SONRÍO RECORDANDO.


ESTRELLA

Es de noche, miro al cielo y sé que me sonríes desde lejos porque sabes que pienso en ti y en cómo nos reíamos tanto estando juntos.

 

Sé que va a volver el gris, pero detrás está tu risa y sonrío confortado porque tu recuerdo me abriga.

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TRISTE RIMA: ¿PARA PROTESTAR HAY QUE MATAR?


CHARCO DE SANGRE

Las protestas en el Perú están tomando un cariz sanguinario que se traduce en los gritos de “¡Mátenlo, mátenlo…!” de la turba vociferante que estaba destrozando el cráneo de un policía acorralado, pateado, golpeado con piedras y que finalmente falleció.

Hay un manifestante muerto y dos pasajeros, que, sitiados por los que protestaban, no pudieron recibir el auxilio médico que sus enfermedades requerían y dejaron de existir. Los asesinos fueron todos y no fue nadie el asesino…

Protestar y matar. De pronto, las palabras que riman se convierten en una macabra realidad sinónima.

Entonces se busca a los culpables de las muertes y no hay ni un solo responsable.

Se dirá que fueron delincuentes, que hay agitadores, que las huaracas son para la defensa y que el derecho a protestar es constitucional. Se dirán muchas cosas, pero a los que están muertos nada de eso les devuelve la vida. Muertos por protestar, por restaurar el orden, por no ser atendidos.

Están muertos y junto con los heridos son las “casualidades”. Son número, estadística. Antes eran personas y ahora solo son resultados.

Sí, hay derecho a protesta pero no hay derecho a matar.

No se entiende; no se quiere entender que el agua y la tierra no valen lo que un hombre. No sirven sin el hombre. Y cuando el hombre mata a otros hombres, la sangre envenena la tierra.

LA AGONÍA DEL DIFUNTO


 

Fuente TV Perú

Hay un nuevo miembro en el Gabinete Ministerial.

Una mujer, abogada, reemplaza al renunciante Ministro de Trabajo.

Mucho tiempo pasó desde los desafortunados sucesos de Arequipa, en los que el saliente Ministro cumplió un triste papel. Su negativa a dejar el puesto, las “explicaciones” que dio, las falsedades en las que parece haber incurrido y la “aceptación de sus disculpas” por parte de un Gobierno a todas luces equivocado, prolongaron en demasía lo que debió ser inmediato. La cobertura mediática y la de las redes de un incidente que no debió ocurrir y al que además de negarle las consecuencias al principio se quiso minimizar, aduciendo múltiples razones, dio cuenta de cómo el ojo ciudadano está atento, mucho más atento que antes y que las reacciones son también inmediatas.

Este, que es un tema palpable de velocidad de la comunicación, parece no ser bien entendido.

Lejos están los tiempos en que uno se enteraba “por los periódicos” de algún suceso importante. Ya la radio empezó a acelerar las cosas; ciertos diarios publicaron una edición vespertina para ganar lectores e informarles. Vino la televisión y luego la Internet. Ahora las redes sociales pueden mantener al segundo la información e INTERCAMBIARLA. Sin embargo se reacciona con pereza o con dudas, cuando lo que cabe es responder de inmediato. Y responder con lo que es cierto y creíble, porque de nada sirve exponer a la luz una verdad a medias que supone una mentira. Es una buena lección y ojalá sea aprendida. Resulta penoso que suceda un incidente así, pero es un nuevo ejemplo que hace más urgente un cambio en la velocidad de los reflejos comunicacionales. Es triste saber que nadie está inmune al “virus” del poder que deforma las conductas, pero es bueno saberlo. La mayor enseñanza es que nadie puede ser más que los demás, así tenga el título que tenga, ocupe el cargo que sea o ejerza una función cualquiera.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS, HERMANA!


Mi hermana Teté cumple años hoy. Este es mi modo de felicitarla y agradecer a ella por ser como es. El tiempo pasa pero el amor crece y saber que ella está allí me llena de orgullo y felicidad.

El texto a continuación encabeza mi librito “El pasado se avecina” y pido disculpas a quien ya lo haya leído, pero Teté seguirá siendo la niña rosada de la casa azul siempre.

 

LA NIÑA ROSADA DE LA CASA AZUL

Ayacucho 263, nuestra casa en Barranco, donde viví desde  1947 hasta 1963, fue alquilada por mi padre a la señora Renée Pazos de Letona un poco antes de nacer yo.

Esta casa existe aún  pero por lo que sé ha sido reformada y por supuesto ha cambiado de color. Solo queda el azul añil original en una pared de madera que está dividiendo la propiedad con una casa de al lado y que se puede ver desde la zona de la Ermita.

Si uno se para de espaldas a la iglesia, mirando hacie el Puente de los Suspiros, se verá la casa, con sus dos terrazas, el mirador y el alto pozo de agua, refugio de gallinazos invernales y allí una solitaria pared azul añil que está a la derecha.

En esa casa, sobre unas letras que la nombran como “Villa En esa casa, sobre unas letras que la nombran como “Villa Teresa”, hay dos ventanas que eran las del cuarto de mi hermana… Teresa.

Allí se asomaba ella y a decir de un amigo, el doctor Carlos Bambarén, hasta la calle Ayacucho venían desde Miraflores para ver a “la niña rosada de la casa azul”, los amigos de mi hermana. Cuando Carlos me narró esto y me habló de la famosa Teté Echegaray, muchos años después de los sucesos, yo no tenía idea que la hubiera conocido, ni tampoco que ella hubiera sido de esas bellezas que a cierta edad uno se dedica a contemplar.

Hoy mi hermana que vive en Arequipa desde que se casó en 1952 y que ya tiene dos biznietos, sigue  igual de activa y bonita.

