…TAMBIÉN VIENE…


Esta “voz de alerta” la escuchábamos por televisión para anunciar el próximo programa.

Así sabíamos lo que venía después (y estábamos avisados, supongo). Las elecciones “también vienen” y el 10 de abril está cada vez más cerca. El 10 de abril, fecha en la que decidiremos el destino del Perú. Los votos que lleven a dos de los candidatos a lo que estimo será una segunda vuelta, van de todas maneras a marcarnos. A decir cómo piensan en el Perú las grandes mayorías. Y de allí a la elección de un nuevo Presidente, solo hay un paso. Parece ser que el tema anda ajustado y hay cinco que suben, bajan o se mantienen.

Las encuestas, lo han dicho ya todos, solo ofrecen una fotografía instantánea. Especular sobre los puestos en que los corredores quedarán, es eso: especulación. Podemos basarnos en cifras que serán más o menos correctas. Es posible que unas estén más acertadas que otras, las tendencias pueden señalar caminos, pero finalmente algo diferente a lo “pronosticado” podría ocurrir. El viejo dicho de “En la puerta del horno se quema el pan” cobra aquí una importancia aleccionadora. Es cierto que el Perú está lleno de augures y arúspices (entendidos como visionarios del destino) porque cada ciudadano cree tener “la firme”, poseer una verdad en la que el azar cumple un rol muy importante.

De pronto resulta curioso que una persona a la cual consultan a veces por cómo ve que quedarán los resultados, diga esto. Pero es que nadie puede asegurar a ciencia cierta, lo que los votantes decidirán. Las motivaciones para emitir un voto, son múltiples. Van desde la simpatía personal, hasta el razonamiento por lo que parece ser la mejor opción. En el medio se mueve de todo. Algún día le dije a la revista “Caretas”  que el voto en el Perú me parecía visceral. Me explico: unos (los menos) votan usando el cerebro, racionalmente. Otros votan con el corazón (por simpatías o afectos). Hay unos terceros que votan con el estómago (por algún candidato que les ofreció cumplir con poner la alimentación diaria a su alcance) y finalmente los que votan con el hígado (que por lo general emiten un voto negativo: “¿tú ofreces esto? Voto por el contrario, ¡para que te jodas!”). Más o menos, pienso que ha sido así la votación en comicios pasados. Es cierto que dentro de este espectro flotan e influyen factores diversos, pero por lo general, los peruanos solemos comportarnos de ese modo al votar. Simplificando, vamos.

Viene a toda marcha el diez de abril. Vamos a decidir y estamos avisados. No hay forma de escaparse a los “también viene” que los medios, las conversaciones y la mente propia nos recuerdan. Tenemos que elegir a uno o a otro. Esperemos hacerlo bien.