EL CONDOMINIO EN LOS TIEMPOS DEL VIRUS


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Lo que escucho insistentemente, a  cada rato del día es el traqueteo metálico que producen los carritos de compra, como los del supermercado, que el condominio tiene a disposición de los inquilinos en cada etapa (los escucho en mi edificio y fuera de él, en la 4ª).

 

Estos carritos se usan cuando alguien viene con muchas bolsas o paquetes grandes, para dar facilidades de transporte entre la puerta de entrada y los edificios de la etapa…

 

Es desde hace poco que este ruido, antes muy esporádico, se ha hecho insistente y coincide con el pánico que el coronavirus ha desatado, produciendo caos, desabastecimiento, toma de medidas oficiales e intentos de las autoridades por convocar a la calma…

 

Pienso, desde aquí, que es el sonido del miedo, el de la desesperación. El sonido que dice “Yo traigo lo que he conseguido para sobrevivir…”.

 

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Es de día y hay un silencio extraño a pesar de tener frente a mi ventana, la zona de juegos infantiles de la etapa 4; miro afuera y veo que los subibajas, el tobogán y las escaleras aéreas, pintadas de colores brillantes están sin niños y hay una cinta plástica amarilla con palabras impresas en negro que rodea la zona; no llego a ver qué es lo que está impreso, pero imagino un “NO PASAR” o tal vez un inglés “NO TRESPASSING”…

 

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En el condominio hay gatos sueltos que salen por las noches y maúllan bajito mientras caminan amparados por la tranquilidad de la hora y la falta de personas que molesten su deambular explorador. Pero ahora es media tarde y un gato maúlla desesperadamente, como si tuviera miedo, le doliera mucho o aterrorizado, viera algo extraño.

 

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El “happy birthday” es cantado finalmente y lo que era rumor de voces que venía de algún edificio, amplificado un poco por el silencio, identifica que la vida sigue y hay quienes se reúnen para celebrar, a pesar de temores y recomendaciones.

 

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Todo sigue lentamente y ahora, afuera, detrás de la ventana está lloviznando.

¿ES LA HORA DE LA REIVINDICACIÓN?


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Las redes sociales que existen en Internet y que deberían servir para eso, o sea socializar, han sido desnaturalizadas, convirtiéndose en las redes “suciales”, como las he llamado más de una vez.

 

En mi caso particular, , yo, que como profesional de la publicidad y persona interesada en informarme y opinar interactuando a través de ellas, salvo una o dos, las he ido abandonando con el tiempo; esto no significa que haya disminuido mi interés en la comunicación, sino que he visto y sufrido en carne propia este proceso que me parece de descomposición por un uso banal, tonto y verdaderamente insignificante de una forma tan importante de comunicar; aquella que lo pone al alcance de quien acceda a una computadora, o lo que es aún mucho más común, a un teléfono celular.

 

Las redes sociales, perdónenme, se han convertido en una cloaca donde las aguas negras de una comunicación pésimamente entendida confluyen. Podría compararse también con un botadero de basura, donde no es que abunden las bolsas cerradas, sino que el detritus está a vista y paciencia de todos, con legiones de moscas pululando y gusanos reptando entre los deshechos.

 

Si creen que soy muy duro o injusto en mis apreciaciones, fíjense simplemente en lo que se han convertido Facebook o Twitter (por solamente nombrar dos), donde lo que campea es la desinformación, el insulto o los sarcasmos ofensivos. Las redes sociales se han transformado en un campo de lucha, en un “todos contra todos” que desnuda  lo más bajo de una gran mayoría de usuarios.

 

Probablemente usted, que me lee, no se sentirá parte de este ejército de zombis que se expande constantemente y que usa las redes sociales para ventilar diferendos, exhibirse y exhibir a sus familiares o conocidos; mostrar sus propiedades,  gustos, paseos y en general todo lo que a cualquiera se le ocurra: desde fajos de billetes hasta perros bailarines.

