VENTANA CON VISTA


Como en un juego de espejos el artículo de Manolo echegaray es editado en Barcelona frente a otra ventana. El estudio de j re crivello

Desde su lugar, tenía una vista panorámica fantástica del Golden Gate, festoneado de luces y con destellos intermitentes en lo más alto, para alertar al piloto despistado de algún avión nocturno, de los edificios del fondo, con luz en ciertas ventanas, los puntitos móviles, de los faros de los escasos vehículos, que a esa hora avanzada de la noche, como luciérnagas, cruzaban por el puente colgante, sobre el río oscuro, en el que  se reflejaban las luces amarillas de algún barco o barcaza anclado, donde tal vez había una fiesta…

La música del piano sonaba suavemente, hasta que el sueño le dijo que era hora de acostarse; entonces, hizo lo de siempre y antes de dormir, apagó la computadora con el control remoto, desaparecieron música e imagen de YouTube, se arrebujó en la cama de su cuarto, que tenía vista próxima a la pared de ladrillos del edificio vecino, disponiéndose a soñar, como todas las noches, con San Francisco, que no conocía, allá en los Estados Unidos …

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EL ÚLTIMO CUPLÉ


Cantaba canciones antiguas y recorría bares, cafeterías y restaurantes, para con las propinas que recibía, poder comer y dormir en algún sitio; había sedo mujer de trapío, vistosa y con buena voz, esa que llenaba teatros y tenía amantes que hacían cola a la puerta de su camerino. Pero el tiempo pasó, los teatros dieron paso a los cines, llegaron los televisores y la gente prefirió quedarse en sus casas, antes que pagar una entrada para oírla cantar …

Una noche, en un bar, perdido entre las calles silenciosas, cantaba “El último cuplé”, tratando de copiar a Sarita Montiel, cuando a media canción, un disparo sonó, calló la voz y el amante rechazado, ya viejo, se fue rengueando por la calle vacía, guardando la pistola en el bolsillo …

Imagen: https://www.abc.es

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MANDARSE MUDAR


Lo echaban de todos lados, quizás por su aspecto esmirriado, porque ni protestaba cuando lo botaban o por esa resignación que produce un hecho repetido tantas veces.

No se daba cuenta que producía repulsión, furia, que en el fondo era miedo. Nada parecía importarle; volvía una y otra vez, insistentemente terco…

En realidad, no entendería nunca por qué no había nadie en casa…

“¡Muerto de hambre!”, decían… “¡Flaco, sarnoso y mugriento!”, decían … “¡Maldito perro!”, decían …

Imagen: https://mx.depositphotos.com

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NO TODO ES UNA ANÉCDOTA


La publicidad, contada por alguien que la ha ejercido, en el área creativa, por ejemplo, suele ser una sucesión de anécdotas, especialmente cuando se trata de contarla a otros…

Entonces, la vida se parece convertirse en anecdótica y no reviste importancia, pero sin restarle ningún valor a las anécdotas, la vida del publicitario es muchísimo más que momentos recordados y que se ensartan como cuentas en un collar o tal vez en un rosario…

La vida, para quien, como es mi caso, ha transitado por el camino de la publicidad por medio siglo, ha sido un constante desafío, un tratar de adelantarse, convirtiéndolo casi todo en algo “para ayer” y sentir que las manecillas del reloj empujan y el calendario es un vertiginoso enjambre de días que se suceden sin piedad …

Resulta que todo empieza con una inocente “orden de trabajo”, que esconde dentro algo desconocido, pero “urgente” y que es seguida detrás por otras, que deben ser millares, porque se pierden de vista en la lejanía del futuro …

Sí, la “orden de trabajo” va marcando la vida profesional y convierte a los días en enjambre y enloquece a los relojes, cuyas manecillas y números se convierten en inimaginadas pesadillas …

Puede parecer un asunto banal, visto desde fuera, pero la “orden de trabajo” da inicio a esa carrera que supone el acopio de conocimientos sobre temas variados y a veces abstrusos, decisiones de cómo comunicar algo a personas distintas y lograr que éstas, no solamente entiendan el mensaje, sino que se sientan impulsadas a la acción positiva; en dos palabras, a usar o a comprar, porque, perdonen, la publicidad, de cara al público, no puede ser meramente informativa. Ha de producir resultados y estos deben poder medirse.

