SUFICIENTE ES SUFICIENTE


La doctora Pilar Mazzetti ahora es ex ministra de Salud del Perú. La reemplaza el doctor César Ugarte, también de amplia trayectoria personal, profesional y política…

La doctora Mazzetti debe haber dicho “¡Hasta aquí no más!” y la gota que seguramente ha colmado el vaso de su paciencia, ha sido la estupidez de un congreso que la maltrató en repetidas oportunidades, citándola para hacerle preguntas, o que no podía responder, por ser el tema ajeno a sus competencias, o que ni a un idiota se le hubiera ocurrido preguntar. Bueno, los congresistas (no todos) que son idiotas, cretinos y se sienten la mamá de Tarzán, preguntaron altisonantemente, maltrataron a una profesional –ellos que ni instrucción primaria tienen o parecen tener- que no solamente es una eminencia en su ramo, sino que puso en su sitio a los que argumentaban que el Covid era una tosecita, diciendo las cosas como son. Fue dura, porque la Verdad es dura y “Dorar la píldora”, hace que lo que se tiene que tragar sea bonito, pero esconda la muerte, porque es ineficaz.

Mazzetti puso su conocimiento al servicio del Perú y arriesgó su prestigio bien ganado. Los coliformes fecales que conforman el congreso (repito, no todos son una mierda) le hicieron la vida a cuadritos y nadie, con un mínimo de decencia (palabra desconocida para los coliformes fecales), hubiera hecho otra cosa que lo que hizo Pilar Mazzetti: renunciar.

Ahora, hay un nuevo ministro de Salud y estoy seguro que el juego de los impronunciables va a seguir. No les importa que los peruanos mueran, que la economía nacional se desplome, que todo sea un caos absoluto y destructivo, mientras ellos reciban sus sueldos, disfruten de sus prebendas y gollerías, además de frotarse las manos manchadas de sangre inocente, por el entusiasmo que les produce el “negocio” que están haciendo gracias a la pandemia y a la vida de los peruanos.

Deberían ser borrados de la faz de la tierra, pero al parecer, seguirán medrando y moviéndose a sus anchas en la materia fecal que llena silos y desagües; parecen inmortales, pero cuando el sol de la Verdad y Justicia, seque la caca, no tendrán de qué alimentarse y morirán, tan muertos, que ni rastro habrá de ellos en la Historia.

Imagen: noticias frecuentes.com

EL VALOR DEL DINERO


El dinero es esa invención humana que permite hacer transacciones, es decir, trocar bienes de todo tipo y servicios, por monedas o billetes que tienen un valor determinado y que está respaldado, tradicionalmente, por oro, metal precioso de gran valor. El oro, desde casi siempre, ha sido el “sumun” de la riqueza y el lujo y se supone que las bóvedas de los bancos nacionales e internacionales, lo guardan para que sirva como eso: respaldo…

Eso, creo que lo sabemos, es una historia y la realidad suele ser otra, porque el dinero, así como puede ser muy valioso y útil, puede no serlo y servir para envolver, porque es papel y con las monedas, metálicas, se puede hacer remaches… Este es el caso de un país del África, donde el dinero valía tan poco, que, hojas de él, sin cortar, servían para hacer bolsas de mercado.

Supongo que es algo extremo, pero que puede suceder con la devaluación, la consiguiente emisión de nuevos billetes para tratar de “cubrir los huecos”, su proliferación y mayor pérdida de valor, hasta que solo valen el papel en el que están impresos y a este, hay quedarle alguna utilidad, descartándose en principio limpiarse el trasero, por la dureza, aunque flexible, del papel-moneda…

En el Perú (patria bendecida, porque a pesar de los esfuerzos denodados que se hacen por destruirla desde dentro, todavía cacarea) no podemos ser menos y hemos tenido nuestro importante estrellato inflacionario, cuando la moneda peruana, el SOL PERUANO, se convirtió en INTI (que es Sol, pero en quechua) y después en “nuevo” Sol (una especie de mosoq Inti, porque “mosoq” significa “nuevo”) y ahora (por decreto supremo, claro) se convirtió otra vez en Sol nomás.

Un buen ejemplo de cómo se fue a la mierda, tuvo se ocaso trágico el viejo Sol peruano, se puede ver en esta pieza antológica, que guardo celosamente con mi colección de billetes INTI, del cual tengo algún ejemplar cuyo valor nominal es de 5’000,000.00

Al billete de I/. 100.00, que no valía, repito, sino el papel en el que estaba impreso, le dieron una utilidad que lo convertía en señal… ¡En señal, un “volante”, válido por el 10% de descuento en un salón de belleza-peluquería de señoras!

¿Increíble, pero cierto…? ¡A la prueba impresa y en mi poder me remito…!

Ocurrió durante el primer gobierno del señor Alan García Pérez (QEPD), al que inexplicablemente después del desastre nacional en el que nos sumió su incompetencia, se le volvió a elegir presidente tras un interregno.

