¿EL TAMAÑO ES LO QUE IMPORTA?


CENTÍMETRO

El domingo veía en TV un reportaje con su larga entrevista y contra-entrevista (o entrevista a la parte contraria), sobre dos profesionales del Derecho. Todo un lío de dimes y diretes, grabaciones, acusaciones, denuncias penales y más acusaciones. Ella lo acusa a él y él a ella. Se exhiben mensajes telefónicos donde el tema es evidentemente sexual y se habla de tamaños, satisfacciones, masturbación y otros varios en el mismo sentido.

Lo tremendo es que el autor de los correos denunciados (y consentidos como comunicación, parece) es un candidato a Defensor del Pueblo y la denunciante una señora abogada con estudios fuera del país y estadía larga también fuera de él. Es decir, dos, aparentemente, respetables personalidades de las Leyes que aparecen en una especie de diálogo telefónico sexual que deviene en denuncias y en el aireamiento público del asunto. ¿Con qué fines?

La finalidad la dejo por un momento de lado, porque el tema para mí es que un candidato a Defensor del Pueblo con esas expresiones, es una especie de Dr. Jekill y Mr. Hyde y  aquel que diga que lo privado no tiene nada que ver con lo público, tendrá que atenerse a las consecuencias.

No sé nada del fondo de la cuestión, pero creo que el que cosas de estas se den y lleguen a la televisión, es una muestra de la mierda que infecta todo nuestro sistema.

La razón puede estar de un lado o de otro, o de ninguno. Mientras tanto el ciudadano se entera y que se aguante.

Digo yo, ¿esta es la tan mentada realidad?

 

 

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ESTRATEGIA


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Al ministro Urresti, que no es santo de mi devoción, lo vi en una entrevista, donde los conductores del programa, entre otras cosas le hicieron la pregunta que parece de rigor: “¿Tiene una estrategia?”. E insistieron mucho sobre el tema, mientras el general retirado decía que se había conseguido tal y tal cosa. Le dijeron que esos eran “logros” y que nadie se los escatimaba, pero que si respondían a una estrategia.

Creo  que los conductores no se daban cuenta que lo último que haría cualquier estratega es revelar su estrategia. Máximo en un programa de la televisión, en un noticiero, emitido el domingo y de seguro altamente sintonizado, porque lo transmite un canal “grande”.

Los logros a los que aludían, son parte del resultado de una estrategia.

El ministro me parece un poco amante de las luces, los flashes y micrófonos. Digamos que tiene un perfil mediáticamente alto y tal vez no sea lo mejor, pero de allí a decir que solamente posa, creo que hay distancia.

Es verdad que no es él quien realiza las acciones sino la policía y los funcionarios que tiene bajo su dirección en el ministerio. Pero es el que da la cara. No me parece haberlo oído hablar en términos de “yo”, sino siempre hacerlo de “nosotros”. Es una manera de compartir los éxitos, aunque en los medios aparezca él y se considere que “se come el jamón”. Bueno, repito, tal vez no debería aparecer tanto y también es verdad –y terrible- que la inseguridad campea. Pero no me parece que no se haga nada por combatir al crimen y la inseguridad.

La estrategia se revela por su efecto: positivo o negativo; funciona o no funciona. Con una buena estrategia se gana una batalla y con una mala se pierde.

Si la estrategia se revela antes de que se aplique, deja de ser estrategia para convertirse en algo que puede ser llamado “noticia”: algo que avisa, que pasa la voz y al alertar, falla. Lo más alejado de una verdadera estrategia.

Esperemos que la estrategia del ministro Urresti, que de seguro contempla plazos inmediatos y mediatos, dé resultado. No confundamos estrategia con táctica.

¿A LA CAZA DEL GENERAL?


Miratelescopica

En este mundo “deportivo” donde la cinegética se ha convertido en un preciado pasatiempo, me parece que le ha todo el turno al general (r) Daniel Mora. “Es la hora de Mora” parecen haber dicho en algún sitio  y la jauría ha salido a correr detrás de él.

El tema me suena a sospechoso porque Mora está detrás de una polémica ley que pisa callos y desnuda ambiciones: esto podría ser la consecuencia, sobre todo si el congresista ha respondido, aunque un poco molesto (me molestaría que duden de mi honor si no hay nada velado ni vedado).