 

Tal vez se me dirá que las redes sociales también tienen un lado lúdico, divertido y es verdad, pero creo que lo lúdico y divertido a costa de la desgracia, inocencia o la ignorancia de otros no es un juego gracioso sino una canallada de estupidez mayúscula.

 

Y esto sucede alrededor del mundo sin mayor distinción; pero ahora ha llegado el tema que tiene más palabras escritas y dichas e imágenes en movimiento o estáticas, comentarios, reportajes, noticias y “bromas”: Sí, se trata del coronavirus que además de infectar seres humanos y a ciertos animales, lo ha hecho con las redes sociales, abarrotándolas de lo peor…

 

La desinformación cunde y todos “saben” y  quieren saber. No es que el coronavirus sea “cualquier cosa”, como para desestimarlo de una, pero –lo he dicho ya en otras ocasiones- el pánico casi irracional que está provocando hace que en vez de pensar en prevención, se piense en contagio, muerte o desgracia personal: supermercados primero rebosantes de clientes ansiosos que se arrebatan todo lo imaginable, luego desabastecidos por la locura compradora y seguramente después cerrados por falta de existencias y pobre abastecimiento, son las imágenes que grafican lo irracional del tratamiento que se está dando a un tema sensible y delicado.

 

Es hoy, con este virus, que las redes sociales tienen la oportunidad de reivindicarse y demostrar que son un eficaz medio de comunicación socializante. Sé que no es fácil pero tienen que alzarse voces potentes, que de manera sencilla, digan esas verdades que uno tiene y quiere conocer para informarse y tomar así las acciones que sean necesarias.

 

Hay que olvidarse de exageraciones o alarmismos que lo único que consiguen es causar pánico, ese que impide pensar y hace actuar a tontas y a locas.

 

Compete, más que nunca, a las redes sociales cumplir a cabalidad un papel protagonista, serio y que les devuelva esa función para lo cual fueron creadas: la comunicación.

 

Diversión sí, pero que antes ayuden a tomar exacta conciencia del problema y sus implicancias en todo el mundo.

 

No sé si le logrará, pero espero que sí, porque de otra manera, la raza humana se irá al tacho.

 

Imagen: http://www.minutoneuquen.com

 

 

LOS JEFES


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No se trata aquí del primer cuento de Mario Vargas Llosa, publicado en 1957, sino de lo que otro escritor, también muy famoso, Gabriel García Márquez, “inauguró” para la literatura: el realismo mágico.

 

Y es que las declaraciones del Presidente peruano Martín Vizcarra, acerca de que él es Jefe de Gobierno pero no Jefe de Estado –asombrando a todos- se encuadran perfectamente en esa “realidad irreal”, fantástica, que Gabo narró tan magistralmente.

 

Sucede que en este Perusalén nuestro, antiguo y sin muro de las lamentaciones, cada vez más lo que sería imposible, increíble u onírico se hace realidad, porque si el señor Presidente (nada que ver con la novela de Asturias, por si acaso) dice no ser Jefe de Estado (que por si acaso es lo que dice la Constitución del Presidente al reunir en su persona los dos cargos) o es que no ha leído bien esa parte de nuestra “Carta Magna” o es que –digámoslo suavemente- tiene un caos mental que lo hace hacer lo que está haciendo.

 

Defenestra ministros porque tuvieron algún contacto con la empresa Odebrecht, aunque este fuera anterior a saberse lo que se ha sabido y se sigue sabiendo de la constructora carioca; o porque, como sucedió con la Ministra de Justicia (RIP), que supo de las conversaciones que estaba teniendo  un Procurador del Estado, del cual era el jefe directo (RIP también por si las moscas el Procurador) en la búsqueda de soluciones ventajosas para el Estado, con  los representantes de los brasileros; o para “volarse” en una especie de carambola mágica o “chuza” trágica a la titular del misterio de Educación (sin ninguna explicación sobre corrupción…), que venía haciendo una plana impecable e inclusive tuvo el “atrevimiento” de anunciar el cierre esos negocios informales que con el letrerito de “Colegio Privado” estafan a los padres de familia,

 

