los problemas que hicieron por una simple tocadita de poto, debajo de una sombrilla para protegerse del sol al borde del lago Titicaca o en alguna playita de Miami; usará por supuesto sus sempiternas gafas de lunas oscuras para que no lo noten si la mirada se le desvía hacia lugar anatómico ajeno alguno, porque eso de tocar se deja para “lugares congestionados”  y para cuando se marea por la enfermedad que sufre desde hace años.

 

Por más que muchos de sus colegas, especialmente sus compañeros de banka (da) han tratado de ningunear la denuncia y desacreditar a la denunciante sometiéndola a las “preguntas” de una tal Milagros Salazar, fujikeikista, con las tristes declaraciones públicas del señor Vicealmirante AP (r) Carlos Tubino, vocero naranja (que es una muestra de cómo puede descomponerse uno, si se tiene en cuenta que el señor llegó a Vicealmirante de nuestra Armada) y mereciendo en opinión generalizada el llamado Moisés el desafuero y la expulsión del congrezoo (aunque tal vez por el nombre y en un alarde bíblico fue “salvado de las aguas”), Mamani regresará a su escaño, fresco como una lechuga y “por la puerta grande” como él mismo dijo en sus declaraciones (lo de la lechuga es adición mía).

 

¿Este es el Perú, señores? …Bueno, hasta ahora…; hasta que lo que quieren impedir las ratas y las cucarachas limpie el escenario de basura, las alimañas no encuentren alimento y mueran…; es que, francamente, hay que combatir a las plagas y exterminarlas.

LAS VACACIONES

 

Anuncios

BATALLA DECISIVA


BATALLA DECISIVA

Coincido plenamente con el periodista César Hildebrandt y estoy seguro que fujimoristas y alanistas (los seguidores y corifeos de Fujimori y de Alan García) harán lo indecible para que la anticorrupción no avance en el Perú y que lo que hemos visto hacen hasta ahora son solo “maniobras” destinadas para afinarlo todo y librar la batalla final, decisiva, y ganarla para que sus intereses que ven en peligro se mantengan intocados, para que nada cambie y ellos puedan seguir disfrutando del dinero conseguido turbiamente, del poder que ese dinero les confiere y hacer que el mundo al revés que quieren perpetuar se perciba derecho, bueno y conveniente.

 

Usarán Chávarrys, vírgenes que lloran, tontos de capirote; tirarán mierda con ventilador, meterán zancadillas y si fuera posible denunciarían al Papa por corrupto y entrometerse en “cosas terrenales”…

 

Van a dar la batalla de su vida porque saben que aquí se la están jugando toda; las grietas que aparecen los asustan y prevén que su edificio de mentiras puede desmoronarse. Intentan resanarlo con falsedades nuevas, que aguante y que el moho del olvido vuelva a crecer como si fuera un manto protector que vuelve invisible lo que cubre.

¡No pasarán!

 

Ya no esta vez, y ojalá que nunca levanten la cabeza porque aunque sean expertos en combate con ventaja, aunque tengan armas enormes y filosas y la el Pueblo solo renga piedras; aunque parezcan grandes, gigantes y feroces, un disparo certero salido de una honda humilde pero honesta, terminará con ellos y el Pueblo, como el pastor David de las historias, habrá acabado con el Goliat hediondo que es la corrupción.

 

¿Habrá acabado?

 

Lo más probable es que no totalmente y que la corrupción solo repliegue bajo las sombras a su ejército, que entierre a sus muertos, se lama las heridas, despierte a sus zombis y espere agazapada…; hay que estar vigilantes, porque ganar una batalla no es ganar la guerra: Esta guerra no acaba todavía…

¡Ni un paso atrás! ¡Paso de vencedores!

 

Imagen: noticiasenlineadetabasco.blogspot.com

LOS CONEJOS DEL MAGO


LOS CONEJOS DEL MAGO

El mago Alan está molesto por varias razones, pero la principal es que sus actos mágicos ya no asombran e incluso más de un espectador se ríe en la platea; los blancos conejos gordos que sacaba prestamente del sombrero, se han convertido desde hace un tiempo en cuyes (o sea conejillos de indias) que miran asombrados; para peor, quiso hacer nuevamente su ya famoso acto de desaparición y cubierto por una tela de brocado inició el acto, pero un rato después su secretario dio un tirón a la tela y no había desaparecido nadie, porque el mago miraba desconcertado al público y seguía parado en medio de la escena.