Los años no han hecho mayor mella en su carácter divertido y contestatario. Es cierto que las enfermedades no han sido ajenas a su realidad-una encefalitis milagrosamente curada por ejemplo- pero todo lo sobrelleva con ese aire que hace que uno se pregunte cuál será su secreto.

Teté ha sido siempre una especie de mamá para mí Cuando nací, ella estaba en cuarto o quinto año de media y yo resultaba ser una especie de juguete animado. Me llevaba a la playa, me mostraba a sus amigos y era el engreído, hasta que se casó y heredé su cuarto en la casa; ella se fue a vivir a Arequipa, con Jorge Ballón, mi cuñado, hombre maravilloso cuya muerte hace unos años la dejó prácticamente sola en su casa de “El Bosque” en la subida a Cayma.

Hablamos por teléfono semanalmente porque yo ya no puedo volver a Arequipa  después del último infarto que me dio precisamente allí, cuando la visitaba en octubre del 2008. Reconozco su estado de ánimo por el tono de la voz y a veces quisiera estar sentado en su sala para conversar largo y escuchar las historias que a veces sé y otras oigo por primera vez. El tiempo pasa, Panchín nuestro hermano intermedio ha muerto y poco a poco vamos cerrando el libro de la vida. Tal vez por eso escribo estas historias antes que lo recuerdos se borren y queden las fotografías sin leyenda.

CUMPLEAÑOS


 

Hoy empiezo a escribir tarde: es que leer y contestar los saludos toma tiempo, sobre todo si uno deja un poquito de espacio en medio. Pero de verdad, me he sentido tan bien y tan acompañado en este cumpleaños como para disfrutar de ese calorcito que se llama amistad y cariño, de un modo excepcional.

Estoy seguro que esto que escribo, no lo leerán muchos de quienes me han felicitado y deseado lo mejor, pero sin embargo quisiera que cada una de estas palabras llegara a sus múltiples destinos, envolviendo un inmenso abrazo para todos: para los que me escribieron, los que llamaron por teléfono, los que vinieron…, los que se acordaron.

Ayer temprano hablé por teléfono con mi hermana Teté, como lo hago todos los domingos: así Arequipa queda a la distancia de un marcado de teléfono y podemos estar juntos aunque nos separe la distancia. Mi hermana, que tiene ochenta, riéndose me decía que nunca se podría olvidar, que casi nazco en el ascensor de la clínica y que todos los preparativos de bautismo no existieron, porque se presentó de improviso a la clínica Monseñor Juan Gualberto Guevara, el primer Cardenal que tuvo el Perú, que era muy amigo de mi padre, a bautizarme y la ropa con que se bautizaron mi hermana y mis hermanos y que preparaban para mi, estaba en casa y tuvo que ser sustituida de emergencia por una “mañanita” de mi madre.

Le dije a Teté que ese fue el inicio de mi informalidad: casi nazco en movimiento, me bautizaron corriendo y de seguro la llegada del Cardenal causó un desmadre en la organizada rutina de las monjas que estaban entonces en La Maison de Santé. Hoy, sesenta y cinco años y un día de vida me encuentran feliz porque compruebo que tengo (lo digo siempre) tantos amigos.

He sabido de personas a quienes había perdido el rastro hace tanto que sus mensajes o llamadas han hecho que la película de mi vida se rebobinara de tal manera a instantes tan hermosos, que estoy seguro de algo: ha sido el día en que más he sonreído y en el que también he derramado muchas lágrimas de alegría.

Sabemos que estamos vivos, porque somos queridos. Yo confieso sentirme inmensamente vivo porque es tal el cariño, que me pongo rojo de pensarlo.

100 AÑOS DE PURO AREQUIPA.


Javier de Belaunde y Ruiz de SomocursioEl Doctor Javier De Belaúnde y Ruiz de Somocurcio cumple hoy cien años.

Cien años!!! Suena fácil decirlo, pero resulta difícil de imaginar.

Cien años de arequipeño puro. De hombre sabio. De ejemplo.

Cien años de luchar por las ideas y la justicia.

Mis antepasados arequipeños a quienes seguramente él conoció, como mi abuelo  Francisco Gómez de la Torre, estarían muy orgullosos de saber que un hombre como el Doctor De Belaúnde continúa la historia de una tierra que  siempre ha dicho lo que pensaba y actuado en consecuencia.

Lo conocí en su casa de San Antonio, cuando con su familia vino a Lima y  Javier,  su hijo, ingresó al colegio y fuimos compañeros de clase y amigos. Poco a poco me fui enterando de su paso por la Política. Ésa que era lo que ya parece no ser.  Arequipa, ciudad pequeña, permitía que sus habitantes se conocieran y así, mi padre que hoy tendría 106  años, fue su amigo. Es cierto que en ésta Lima grande y descoordinada se dejaron de ver con la frecuencia que hubieran deseado, pero recuerdo aún sus historias; porque a pesar de haber nacido en el Cuzco, mi padre se educó en Arequipa, donde las horas en ése entonces, pasaban con el sonar de las campanas de Santo Domingo, la Catedral y otras iglesias.

Historias que eran citadas como ejemplo de un hombre probo, profesional y consecuente.

Hoy, don Javier cumple un siglo. Un siglo de historia decente y clara.

Hoy que en las encuestas, los peruanos manifiestan no creer en los políticos. Hoy que tanta falta nos hacen en política los hombres como Javier De Belaúnde y Ruiz de Somocurcio, que entienden la política como un servicio al país y no como un plato lleno donde servirse a sí mismos.

Gracias don Javier por cien años de ejemplo. Ojalá podamos seguirlo, porque todo cambiaría. Para bien.