EL BUEN GUSTO


Además de ser el nombre de una panadería/pastelería famosa en Lima, es aquello que muchas veces falta en la publicidad y lo que sucede es que su definición puede variar de acuerdo a lo que una persona entienda por tal; ciertamente hay lo que yo llamaría “reglas generales” y son aquellas como no utilizar aquello que mayoritariamente ofenda (en publicidad, digo) los sentidos de la vista y el oído.

Se puede mencionar que hay combinaciones de color que calificaríamos de chillonas, que existen colores inadecuados (tal vez como ponerle “azul Prusia” a lo comestible) o que el gritar lo que se dice en un comercial para llamar la atención es contraproducente porque provoca rechazo.

“Es cosa de buen gusto” se dice y en realidad no se está diciendo nada concreto ni se suelen dar razones; se trata de algo que puede ser subjetivo pero que hay que analizar porque la publicidad es comunicación y debemos quitar de ella todo lo que pudiera producir rechazo.

Vamos a encontrar que se usan “imágenes de mal gusto”, “música de mal gusto”, “colores de mal gusto” o “lenguaje de mal gusto”, pero repito que puede ser la percepción de unos y no la de otros y por eso es importante, creo, el someter aquello que pudiera presentar algún tipo de problema a una opinión que esté representada por diversos grupos de personas que no sean homogéneas para que un “acuerdo” se vaya logrando por consenso y se pueda ir corrigiendo lo perfectible y eliminando lo que definitivamente está mal;

Podrá parecer tedioso o tal vez raro, pero la técnica de enfoque, bien aplicada puede evitar muchos quebraderos de cabeza, errores garrafales y… ¡un mal gusto manifiesto!

NOTA: La ilustración es algo que podría ser cromáticamente de “mal gusto”, pero además es lo que nunca se debe hacer en publicidad, porque la combinación de colores impide una lectura clara.

Imagen: support.office.com

Originalmente publicado en “CÓDIGO”, 7.5.2019

Anuncio publicitario

72 HORAS


A veces uno, cuando es joven, no se da cuenta de lo que se está forzando para hacer las cosas y lo toma como una “conquista”, un “logro”, algo de lo que seguramente presumirá…

Fueron 72 horas, 3 días en los que el sueño era espantado con café, pero venía por cabezadas que no sabía bien cuánto duraban, irregulares, pero que siempre parecían cortísimas. Mi compañero de oficina, el director de arte que estaba en el mismo bote de preparar una campaña para el lunes (empezando el viernes), me pasaba la voz con un “¡Te estás durmiendo!” que me sobresaltaba para contestar que era “nada más que un pestañeo”…

Yo hacía lo mismo con él cuando lo veía cabecear o fingir concentración en el dibujo (con los ojos cerrados); nos habíamos comprometido a presentar una campaña final, con los bocetos de avisos acabados, story board y bocetos de folletería (con sus respectivos textos, claro) y el sustento creativo para la campaña completa, pieza por pieza.

Ahora que lo recuerdo con la distancia de los años, me doy cuenta que era una tontería, un querer “demostrar” que podíamos ser creativos y muy rápidos: la publicidad en suma.  Abrevio diciendo que nos aprobaron la campaña, pero éramos una especie de zombis alimentados con pizza, con litros de café y cigarrillos (fumábamos en ese entonces) como estimulantes y ninguna pastilla o sustancia que nos mantuviera “lúcidos y alerta” porque –por lo menos yo- había visto en más de un compañero “trabajador” los estragos que causaba esa “dieta cerebral”.

Muy temprano, el lunes de la presentación, mucho antes de que nadie llegara a la oficina, afeitada, pañitos húmedos y mucha agua de colonia; después revisión del material a presentar, ordenar las carpetas que contenían los textos y la sustentación, repasar los charts que usaríamos durante la exposición (era la época en que no se soñaba con las computadoras, el teléfono celular era algo de ciencia ficción y las únicas “máquinas” a nuestra disposición  eran una de escribir  -mecánica- una fotocopiadora que solo imprimía en negro y dos calculadoras de bolsillo).