Es más, tiene una fecha de caducidad, como toda promoción comercial que se respete, que está indicada abajo y terminada a mano, con plumón: “30 de noviembre de 1993”.

En la inflación… ¡Hermanos!

EL CAMINO MÁS LARGO COMIENZA CON UN PASO


Se pierde entre los cerros que hubo que ir cortando para que las piedras le abrieran paso. El camino hace eses, sube y baja, a veces perforando nubes y siempre asombrándose ante el paisaje, que parece extraído de un sueño.

La Libertad, al norte de un Perú que es muy grande y variado, con montañas, con selvas, con desiertos, mar oceánico y el más alto mar interior del planeta… Y allí, en La Libertad, el camino que va de Otuzco a Usquil, la pequeña ciudad que está empinada sobre los tres mil metros.

Un Otuzco y Usquil que conozco por los relatos de mi padre y las fotografías que tomó hace ya muchos años, tal vez allá por 1938, cuando, ingeniero civil, construía caminos en la sierra de La Libertad.

Ingeniero, de esos, de casco, botas altas, mulas, campamento, frío, tierra y piedras. Ingeniero, que daba el primer paso, empezando caminos que, como las culebras, serpenteaban entre los matorrales y se abrían espacio desafiando montañas.

Ingeniero de teodolito y mira, de ésos, de los de antes, que hablaban castellano, quechua, aimara y también el inglés, para entenderse con los gringos; domador de los cerros, arador de desiertos, desbrozador de selvas… Solo guardo el recuerdo de lo que nos contabas en las noches limeñas y las fotografías, las que, en blanco y negro, registraron andares y aventuras suyas, las que hoy están en descansando en mi memoria.

Imagen: Carretera de Otuzco a Usquil, La Libertad, Perú, fotografía por Enrique Echegaray, 1938.

NEVADOS


Allí están, quietos, callados, guardianes de los siglos, entre la barriga del cielo y el lomo de la Tierra.

Alertas, vigilantes.

Han crecido hasta casi el azul y con su nieve blanca enfrían la ira, que cuando se distraen, puede bajar sobre la Tierra, destruyéndolo todo.

Entonces, los campos florecidos, las risas, las ovejas que balan, árboles y sembríos, el tañer de campanas y las conversaciones, se convierten en piedras que despliegan su muda soledad.

ImagenNevado. Huaraz, Perú. Foto: manolo echegaray.

“GASTO CON GUSTO, HASTA POR GUSTO Y ME GUSTA…¿TE GUSTA? ¡QUÉ GUSTO!”


Esta vez, es una historia de terror y los protagonistas tienen nombre y si se los quiere encontrar, suelen estar – cuando van- en el Congreso de la República (la peruana, no la de Platón) …. No es una historia de las mejores y a quienes no estén en el Perú no les quitará el sueño.

Sin embargo, a mis connacionales (con excepciones congresales) y a mí, es un tema que no solamente impide dormir, sino que retrata a un grupo de indigentes mentales que regala lo de otros (nosotros), alborozadamente y zurrándose en la razón, para obtener el favor de una ciudadanía, que no entiende qué hacen allí estos jumentos     -aunque votó por ellos-, pero ya que están regalando plata, dice…: “¡No se amontonen, hay para todos…!”

Aprueban leyes dadivosas (reparten plata que no hay, que lo que hay es ajeno, como si fueran caramelos) que el Ejecutivo observa, pero ellos insisten y las aprueban, para que el Tribunal Constitucional las desapruebe, por inconstitucionales, esperpénticas y estúpidas. Es que los congresistas –lo dice la Constitución peruana, la del Perú- NO TIENEN CAPACIDAD DE GASTO.

Ellos, como las moscas de verano, esas que se estrellan repetidas veces contra un vidrio que no ven ni imaginan, porque en su insecto cerebro no existe, insisten en tratar de ganar indulgencias con avemarías ajenas.

Es la repetición de la repetidera: a) Aprueban ley, b) Es observada, c) Insisten, d) Solicitud de opinión, del Ejecutivo al Tribunal Constitucional, e) El Tribunal Constitucional declara nula la norma… ¡Por inconstitucional!

No aprenden o no quieren aprender. Creen que, como suele suceder, ganarán por cansancio o dirán lorosos: “No podrán decir que no tratamos, insistimos y ellos tienen la culpa… ¡Somos buenos, con leche, como los cereales…! Ellos son insensibles.”

Y así estamos, con la historia sin fin. De terror. Construida a punta de patadas en la ingle, puñetazos al plexo, billeteras tragonas con las bocas abiertas, “negocios”, que en cualquier otra parte tienen pena de cárcel y delincuentes, a los que la inmunidad asegura impunidad total.

Perdón por contar una historia de miedo, de terror; por no hablar del Covid, de la canción de moda, o de la tele o las redes sociales. Es que la realidad “real”, se vuelve más fantástica –asustante– que cualquier otra historia que yo pueda contar y, además, a su lado, todo, absolutamente todo, resulta puro cuento.

Imagen: http://www.forbes.com