LLORAR


LLORAR

Lloros, lloridos, llantos, berrinches, gemidos, berridos, hipidos…: creo que escucho todas las formas de llanto posible; están las resentidas, las demandantes, las desesperadas y las  desesperantes; las dolidas, las enojadas y furiosas, las resentidas, las alarmantes, las alarmistas, las “sinparar”…

 

Todas son emitidas por niños que usan su llorar en diversas situaciones y con diferentes personas, por lo general como protesta, como elemento para comunicar principalmente su desacuerdo.

 

No quieren irse del parque, salir o no salir a la calle, dejar de jugar, que los dejen hacerlo, no quieren ir a almorzar, se quejan de algún golpe…

 

Me entretengo clasificando llantos, aprendiendo que hay cocodrilos en el condominio y que vierten lágrimas (que son famosas) y mientras tanto aprendo a interpretar lo que el sonido dice…

 

Imagen: tusbuenosmomentos.com

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INKY DINKY ARAÑA


INKY DINKY ARAÑA

Escuché a un niño pequeño que estaba jugando con sus papás,  cantar en su “media lengua” la antigua canción infantil “Inky Dinky” araña”; lo que me pareció hermoso es que los padres, que debían ser jóvenes, le hubiesen enseñado al chiquito una canción inocente en estos tiempos de Avengers y Transformers.

 

Me hizo pensar y desear que volviéramos a la ingenuidad que permite considerar a Inky Dinky una amiga y no imaginar arañas gigantes que invaden el planeta; debo decir que –como a mi padre- no es que me gusten las arañas y sea un fan de ellas, pero el cantito produjo por un instante la magia de aceptar a estos bichos como un animal más, sin anteponer lo que pueden ser prejuicios atávicos.

 

Tal vez, si recuperáramos esa mirada inocente e incontaminada del niño pequeño, las cosas irían mejor y todos seríamos amigos… ¡hasta de las arañas!: “Inky Dinky Araña, subió por un palito…”.

 

Imagen: viyoutube.com

ASESINATO EN EL CONDOMINIO


asesinato en el condominio

El domingo pasado a la hora del almuerzo, se perpetró un asesinato en el condominio donde vivo; los alaridos se escuchaban muy fuerte y era evidente que estaba ocurriendo en el área común, esa en la que se realizan celebraciones y fiestas, que está en el subsuelo y que se llama ZUM.

 

Gritos destemplados atronaban el ambiente y alarmado, le pregunté a mi hija qué podía ser aquello, aunque no me cupiera duda alguna de que fuera algo terrible; “Creen que cantan” me dijo y entonces me percaté que los gritos, los alaridos tenían discordes de guitarra como acompañamiento y palmadas.

 

“Creen que cantan” repitió y lo que Juan Gabriel concibió como una canción y cantó muchísimas veces, estaba siendo berreado por un grupo dedicado entusiasta y minuciosamente a destrozar la letra, que improvisaban sin reparo y  a patear la música que, discordante y errática parecía pedir auxilio; estaban asesinando a un Juan Gabriel que, muerto ya, se resistía a que lo mataran otra vez.

 

Minuciosos, estaban asesinando hasta el recuerdo y para que no quedaran dudas atacaron una tras otra a varias composiciones hasta dejarlas reducidas a polvo y a un penoso eco que a cualquier oído (salvo los de ellos, claro) le sonaría al graznido de gallinazo en celo; algo jocosamente mi hija comentó que “no sabía que teníamos un club de fans de Juan Gabriel en el condominio”, para ser informada de inmediato y corregida, por el griterío disonante que estaba equivocada, porque ahora mataban a más: “Vilma Palma E Vampiros”.

 

Ha sido un almuerzo sazonado con muertes el de este domingo, porque fueron asesinados cantantes, compositores y… ¡La Música!; más tarde el velatorio fue amenizado por una radio o tocadiscos, con el acompañamiento incansable de voces estentóreas que mal decían (que no es lo mismo que maldecir o proferir maldiciones) los trozos de letra que creían conocer.

 

En fin, almuerzo necrológico de domingo, con café, de ese que se acostumbra a tomar en los entierros.

 

Imagen: http://www.cubanet.com

SI NO SOPORTO EL RAP… ¡IMAGÍNENSE EL REGUETÓN!


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Anteriormente publiqué un “No me gusta el rap” donde dejaba que Joaquín Sabina hablara por mí, coincidentes en opinión.

 

Hoy, a media mañana, en esta “etapa” del condominio, otra vez frente a mi ventana, hay una actividad a la que se invita a todos los residentes; se trata de una celebración navideña múltiple que incluye una feria que ofrece productos hechos por los “emprendedores” que son vecinos, comida, concurso de dibujo para niños, show montado por los mismos niños, premiación a la mejor “decoración de edificios”, juegos infantiles inflables (toboganes y “salta-salta) y “música” para ambientar, a todo volumen, para lo cual han elegido el reguetón.

 

Insisto en que no tengo nada contra la música, las navidades, la familia y el compartir; insisto en que respeto la opinión y los gustos de los demás aunque difieran de los míos, pero esto es una agresión auditiva que de pronto es natural y se manifiesta porque es fiesta… ¡o se acerca y hay que “celebrar”; me dirán que por qué no soy un habitante de solitaria montaña o silencioso desierto, que si vivo en un condominio debo admitir la pluralidad y lo que para mí son incomodidades aunque para otros no…: ¡lo acepto!, pero (siempre hay un “pero”) francamente si el rap me resulta insoportable, el reguetón con su “bum-bum-bum” rítmico y primitivo, con sus letras que por lo general son rimas ridículas y su monotonía, definitivamente no me gusta…; de todos modos, una miradita a Wikipedia dice que:

El reguetón​ o reggaetón es un género musical bailable se deriva del reggae y el dancehall, así como elementos principalmente del hip hop y la música hispana. ​ Se desarrolló por primera vez en Panamá en los años 1970 y llega a Puerto Rico en 1990; nace y surge a raíz de la popularidad del reggae en español, cuyos ritmos llegaron de Panamá, junto con el hip hop estadounidense durante los 1990.

El reguetón se originó a partir de su predecesor el reggae en español. Después de este acontecimiento, el reguetón se apartó poco a poco del reggae originario de Jamaica, usando los mismos instrumentos y los mismos ritmos musicales pero con diferentes letras y melodías. Esto se debió a que en Puerto Rico se usaban beats de reggae sobre bases de rap pero con letras y composiciones diferentes.

 

Bueno pues, no me parece música el reguetón: ritmo, sonsonete y ausencia de verdadera armonía, sí; es mi opinión y no espero una mayoritaria aprobación a ella,

Pero (otra vez el “pero”) por más que he cerrado mi ventana, el reguetón atruena y sacude el departamento (supongo que toda esta “etapa” del condominio.

 

Tal vez, mi único consuelo sea escribir esto, contándoles a ustedes una historia más del condominio.

¡FELIZ NAVIDAD!

 

Imagen: http://www.flickr.com