AMOR A LA PUBLICIDAD


Una mañana, temprano, llegué a la oficina de la agencia de publicidad donde era director creativo y al pasar por arte, me pareció ver un poco de desorden, me acerqué a uno de los tableros de dibujo, que estaba contra la pared del fondo y en la semioscuridad noté algo “raro” debajo de este; al mirar bien, vi que había alguien abajo, evidentemente durmiendo; le pasé la voz, despertándolo con un zamaqueo y soñoliento, se desperezó, saliendo de su sueño el hombre de arte, dueño del tablero, y me explicó entre bostezos, que como había un trabajo urgente, hubo de terminarlo y para cuando acabó era tan de madrugada que no valía la pena regresar a su casa –vivía lejos- y se acomodó debajo de “su” tablero, para “echar una dormidita” …

Sonreí en ese momento y ahora pienso que esa es una verdadera muestra de amor por la publicidad, una prueba de “llevar la camiseta” y llegar hasta lo último, con tal de cumplir con el deber …

Me digo, que cuántas muestras de ese cariño por la profesión habrá habido y probablemente haya, que no conocemos, que tal vez ni imaginemos. La cantidad de horas robadas al sueño, preparando una campaña o terminando un aviso, que de pronto son incontables, demuestran cariño y un perfeccionismo especial por lo que se hace …

Estoy seguro que esto es algo que les sucede a los profesionales de diferentes ramas, pero a mí me ha tocado ser testigo de excepción de ello en la publicidad y lo siento muy adentro, porque después de todo, más de cincuenta años y haber visto situaciones así, como se dice, “no es moco de pavo”

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LO NUEVO Y LO VIEJO


La publicidad se encuentra como siempre, con aquello que es “viejo”, o sea la comunicación –que es tan antigua como el ser humano- y los medios para ponerla en práctica …

La comunicación, ese intercambio entre dos o más inteligencias humanas (especifico, porque salvo las piedras, en la naturaleza todo comunica, es decir emite y recibe) no ha cambiado. Lo que ha ido variando es la manera de comunicarse y aquí podríamos citar una miríada de formas …

A lo que la publicidad, específicamente se enfrenta ahora, es a cambios en la forma de comunicarse. Cambios que se han venido dando permanentemente, haciendo realidad aquello de que “lo único que no cambia es el cambio”. Los “medios” de comunicación han cambiado y en este momento es la llamada digitalización, la computación, lo que impera. Coexisten con lo que se traduce en papel impreso, ondas de radio o de televisión, cine y otros “soportes” que reciben la comunicación publicitaria …

Hay que idear nuevas maneras de emitir mensajes, adecuarse a los modos de ser del público y tener siempre en cuenta que muchas de las antiguas reglas ya no sirven, porque han sido dejadas de lado o superadas. El asunto –que no ha variado- es cómo atraer al público, de qué modo sugerirle, recomendarle e impulsarlo a dar una respuesta afirmativa, positiva …

A veces me parece que estoy incidiendo casi todo el tiempo en esto, pero lo hago, porque por mi propia experiencia soy un creativo publicitario que ha vivido cambios sustanciales en materia de instrumentos de la profesión y en los medios que utiliza. Soy pre-televisión, pre-digitalización, pre-computadora … ¡Casi un dinosaurio! Soy una especie de vestigio, pero que tuvo que actualizarse permanentemente, para durar en este oficio más de medio siglo y continuar “operativo” …

Por eso digo que los cambios van a seguir y hay que estar preparados. No se puede parar, porque el futuro, ése que leíamos en los libros de ciencia-ficción, ya está aquí y como se dice, pronto será tan viejo, como el periódico de ayer.

