TU ARMA NO ESTÁ MEJORADA…


TU ARMA NO ESTA MEJORADA

La ventana del escritorio, sigue siendo fuente de inspiración para escribir; mejor dicho, lo que escucho o vislumbro (porque no veo claro) a través de ella y sucede en el parque del condominio, especialmente ahora que los chicos juegan afuera desde más temprano…

 

El título de este pequeño artículo es lo que oí que un niño la decía a otro que le respondió: “¡Sí…, la mejoré en la tienda…!”; eso me hizo pensar que los niños siempre han jugado con “armas” que simulan ser verdaderas y yo no me escapo a esta costumbre que sigue repitiéndose, solo que en mi época éramos “coboys” que tenían como “armas” unos Colt Frontier falsos que “disparaban” seis balas o en ocasiones extremas una “balas” inacabables, lo que generaba las protestas de los afectados.

 

Recuerdo que alguna vez, jugando en la casa de la calle Ayacucho, en Barranco, con los amigos, “contra” mi hermano Pancho (mayor que yo) y sus amigos, en la noche, nos tocaba a nosotros “ser indios” y escondernos; de pronto de la oscuridad veo salir al gordo Labarthe, Pedro Alfonso, el que ya está jugando en el Barrio Eterno, gritando como un energúmeno y blandiendo un tomahawk de madera y saltar sobre un inocente “enemigo” que no recuerdo si era mi hermano o uno de sus amigos; por suerte detuvieron al gordo, la adrenalina que producía acechar en la oscuridad se le bajó y se deshizo el juego, pero casi hay heridos…

 

Ahora las “armas” son espaciales, galácticas, complicadas, imaginativas, coloridas…, disparan “rayos laser” intermitentes que iluminan… el “arma” con luces rojas o bolitas de plástico que si te caen pueden doler y resultan peligrosas; son “armas” que tienen infinita capacidad de “fuego” o si funcionan a pilas, “dispararán” mientras duren estas.

 

No hay que desdeñar de ninguna manera la imaginación infantil, que se apropia de “armas” que ve en series de dibujos animados o en juegos de compu y que tienen la potencia que da la fantasía, contra la que no parece haber ninguna protección conocida posible…

 

Sin embargo, hoy que hay un movimiento mundial en contra de los “juguetes bélicos” y que me parece muy bueno porque LAS ARMAS NO SON JUGUETES y desde que se es niño eso debe aprenderse, me da un poco de ternura el recuerdo de los juegos de infancia, aunque sé que repetíamos estereotipos que no eran de lo más conveniente ni lo son actualmente.

 

El del “arma mejorada” y sus amigos, deben haberse ido para almorzar y van a “seguirla” después…, sucede que ya antes conté en algún lado, que nuestros juegos tenían capítulos… ¡Lo mismo que ahora!

 

Imagen: dibujoscolorear.biz

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LLAMADA EQUIVOCADA


LLAMADA EQUIVOCADA

Recibí una llamada al teléfono celular desde un número que no tenía registrado y se cortó antes de yo poder decir “¿Aló?”; llamé, dije que acababa de recibir una llamada de ese número y la voz que me respondió, luego de unos segundos de desconcierto, evidentemente cortés (porque no sabía con quién hablaba), me dijo que iba a dejar los libros en la dirección que le había dado… ¡Reconocí la voz del amigo de tantísimos años y con el que ahora nos vemos tan poco…!

 

 “Marcaste mal, hermano, ¡qué gusto de escucharte!” dije  y me identifiqué. Ciertamente, él quería llamar a otro Manolo (es que el sobrenombre es bastante común, de tantos que somos los Manueles) y el azar hizo su trabajo; conversamos, nos reímos mucho y él quedó en cumplir la promesa hecha hace más de un año en su última visita, de volver para charlar y tomar un café. “¡Tengo que llevarte mi última novela, para que la leas…, ya estoy por terminar una nueva…!  dijo.

 

Tengo que precisar que nuestra amistad empezó hace muchos años, cuando ambos trabajábamos en publicidad, en diferentes agencias y éramos directores creatios, con la diferencia de que él escribe, dibuja, pinta, ha ganado concursos internacionales de caricatura y yo solamente escribo y dibujé algo allá por mi niñez y adolescencia; él es diez u once años mayor y sigue en la publicidad por su cuenta, creando como siempre, pinta, dibuja, y… ¡escribe novelas! Es casi un obsceno ejemplo para mí, que escribo poquito y sé que nunca podría escribir una novela, que dejé de dibujar (mis compañeros de colegio se acuerdan de mí por los dibujos) y que le agarré el gusto al estilo corto que se usa en la publicidad para escribir, a ser ahorrativo en palabras y rico en imágenes descritas.

