EL CABALLO


EL CABALLO

Puede  ser posible que un departamento de este condominio tengan un caballo, lo alojen en alguna cuadra fuera del recinto y que el dueño sea aficionado a la crianza y a las carreras de estos animales (a propósito nunca entendí porque el más popular “datero”, antiguamente, un periodiquito especializado, se llamaba “Estudie su polla”, cosa que para los hombres españoles significaría “mirársela con detenimiento”, además de que las pollas (aves) no tienen nada que ver con los caballos, salvo que se trate de las crías de los  “guardacaballos”, unos pájaros de color negro que rondan los lugares por donde los equinos andan).

 

He preferido poner punto aparte porque la digresión ha sido larga y lo más probable es que el lector se haya perdido; decía que es posible que aquí en el condominio alguien o más de uno, sea aficionado al turf y tenga ejemplares propios que compiten, pero resulta que en el segundo piso, justo encima del departamento donde vivo y sobre mi habitación, se aloja un caballo.

 

Lo digo porque el ruido que provoca con sus carreras (que deben ser cortas, porque si la habitación es como la mía, no es muy grande que digamos) o  cuando va a paso lento: “¡clop-clop-clop-clop!” es un poco insoportable,  pero de pronto, como el espacio es reducido lo que tienen arriba es un “pony”, pequeño caballito que podría acomodarse mejor; lo que pasa es que no he oído relincho alguno y –o se trata de educación- o el animal es mudo.

 

Ahora que pensándolo bien y reflexionando un poco podría tratarse de un niño que corre, juega, salta –y sí- trota; la pista puede darla algo que suena a veces al rebote de una pelota más bien dura (una bola de goma, diría) y su rodar por el piso de la habitación que queda inmediatamente encima de mi cuarto.

 

Tal vez el enigma no sea tal, no exista caballo alguno y la bulla provenga de un humano pequeño que, como está haciendo frío, no tiene permitido salir al parque, se aburre y se entretiene a costa del vecino, que soy yo.

 

Imagen: http://www.dibujoswiki.com

HALA… ¡QUÉ TAL TROLL!


HALA

He oído varias veces esta expresión en algún chico que jugaba en esta parte del condominio y lo primero que pensé es “¡qué castizo!” porque el “¡Hala!” se lo escuchaba a mis maestros en el colegio, a los jesuitas españoles cuando querían decir “¡Vamos!” o “¡Anda!”… y la palabra “Troll” me trajo a la memoria el folklore escandinavo con sus cuentos infantiles donde los “troles” (plural de Troll) son criaturas que se empeñan en hacer travesuras y gracias…

 

Pero claro, estoy seguro que si al chico le pedimos que lo escriba, pondrá: “Ala… ¡qué tal trol!” y no es que se trate de un ser del folklore escandinavo, ni tan siquiera de lo que en la jerga de Internet se conoce como “troll”, que es alguien que publica mensajes sin ninguna relevancia, ambiguos o malintencionados; creo que el “Ala… ¡qué tal trol!” es una expresión de asombro, una especie de invención derivada de la jerga de Internet y el blablablá de algún youtuber español popular; digamos, una mescolanza infantil que “innova” en el lenguaje que debe resultar aburrido para alguien que lo usa como le da la gana.

 

Es algo curioso –pero debe ser normal- la cantidad de expresiones y palabras nuevas que se incorporan al diario hablar: neologismos, extranjerismos, estupideces y demás van formando eso que a veces no entendemos porque somos de otra generación.

 

En mi época un “trole” era el “trolley” de los tranvías, o sea esa especie de antena terminada en una ruedecita que conectaba al vehículo al cable aéreo que le suministraba corriente eléctrica y cerraba el circuito con las ruedas metálicas corriendo por los rieles también de metal. Una “trola” puede ser un argentinismo para prostituta y también se le dice así a un gran embuste aunque en mis tiempos era lo que se le llamaba al pene u órgano sexual masculino…

 

Es curioso porque algo que nos debería unir es lo que nos divide un poco: la lengua española varía de país en país, de región en región y de una generación a otra; no se diga nada sobre las diferencias que hay entre España y la América del Sur “hispanoparlante” en cuestión de idioma común…

 

Pienso todo esto porque un chico dijo algo mientras jugaba que yo escuché e interpreté…; de pronto es como dicen que estoy “rizando el rizo” y lo que han leído – los que llegaron hasta el fin- no tiene la menor importancia…

Imagen: teaser-trailer.com

 

 

 

 

UN CHINO EN MI VENTANA


UN CHINO EN MI VENTANA

Desde hace como una semana, mientras escribo para el blog, por la ventana entran los ruidos típicos de los escolares que van al colegio, los consejos que algunos padres que acompañan a sus hijos más chicos dan sobre comportamiento y los de quienes apresuradamente van al trabajo; una especie de despertar y desperezarse sonoro de este micro mundo que es el condominio.

 

Más tarde será algún taladro que se obstina en perforar las paredes de algún departamento, uno que otro martillazo y ciertos días el ruido ensordecedor de la segadora de pasto que lo cubre todo hasta que veo al operario hacerme señas para que cierre la ventana y no se metan las briznas de pasto recortado, fragante y volador al cuarto donde trabajo, leo, mi esposa pinta y almaceno libros, fotos, recuerdos y “containers” que guardan pedacitos de nuestra historia, la que al pasar de casa a departamentos, mudarnos varias veces y reducirnos en “cosas” que tenían su sitio “antes”, hacen que el ahora parezca otro mundo.

 

Dependiendo del día, regarán el jardín y volveré a cerrar ventanas para que no me rieguen en un descuido y se instalarán los sonidos normales que van a ir cambiando o repitiéndose con el paso de las horas; pero tal como decía al principio, desde hace aproximadamente una semana, a los sonidos mañaneros descritos, se ha adicionado una tempranera,  extraña música que va sonando cada vez más fuerte y es indudablemente de origen chino; el contraste con los valses, cumbias, rap, baladas y otras perpetraciones músico sonoras de estridencia variable es inmenso; ¿quién podría, al inicio del día, escuchar a todo volumen “eso” que para los oídos occidentales no educados y poco entrenados en musicología del celeste imperio (que ahora no es celeste y en lo de imperio se pelea con USA y Rusia)? La respuesta es obvia: un chino; así esto sucede a diario, tempranito; pasa caminando frente a mi ventana un padre chino que empuja un cochecito de bebé y lleva algún artefacto sonoro que emite tan fuerte como si este condominio fuera el Madison Square Garden alquilado a un grupo musical de la tierra de la seda.

 

Supongo al bebé sordo o en acústico entrenamiento para un futuro atronador y en el que reitere la conducta paterna aprendida; algún tiempo después escucho que el chino padre habla (en realidad grita) por teléfono celular (en chino, por supuesto) y otra vez supongo que habla con China y como está lejos y hay mucha gente en el gigante asiático, tiene que gritar, pero después parece que mis suposiciones se van al agua, porque se le une su esposa (china, también) con quien -supongo otra vez- hablaba y a la que le pedía que lo acompañara en el paseo-entrenamiento bébico sonoro matutino, por lo que ella lo alcanza y juntos pasean al bebé, pero resulta que los dos hablan (en chino, pues) a gritos y pienso que tal vez son duros de oído y esto explicaría el volumen tan elevado de los sonidos músicos y fonéticos que escuchan y emiten.

 

Bueno, es una muestra de la globalización, una especie de crash course de música china, un acercamiento al inicio mañanero de una familia china que ahora está en un condominio, bien lejos de su país y un motivo tan bueno como cualquier otro para que yo pueda escribir algo en el blog.