ZARCILLO


Una palabra que casi ya no se usa, en el campo de la moda, que proviene del latín, “circellus”, que significa “circulito” y que en español se le dice al arete. Pero también un zarcillo es –en botánica- la parte en forma de filamento de una planta, que se enrolla alrededor de algo, como los zarcillos de la vid (y pregunten, si quieren, al que cultiva vides).

Y si de zoología se trata, el zarcillo (Larosterna inca), es un ave, también llamada “gaviotín monja”, oriunda de las costas de Chile y Perú.

Es curioso, pero casi nadie dice “mis zarcillos” sino “mis aretes” y de pronto no es que estos sean aros pequeños (“arete” es un pequeño aro, pero la palabra suena algo despectiva) o circulitos, sino que cuelgan como “zarcillos” de las orejas.

El idioma español sus palabras y los diferentes usos que a estas se les da… Digo yo, ¿un zarcillo no sería una zarza pequeña? ¿O tal vez eso sería una zarcilla…?

Información: Wikipedia.

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SILENCIO


Todo ha callado.  El silencio es tan real que podría cortarse con una tijera, como si fuera una tela.

Una tela tremendamente gruesa y que no deja pasar ningún sonido, que es como la oscuridad impenetrable de una noche cerrada y sin estrellas, en medio del desierto.

Lo único que no queda en silencio es la conciencia, que tozudamente deja escuchar su voz, primero tímida y que luego se va elevando hasta llenar el espacio.

No sirve de nada taparse las orejas o pensar en otra cosa, porque el silencio está roto, los ojos se abren y se cierran, pero lo que es casi un grito está por todas partes.

Entonces, solamente un ruido seco, último, puede hacer que el silencio regrese: “¡BANG!”.

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¡AGUA VA…!


Vaciar la bacinica por la ventana que daba a la calle era una costumbre mañanera, pero gritar “¡Agua va!” antes de hacerlo, era imperativo para evitar situaciones incómodas con algún transeúnte…

Un día, Genoveva, la criada, olvidó avisar antes de echar con fuerza por la ventana el contenido del “vaso de noche” y mojó con un verdadero chubasco de orina maloliente, a nada menos que un abogado, que presuroso iba al juzgado cercano para defender una causa…

La inesperada, violenta y olorosa lluvia, no solamente mojó al abogado y a sus legajos, sino que sirvió para ganarle notoriedad al personaje, con un apodo que, aunque él se negara a reconocer siempre, sirvió para llamarlo así desde entonces, porque el suceso corrió rápidamente en una ciudad amante de las habladurías, el chisme y las historias divertidas como Lima; pasó a ser “El Orinadito”, bueno, “El doctor Orinadito”.

Felizmente, el contenido fue únicamente líquido”, decían con malicia…

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