La euforia de la presentación, las respuestas ensayadas una y otra vez a las preguntas que sabíamos nos iban a hacer y el entusiasmo que nos produjeron los comentarios positivos, “compensaron” el esfuerzo y pongo ese compensaron entre comillas porque, repito de nuevo, ahora, con la distancia de los años, pienso que lo que hicimos fue una tontería, porque el desgaste personal (que nos hizo dormir casi un día entero a los dos, ya en nuestras casas) consiguió que perdiéramos un día, que no “funcionáramos” bien hasta acomodarnos nuevamente y que “no pasara nada”: éramos “héroes” sólo para nosotros mismos porque para los demás eso era “normal nomás”.

Confieso que fueron las 72 horas más largas de mi vida y las que me enseñaron que la publicidad puede ser demandante y urgente, pero uno no debe forzar lo que requiere tiempo.

Imagen: culturabogota.com

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN “Código”, 23.7.2019 Y VUELTO A PUBLICAR EN «mentemochilera.blogspot.com«

AVALANCHA


http://www.dreamstime.com/royalty-free-stock-photo-cartoon-man-avalanche-to-be-hit-falling-rock-image41195805

Soy redactor publicitario, es un lunes cualquiera y encima de mi escritorio empiezan a amontonarse los sobres de las órdenes de trabajo, que contienen el material informativo necesario para cada encargo por hace …

Es una verdadera avalancha, típica de un lunes, antes de media mañana y me doy cuenta que me espera mucho por leer y por escribir, sobre diversos temas, para comerciales de radio o televisión, para avisos de periódico, alguna campaña completa … Y eso es solamente el principio, porque con el paso de los días, el número de órdenes irá aumentando y tendré que trabajar lo más rápido que pueda, para cumplir con las fechas marcadas. Es bueno estar en una agencia que tiene éxito, pero …

Esto no es ficción y seguramente les sucede a muchos: gran cantidad de cosas por hacer, variedad de temas y poco tiempo … Suele ser la vida de trabajo, “rutinaria”, de un redactor …

El asunto es no atolondrarse y abordar cada caso, uno por uno, enterándose bien de lo que trata, de la información que se adjunta, leyéndola y marcando aquello que es necesario profundizar; hay que preguntar al cliente, hacerlo directamente o por medio del ejecutivo de cuentas …

Lo mejor es elegir luego lo que parezca más sencillo e ir avanzando en complejidad; recomendable, dejar el material para el comercial o los comerciales de la tele, porque un guion siempre es algo complejo de construir …

Leer, informarse, escribir, cambiar de temas, de formato del medio … Parece eso, una avalancha, que nos cae encima, pero de la que se espera –y debemos- salir indemnes y triunfantes.

Aunque parezca que exagero, reto a cualquier redactor de agencia a que me desmienta y diga que “agrando” las cosas, para “victimizarme” …

Publicado originalmente en «mentemochilera.blogspot.com«

Imagen: https://es.dreamstime.com

¿A LAS PALABRAS SE LAS LLEVA EL VIENTO…?


Esto se puede aplicar, creo, a las palabras que son dichas, pero lo que está escrito, queda y se recuerda cada vez que se vuelve a leer …

Cuando uno escribe para publicidad, a pesar de lo pasajero o efímero de esta, a las palabras NO se las “lleva el viento”, porque quedan en los avisos impresos y registradas electrónicamente para radio, televisión e internet. Van a estar ahí, como se dice “dando vueltas” y a disposición de cualquiera que quiera utilizarlas para algo. Alguien dijo “El que habla, se j…”, a lo que yo agregaría que el que escribe también y que en publicidad a las palabras –repito- NO se las lleva el viento …

¿Y todo esto por qué? Simplemente porque algo que tiene que tener muy en cuenta quien redacta para publicidad, es que lo que publique, aunque sea una pequeñez, quedará registrado y va a influenciar. Perdonen que insista sobre el tema, pero es que la publicidad no es una “tierra de nadie”, donde se pueda decir cualquier cosa. Todo, más tarde o más temprano tendrá consecuencias que van a afectar –de diferentes formas- a miles de personas …

