NUNCA LLEVES PORRO AL AEROPUERTO DE PERÚ


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EL COLOR


EL COLOR

 

Al abrir los ojos lo único que vio era un color crema.

Parpadeó pero el color seguía  allí y entonces no supo qué pasaba; no sabía si estaba dormido y ra un sueño o qué.

 

Sus  manos al  tantear, casi por instinto, tocaron lo que parecía ser un fierro: frío y delgado.

 

Entonces oyó la voz: “No se asuste. Tuvo un ACV y ahora no ve, está en la clínica; yo soy el médico, aquí están su madre y su esposa. Tranquilo. No ve, pero va a pasar…”

 

Se acordó del sonido de la sirena que fue lo último que escuchó antes de oír la voz. Todo era un solo color crema, como si mirara una pared: movió los ojos y la cabeza pero el color seguía allí, atrapándolo. Como si estuviese en un lugar donde sólo existiera el color crema.

 

Estaba en una cama, en un hospital o una clínica, no veía, había un médico y allí estaban su esposa y su madre, pero no veía o mejor dicho, la maldita barrera crema no lo dejaba ver.

 

Volvió a escuchar la voz, que ahora sabía era la del médico: “Tranquilo, descanse…”, y la voz conocida de su esposa: “Aquí estamos…”

 

Sí, estaban; él también estaba pero todo lo que veía era un color crema.

 

Estoy ciego…” pensó y algo se derrumbó de pronto dentro de él.

 

Imagen: sp.depositphotos.com

EL CABALLO


EL CABALLO

Puede  ser posible que un departamento de este condominio tengan un caballo, lo alojen en alguna cuadra fuera del recinto y que el dueño sea aficionado a la crianza y a las carreras de estos animales (a propósito nunca entendí porque el más popular “datero”, antiguamente, un periodiquito especializado, se llamaba “Estudie su polla”, cosa que para los hombres españoles significaría “mirársela con detenimiento”, además de que las pollas (aves) no tienen nada que ver con los caballos, salvo que se trate de las crías de los  “guardacaballos”, unos pájaros de color negro que rondan los lugares por donde los equinos andan).

 

He preferido poner punto aparte porque la digresión ha sido larga y lo más probable es que el lector se haya perdido; decía que es posible que aquí en el condominio alguien o más de uno, sea aficionado al turf y tenga ejemplares propios que compiten, pero resulta que en el segundo piso, justo encima del departamento donde vivo y sobre mi habitación, se aloja un caballo.

 

Lo digo porque el ruido que provoca con sus carreras (que deben ser cortas, porque si la habitación es como la mía, no es muy grande que digamos) o  cuando va a paso lento: “¡clop-clop-clop-clop!” es un poco insoportable,  pero de pronto, como el espacio es reducido lo que tienen arriba es un “pony”, pequeño caballito que podría acomodarse mejor; lo que pasa es que no he oído relincho alguno y –o se trata de educación- o el animal es mudo.

 

Ahora que pensándolo bien y reflexionando un poco podría tratarse de un niño que corre, juega, salta –y sí- trota; la pista puede darla algo que suena a veces al rebote de una pelota más bien dura (una bola de goma, diría) y su rodar por el piso de la habitación que queda inmediatamente encima de mi cuarto.

 

Tal vez el enigma no sea tal, no exista caballo alguno y la bulla provenga de un humano pequeño que, como está haciendo frío, no tiene permitido salir al parque, se aburre y se entretiene a costa del vecino, que soy yo.

 

Imagen: http://www.dibujoswiki.com

UN CHINO EN MI VENTANA


UN CHINO EN MI VENTANA

Desde hace como una semana, mientras escribo para el blog, por la ventana entran los ruidos típicos de los escolares que van al colegio, los consejos que algunos padres que acompañan a sus hijos más chicos dan sobre comportamiento y los de quienes apresuradamente van al trabajo; una especie de despertar y desperezarse sonoro de este micro mundo que es el condominio.

