SOÑAR, IMAGINAR… ¿CREAR?


Uno sueña, deja volar la imaginación, que como decía santa Teresa de Jesús, es “la loca de la casa” y muchas veces se pierde, viaja lejos, llega a lugares y “vive” situaciones que son… ¡Inimaginables!

Soñar, imaginar, pero ¿sería correcto decir “crear”?

Siempre he sabido que la creación es un acto de la voluntad, que involucra a la imaginación y a los sueños, producto de esa maravillosa “máquina” que es nuestro cerebro, a la cual le hacemos tan poco caso y utilizamos “sin pensarlo”; funciona nomás y nos hacer ser lo que somos y permite en nosotros todo eso que se llama vida. Regula “automáticamente” las células, el torrente sanguíneo, la digestión y todas esas “minucias” que componen el cuerpo humano y permite que nos relacionemos, porque ve, oye, huele, toca y habla, pero por sobre todo… ¡piensa!

Y esa maravillosa “máquina” que nos permite PENSAR, es la que nos hacer SER. Sí, somos el cuerpo humano, pero sin el cerebro y sus complejidades infinitas, no somos SERES HUMANOS.

Definitivamente, estas son disquisiciones y temas que tienen profundidad, que son producto del cerebro y casi nunca –o muy pocas veces- reparamos en ellas …

Y se preguntarán ¿por qué este loco escribe sobre tales cosas, en un lugar donde se supone que se trata de comunicación y de publicidad…? Es que la creación, que como ya dije involucra a los sueños, a la imaginación y es un ACTO DE VOLUNTAD, es precisamente la base de la comunicación publicitaria (además de ser la raíz del arte, entendido como literatura, pintura, arquitectura, etc), la que no existiría sin la creación. Y les cuento, que me siento muy orgulloso de ser un creador publicitario (“creativo”, le dicen) dedicado a soñar, imaginar y a eso, a crear o producir ideas con el fin específico de comunicarlas a públicos disímiles y numerosos… Me parece maravilloso (como eso a lo que yo llamo “máquina de pensar”, que es el cerebro) poder hacerlo y haberlo hecho casi todos los días durante más de cincuenta años.

Si me preguntaran, diría que sí, soy un soñador imaginativo, que crea para eso llamado publicidad…

Imagen: manolo pensando

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«HABLANDO SE ENTIENDE LA GENTE»


El título es un refrán archiconocido y muy usado, que dice que hay que “hablar” –léase “dialogar”-, porque cuando se hace una perorata individual, si alguien la escucha, no implica necesariamente una respuesta …

Quien escribe para publicidad, emite comunicaciones que son recibidas por un público determinado y la respuesta de este, no es precisamente un diálogo con el comunicador (a no ser que alguien del público comente en alguna red social como Twitter y establezca uno con el comunicador, o en el peor de los casos lo insulte, lo que no implica por cierto diálogo alguno), sino que puede observarse por medio del éxito del producto o servicio publicitado (algo así como los “likes” que se dan en ciertas redes sociales) y que equivaldría a una respuesta positiva del público, pero que tampoco se prolonga más allá de las recompras si lo publicitado tiene éxito …

Es que, en el fondo, lo que hace quien escribe publicidad es hablar, sí, para que “la gente” lo entienda, sí, y lo hará con el conocimiento que tiene o ha adquirido acerca de las características de esa “gente” o público objetivo; sin embargo, es un “hablar” solitario, confiando en que lo que diga, será bien recibido, atrayendo y produciendo reacciones positivas …

Es verdad que hablando se entiende la gente, pero tiene que escuchar ese hablar y establecer un diálogo para entenderse y es que “entiende”, no significará que se esté de acuerdo con todo; recordemos si no, aquél “conversar no es pactar”, célebre frase del político peruano Ramiro Prialé.

Esto es muy importante, ya que supone “optar”, “escoger” y allí está el quid del asunto. Lo comunicado debe ser convincente de manera tal, que signifique la aceptación de algo y francamente, eso no sucederá si no conocemos las características de aquellos a quienes nos dirigimos.

Todo comunicador, sea publicitario o no, lo sabe. O debería saberlo…

Imagen: http://www.facebook.com

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«SI HE VISTO MÁS, ES PONIÉNDOME SOBRE HOMBROS DE GIGANTES»


La frase que titula este artículo, se le atribuye a sir Isaac Newton y grafica muy bien que los aciertos de uno, se deben siempre a que aprendió de quienes le precedieron. De aquellos “grandes” que marcaron el camino: su camino …

Los primeros hombros de gigantes en los que yo pude subirme, caminar y “ver más lejos”, fueron los de David Ogilvy, Onofrio Paccione y esos –déjenme llamarlos “pioneros”- que, con sus libros y pensamientos, fueron nutriendo lo que había sido una afición, tal vez poco consciente, del chico que coleccionaba avisos que llamaban su atención, recortándolos de revistas y pegándolos en un cuaderno …

