DEL DICHO AL HECHO NO HAY MUCHO TRECHO


 

DEL DICHO AL HECHO

Siempre estaba atento a que no faltara nada y su dicho favorito era “es preferible que so-sobre a que fa-falte”; curiosamente, digamos que murió en su ley: la embarcación en la que iba por el río, en una excursión a la selva, zozobró.

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EL NUDO DE LA VIDA


EL NUDO DE LA VIDA

 Desde que le contaron que su ombligo había sido el agujerito que lo unía a mamá mientras estaba en su barriga, le tuvo tema; se miraba, levantándose la camiseta, en el espejo del ropero que había en el cuarto de sus padres y al acostarse y levantarse miraba si seguía ahí, en su sito, igual que siempre.

 

Su ombligo era evidentemente el centro de sus preocupaciones y temía que en algún momento se deshiciera el nudo que le habían hecho y por el agujero, abierto se le vaciara el contenido y se muriera; de nada valieron las explicaciones de imposibilidad de tal percance y el no saber de ninguna ocurrencia de tal tipo le asustaba aún más porque de ninguna manera quería ser el pionero.

 

A quien confiaba su temor  se reía  creyéndolo una broma o abría los ojos como platos y entonces él pensaba que su descubrimiento, compartido, podría en algún caso ser real.

 

Creció y con él creció su miedo lo que le llevó a usar una faja con una incómoda plancha metálica que le sirviera de protección contra probables accidentes ombliguísticos; extremaba los cuidados hasta el punto de colocar un esparadrapo impermeable encima, para que no se mojara al ducharse y lo limpiaba con nervioso cuidado con algo de aceite mineral para bebés y una torunda de algodón.

 

La mañana de un viernes caluroso salía del centro comercial, cargado con dos bolsas de compras y una mujer corrió poniéndose detrás de él, desconcertándolo con el hecho y los ruegos de “¡Protéjame, señor!”; en pos de ella, un hombre que tenía en la mano una pistola gritaba “¡Te mataré, maldita…!”.

 

La mujer lo estaba usando como escudo y  aterrado, soltó las bolsas en el momento en que un disparo le daba en el vientre a él, que no entendía nada y que no se había puesto la faja ese día porque hacía calor.

 

Imagen: reflexionesumbilicales.blogspot.com

¡LA “K” ES DE KATE!


eltigredepapel

LA K ES DE KATE

Claro, esa “K” es Kate del Castillo, la que entrevistó al “Chapo”, o tal vez sea Kate Middleton, la duquesa de Cambridge… ¡Total el juez César Hinostroza Pariachi tiene tantas y tan importantes conocencias que suponer que la “señora K” con la que se iba a reunir es Keiko, resulta nada más que una suposición supuesta (molesta como un supositorio), porque hay miles de señoras en este ancho mundo cuyos nombres empiezan con “K”…!

Para más inri, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida y sorprendentemente el juez que la destroza (y que recién ahora, después de SEIS días tiene impedimento de salida del país y está “de vacaciones” porque “es su derecho”) ha tenido ke ver con cosas ke parecen tener una sorpresiva relación kéikika

Pero lo de la “señora…

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¿ATEO?


ATEO

Era uno e indivisible, se lo pintaban anciano, con barba, tenía un hijo y estaba también lo del espíritu, que era santo.

 

No entendía cómo podía ser eso de tres-en-uno pero le habían dicho y repetido desde que era un niño que así era y que solamente tenía que creer.

 

No creía aquello que no entendía y se sentía raro al pasar delante de una iglesia.

 

Imagen: perlitasdesabiduria.blogspot.com

LA MALDICIÓN


LA MALDICIÓN

 Las desgracias se presentaban una tras otra: se salía el río arrasando las casas, la tierra temblaba haciendo caer vigas, paredes y provocando pánico; había nacido una gallina negra que no tenía patas y el alcalde se fugó con la plata que había para festejos.

 

Era un pueblo maldito y nadie había reparado en la vieja que vivía sola cerca del camino que subía a la sierra y que cocinaba venganzas, porque a su único hijo lo habían acusado de ladrón y matado a pedradas en mitad de la plaza.

 

Era un pueblo maldito.

 

Imagen: cronicasmundosocultos.blogspot.com

YO TAMBIÉN FUI ALPINO


YO TAMBIÉN FUI ALPINO

De pronto me ha venido a la memoria, completita, esta vieja canción infantil, que para mí se ubica en un momento de mi infancia de, llamémoslo, “descubrimiento”.