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«TIFIPICADO»


He escuchado al conductor de un programa que se emite por numerosas plataformas informativas a todo el Perú, repetir muchas veces la palabra que es motivo de este título y creo que, si bien es un error y “a más inri”, repetido, lo preocupante es que se insiste en algo, que está mal y “para peor”, lo hace quien hoy se llama “un influencer”, palabra que cuya traducción al castellano –en un modo bastante libre, general y sonoro, por cierto- borra cualquier duda: “influenciador” …

No es que sea algo “muy horrible”, pero aprovecho este pequeño suceso, para llamar la atención sobre eso que muchas veces pasamos por alto, pero que parece estarse convirtiendo en algo cotidiano para los locutores de programas o noticieros, y es un mal uso del idioma, lo que revela falta de información sobre su elemento principal de comunicación, que es el lenguaje, y la poca o ninguna preocupación por corregirlo que existe…

Es verdad que los errores al hablar son bastante comunes y que un ex presidente del Perú y un ex alcalde de Lima decían “consuidadanos”, que los “endenantes”, “nádienes”, “nadies” u otras equivocaciones al hablar, sean corrientes en las voces de algunos prominentes políticos, pero esa no es razón para que importe un bledo la manera correcta de hablar, porque se cree que “me entienden”, y menos para quienes lo hacen en público y debieran dar ejemplo de corrección (y diría respeto por los demás) al hablar …

¿Y esto que tiene que ver con la publicidad?

Bueno, es algo digno de notar para que se evite, no suceda,  y no se haga, porque la comunicación publicitaria es comunicación pagada y quien paga, tiene todo el derecho de exigir a cambio, un buen producto en todo sentido; las “equivocaciones” lingüísticas en publicidad, además, se propagan rápida y masivamente lo que las hace peligrosas para la supervivencia de algo tan fundamental, pero lamentablemente también distorsionado, descuidado y vapuleado como el idioma …

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EL ARCHIVO MARAVILLOSO


Todos tenemos como propiedad personal un archivo, que solamente puedo tildar de maravilloso, o con algún otro adjetivo positivo y verdaderamente grande …

Se trata de la memoria, la misma que las computadoras y la tecnología tratan de emular, consiguiendo avances inmensos como hace unos años no podríamos imaginar, pero especialmente en lo que se refiere a capacidad.

Nuestra memoria, nuestro archivo, tiene una capacidad que en verdad no llegamos, creo, a conocer … Antes se decía que “los elefantes nunca olvidan” y que, si un hombre tiene una gran memoria, esta es “memoria de elefante” …

Es un misterio como el cerebro almacena en la memoria, las “fichas” de ese archivo que se va juntando y que tal vez se olvide por un tiempo, pero está ahí, guardado y hay cierto mecanismo, que es propulsado generalmente por lo que perciben los sentidos y que produce lo que se llama un “recuerdo”, que no sería otra cosa que la ubicación y “desempolvamiento” de una ficha del archivo, que muchas veces encadena otras fichas o recuerdos más …

Ahora bien, ¿esto qué tiene que ver con la publicidad? Es sencillo y complejo a la vez, porque la publicidad es percibida por el cerebro y aquí se pone en actividad aquello que, por más que nos lo expliquen no llegamos a entender bien… Son reacciones químicas y eléctricas que se producen en ese que es el órgano más importante del ser humano: El cerebro. Se “pone en marcha” (es un decir, porque el cerebro no descansa) y pensamos. Aquí interviene de todo y entre mucho, la memoria, produciendo recuerdos. Esos recuerdos que afloran cuando la publicidad “da en el blanco” y nos hacen actuar de manera determinada …

Perdonen si no he sido muy claro, pero quería enfatizar el uso de los recuerdos, “dormidos” en la memoria por la publicidad, para lograr su cometido. Ahí creo que está la clave de las historias, tan poderosas y que parecen haberse dejado de utilizar …

A veces parece cosa de magia y yo me siento aún después de más de cincuenta años de publicista, como un aprendiz de mago … ¡Es que uno nunca termina de aprender°!

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SOÑAR, IMAGINAR… ¿CREAR?


Uno sueña, deja volar la imaginación, que como decía santa Teresa de Jesús, es “la loca de la casa” y muchas veces se pierde, viaja lejos, llega a lugares y “vive” situaciones que son… ¡Inimaginables!

