OTRO MÁS Y SUPONGO QUE NO MÁS


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Dicen que siempre es bueno empezar y yo, llevándome de lo que dicen, empiezo un nuevo blog; se suma a “manologo”, a “eltigredepapel”, “jacuzzi martínez” y “de la máquina de escribir de manolo echegaray”.

 

Probablemente pensarán que para qué tantos blogs si con uno basta, pero lo que sucede es que estoy volviendo a mis orígenes blogueros en los que pensé que ra bueno tener un blog diferente por tema para así no aburrir a gente con lo que no le interesa; resultó mucho, porque entre los blogs que debía “alimentar”, mi trabajo en publicidad, el de comunicación política, la enseñanza de técnicas de razonamiento creativo, comunicación intercultural y comunicación política en universidades e institutos superiores, apenas si me quedaba tiempo para ir de un lado a otro, comer, ir al baño y dormir (leer nunca lo dejé, por si acaso)…

 

De seis blogs, me quedé con “manologo” (el más antiguo y verdaderamente constante); pero como uno resulta terco y reincide, fui abriendo nuevamente otros frentes que son los que ahora, gracias a WordPress (no es publicidad ni “pasada de franela” por si acaso) tengo, aunque sea “manologo” el que más lecturas parece tener (2,360  personas seguidoras y 464,323 “clicks”) porque los otros, tal vez por nuevos o menos interesantes, tienen cifras de lectura y “miraditas” muy reducidas…

Ahora, como solamente escribo, porque ya no enseño ni trabajo en publicidad ni en comunicación política y he ido alejándome de las redes sociales porque lo que les dedicaba era mucho y no tenía sentido, tengo tiempo; entonces, un pequeño “accidente” hoy me animó (diría “impulsó”) a iniciar esta aventura que por el momento es la última en la selva bloguera.

 

Como ya creo que estoy en la etapa de la vida en que uno se olvida frecuentemente de las cosas (las banales y muchas importantes) de pronto se me ocurrió escribir lo que tratará de ser este blog que lleva por título “FRANCO D’TERIORO”; el nombre por supuesto no es invención mía sino que lo he escuchado muchas veces jocosamente, como el de un personaje italiano olvidadizo.

 

Ahora bien, no sé por qué italiano, si D´Artagnan era un personaje francés y Eugenio D´ors fue un poeta español, pero lo dejo con la nacionalidad que el que lo lee quiera y santas pascuas.

 

Bueno, entonces esta primera entrada del nuevo blog va a ir en “manologo” (por difusión inicial) y los que quieran, apenas sea autónomo, pueden seguir a Franco. No prometo frecuencia diaria pero sí una periodicidad decente y que no aparezca un post –como dicen- “a la muerte de un obispo”…

 

En fin, ojalá les guste y no se quede en el “rincón de las ánimas”, como llamaba al “corner” don Humberto Martínez Morosini, un magnífico locutor peruano, famoso por los nombres que al narrar fútbol, inventaba.

 

El blog es: http://francodterioro.home.blog/

 

Imagen: http://www.stockphoto.com

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LAS REDES SOCIALES PUEDEN SER MORTALES


redes-sociales

Vivimos creyendo en aquello que queremos creer y no necesariamente en lo que es verdad: nos contamos cuentos, reproducimos historias escuchadas y que no sabemos si son ciertas y nos movemos en una burbuja de suposiciones que es peligrosamente alimentada por la adicción a las redes sociales y todo o gran parte de lo que viene por esa vía lo damos por bueno, cierto y fiable.

Como otras veces dirán que exagero, pero lo que tenemos a la vista es precisamente una dependencia a las redes sociales representada por millones de personas que se “informan” con lo que “otros” dicen sin cuestionar ni un poquito lo que están recibiendo y que está diseñado de manera tal que atraiga y “convenza” citando fuentes que no existen o que quienes las citan, saben de antemano que no serán consultadas, fruto de la pereza o si lo son, el número que acceda a ellas será ínfimo y sus opiniones, -si son expuestas- no tendrán mayor trascendencia.

Se ha escrito mucho sobre las redes sociales y su influencia sobre esta sociedad que es inmediatista y que “no tiene tiempo”: donde todo debe ser rápido, corto y lo más concreto posible, además de llamativo; es claro que, como siempre, “el que busca, encuentra”, pero precisamente allí está la cuestión: no se busca porque se siente que hacerlo es perder el tiempo y en realidad para qué buscar si el resultado está a la vista, parece claro, “está bien ubicado” en los buscadores de Internet lo que asegura un gran número de miradas y “todo el mundo” sabe que “muchos NO PUEDEN errar” (bajo esa premisa, recuerdo la vieja frase: “Coma caca, 500´000,000 de moscas no pueden equivocarse”).

