HIMNO “CHINO”


HIMNO CHINO

Es una broma o debe ser la versión del himno de la China de Chiang Kai Shek (¿?), porque la primera vez que lo escuché cantar creo que fue  fue allá por 1950, supongo, y los cantantes eran mi hermano y sus amigos, que en el club que tenían, cuyo local era el garaje de mi casa en Barranco, cantaban a voz en cuello; ese club que mis amigos y compañeros de colegio barranquinos decidimos continuar donde nuestros “mayores” lo dejaron, al ingresar a la universidad…

 

Al principio, como buen chico en una época en que no había televisión, computadoras, teléfonos celulares ni fax, aprendí con entusiasmo la letra y junto con Lucho, mi gran amigo, compañero de clase en el colegio, vecino de Barranco (esa “Ciudad de los molinos” –romántica apelación- aunque creo que el único que tenía era uno de viento, bastante feo, que giraba encima de una torre construida con varillas de fierro); Lucho tenía un montón de hermanas y hermanos (Manolo y Paco eran compañeros de clase de Pancho, mi hermano, en el colegio y por esa amistad nació la nuestra) y los dos “sabíamos” el “himno chino” que nuestros hermanos mayores habían aprendido en el colegio y cantaban en los campamentos al amor del fuego,  en el ómnibus escolar que los llevaba hacia  la “aventura”… ¡y nos lo “enseñaban”!

 

Inocente yo, como decía (hablo de mí, nada más), creía que cantaba en chino el himno de China:

 

Macacafú cla-cla chifú, cla-cla chifú, cla-cla chifú, cla-cla…;

Yangüímiri macau, Yangüímiri macau, Yangüímiri macau… ¡jau jau!

Túa, cuá-cuá túa, cuá-cuá túa cuá-cuá tú:

Yangüímiri macau, Yangüímiri macau, Yangüímiri macáu… ¡Jau jau…!

 

Canto de campamento, broma “musical” repetida a la saciedad, que no solo aprendí y canté sino que enseñé a mis hijas cuando chiquitas, asegurándoles que era el “himno chino” y se lo aprendieron… También se lo enseñé a mi nieta Mayor Daniela (que ahora se acerca a los 25); cuando mi nieto Manuel, que vive en Argentina, estuvo por aquí, también lo aprendió del abuelo y hace unos días, Miranda, la última de la “nietitud”, me miraba incrédula cuando le dije que sabía el “himno chino” y lo “canté” un par de veces para convencerla…: no creo haberla convencido y –o mis dotes de persuasor menguaron- o sus seis años ya la hicieron incrédula.

 

Bueno, seguiré tarareando el “himno chino”, pidiéndoles a los chinos que me perdonen y recordando que alguna vez, en ese Barranco de mi infancia, le pregunté al “chino Perico”, el que tenía la bodega cerca de casa, si el himno de su país era así, y “canté” (“Perico” ponía la bandera de China Nacionalista –la de Chiang Kai Shek- en un día específico del año, tal vez en el aniversario de la separación de China continental y la fundación de Taiwán): “Perico” me miró serio y me dijo entre fumada y fumada de su “Inca”, negro y sin filtro, en su castellano lacónico y mascado: “¡Claro! ¡Tú habla bien chino…! ¿Aprendiste colegio…?” y por un tiempo me convencí porque “Perico” era una autoridad…

 

 

Estoy seguro que si mi amigo chino no hubiera fallecido hace tantos años ya, al contarle esto se seguiría riendo como entonces de seguro lo hizo, a mis espaldas y calladamente, claro: los chinos son muy discretos.

 

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¡DIN-A-LING, DIN-A-LING, DIN-A-LING, TILÍN!


DING

“Noche de paz”, “Rudolph the red nosed raindeer”, “Navidad, navidad, blanca navidad” y otros clásicos de la temporada suenan desde las siete de la noche o un poco antes (o sea desde que empieza a oscurecer) hasta lo suficientemente tarde como para que anoche, después de las doce, siguieran lanzando su músico mensaje desde los juegos de lucecitas que, intermitentes, se encienden y se apagan alrededor de los múltiples arbolitos y postes que hay en el condominio.

 

No me malentiendan, por favor, no es que tenga nada en contra de la Navidad, pero esta costumbre ornamental músico-luminosa, me saca de quicio; los temas navideños repetidos monótonamente con un sonidito que quiere imitar campanitas o a una cajita de música durante horas, en vez de –como quizá debiera ser- convertirse en la parte sonora del paisaje, se tornan en un suplicio decembrino que altera los nervios.

 

Yo casi no salgo, pero sé que por esta época todo bicho viviente “celebra” de la misma manera y tanto los supermercados, las tiendas y hasta la bodeguita del barrio se unen con las mismas canciones repetidas, las lucecitas que se prenden y se apagan para que nadie, en algún lugar, pueda ignorar la efeméride.

 

Están bien las lucecitas, los villancicos y la “nieve” de a mentira en esta Lima que va entrando en el calor veraniego, pero… ¿podría ser menos monótono el asunto? Sé que “las tradiciones se respetan” y que este post es una nota falsa en el jolgorio navideño o una lucecita quemada en las decoraciones, pero siempre la Navidad ha sido la celebración del nacimiento de Jesús, por lo menos para mí, mis padres y mis hermanos; además estoy seguro que para muchísimas personas es así…

 

La Navidad se lleva dentro y se festeja, claro, pero por favor ¿podrían bajar el volumen a la musiquita o hacer que las alegres lucecitas intermitentes enmudezcan aunque sea por un ratito?

 

Imagen: navidad.es