NO HAY TALENTO…


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Tenía un taller de escritura creativa, escribía un blog y daba clases por las tardes en una universidad sobre literatura moderna.

 

Su comentario sobre el taller y las clases en la universidad era siempre que no sabía dónde se había ido el talento, porque los consideraba de mediocres para abajo a todos sus alumnos y decía que si no fuera por la paga… ¡De algo se tenía que vivir!

 

De su blog no comentaba nada pero se sentía orgulloso de lo que escribía y se comparaba, siempre con ventaja enorme, con los alumnos que le servían de sustento. “¡No pueden ser todos tan malos…!” le dijo un día un amigo que escuchaba sus quejas y por enésima vez, lo animaba a publicar, escuchando la misma excusa: “Todavía no estoy listo, pero cuando publique…”

 

Los alumnos del taller de escritura creativa, comentaban que nunca habían visto nada escrito por él que valiera la pena, porque el blog era un cúmulo de lugares comunes y “consejos para escribir mejor” que se podían encontrar en cualquier sitio. Opinaban que era un escritor mediocre, del montón y que seguían el curso porque ya lo habían pagado.

 

En la universidad, sus alumnos se quejaban de que improvisaba siempre, sin preparar sus clases hablaba y hablaba sobre libros y autores más bien desconocidos y cuando preguntaban algo, decía: “Interesante pregunta, pero la comentamos en la próxima clase…”; y como la siguiente clase era en dos semanas, la pregunta quedaba sin respuesta, naufragada en el olvido.

 

Se consideraba a sí mismo un escritor de vuelo, pero sin oportunidades; una especie de Balsac (lo escribía con “s”) en búsqueda permanente de editor.

 

Imagen: humorfutbolclub.com

 

 

¿NO ENTIENDES…?


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No entendía nada, o por lo menos era lo que pensaban porque sus respuestas no tenían nada que ver con las preguntas y cuando le explicaban, todo parecía haberlo entendido al revés.

 

Lo consideraban bobo o alguien a quien nada le importaba y lo que sucedía en realidad era que de esa manera se aseguraba de entender las explicaciones, porque se las formulaban en sencillo.

 

Es que no quería complicarse la vida.

 

Imagen: http://www.hifichile.cl

 

 

LAS AGUAS BAJAN TURBIAS


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“La publicidad tiene la culpa”… “La publicidad es la responsable”…
Estas dos frases, entre lo mucho que se dice, indican que “se quiere matar al mensajero”, porque hay mucho más detrás de los anuncios que algunas agencias o departamentos de publicidad que son quienes lo que hacen es comunicar profesionalmente aquello que sus clientes sean estos servicios, productos o marcas quieren expresar.

No digo que la publicidad sea una especie de simple “correveidile” y que no tenga ninguna responsabilidad en lo que hace, pero las raíces están en los clientes y sus necesidades de comunicación; la publicidad es la voz prestada que formula profesionalmente los enunciados que se desea difundir. Por esta razón no me parece correcto tildar de “manipuladora” a la publicidad, ni adscribirle esas características casi mágicas de convencimiento: aquellas que dicen que “todo se soluciona con publicidad”; como también estoy en desacuerdo con el ninguneo de la misma, al extremo de afirmar que “solamente es publicidad”.

Ni tanto ni tan poco. Como en todo, es en el justo medio donde está la realidad y la profesión publicitaria que suele caminar bajo una andanada de acusaciones bastante infundadas, lo que hace es presentar las necesidades comunicacionales de sectores determinados de la sociedad.

Publicado en codigo.pe 12.11.2019.

ACOSTUMBRARSE


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Su madre siempre le decía que había que irse acostumbrando a todo, porque era la mejor manera de aceptar las cosas y entrenarse para tener una voluntad férrea.

 

Se acostumbró a comer verduras aunque al principio no le gustaban.

 

Se acostumbró a ir a misa los domingos porque hacía bien para el espíritu.

 

Se acostumbró a sonreír  ante las adversidades porque al mal tiempo había que ponerle buena cara.

 

Se acostumbró a guardar pan para mañana y al ahorro de las pocas monedas que conseguía.

 

Se estaba acostumbrando a no comer por las noches, a desayunar dos veces por semana, sábados y domingos y a lo que más le costaba: almorzar poco y en días alternos…

 

Se estaba acostumbrando, cuando no pudo más, mandó todo a la mierda y con lo ahorrado mientras se acostumbraba a gastar nada,   compró gaseosas, dulces, pastelitos, dos empanadas, un tamal, pan,  queso fresco, dos sándwiches de chorizo con mayonesa y kétchup, uno de palta y otro de jamonada…

 

Se pegó tal atracón, que el que se fue a la mierda fue él, porque se murió.

