TEJEDORA


Teje mantas de sueños y colores, para abrigar las noches frías y para mantener el calor que la vida produce, como la tierra buena produce y deja crecer el maíz, la cebada, la papa y las cebollas que pelarán sus capas translúcidas, delgadas, quebradizas, para llegar a la cocina y llenarlo todo allí, con su olor punzante  y los ojos con lágrimas.

Imagen: Tejedora en Cajamarca, Perú. Foto: manolo echegaray

CAMBIO DE RUBRO


Quiso gritar y de su boca, abierta. solamente salió el silencio.

Desesperado, volvió a tratar y otra vez, su boca se abría, pero él no escuchaba nada.

Corrió y corrió, gritando sin sonido, del peligro que le pisaba los pies y parecía respirarle en el cuello, en una escena muda donde no se oían sus pisadas, ni sus jadeos, ni tampoco la respiración de su perseguidor, que imaginaba.

Despertó agitado, asustado, bañado en sudor frío, hasta que comprendió que había tenido una pesadilla y que hasta en sueños lo perseguía la muerte.

Estaba decidido: era su último día como chofer en la empresa de pompas fúnebres.

Prefería manejar un taxi.

Imagen: americalatinaunida.wordpress.com

LA CAMPANA


Ya no canta. Sigue balancéandose un poco, en lo alto de la torre si hay viento fuerte, pero está muda desde hace tanto tiempo, que nadie recuerda haberla oído llamar a misa, tocar a difunto o celebrar alegre alguna fecha notable…

Más que una grieta que empañaría su voz, desafinándola, más que una rajadura en el metal antiguo, tiene un hueco largo que la separa, que la ha dejado callada para siempre.

La campana ahora cuelga inerte y seguramente recuerda sus repiques sonoros, mientras mira pasar la vida por la plaza del pueblo.

Imagen: foto campana/Cajamarca/ manolo echegaray

HISTORIA EN UNA TARDE DE CALOR by Manolo Echegaray


MasticadoresMuchasAlmas

Apariencia, aquello que da una idea a los que están viendo, pero que casi siempre es producto de su sola imaginación.

AC

– “¡Es un experto en mate…!”, le dice un chico a otro, señalando a un hombre mayor, que, en camiseta, estaba sentado haciendo nada, mientras esa tarde, el calor parecía hacer de la vereda una plancha freidora…- “Ingeniero o profe…?”, preguntó el muchacho, pensando en que no se le ocurriría nunca que hubiera un matemático en una de las casas vecinas.

– “Noooo, era conductor de ómnibus…, pero ya no trabaja…”

– “¿Se dedicó a los números…?, preguntó el otro.- “No sé, pero sabe de mate más que nadie…, la gente se reúne para oírlo, cuando entre mate y mate, cuenta historias de costumbres y yerba.”

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EL COLOFÓN


Pensaba que un colofón era un colofo grandazo, descomunal, inmenso. Un gran bicho, parecido a los dinosaurios de las ilustraciones, pero en versión maxi. Una especie de dragón (dragón y colofón sonaban igual) como el de los cuentos.

Cierto día, ocioso, la palabra colofo le vino a la mente y se puso a buscarla en Internet: no existía, pero sí colofón, que resultó no ser un colofo grandazo, sino algo que no tenía nada que ver con lo que él creía que era…

La imaginación es mejor que la realidad, porque si una especie de dragón grandazo resulta que en verdad es el final de un libro, con datos de impresión o el final de algo, la imaginación es, por lo menos, bastante más entretenida.

Imagen: http://www.happyhentoys.com