No se trata de denostar a Internet y “tirarse contra ella” sino insistir en que el problema está en el individuo, su afán reduccionista y su costumbre de realizar el menor esfuerzo para obtener algo y que este “algo”, le dé rédito.

“La confianza mató a Palomino”, reza el dicho popular y me parece que asistimos a un funeral masivo de Palominos que confiaron y les resultó mortal.

Publicado en codigo.pe 8.8.2019.

¿SIEMPRE SE NECESITA UN PERRO?


SIEMPRE SE NECESITA UN PERRO

 Guardianes de la casa, hacen fiestas a su amo, le obedecen y son sus incondicionales; a cambio de comida, un lugar donde dormir y una palmadita cariñosa de vez en cuando en el lomo, gruñirán para después atacar a quien se entrometa, aunque sea un poco, en lo que el animal considera su terreno, pero del que es únicamente guachimán de cuatro patas.

 

En el mundo hay seres, que como los perros, a cambio de dinero y un lugar desde donde puedan ser oídos, responden a las más variadas directivas, haciéndose una imagen de feroces defensores de lo que sea con tal de ganarse las caricias y la seguridad de un pago en las quincenas; son los que quieren convencer a los demás con actitudes desafiantes y palabras que en realidad son un balbuceo primitivo de que “su” posición sobre determinados temas es la correcta y que cualquiera que no encaje en su estrecho molde mental es un “enemigo”  del cual hay que burlarse, a quien hay que denostar con frases soeces y atacar sin piedad tratando de morder donde –en su obtusa mente- creen que más les puede doler.

 

El asunto es que, como  dice la leyenda urbana sobre los perros Doberman, acerca de la pérdida del olfato en algún momento de sus vidas, lo que les impediría reconocer a sus dueños y podrían atacar, estos ciertos seres (no creo que tengan la categoría de humanos) pierden, si lo tuvieron alguna vez, el sentido de la orientación y la capacidad (aunque fuera mínima la que tuvieran) de razonar y se revuelven mordiendo a diestra y siniestra víctimas de una especie de locura furiosa que, estoy seguro, es provocada por ellos mismos y sus opiniones, excretadas a los cuatro vientos.

 

Entonces los amos que los utilizaron para sus propios fines se deshacen de ellos y  los dejan en la calle para que encuentren cobijo en otro lado, aunque si alguien los acoge -si no es del vecindario- desconocerá la condición que los hizo perros callejeros y correrá el riesgo de ser mordido en cualquier momento, porque –ley de la calle- aprendieron a disimular aunque sea por un tiempo.

 

Estos seres (otra vez, no creo que tengan la categoría de humanos) pululan en nuestro entorno y felizmente, como somos algo observadores, sabemos quiénes son, los que fueron sus sucesivos dueños y conocemos las que han sido sus anteriores guaridas, estamos prevenidos porque los mordiscos, sobre todo si son los de un animal hidrófobo, pueden matar o hay que vacunarse después del ataque.

 

Imagen: jota-salud.blogspot.com

EL BANALIZADOR


EL BANALIZADOR

Está al alcance de casi todos el mundo y casi todo el mundo lo posee; sirve para banalizarlo todo –de ahí su nombre- porque convierte en intrascendente cualquier conversación y cualquier sentimiento.

 

Banaliza aquello que el hombre ha perfeccionado desde que apareció sobre la faz de la tierra y pudo hablar, superando a las señas; convierte en intrascendente casi cualquier comunicación en la que se use y curiosamente no solo para hablar sino para escribir.

 

Es claro que me refiero al teléfono celular, ese invento maravilloso en un principio, que fue ampliando su radio de acción hasta poder unir a dos personas desde los puntos más distantes e insospechados; su desarrollo lo ha llevado de ser un maletín algo engorroso a  empequeñecerse, multiplicando sus funciones y capacidad de modo asombroso. Hay un manido chiste que dice: “¿Qué es lo único que admite y se siente orgulloso un hombre de tener pequeño…?: ¡El teléfono celular!”.

 

Pero con todos los avances tecnológicos y habiéndose convertido casi en un miembro más del cuerpo humano, su cotidianeidad lo ha convertido en algo que si bien se hace sentir indispensable, en algo que le quita importancia a todo: un corazón reemplaza al sentimiento del amor, una carita sonriente, llorando o enojada y roja significa que se está alegre, triste o enojado; los famosos “emoticones” suplen a las emociones: los colores y la expresión mínima denotan el estado de ánimo.

