EL RÍO QUE SE LLAMA RECUERDOS.


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Los recuerdos son como un pequeño río, a veces caudaloso y otras tranquilo, que discurre entre las piedras de la vida;  bueno es tomar sus aguas y beber o lavarse la cara con ellas y sentirse mejor.

 

 

 

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PARA PIERCE.


 

giphy

Pierce, nuestra gata,  se durmió para siempre ayer, al empezar la tarde.

 

Para ella es esta lucecita: mi homenaje agradecido, la llama eterna que arderá suavemente y testimoniará el cariño que le teníamos.

 

¡Salta, corre, haz cabriolas y enciende las estrellas con tu mirada, paciente compañera!

 

Manolo.

22.11.2017.

HONORABLE PELUQUERO


MÁQUINA CORTAR PELO

Cuando era chico, para que me durara el corte de pelo, me lo cortaban “estilo alemán”; es decir, prácticamente nada de pelo salvo algo en la parte de arriba y un poquito al frente. Sé que tengo alguna foto que lo testifique, pero debe estar guardada en alguna caja…

El pelo me lo cortaban en la peluquería que quedaba frente al Parque de Barranco, que era propiedad de Jorge Kishimoto, de origen japonés, impecable, con bigote y una enorme sonrisa.

Jorge tenía una paciencia única y para que la máquina que usaba no me produjera frío en la cabeza, antes de proceder la entibiaba, exponiéndola a un mechero de alcohol que encendía ex profeso; operación que siempre me fascinó. Como el sillón de la peluquería no era adecuado para mi tamaño, sobre los brazos ponía una tabla pintada de blanco, en la que me sentaba muy ufano, con el protector inmaculado sobre la ropa, anudado en el cuello.

Al frente estaba el gran espejo donde podía ver como Jorge me rapaba y también las sillas “estilo vienés” en fila, contra la pared, para la espera de los clientes. Si mal no recuerdo había un peluquero más, al que le decíamos “el borrao”, y tenía en la cara marcas de lo que ahora supongo, eran rastros de una viruela. Pero mi peluquero era Jorge Kishimoto, y lo fue siempre, hasta que un día no lo vi más. Pasaron muchos, muchos, muchos años y mi amigo Carlos, que también había sido cliente de Jorge, me contó que se lo había encontrado en el Cuzco, como guía turístico. Carlos era entonces Ministro de Justicia.

Podrán pasar los años, pero el recuerdo de Jorge Kishimoto no se me va a ir nunca. No se me va a borrar porque fue el amigo peluquero que supo hacer de algo tan sencillo como el corte de pelo un rito; un agradable rito que incluía la lectura de “chistes”, conversaciones breves y un poquito de talco en la nuca al terminar.

YO TAMBIÉN SOY PAPÁ


Este domingo se celebra el día del padre, es decir que también es “mi día” y hoy viernes cumple años mi hija Paloma que vive en Buenos Aires.

Día del padre: una fecha buena para pensar en algo que se aprende con los años de práctica, sobre lo que abundan los consejos e historias de experiencias vividas, pero que siempre es como si fuera la primera vez que sucede.

Ser padre es una responsabilidad y una aventura: cada día es distinto y lo es cada hijo. Se puede desear el camino, pero emprenden su ruta. Como hicimos nosotros. Como lo hicieron tantos que nos antecedieron.

Miro atrás como padre y los años se juntan convirtiendo los días en anécdotas y trayendo recuerdos: el tiempo de colegio, los amigos, las esperas nocturnas, las risas y las bromas. El tejido de la vida en común. Soy padre pero también soy hijo, miro atrás y ahora sé que mi padre tal vez pensó lo mismo y así, retrocediendo encuentro que siempre existió la alegría de crear nueva vida y hacerse responsable tratando de ser guía.

Ser padre es ser alegre y enseñar un camino sabiendo que tal vez el sendero escogido será otro y nos va a parecer que así está bien.

Ser padre es ser maestro con cantidad de lecciones que enseñar. Ser hijo es aprender. Y así está bien.