No quiero decir con esto que el periodismo de investigación no pueda y deba cumplir su función, porque gracias a él la ciudadanía sabe mucho que de otro modo sería muy perjudicial y por eso se oculta.

Sin embargo el reportaje propalado, parece que diera el hecho que se imputa por cierto. No puede ser que el periodismo sea juez. Debe exponer los hechos de modo que no sesgue lo investigado. Las personas tienen derecho a saber, pero también tienen el derecho al honor. Todos somos inocentes mientras la Justicia no determine lo contrario.

 

 

LLUVIA DE “MIONES”


lluvia de dinero

Por lo menos dos programas de tv anuncian que obsequiarán un millón.  “La Suavecita” y el del Sillón van a ofrecer dos programas que llevan la atractiva cifra en el título. Esto asegurará una audiencia curiosa y en muchos casos ávida de envidiar a los suertudos.

Sé que me estoy adelantando, pero en vista de lo visto no creo que los millones de regalo aseguren calidad de contenido. Creo que cada día nuestra tv se devalúa más, siendo inversamente proporcional al valor de los premios: los puntos que ese “tótem” llamado rating asigna, no me dejan mentir.

Escribo esto con una sensación de deja vu  tremenda porque lo he visto antes, ya fue escrito antes, lo he escuchado antes y yo también lo dije. Parece que a la televisión no le importara otra opinión que la de las personas que forman una audiencia borrega y balbuceante…

De pronto sí importan y ando en una guerra equivocada junto con otra gente: minoría, que dicen.

No me voy a quejar porque es en vano y si cambio de canal es casi una seguridad hallar más de lo mismo. Mejor abro mi libro y dejo que otros sueñen con “miones”; total, no le hago daño a nadie en esta guerra personal y pequeñita.

No le hago daño a nadie con los recuerdos de otra televisión que era distinta.

 

 

 

 

50 MIL SOLES


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Ese parece ser el valor de la verdad para algunos.

Como de costumbre, confunden valor con precio y claro, cuando la Verdad (con mayúscula) se convierte en una mercancía de la diversión, todo puede pasar. Desde un asesinato por codicia hasta mentir para ganar dinero y “fama”.

No sé si “privado” sea una palabra pasada de moda o emputecida. Creo que es desperdicio seguir con un tema que, como este, vive y gana popularidad por hurgar en la basura personal y esparcirla a los cuatro vientos. ¿Podrá alguien jalar la cadena?

 

 

PEQUEÑO DESCANSO


 

Hasta el próximo jueves.

Una semana de descanso para que leer no sea aburrido.

¡Hasta entonces!descanso

PARÁLISIS “CAMERAL”


 

 

cámara

Las cámaras de TV suelen intimidar, especialmente a los que no están acostumbrados a verse frente a ellas. Se trastabilla, se repiten palabras, se usan términos rarísimos o simplemente se da “la muda” por respuesta. En una palabra, lo que yo llamo “parálisis cameral”.

Lo terrible es ver a una reportera, que se supone es profesional, en un medio de TV por cable, que entrevista a personas que fueron menores que trabajan esa terrible realidad contra la que se dice luchar, pero me da la impresión que se recuerda solo en el “Día de la Erradicación Trabajo Infantil”, como ayer, por ejemplo.

Volviendo a la reportera, preguntaba a esos jóvenes que se habían superado gracias a esfuerzo personal y alguna ayuda, ¿por qué trabajaban? La respuesta fue obvia: “por necesidad”. Si alguien trabaja desde los cinco años no lo hará por deporte ni porque tenga la manía de trabajar cuando otros niños de su edad duermen o juegan.

La pregunta me pareció insultante, pero supongo que el nerviosismo o la falta de preparación, tuvieron como efecto una manifestación de ese fenómeno, impensable en un profesional que comunica.

Traigo a cuento este ejemplo porque a diario veo y escucho decir barbaridades sin el menor empacho. De seguro se dirá que son muy jóvenes o que “están aprendiendo”. Lo que supongo que sucede es que son las víctimas de un sistema perverso que utiliza a los jóvenes para pagar muy poco y los desecha, recambiándolos, para seguir en ese tobogán sin fin que engaña a los jóvenes, estafa al televidente que esperaba otra cosa y perpetúa un estado en el cual todos perdemos. Desde el canal, que pierde audiencia, hasta el televidente que por lo menos, pierde la paciencia. ¿Y los jóvenes?: a esa pésima costumbre de que son víctimas, se le llama “pagar piso”.