 

El padre Tapia era el “segundo” de la parroquia a la que yo pertenecía y nos enseñaba canciones, como parte de las clases de catequesis los sábados por la tarde…

 

Un buen día nos anunció que participaríamos de una actuación en el colegio (de mujeres) San José de Cluny, que quedaba también en Barranco y que interpretaríamos “Eran Tres Alpinos”, pero que no nos preocupáramos por la “princesa” porque una chica de ése colegio haría el papel, lo que quería decir que ninguno de nosotros haría el ridículo que hacíamos por turnos, aflautando la voz y haciendo gestos coquetos (todos éramos hombres) para interpretar a la hija del rey en una actuación pública y en un sitio extraño.

 

Tal vez debo decir que no teníamos más de seis años y el P. Tapia nos estaba poniendo un reto que parecía inmenso: actuar, en público y en un colegio de mujeres…

 

Puede sonar machista ahora, pero en esa época no existían los colegios mixtos (por lo menos no los conocíamos ni los imaginábamos); era un “los patos con los patos y las patas con las patas”…

 

Llegó el sábado señalado y llegamos al colegio donde nos recibieron unas monjas que nos hicieron pasar a lo que supongo era un patio, con sillas que después se llenaron de espectadores-familiares; nos acomodaron y vino la “princesa”: una chica con medias “cubanas” y anteojos (las medias “cubanas” que estaban de moda entonces; unas medias que usaba a veces mi hermana mayor y la “miss” Silvia, que nos enseñaba inglés en el colegio: eran cortas y blancas y si no me equivoco se las ponían con zapatos de dos colores: blanco y azul, con pasadores.

 

Pero bueno, llegó la “princesa” y sería la primera vez que una chica de nuestra edad formaría parte del grupo: actuamos y cantamos, bien caracterizados: los tres alpinos, de los cuales yo era “el más chiquitito” (y curiosamente tenía anteojos como la que sería mi compañera de “tablas”, que creo era cemento nomás), la “princesa”, el rey y el P. Tapia “dirigiéndonos”, para que no metiéramos la pata y presto a soplar la letra, por si las moscas.

 

Nos aplaudieron, saludamos con una venia y pasamos a tomar chocolate con leche y unos sanguchitos; el número “Eran tres alpinos” era el número central de la actuación: central y único.

Hablaba al principio de este relato del “descubrimiento” que el asunto significó para mí y sí, descubrí –por un instante luminoso- a las chicas, en la persona de una “princesa” miope y con medias “cubanas”. Nunca más la volví a ver, pero ahora, como 64 o 65 años después, he vuelto a recordarla y me acordé del P. Tapia (que también tenía anteojos) y al que le decíamos “el loco Tapia”, del colegio San José de Cluny, de los “nervios escénicos” y de esos tres alpinos que resultaron viviendo en mi cerebro para siempre.

 

 

 

ERAN TRES ALPINOS

Eran tres alpinos que venían de la guerra

Eran tres alpinos que venían de la guerra

Oilí oilá rataplán

que venían de la guerra.

Y el más chiquitito traía un ramo de flores
Y el más chiquitito traía un ramo de flores

Oilí Oilá rataplán
traía un ramo de flores.
Y la princesa  estaba en la ventana
Y la princesa  estaba en la ventana

Oilí Oilá rataplán

estaba en la ventana.
Oh buen alpino dame esas lindas flores
Oh buen alpino dame esas lindas flores
Oilí Oilá rataplán

dame esas lindas flores.

Te las daré si te casas conmigo
Te las daré si te casas conmigo
Oilí Oilá rataplán
si te casas conmigo.
Dile a papá, él te contestará
Dile a papá, él te contestará
Oilí Oilá rataplán

él te contestará.
Buen día mi rey, me caso con su hija
Buen día mi rey,  me caso con su hija
Oilí Oilá rataplán

me caso con su hija.
Vete de aquí o te hago fusilar
Vete de aquí o te hago fusilar
Oilí Oilá rataplán

o te hago fusilar.

Y al día siguiente moría fusilado
Y al día siguiente moría fusilado
Oilí Oilá rataplán

moría fusilado.

Y la princesa se murió de tristeza
Y la princesa se murió de tristeza
Oilí Oilá rataplán

se murió de tristeza.

Y el viejo rey se fue a morir a China
Y el viejo rey se fue a morir a China
Oilí Oilá rataplán

se fue a morir a China.

Y al otro día los tres resucitaron
Y al otro día los tres resucitaron
Oilí Oilá rataplán

los tres resucitaron.

Y la princesa casó con el alpino
Y la princesa casó con el alpino
Oilí Oilá rataplán

casó con el alpino.

Si les gustó, lo cantamos de nuevo,
Si les gustó, lo cantamos de nuevo
Oilí Oilá rataplán

lo cantamos de nuevo.