Y el realismo mágico/trágico peruviano continúa, porque el señor Primer Ministro sabía de las conversaciones y tratativas de sus ministros (¿no es el Jefe del Gabinete Ministerial?) pero su ya célebre frase “No negociamos con corruptos” se elevó como una pared y prefirió, en vez de renunciar él, “renunciar” a los ministros, seguramente diciéndose que son “fusibles”…

 

Mientras tanto el Ministro del Interior (el que les echa la culpa de la inseguridad ciudadana a los venezolanos          –delincuentes o no- y los deporta, asistiendo con el Presidente al aeropuerto, supongo que porque la atracción de las luces de la “fama” es irresistible) dice que para que se dediquen a brindar seguridad ciudadana, se ha decidido que los efectivos policiales que daban seguridad al Congreso y a los congresistas, dejen esa labor; para más inri, el Jefe de Gobierno lo desautoriza un poco después, diciendo que es “solo una propuesta” de su peliculinero ministro, a pesar de que este había dicho que la nueva norma se publicaría, como debe hacerse, en el diario oficial “El Peruano”…

 

Tal vez sea por afinidad con McDonald’s, la cadena hamburguesera, pero esto se parece a ese Macondo que flotaba en la irrealidad de la Ciénaga Grande.

 

¿Es que se ha abierto el cofre de Melquíades y creemos que el trozo de hielo que hay ahí es un diamante gigantesco?

 

Imagen: lucidez.pe

 

 

 

¡HELEKSIONES!


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Aunque quienes están fuera del Perú y tienen la paciencia de leerme tal vez no estén al tanto o no les interese mucho, sucede que aquí, en mi país se vienen “con todo” las elecciones para congresista, con el fin de reemplazar al disuelto congrezoo, que daba verdadera vergüenza y que gracias a Dios, a pesar de pataleos de los “afectados” y los de quienes los avalaban, la más alta autoridad independiente que hay en el Perú sobre temas de la constitución –el Tribunal Constitucional-, ha declarado por mayoría (de 7 magistrados cuatro votaron a favor y tres en contra) que la “demanda competencial” que interpuso quien era presidente del hoy fenecido congreso,  que decía que no era competencia del poder ejecutivo disolver al congreso  o poder legislativo, no es válida…

 

Zanjada constitucionalmente la causa de pataleos, soponcios y rasgadas de vestidura, el país en muy pocos días se apresta a una elección que se supone dará a los peruanos un Congreso de verdad y no el hemicirco que hemos tenido que sufrir, donde contadas y honrosas excepciones escaparon de ser delincuentes comunes procesados judicialmente (y amparados por su congresal inmunidad), narcotraficantes, representantes de traficantes de la educación superior o quienes desde el congrezoo gestionaban favores y leyes a cambio del pago en forma de participación en las obras públicas obtenidas, dinero en efectivo u otras jugosas prebendas…

 

Esperanza se llama a la sensación que sigue a la de alivio, pero que a la vista de muchas de las candidaturas que van tras un puesto en esta renovación que se supone nos dará una institución aséptica, ( y cuyos antecedentes están siendo expuestos a la ciudadanía por las unidades periodísticas de investigación y los medios) , nos dan verdaderas sorpresas purulentas o retratan a individuos que no solamente parecen no pensar sino que no son capaces de articular ideas ni de hilar coherentemente las palabras que dirigen a sus probables electores…

 

¿Es que podremos tener algo peor que lo disuelto y felizmente desaparecido? ¿Es que el Perú no tiene remedio y seguirá siendo un país donde la corrupción está enquistada sin posibilidades de verse liquidada algún día? ¿Es que los delincuentes ganarán siempre más terreno vistiendo luego ropajes de honestidad y decencia? ¿Es que el Bicentenario de la Independencia, este año que viene no nos encontrará verdaderamente libres, realmente felices y sólidamente unidos frente al mal y a la adversidad provocada?

 

Lo único que puedo hacer ahora es escribir, pero creo firmemente que los peruanos pueden decidir activamente su propio destino.

 

Imagen: sp.depositphotos.com