 

El mago sonrió como sonríen los que están nerviosos y del bolsillo sacó un pasaporte y un sobre que anunció contenía unas constancias notariadas importantes; miró a la sala y escogió a un señor de anteojos y le entregó solemnemente documento y sobre cuando hubo subido al escenario…; “Voy a hacer unos pases” dijo, y agitó ambas manos pero nada pasaba, hasta que en el silencio expectante se oyó el “ring” insistente que emitía un teléfono celular: el mago extrajo el sonante aparatejo y respondió, llevándolo al oído: “¿Aló…?”, “¡Número equivocado!”, “¡Me chuponean…! dijo, con gesto adusto, mientras creía que el truco era muy bueno y funcionaba para distraer, pero los asistentes ya se iban, dejando sus asientos y comentando que como mago había decaído, mientras había otros que decían que estaba terminado y más de uno pidió que le devolvieran su dinero al momento, para enterarse que este se había esfumado y no se dieron cuenta que era el último acto del Gran Alan, ese que hacía ahora, justo antes de desaparecer.

 

Imagen: http://www.pinterest.es

TIEMPO ROTO


TIEMPO ROTO

Estrelló el maldito despertador contra el piso, refunfuñando por el sueño interrumpido, tapándose de nuevo con la frazada y disponiéndose a dormir un rato más; cuando despertó, miró hacia la mesa de noche y al no ver el reloj recordó que lo había tirado y trató de alcanzarlo, pero no pudo porque el despertador estaba lejos, en una esquina de la habitación; se levantó y sentado en la cama esperó unos instantes para desperezarse, luego fue hasta la esquina de donde recogió a su martirizante mañanero, miró la hora y vio que marcaba las 11 y media: primero se asustó pensando que se había quedado dormido, pero luego de acercarse el caído a la oreja, comprobó que no hacía “tic-tac” y al sacudirlo, las manecillas se movieron solas, flojas, como descolgadas.

 

Comprendió que había malogrado el despertador y de sobre la mesa grande recogió su reloj pulsera para ver la hora, pero también, curiosamente, las manecillas bailaban como descolgadas; se lo llevó al oído mecánicamente, pero recordó que tenía una pila y no hacía “tic-tac”.

 

Encendió la radio y luego de una música que le pareció rara, escuchó la voz del locutor que decía: “Amaneció despejado en la ciudad, hoy quince de junio de mil novecientos treinta y seis…”; parpadeó y miró el calendario que estaba en la pared, acercándose: era noviembre del 2,018, claro, y el locutor debía haberse equivocado… “…El presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Franklin D. Roosevelt dijo ayer domingo que…” siguió la voz de la radio y él no comprendió nada.

 

Imagen: sp.depositphotos.com

LA COMIDA DE OTROS


LA COMIDA DE OTROS

Cuidaba ovejas y las llevaba a pastar en la bajadita donde la hierba verde  poco a poco desaparecía dejando espacios de color tierra, hasta que las lluvias de agosto devolvieran esa vida que alimentaba vidas que alimentarían otras vidas después de muertas, pero ese final no alcanzaba a imaginárselo cuando venían a comprarle las ovejas más gordas y le daban el dinero con el que compraba la comida para sus hijos, que nunca comían las ovejas.

Imagen: http://www.diariocordoba.com

LA MÚSICA INFINITA


LA MÚSICA INFINITA

Escuchaba música siempre, a toda hora, dormida escuchaba música y sus sueños eran musicales pero no tenía radio, tocadiscos, computadora con parlantes; no tenía DVD, televisor o nada que pudiera reproducirla o transmitirla; escuchaba música y nada más porque un día decidió que la música lo era todo.

 

Algunos la llamaban loca pero no los oía, ensimismada en su música infinita.

 

Imagen: ellapizloco.blogspot.com