 

Imagen: http://www.memegenerator.es

 

 

A LA OPORTUNIDAD LA PINTAN CALVA


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Andaba siempre con un libro debajo del brazo que alguien había escrito con el nombre del líder del partido y se titulaba: “MIS IDEAS”.

 

Asistía a mítines públicos, donde siempre estaba en primera fila, aplaudiendo y vivando, para que lo fotografiaran y por si acaso, salir en algún periódico.

 

Rondaba el local central del partido y cuando entraba se pasaba horas delante de una taza de café, con el libro bien visible sobre la mesa, por si alguien le hacía preguntas y tenía la oportunidad de mostrar que estaba firmado por el líder, porque consiguió la autógrafa después de hacer una cola de dos horas, sudando como chancho, cuando compró el libro apenas supo que el líder estaba autografiándolo como agradecimiento por “la colaboración y el interés”; por supuesto, imitando la letra y con un color de tinta igual, escribió una dedicatoria para él, que decía: “Para Juan, compañero de ideas y de horas de lucha”.

 

En el comedor de su casa tenía una fotografía del líder, calvo, sonriente y con los brazos en alto, enmarcada en moldura dorada y con la dedicatoria que él mismo había escrito: “Para Juan, el compañero combativo”.

 

Juan era un convencido de que a la oportunidad había que cultivarla como fuera.

 

Imagen: lnternet

REPETIRSE


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A diferencia de otros trabajos que se basan en la repetición, el del creativo publicitario NO PUEDE REPETIRSE porque si lo hace así, aunque sea una sola vez, fracasará.

Aunque icen que “en la repetición está el gusto”, eso debe ser cuando uno come un rico helado, por ejemplo, porque TODAS las ideas que proponga y desarrolle el creativo publicitario deben ser originales y en ellas basará la “arquitectura” que construya en avisos, spots o cualquier otra pieza de publicidad.

Este es un reto permanente y buscar siempre algo nuevo en un universo profesional en el que parece haberse dicho todo ya, no es, definitivamente sencillo; las ideas no crecen en las ramas ni se venden en los supermercados, por lo que la génesis de cada una implica tiempo, información, cultura propia y mucha paciencia.

Por eso me parece curioso que se considere a la creación publicitaria como algo “menor”. Tal vez sea por su brevedad o porque es comunicación que alguien –el cliente- paga y sin hacer ningún tipo de comparación, pensemos que quien pinta un cuadro, escribe una novela o compone algo de música y comercializa su obra, no solo no es mal visto, sino que esto es tomado como natural. Repito que no quiero comparar a un creativo publicitario con un pintor, un escritor o un músico que viven de lo que su trabajo produce, pero las obras “por encargo” son multitud y el ninguneo hacia la actividad de los creativos publicitarios me parece propio de personas que se sienten propietarias de la cultura, creyendo que ella solamente se refiere a las “finas artes” y no miran alrededor para darse cuenta que viven inmersos en esa cultura.

Un aviso de Coca-Cola no es La Monalisa ciertamente, ni un texto de folleto podría confundirse con un trozo de Chejov, así como tampoco un jingle tiene la magnificencia y brillo de un movimiento de la 5ª. Sinfonía, pero trabajo creativo hay, originalidad también y se crea por una contraprestación, generalmente monetaria. Sé que dirán que los creativos publicitarios somos una raza extraña e incomprendida de “artistas” o gente con ínfulas de serlo. Ojo, no es que las oficinas de publicidad estén llenas de escritores, pintores y músicos, pero sí de especialistas profesionales que ejercen estas artes.

 

Publicado en codigo.pe 11.11.2019.

NADIES NOS VEN…


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Estaban escondidos y mirando alternativamente por un agujerito que había en la puerta; él y su primo observaban en silencio a la pareja que se desvestía y se movía saliendo del punto de observación. Llegaron a verlos desnudos, pero desaparecieron totalmente cuando se echaron en la cama. Los niños espiaron un rato más, pero la oscuridad que reinó en el cuarto al apagarse la lámpara, los hizo desistir. Algún sonido, como si alguien se quejara, hizo que se fueran rápidamente, sin ruido.

 

“Tenemos que hacer varios huequitos en la puerta, para poder ver más, porque los martes y los jueves a las seis viene el Sebastián para visitar a la Lucila…” dijo el de la casa mientras bajaban la escalera y se iban a ver si en el refrigerador que estaba en la cocina había jamón o queso para hacerse sándwiches.

 

Imagen: sp.depositphotos.com