Desde la ventana: El HOMBRE DE TRES PIERNAS.


 

jubilados

Pasa todos los días caminando y lo veo desde mi ventana; tiene tres piernas y va despacio. Irá al periodiquero de la esquina y comprará el diario. Volverá a pasar lenta y cuidadosamente rumbo a su casa.

 

Es mayor, no tanto como yo, que ya no me muevo y estoy casi todo el día mirando a la calle e imaginando cosas sobre lo que voy viendo.

 

Ahora que me acuerdo, yo también tengo una tercera pierna guardada en algún sitio; me la cambiaron hace un tiempo por las ruedas.

EL TEJEDOR DE HISTORIAS.


 

GATO EN VENTANA

Mirar por la ventana era su entrenamiento; se veían tantas cosas que las historias que iba construyendo le servían para pasar el tiempo que tenía de sobra.

 

Lo que le dolía era no saber escribir y tener la seguridad que lo que hubieran podido ser entretenidos relatos se irían con él pronto.

 

A los 93 años no hay suficiente tiempo para aprender.

EL PINTOR DE IMPOSIBLES.


 

TUBOS PINTURA

Los colores eran su obsesión; pintaba de día y no de noche porque la luz eléctrica distorsionaba su manera de verlos: no eran tan colores algunos y otros lo eran mucho.

 

Azules, rojos, amarillos, negros, verdes y violetas danzaban en sus cuadros y hablaban solo para él; cantaban los colores.

 

Confesó que nunca la tristeza se había dejado retratar hasta que una noche llegó para quedarse y desde entonces entró el silencio y callaron las voces y la música; sus días fueron noche y la luz se volvió oscuridad.

FUMAR.


 

Cigarrillo-encendido-

El abuelo fuma mientras lee el diario.

 

El nieto lo observa y le pregunta qué hace.

  • Leo el periódico” contesta.
  • ¿Y por qué echas humo? Vuelve a preguntar el niño.
  • Porque estoy fumando”, responde.

Juan que tiene tres años, se queda mirándolo y pensando en silencio; al fin, vuelve a preguntar: – ¿Y por qué fumas?”.

El abuelo sin dejar de leer le dice: – “Porque me gusta”.

 

Juan se queda callado, pero al fin interrumpe de nuevo: – “Yo no sé leer como tú, pero de repente me gusta fumar”.

El abuelo baja el periódico, mira a su nieto y le responde: – “Eres muy chico y fumar te hace daño”.

Juan de inmediato retruca: – ¿Y a ti no te hace daño…?”.

 

El abuelo piensa en la visita que hizo al médico y su recomendación: – “Deje de fumar; se está matando”.

 

Juan no ha obtenido respuesta a su pregunta y la repite: – “¿A ti no te hace daño, abuelo?”.

 

El abuelo cierra el periódico y se jura por enésima vez que dejará el cigarrillo; tose y lo apaga.

CARTA CERTIFICADA.


 

SOBRE

El timbre sonaba y él iba a abrir la puerta, pero no había nadie; esto se repetía varias veces al día y no tenía forma de averiguar quién era. Entonces decidió esperar tras la puerta y abrir en cuanto sonara, rápidamente; al tiempo sonó el timbre, abrió violentamente y se encontró con un sorprendido cartero, que le entregó tres sobres y le pidió que firmara.

 

Fue a dejar los sobres en la mesa y a mitad de camino sonó el timbre, pero al abrir se encontró otra vez que no había nadie.

 

Como la casa quedaba en una esquina, se le ocurrió que los palomillas del barrio, tocaban y rápidamente huían dando la vuelta. Harto de lo que le parecía una broma pesada desconectó la campanilla.

 

Entonces se acordó de las cartas y abrió una, la que era correo certificado y por la que había firmado; dentro del sobre

había un papel que lo único que tenía escrito era “¡RING!

UNA TAZA DE CAFÉ.


 

TAZA DE CAFÉ

En una taza de café hay pasados y futuros, hay esperas y ganas de no hacer nada.

 

Una taza de café hace empezar la mañana o extiende una tarde; aísla o socializa.

 

En una taza de café hay conversaciones y reflexión solitaria; hay libros y esperanza, a veces amargura.

 

En una taza de café puede estar todo y tal vez por eso la bebemos lentamente.