Luego vinieron otros hombros de gigantes de la publicidad, tal vez menos famosos o conocidos, pero que me aceptaron, que tuvieron la paciencia de soportarme y estaban en McCann, JWT y otras agencias de publicidad. De ellos aprendí con su ejemplo diario, me fui formando poco a poco y después de un tiempo pude atreverme a caminar solo …

Sin subirme sobre esos hombros amistosos, no hubiera visto lo que pude ver, ni aprendido lo poco que sé. Tampoco hubiera podido contar a otros –los que fueron mis alumnos- acerca de los paisajes que pude admirar, de ese mundo hermoso –lo digo siempre- que es la publicidad …

Tengo la fortuna de que los hombros sobre los que me permitieron subir, fueron los correctos y siempre daré gracias a que me recogieron en el camino e hicieron que mirara más allá, un poco más allá …

Imagen: https://www.abc.es

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SALVAJE OESTE


Este asunto se está pareciendo cada vez más a ese “Salvaje Oeste” (WW o “Wild West” en inglés), que veíamos en series de la tele como “La Ley del Revólver” (“Gunsmoke”) y en películas de “pantalla grande”, donde cualquiera, con una Colt 45, hacía destrozo y medio, o prácticamente lo que quería …

No me quejo de la digitalización en cuanto a técnica (que es imparable), ni tampoco de la evolución que sirve para facilitar el acceso a los medios, o de la importancia que tienen las redes sociales; lo que me parece es que con toda esta facilidad y el poner tan a la mano una tecnología que “antes” estaba reservada a los que sabían usarla, ahora cualquiera puede echar mano de ella, con los resultados que muchas veces vemos y que no son otros que el desorden y la banalización de algo tan importante como la comunicación. Precisamente, a la comunicación publicitaria me refiero …

La publicidad, de respetar ciertas reglas que la hicieran posible, para que sus contenidos se entendieran y surtieran efecto, ha pasado a ser una especie de “tierra de nadie” o “tierra de todos”, porque ahora, cualquiera se siente “publicista” y con una computadora, imágenes bajadas de Internet, grabaciones de video y audio hechas con un teléfono celular, puede perpetrar cualquier cosa. Sí, “perpetrar” cualquier cosa, porque lo que haga NO será publicidad, ya que el tema de la COMUNICACIÓN estará ausente o tan deformado que sería irreconocible y por supuesto, ineficiente y claro, ineficaz …

Con esto repito lo dicho ya otras veces, y es que no son los lamentos de un viejo que opina que “todo tiempo pasado fue mejor” y que “lo que se hacía antes …” . No, es que me parece que en publicidad, salvo excepciones, por supuesto, todo se está tomando a la ligera y que sufren los clientes, los productos o servicios que representan, el consumidor –que se desconcierta y quizás es desinformado- y finalmente la publicidad que termina siendo colores, sonidos, letras y ningún fondo. ¿La comunicación?: Ausente.

Imagen: https://www.alamy.es

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TOMANDO EL CAFÉ


Sentados frente a sus cafés, terminado el almuerzo, se miraron sin decir nada, hasta que después de un rato y varios pensativos sorbos, él rompió el silencio: “Se fueron todos, nada más terminar su plato… ¡Ni postre comieron…!”         Ella replicó: “Siempre es igual… Tendrán algo qué hacer y deben andar apurados…”

El viejo meneó la cabeza: No lo creo, porque hoy es domingo…” La mujer lo miró, miró su taza de café y dijo: “Ya cuento mal…, creí que era sábado…”

Volvieron al silencio y el viejo argumentó suavemente: “Cuando yo era chico, nadie se levantaba de la mesa de almuerzo o la de la comida, hasta que todos hubiesen terminado…Se conversaba un poco, a veces, los grandes hasta dos cafés se tomaban y nadie se movía hasta que mi papá se paraba y arrimaba la silla…” “Es que los tiempos cambian…” dijo la mujer, sin despegar los ojos de la taza de café que estaba a medias.

“¿Te das cuenta que nos quedamos solos…?”, dijo ella abstraída. “Sí, solos, como al principio…: Tú y yo.”, dijo el viejo.

Ella trató de cambiar de tema: “¿Viste que se llevaron los muebles de la sala y trajeron unos nuevos? La verdad es que los que se llevaron estaban desfondados y con los forros descoloridos y rasgados…”

No se dio cuenta de que no había cambiado de tema y se fueron juntos a la cocina a dejar las tazas de un café ya frío y a medio tomar…

Imagen: https://es.vecteezy.com

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VALS VIENÉS


El vals sonaba, trasportándola hasta los amplios salones, de pisos brillantes como espejos, iluminados por lámparas hermosas que hacían de la noche día. Allí, galantes caballeros de negro corbatín y damas hermosas con vestidos vueludos, daban vueltas y vueltas al ritmo de la música…

Parecía un sueño propiciado por la música y su imaginación, hasta que una guaracha bullanguera, lo rompió todo en la radio de la mesa de noche.

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