 

Se ahorra tiempo para comunicar, pero un sentimiento o emoción se convierte en algo apurado, dicho al paso, por salir de un compromiso y mención aparte merecen los dibujitos con el pulgar arriba o las diferentes señas que manos y dedos graficados indican. Los famosos “likes” o “me gusta” se dispensan de un modo tan copioso y corriente, que son el equivalente a ver llover a través de una ventana.

 

Se usa el teléfono celular para decir “Me divierto bailando” y se adjunta la fotografía o el pequeño video que muestra una discoteca en plena ebullición, tomados por el mismo celular: perennizamos el instante y al mismo tiempo lo hacemos descartable con el próximo mensaje.

 

Sí, es verdad que sirve para saber dónde se está, qué hay cerca o lejos y para mil cosas más que van desde servir como linterna hasta darnos la cotización de la bolsa: un universo de posibilidades que se usan tanto como un impermeable, un día de sol radiante en la playa.

 

El banalizador ha entrado en nuestra vida, ha sido adoptado, incorporado a nosotros mismos y es elemento indispensable “para estar en contacto” con personas que ni conocemos y que se identifican con un alias o apodo pululando en las llamadas redes sociales donde intercambian opiniones, zalamerías o insultos de diferente calibre, sin discriminación ninguna y sin necesidad de que sean verdaderos.

 

Creo que casi todos conocemos o tenemos un banalizador, pero pienso que su utilidad se ve opacada por su futilidad.

 

Imagen: http://www.pinterest.com

VIAJE A CANCÚN


VIAJE A CANCÚN

Desde hace algún tiempo venía planeándolo y decidí por fin que ya era tiempo de suspender mi línea telefónica “alámbrica” para quedarme con el celular, sobre todo porque el teléfono es un aparato que ocupa lugar, acumula un poco de polvo y por más que los diseñadores se hayan esforzado no es muy estético que digamos; es algo que está ahí “porque hay que tener teléfono”, para estar conectado y disponible…

 

En verdad solamente suena cuando de la empresa de telefonía llaman para ofrecerme “un mejor plan” y a veces cuando la llamada es para un colegio que debió tener el mismo número antes y yo les digo amablemente que no es el número, que no sé el número telefónico actual del colegio o que aquí no impartimos clases de nada; es muy raro que alguien llame y si quiero hacerlo, uso el celular, mi esposa usa el suyo, nuestra hija el suyo y quienes visitan llevan los suyos.

 

Es verdad que aquí la recepción celular es un poco muy mala –supongo que por la multitud de edificios del condominio- pero hay “lugares estratégicos” como la puerta-ventana de la sala, el escritorio (donde está el “router”) o mi cama, sitios desde donde se puede hablar y escuchar bien; ya lo tengo estudiado y para los visitantes hago las indicaciones que corresponden, claro que no le voy a decir a una visita que quiere hablar por celular que vaya a mi cama, porque como decía mi amigo Julio, “no sería propio”.

 

Prácticamente nadie llama, no lo usamos en casa y tenerlo es como mantener un fax o un teletipo cuyo lugar está en alguna vitrina de museo (pero supongo que hay quienes resisten y los siguen usando: “son pocos, pero son”, tal como dijo César Vallejo)…; en resumen, prescindir del “teléfono fijo” (aunque el que tenemos en casa es portátil gracias a que nos lo obsequió Jaime) es una decisión tomada y ejecutada; ahora toca devolver con nuestros agradecimientos u obsequiar a alguien el aparato, deshacernos del cable que serpentea por la parte inferior de la pared (no sé si la compañía de teléfonos se hará cargo) y de la guía telefónica; de pronto es como supongo será el sentir del perro, que se ve libre de la correa que lo sujetaba…

 

¿Y lo de Cancún…? Bueno, es que no vamos a viajar, porque por no tener “teléfono fijo” no me llamarán para decirme que he ganado el premio mayor de un sorteo que es de dos pasajes aéreos, bolsa de viaje y estadía de una semana en Cancún: sorteo en el que no participé nunca y estoy seguro que no existe; además, no tenemos bloqueador solar, los pasaportes deben estar refundidos en algún cajón y a mi esposa no le gusta la playa…

 

Imagen: http://www.cancuncare.com

HALA… ¡QUÉ TAL TROLL!