Soñar, imaginar, pero ¿sería correcto decir “crear”?

Siempre he sabido que la creación es un acto de la voluntad, que involucra a la imaginación y a los sueños, producto de esa maravillosa “máquina” que es nuestro cerebro, a la cual le hacemos tan poco caso y utilizamos “sin pensarlo”; funciona nomás y nos hacer ser lo que somos y permite en nosotros todo eso que se llama vida. Regula “automáticamente” las células, el torrente sanguíneo, la digestión y todas esas “minucias” que componen el cuerpo humano y permite que nos relacionemos, porque ve, oye, huele, toca y habla, pero por sobre todo… ¡piensa!

Y esa maravillosa “máquina” que nos permite PENSAR, es la que nos hacer SER. Sí, somos el cuerpo humano, pero sin el cerebro y sus complejidades infinitas, no somos SERES HUMANOS.

Definitivamente, estas son disquisiciones y temas que tienen profundidad, que son producto del cerebro y casi nunca –o muy pocas veces- reparamos en ellas …

Y se preguntarán ¿por qué este loco escribe sobre tales cosas, en un lugar donde se supone que se trata de comunicación y de publicidad…? Es que la creación, que como ya dije involucra a los sueños, a la imaginación y es un ACTO DE VOLUNTAD, es precisamente la base de la comunicación publicitaria (además de ser la raíz del arte, entendido como literatura, pintura, arquitectura, etc), la que no existiría sin la creación. Y les cuento, que me siento muy orgulloso de ser un creador publicitario (“creativo”, le dicen) dedicado a soñar, imaginar y a eso, a crear o producir ideas con el fin específico de comunicarlas a públicos disímiles y numerosos… Me parece maravilloso (como eso a lo que yo llamo “máquina de pensar”, que es el cerebro) poder hacerlo y haberlo hecho casi todos los días durante más de cincuenta años.

Si me preguntaran, diría que sí, soy un soñador imaginativo, que crea para eso llamado publicidad…

Imagen: manolo pensando

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«HABLANDO SE ENTIENDE LA GENTE»


El título es un refrán archiconocido y muy usado, que dice que hay que “hablar” –léase “dialogar”-, porque cuando se hace una perorata individual, si alguien la escucha, no implica necesariamente una respuesta …

Quien escribe para publicidad, emite comunicaciones que son recibidas por un público determinado y la respuesta de este, no es precisamente un diálogo con el comunicador (a no ser que alguien del público comente en alguna red social como Twitter y establezca uno con el comunicador, o en el peor de los casos lo insulte, lo que no implica por cierto diálogo alguno), sino que puede observarse por medio del éxito del producto o servicio publicitado (algo así como los “likes” que se dan en ciertas redes sociales) y que equivaldría a una respuesta positiva del público, pero que tampoco se prolonga más allá de las recompras si lo publicitado tiene éxito …

Es que, en el fondo, lo que hace quien escribe publicidad es hablar, sí, para que “la gente” lo entienda, sí, y lo hará con el conocimiento que tiene o ha adquirido acerca de las características de esa “gente” o público objetivo; sin embargo, es un “hablar” solitario, confiando en que lo que diga, será bien recibido, atrayendo y produciendo reacciones positivas …

Es verdad que hablando se entiende la gente, pero tiene que escuchar ese hablar y establecer un diálogo para entenderse y es que “entiende”, no significará que se esté de acuerdo con todo; recordemos si no, aquél “conversar no es pactar”, célebre frase del político peruano Ramiro Prialé.

Esto es muy importante, ya que supone “optar”, “escoger” y allí está el quid del asunto. Lo comunicado debe ser convincente de manera tal, que signifique la aceptación de algo y francamente, eso no sucederá si no conocemos las características de aquellos a quienes nos dirigimos.

Todo comunicador, sea publicitario o no, lo sabe. O debería saberlo…

Imagen: http://www.facebook.com

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