Es casi imposible corregir algo equivocado dicho por la publicidad, porque las “rectificaciones”, o son muy poco vistas, o no atraen ni interesan mayormente. Es verdad que se “salva” la responsabilidad corrigiendo, pero solamente es eso, porque el daño ya está hecho y finalmente –para el público- quien se equivoca es el producto o la marca, ya que el publicista es la “voz” de quien lo contrata y es invisible. Todo lo malo que pueda suceder, recaerá en la marca o el producto. El resultado de la desprolijidad publicitaria, podrá ser muy perjudicial para el cliente, porque “lo dicho, dicho está” …

Originalmente publicado en «mente mochilera.blogspot.com«

Imagen: https://www.google.com

«¡ES PURA PUBLICIDAD…!»


Es una frase que se oye y que quiere decir que lo que se ve, oye o sucede es muy exagerado, cuando no falso … Es bastante corriente llamar “publicidad” a aquello que no lo es y se la usa como sinónimo de “engaño” …

¿Por qué tiene tan mala fama la publicidad …? ¿Por qué en algunos círculos se la menosprecia, se la desprecia y hasta se la demoniza…?

Creo que esto sucede porque la publicidad presenta “modelos” (no se trata en este caso de chicas bonitas, sino de ejemplos), “metas” para alcanzar, en forma de satisfacción de necesidades, por medio de productos o servicios … Parece “inútil”, pero cumple con avisar, “anunciar” al consumidor, acerca de una pléyade (disculpen la repetición) de productos y servicios que están a su disposición …

La publicidad no es el “malo de la película”, sino que cumple una función importante entre el mercado y los consumidores; es el “puente” a través del cual pasa la información “de lo que hay”, desde este hacia ellos, y lo hace de forma atractiva, informa y cumple con esa misión de “pregonero”, que gráficamente vemos como un personaje con megáfono, ese aparato para amplificar la voz y que permite que se escuche lejos …

La publicidad es parte de nuestras vidas y no es cierto que promueva “superficialidades innecesarias”; lo que hace es poner a nuestro alcance, información que de otro modo difícilmente tendríamos y realizarlo de tal manera, que esa información nos llame la atención y la tengamos en cuenta para el momento en que tengamos que elegir.

Ni “demonios” ni “santos”: publicistas nomás …

Originalmente publicado en el blog «mentemochilera.blogspot.com«

Imagen: https://es.dreamstime.com

PEPE ROBOT


Pepe es un robot que piensa.

Es una maravilla que no tiene brazos, piernas, ojos ni boca; Pepe es un cerebro electrónico, digamos una computadora diseñada y creada para hacer lo que el cerebro humano hace: pensar.

Gracias a una “alimentación” inmensa de datos de todo tipo, su programa, ante una solicitud, realiza el proceso de pensar, es decir de buscar datos en su “archivo”, seleccionarlos, compararlos, validarlos, unirlos a otros datos “de la misma familia” para construir el pensamiento, ese que, expresado en ideas, y que, gracias a su complicado sistema, se convertirán en frases que a su vez se convertirán en párrafos de correcta ortografía, párrafos y frases que podrán componer un aviso publicitario, en respuesta a lo pedido y que sea único, brillante, atractivo y eficaz …

Pepe habrá hecho su trabajo en seis segundos y de “yapa” producirá una ilustración ad-hoc a todo color, igualmente original y única como el texto; si es aprobado, lo enviará a la red, a los sitios y en las fechas previamente seleccionados por él mismo …

Fin del sueño. O de la pesadilla de un anunciante y de un redactor publicitario: sueño feliz para el primero y pesadilla horrenda para el segundo …

Sí es un sueño/pesadilla que puede producir el tema de la “inteligencia artificial” en este asunto de la publicidad; un sueño/pesadilla que puede haber llegado ya, o no estar muy lejano, porque todo parece ser cuestión de tiempo.

La ciencia ficción se ya se está volviendo ciencia nada más desde hace un tiempo y como dicen, el futuro nos alcanza y promete convertir en pasado muchas cosas …

Imagen: http://www.vdibrasil.com

Originalmente publicado en mentemochilera.blogspot.com