HALA

He oído varias veces esta expresión en algún chico que jugaba en esta parte del condominio y lo primero que pensé es “¡qué castizo!” porque el “¡Hala!” se lo escuchaba a mis maestros en el colegio, a los jesuitas españoles cuando querían decir “¡Vamos!” o “¡Anda!”… y la palabra “Troll” me trajo a la memoria el folklore escandinavo con sus cuentos infantiles donde los “troles” (plural de Troll) son criaturas que se empeñan en hacer travesuras y gracias…

 

Pero claro, estoy seguro que si al chico le pedimos que lo escriba, pondrá: “Ala… ¡qué tal trol!” y no es que se trate de un ser del folklore escandinavo, ni tan siquiera de lo que en la jerga de Internet se conoce como “troll”, que es alguien que publica mensajes sin ninguna relevancia, ambiguos o malintencionados; creo que el “Ala… ¡qué tal trol!” es una expresión de asombro, una especie de invención derivada de la jerga de Internet y el blablablá de algún youtuber español popular; digamos, una mescolanza infantil que “innova” en el lenguaje que debe resultar aburrido para alguien que lo usa como le da la gana.

 

Es algo curioso –pero debe ser normal- la cantidad de expresiones y palabras nuevas que se incorporan al diario hablar: neologismos, extranjerismos, estupideces y demás van formando eso que a veces no entendemos porque somos de otra generación.

 

En mi época un “trole” era el “trolley” de los tranvías, o sea esa especie de antena terminada en una ruedecita que conectaba al vehículo al cable aéreo que le suministraba corriente eléctrica y cerraba el circuito con las ruedas metálicas corriendo por los rieles también de metal. Una “trola” puede ser un argentinismo para prostituta y también se le dice así a un gran embuste aunque en mis tiempos era lo que se le llamaba al pene u órgano sexual masculino…

 

Es curioso porque algo que nos debería unir es lo que nos divide un poco: la lengua española varía de país en país, de región en región y de una generación a otra; no se diga nada sobre las diferencias que hay entre España y la América del Sur “hispanoparlante” en cuestión de idioma común…

 

Pienso todo esto porque un chico dijo algo mientras jugaba que yo escuché e interpreté…; de pronto es como dicen que estoy “rizando el rizo” y lo que han leído – los que llegaron hasta el fin- no tiene la menor importancia…

Imagen: teaser-trailer.com

 

 

 

 

EL GUION


EL GUION

Salvador del Solar, neo-Primer Ministro es además de actor y director de teatro y cine, abogado, tiene una maestría en Relaciones Internacionales con especialización en comunicación y negociación intercultural, fue Ministro de Cultura y habló de su vocación de servicio participando en la política nacional.

 

En su presentación en el congrezoo para el llamado “voto de investidura” parece que como buen actor y director ha seguido disciplinadamente un guion: el “no te pelees con nadie” ha sido observado puntualmente y hemos asistido a una especie de actuación muchas veces vista que no aporta mayores novedades y que la ausencia de congresistas al acto y la confirmación (obtenida casi “raspando”) por un número inusualmente ajustado de votos produjo, como algún periodista lo mencionó, aburrimiento, por decir algo.

 

A mí me parece que el señor Primer Ministro ha perdido una oportunidad de oro de cosechar no solamente aprobación popular sino los aplausos del respetable por tocar temas que había que tocar, que se esperaba que tocara pero seguramente su especialización en “negociación intercultural” pesó más y se perdió en cifras al azar que no decían nada, en lugares comunes, en promesas ya escuchadas y que nunca han sido cumplidas.

 

Alguna cosa rescatable dijo pero en general su presentación fue soporífera y eso es lo peor que le puede pasar a un actor; es verdad que en el congrezoo están acostumbrados a dormir y solo se despiertan cuando alguien le mienta la madre a uno, si se trata de metidas de mano o acosos sexuales y el señor del Solar es muy correcto para mentar la madre así nomás, meter la mano o acosar sexualmente; pero no dijo nada que perturbara el sueño congrezooal ni que removiera conchos archivados.

 

Creo que, por el momento, hace poco honor a su nombre, porque no parece ser el Salvador que se necesita en un momento tan enredado para el Perú, que requiere firmeza para llamar pan al pan, vino al vino y ladrón al ladrón…

 

Una periodista decía que ni siquiera las radios habían alterado su programación para transmitir el evento y pienso yo que de pronto es que no había mucha esperanza en lo que fuera a decir y que no esperaban sobresaltos de parte de un tipo correcto que, a pesar de serlo, cuando era Ministro de Cultura, puso en su sitio a un obispo en Arequipa, eso sí con ingenio y sin que se le moviera un músculo de la cara.

 

De pronto no era el momento y se saldrá del libreto en algún momento para poner en su sitio a los que haya que mandar a su lugar (que empieza con “m”, pero hay que ser “polite”) y acomodar las cosas para que funcionen como debe ser…

 

Lo que pasa es que no queda tiempo y una cosa es negociar y otra ceder nomás.