La “orden de trabajo” es el pistoletazo de salida para una carrera y sonarán muchos pistoletazos, uno tras otro o varios a la vez y el corredor tendrá que estar en forma e ingeniárselas, porque participa en todas y no puede perder una, sino ganarlas siempre …

A veces me pregunto cómo se “aguanta” tanta presión y me digo que es por la alimentación y también por la recompensa, porque uno engulle conocimientos que van satisfaciendo el hambre, la necesidad de saber y al final, la victoria alcanzada, el éxito, premian al corredor, aunque falten muchas carreras más que hay que correr y, por supuesto, hay que irlas ganando todas.

Aumentar el saber y sentir la palmadita en la espalda que nos da la victoria esos han sido, lo confieso, mi motor y “secreto”…

Imagen: https://significado.com

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CAMBIO DE TECLADO


Cuando empecé en esto de la publicidad, el escritorio que me asignaron en McCann, tenía dentro un secreto que, lo confieso, me asombró y fascinó… Me enseñaron que empujando un asa metálica que estaba al borde de lo que evidentemente era la superficie plana “de arriba, esta se daba vuelta y aparecía una máquina de escribir, mecánica, marca “Royal”, como por arte de magia. La máquina, claro, estaba atornillada a la cara interna de la superficie de madera, para que no se cayese al hacer el movimiento inverso, que volvía a “convertir” el mueble, en un escritorio con la superficie libre para escribir a mano, poner papeles, libros, etc.

Cuento esto, porque para mí fue la primera vez que veía lo que tal vez era bastante común, porque le llamaban “escritorio de periodista”, aunque para ser sincero, en mis muchas visitas a periódicos en esa época, nunca vi uno así de “mágico” …

Mi primera máquina de escribir o “teclado”, en esta profesión, fue pues una máquina mecánica y metálica, pintada de un color marrón clarito. Era, evidentemente, la “herencia” del redactor anterior y no estaba nueva (lo último que hubiera podido pedir alguien a quien la daban la “oportunidad” de ser redactor y un mes de plazo para “demostrar” que servía, era una máquina de escribir nueva), pero esa fue mi primera “arma” en esta profesión (porque aprobaron que me quedara en el puesto), que “cargaba” con hojas de papel “bulky”, que llegaba al departamento de medios como “Informes de Competencia” (listado de toda la programación de los dos o tres canales de TV, con la aparición de las “tandas comerciales”, su contenido y duración, impresas a mimeógrafo) y que utilizaría como papel para escribir, empleando el revés de las hojas (el que no estaba impreso).

Cuento todo esto con detalle, porque era un mundo el que descubría, asumiendo una responsabilidad de la que no me di cuenta hasta después, porque en ese momento no se me ocurrió pensar que mis palabras se convertirían en avisos, que serían vistos y leídos por miles de personas y que tal vez influyeran en sus decisiones y/o preferencias…

El de una “Royal” fue mi primer “teclado” profesional y cambié al tiempo de agencia, pero mi “arma” fue nuevamente una máquina de escribir mecánica, lo mismo que en las varias agencias publicitarias en las que fui recalando después, hasta que ya en “Mayo FCB”, tuve el primer cambio de “arma”, de una mecánica, a una automática, porque empecé a usar la computadora…

Debo decir, en honor a la verdad, que en mi casa también fueron mecánicas mis máquinas de escribir, hasta que justo, en esa época (y maravillado por las posibilidades de “la compu”), un préstamo que me hizo la oficina, me permitió comprar una personal para casa….

No voy a extenderme mucho más, sino que quería que corroboraran que soy uno de esos dinosaurios de la edad analógica, que pasó a la era digital y que ha vivido una evolución que amplió el mundo, convirtiéndolo en un pañuelo; todo, hay que decirlo en mi caso, caminando por la senda de la publicidad.

Imagen: Internet

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TERPSÍCORE


Le pusieron el nombre, porque desde antes que naciera, soñaron con que, si su primer bebé era niña, le pondrían el nombre de una de las musas, la de la danza y ella sería bailarina de ballet cuando fuera grande.

Nació niña y fue Terpsícore. Los padres continuaron con su sueño y la arrullaban con música de “El lago de los cisnes” o de “El Cascanueces”; fue creciendo y siguieron con la música, la inscribieron en una escuela de danza cuando tuvo edad y la madre le compró un tutú blanco etéreo y encargó que le hicieran dos pares de zapatillas para ballet, color rosado…

Asistió regularmente a sus clases, se transformó en una ballerina ágil y esbelta, sueño realizado, orgullo de sus padres, hasta el accidente…

Entonces, cambió la música y el sueño realizado, por el silencio horrendo de una pesadilla.

Imagen: https://www.monederosmart.com

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