 

Escribir novela, para mí, sería como escalar una montaña agreste y elevada sin más ayuda que la que brindan las manos y los pies; claro que también están el impulso y el deseo de coronar la cima, pero creo que lo que sucede es que soy flojo y miedoso, prefiriendo siempre las amables colinas no muy altas y aunque el paisaje que se vea desde ellas no es tal vez comparable a la vista desde la cima del picacho, pienso que el azar (ese que hizo que hablara con mi amigo) puede impedir, con nubes,  la vista imaginada…

 

 

Sé que van a decir que soy un conformista y que me quedo a medio camino, pero es que aprendí a disfrutar del mismo y me gustan las colinas: las alturas como que me marean un poco.

 

 

Creo que está bien así y como le dije a mi amigo, mientras él escribe novelas, yo escribo solo unas líneas; me respondió que lo importante era escribir.

 

Después, nos deseamos feliz navidad.

 

Imagen: http://www.youtube.com

IRAS SANTAS


IRAS SANTAS

 Pruébenlo pues, imbéciles” tuiteó dios, cuyas iniciales son AGP y de esta manera desde el Olimpo (según el dios “su” ¡Oh Limpio!) bajó hasta la congregación de ciudadanos curiosos la frase, que como un trueno llegó en el pico del pajarito azul que el dios usa como celeste mensajero.

 

Supongo que en la mente del dios sonaba en el momento la canción de Joan Manuel Serrat, hispánico poeta popular, compositor y cantante que dice “Harto ya de estar harto ya me cansé…” mientras murmuraba fervoroso un: “España aparta de mí este cáliz” pensando en el verso de César Vallejo, también poeta, peruano y durante algún tiempo vecino de París, como él; o tal vez con el recuerdo aleteante del título “Tantas veces Pedro”, novela de ese  gran fabulador peruano, Bryce Rchenique, también ocasional vecino de la Ciudad Luz, que le trae a la memoria su propia queja a un Chávarry amigo, ése que se prende como garrapata al Nacional Fiscalato, “porque “para calatos, Yo”, dice en voz alta y para Sí el dios, escuchándose y moviendo la cabeza afirmativamente.

 

Está enojado el dios y descarga su ira porque una vez más un insignificante imbécil que es lerdo, alelado, inepto y bobo además de fiscal, se permite dudar de su impoluta historia y acusarlo de recibir dineros mal habidos o quizá de coimear, palabra que tuvo que buscar en Wikipedia porque en su léxico ni por asomo estaba.

 

Está molesto el dios porque –para más inri- no lo dejan volver donde su madre… patria a esconderse en sus brazos.

 

Imagen: http://www.youtube.com

 

 

BASURA IRRECICLABLE


BASURA IRRECICLABLE

Los políticos peruanos, aunque alguno se salva, son como las bolsas de plástico: sirven finalmente para que llenas de basura sean a su vez basura que tarda años en desintegrarse y contamina el medio ambiente, envenenándolo y acelerando su destrucción; son como esas islas artificiales de deshechos de plástico inmutable, que flotan en el océano ahogando la vida y son finalmente como esas enfermedades incurables que únicamente la muerte puede detener.

 

No es que proponga matar a los políticos, pero como en el caso de las bolsas plásticas en algunos países, habría que prohibir su uso y reemplazarlas por otras de material no tóxico y que pueda, cumplido su ciclo de uso útil, desaparecer.

 

Sin embargo, la población peruana sigue botando su basura usando las inmediatamente prácticas pero mortales y malditas bolsas plásticas, así como también sigue eligiendo y reeligiendo a políticos-basura que nos llevan a situaciones límite como esta que vivimos; esos políticos que son irreciclables, que siguen pululando, contaminan el aire y producen el miasma fétido que nos ahoga como país.

 

Imagen: http://www.bolsec.com

TONELADAS Y MILLONES


DINOSAURIO DE 12,000 KILOS

Cuando uno se enfrenta a cifras gigantescas, lo primero que hace es asombrarse: por lo menos a mí me sucede.

 

La noticia del descubrimiento de lo que fue un dinosaurio  emociona no solo a los paleontólogos, sino a los curiosos, que como yo, ven esta noticia alimento para su “querer saber” que en mi caso específico (perdón porque estoy hablando aquí casi siempre de “yo”) empezó conscientemente cuando hojeaba la enciclopedia de mi hermano mayor, que se llamaba “El Tesoro de la Juventud” y entre sus muchos tomos y sus variadas secciones y artículos, leía con asombro “El Libro de los  Por Qué”, explorando un mundo desconocido que iba mucho más allá de las terrazas de la casa o del reducido circuito que puede tener un niño a los cinco o seis años.