 

Más tarde será algún taladro que se obstina en perforar las paredes de algún departamento, uno que otro martillazo y ciertos días el ruido ensordecedor de la segadora de pasto que lo cubre todo hasta que veo al operario hacerme señas para que cierre la ventana y no se metan las briznas de pasto recortado, fragante y volador al cuarto donde trabajo, leo, mi esposa pinta y almaceno libros, fotos, recuerdos y “containers” que guardan pedacitos de nuestra historia, la que al pasar de casa a departamentos, mudarnos varias veces y reducirnos en “cosas” que tenían su sitio “antes”, hacen que el ahora parezca otro mundo.

 

Dependiendo del día, regarán el jardín y volveré a cerrar ventanas para que no me rieguen en un descuido y se instalarán los sonidos normales que van a ir cambiando o repitiéndose con el paso de las horas; pero tal como decía al principio, desde hace aproximadamente una semana, a los sonidos mañaneros descritos, se ha adicionado una tempranera,  extraña música que va sonando cada vez más fuerte y es indudablemente de origen chino; el contraste con los valses, cumbias, rap, baladas y otras perpetraciones músico sonoras de estridencia variable es inmenso; ¿quién podría, al inicio del día, escuchar a todo volumen “eso” que para los oídos occidentales no educados y poco entrenados en musicología del celeste imperio (que ahora no es celeste y en lo de imperio se pelea con USA y Rusia)? La respuesta es obvia: un chino; así esto sucede a diario, tempranito; pasa caminando frente a mi ventana un padre chino que empuja un cochecito de bebé y lleva algún artefacto sonoro que emite tan fuerte como si este condominio fuera el Madison Square Garden alquilado a un grupo musical de la tierra de la seda.

 

Supongo al bebé sordo o en acústico entrenamiento para un futuro atronador y en el que reitere la conducta paterna aprendida; algún tiempo después escucho que el chino padre habla (en realidad grita) por teléfono celular (en chino, por supuesto) y otra vez supongo que habla con China y como está lejos y hay mucha gente en el gigante asiático, tiene que gritar, pero después parece que mis suposiciones se van al agua, porque se le une su esposa (china, también) con quien -supongo otra vez- hablaba y a la que le pedía que lo acompañara en el paseo-entrenamiento bébico sonoro matutino, por lo que ella lo alcanza y juntos pasean al bebé, pero resulta que los dos hablan (en chino, pues) a gritos y pienso que tal vez son duros de oído y esto explicaría el volumen tan elevado de los sonidos músicos y fonéticos que escuchan y emiten.

 

Bueno, es una muestra de la globalización, una especie de crash course de música china, un acercamiento al inicio mañanero de una familia china que ahora está en un condominio, bien lejos de su país y un motivo tan bueno como cualquier otro para que yo pueda escribir algo en el blog.

CARTA OFICIAL


CARTA OFICIAL

Tendría unos trece o catorce años y en ese batiburrillo mental que se suele tener en la adolescencia, se me ocurrió, seguro sugestionado por las novelas policiales,  que sería ideal ser un detective del FBI y para eso se me ocurrió escribir una carta a la embajada norteamericana, preguntando qué debía hacer para lograrlo…

 

Era verano, había puesto en el correo el sobre como en julio –sin contarlo, por supuesto, porque mis fantasías eran mías y de nadie más- y con el tiempo pasado me olvidé de lo hecho, hasta que mi hermano mayor (doce años mayor, que en ese entonces estudiaba Derecho y trabajaba en el Ministerio de Gobierno), un día a la hora del almuerzo le enseñó a mi madre un sobre del correo que había llegado a mi nombre mientras yo no estaba en casa, sino en la playa, supongo que “reponiéndome” por haber perdido el año escolar suspendido en dos cursos: matemáticas y física/química en el colegio y… ¡también en los “cursos vacacionales” a los que tuve que asistir obligatoriamente durante dos meses a un colegio estatal (curioso nombrecito, casi burlón, ese de “cursos vacacionales” si tenemos en cuenta que las vacaciones son un tiempo de ocio y descanso, pero terrible como nombre y suceso en las perspectiva de un chico)…!