 

Ahora, en Sudáfrica han descubierto un Dinosauriosaurópodo que vivió allí hace la friolera de 200 millones de años (200000000) y al parecer pesaba 12,000 kilos (12 toneladas); muchísimos ceros de esos que están a la derecha y cuentan: una cantidad inimaginable por el lector de a pie que nos pone en nuestro diminuto lugar de recién llegados, peso mosca o pluma…

 

Cuando uno lee algo así, de pronto no realiza mucho las magnitudes de las que se está hablando, la distancia en años (cientos de millones de ellos,  sobre todo pensando que cada uno tiene actualmente 365 días) y la cantidad de carne, huesos y cartílago que forman esa montaña ambulante;  le seguiría el Brontosaurio y esta mole caminaría en cuatro patas…

 

Imaginemos un tren inmenso, realmente inmenso, ramoneando con la tranquilidad de saberse el habitante más grande de la Tierra, ese planeta al que llamamos ahora “azul” porque de lejos, desde el espacio, presenta ese color que se debería a la enorme existencia de agua que hoy tiene, pero que en tiempos del “Trueno Gigante al Amanecer” (“Ledumahadi Mafube”, poético nombre que en lengua lesotho le han dado a la bestia grandiosa) tal vez sería visto por algunos ojos estelares de otro color…

 

¿Cómo no impresionarse con algo así? ¿Cómo no volver a ser niño y como mi nieta de seis años ser un “fan” de los dinosaurios, saberse los nombres señalándolos en el libro y hablar de ellos como quien lo haría del perro o del gato de la casa?

 

Este bicho anduvo millones de años antes que los populares Velociraptor y Tiranosauro Rex aunque no tenga su fama y haya salido en películas; y hoy que es lunes y viene Miranda a visitarnos, le contaré del “Trueno Gigante al Amanecer”, le enseñaré la imagen que ilustra este post y nos maravillaremos juntos porque como un cuentacuentos le narraré la historia que inventaré sobre el “nuevo” dinosaurio…

CON MIRANDA

 

Lo que no sé es si retendrá su nombre o simplemente será “el dinosaurio ése” pero tal vez si le repito muchas veces el nombre en lengua lesotho (que tendré que aprender) lo llame, propiamente, “Ledumahadi Mafube” o “Ledumafu” para abreviar…

 

 

RELOJ


RELOJ

Era el reloj que usó mi padre y que ahora tengo y uso yo; curioso, pero es como él: sobrio y sencillo, práctico.

 

Tiene la esfera de color azul metálico (un color serio), los números indicados por líneas blancas, igual que el centro de las manecillas, con otra manecilla pequeña plateada y que gira incansable indicando los segundos, la caja es de acero mate, la correa  negra y es de los de darles cuerda.

 

Es de marca Longines, modelo Admiral, que solamente se puede abrir por detrás para ver su interior usando una herramienta especial; no se me ha ocurrido hacerlo nunca porque ni tengo la herramienta ni la curiosidad por ver sus interiores.

 

En la esfera, debajo, en letra pequeñita dice SWISS MADE, como recordándonos que es un original helvético y no un japonés vistoso o un utilitario de moda que suma, resta, multiplica, divide, que saca porcentaje y raíces cuadradas, se conecta a  internet, mide la frecuencia cardíaca, viene con calendario “eterno”, tiene luz, montones de botones, zumba para avisar cuando se programa la alarma, permite ver la fecha y la temperatura y también da la hora, pero es de plástico con una luna del mismo material, la que que nunca se raya y una correa, de plástico también, que hace sudar muñecas.

 

Este reloj Longines que mi padre usó siempre y que yo recogí de su mesa de noche al día siguiente de su muerte, lo tuve guardado en un cajón mientras usaba otros relojes que aún tengo, porque los he coleccionado, llegando a combinar el color de la correa con el de mis zapatos y claro, con el de la correa que uso en el pantalón; dorados o plateados, alguno negro, pero ninguno de ese innombrable material (que ya nombré) y que se llama plástico.

 

Ahora todos los relojes (y son muchos, bastantes) duermen el sueño de los justos y han callado los que hacían tic-tac porque solo uso ese que es sencillo y sin complicaciones ni prestaciones raras como era el ingeniero al que confieso, extraño y recuerdo “puntual como un reloj”, cada vez que miro mi muñeca izquierda para ver qué hora es.

 

Nota: La foto la tomé yo y a diferencia de mi padre, como fotógrafo soy un verdadero desastre.