 

La carta era de la embajada norteamericana y mi hermano la abrió y leyó que mencionaban los pasos a seguir para naturalizarse norteamericano y por supuesto nada sobre el FBI: mi hermano, recuerdo bien que gritó “¿O sea que planeaste escaparte de la casa porque te jalaron de año…?” y sin dejarme decir nada ni explicar que mi carta a la embajada era de hacía más de seis meses, que entonces ni me imaginaba repetir el año escolar, que recién me respondían, que el FBI…, salió tirando la puerta  dejándome a mí mudo y a mi madre mirándome con tristeza; no almorcé nada y fui a encerrarme en mi cuarto, en el segundo piso, que colindaba con el de mi hermano, echando seguro a las dos puertas para estar solo, maldecir a la pérdida de año, a los gringos, a mi hermano y a mi suerte…

 

Ese fue mi intento fallido de hacerme detective del FBI sin pensar que había que ser gringo o naturalizarse para siquiera intentarlo; por supuesto, antes en mis planes había estado ser bombero o policía de investigaciones del Perú (PIP), pero seguramente me pareció más emocionante ser un detective de novela gringa, de esas que mi hermano compraba (y yo leía a hurtadillas) de la colección policial “Rastros” que creo se editaban en Argentina…

 

Claro, terminé siendo publicista, pero traté de ser cura y relacionista público antes.

 

Imagen: sp.depositphotos.com

CHUPACABRAS


 

CHUPACABRAS

El otro día, escribiendo para el blog, escuché la voz de un niño que llamaba (gritando, por supuesto): “Chupacabras… ¿estás ahí?… Chupacabras… ¿estás ahí…?” y supuse que se trataba de un juego de esconderse, de esos que los niños han practicado desde siempre y que les gustan tanto, en el que el “escondido” aparece intempestivamente y asusta al “buscador”…

 

Me intrigó el nombre porque “Chupacabras” no es un apodo popular, antes al contrario, es el nombre que sí, popularmente se le da en algunos lugares a un ser que aparece, creo, primero en España (“aparece” es un decir porque nadie lo ha visto, si no me equivoco) y su nombre derivaría del hecho de haber atacado a unas cabras, matándolas y bebiendo su sangre,  porque las encontraron “secas”; sé que la historia de este ser se ha reproducido en varios países, donde no ha sido visto nunca pero los efectos de su accionar al parecer sí.

 

Pongo todo en condicional, uso “al parecer” y lo que me permita decir que no es que lo afirme yo sino que es algo que las noticias y en especial las redes sociales tienen como tema, esporádico, pero existente; podría ser el embrión de una de tantas leyendas como la del “Lobizón”, “Drácula”” o esa “Novia” ubicua, que aparece en diferentes lugares y países e incluso se hacía presente ciertas madrugadas en la cocina (que quedaba en el sótano) de mi casa de infancia en Barranco…

 

“Chupacabras” no es pues un apodo corriente entre los niños y me extrañó el asunto, sobre todo porque cuando yo esperaba respuesta al niño gritón, el silencio era la contestación; luego de un largo rato y de un par de nuevos intentos de llamada del niño, escuché que su mamá venía para llevárselo a almorzar; digo yo que de pronto el niño oyó de sus padres el nombrecito, pero también que de pronto, tal vez, podría ser que exista un “chupacabras” en el condominio: claro, el problema es que por aquí no hay ninguna cabra, dificulto que el niño alguna vez haya visto una y entonces… ¿qué va a chupar ese pobre “chupacabras”?

Imagen: hauntedmario.com