SELLO FAMILIAR


SELLO FAMILIAR - copia

Son mis hermanos mayores, ya fallecidos (soy el único Echegaray Gómez de la Torre que aún queda) María Teresa (Teté) y Francisco Ignacio (Panchín), que en esta fotografía tomada en Trujillo allá por 1937 o 38, muestran lo que es el sello familiar de los Echegaray: la sonrisa.

 

Mis primos tienen como nosotros eso que nos caracteriza: los “cachetes” y esa sonrisa que está presta a brotar; de mi madre Tony, heredamos la alegría, pero ese particular gesto es herencia de Manuel Enrique…

 

Es ¿cómo diría yo? una sonrisa con matiz pícaro y esperanzado que se transmite a través de las generaciones: sonreímos de orgullo por el apellido que llevamos y sonreímos porque hacerlo es la mejor manera de enfrentar a la vida que en el fondo, nos divierte.

 

 

Imagen: Fotografía tomada de un negativo de vidrio. Trujillo, Perú, fecha aproximada 1937 o 1938; fotógrafo: Manuel Enrique Echegaray del Solar.

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LA CAJITA.


CAJITA DE TETÉ

Pequeña, antigua, indudablemente fina, con quién sabe cuántos años, hecha de madera delgada, forrada por fuera con lo que parecía cuero de color guinda que mostraba arañazos de uso, y las iniciales “A. S”  grabadas en la tapa; le di vueltas y curioso, imaginé…

 

 

Las iniciales “A.S”  grabadas en la parte de afuera podrían corresponder a las de mi abuela paterna, Antonia del Solar, porque no sé si ella exactamente, pero sí su familia, había vivido en París, donde se fuera a radicar dejando el Cuzco y la hacienda inmensa cuya “capital” era lo que hoy es el pueblo de Lucre; estas son cavilaciones mías, hechas uniendo lo que mi padre me contaba, porque ciertamente la cajita no tenía más señas ni conozco su historia pasada; solo sé que la tenía mi hermana mayor, Teresa o Teté como le decíamos todos – sus hijos incluidos (con ese arequipeñísimo “la” antecediendo al nombre)- que falleció a los ochenta y cinco años, unos días antes de cumplir uno más hace solo unos meses.

 

 

Teté ya casi no salía, comía casi nada, era divertida, amable, aguda y caprichosa; mi hermana era de esas personas que uno encuentra una sola vez en la vida…

 

 

La cajita –porque de eso se trata esta historia- llegó a mis manos porque mi sobrina, que se encargó dolorosamente de ordenar todo lo que Teté tenía en casa, para repartir entre sus dos hermanos y ella misma los recuerdos de toda una vida, donar libros, muebles, electrodomésticos y menaje; la casa, por decisión de los tres hijos se cerraría para después venderse.

 

 

Teresa María, mi sobrina, me trajo de recuerdo la cajita y al abrirla,  encontré que tenía dentro una fotografía tamaño “carnet” en blanco y negro  de Teté…; luego de la sorpresa que me llenó de recuerdos que se agolpaban rápidos, vi  que la tapa estaba forrada por una especie de seda guinda con las palabras  “Ch. FONTANA  & Cie.   PALAIS ROYAL  96 a 98   PARIS” impresas en dorado y en la parte inferior con terciopelo, ligeramente levantado que tenía cuatro ranuras, para exhibir el contenido que habría sido un juego de tres joyas: anillo, aro y un par de aretes…

 

Guardo celosamente la cajita que en alguna época contuvo un juego de joyas que mi hermana heredó de nuestra abuela Antonia y que ahora guarda para siempre una joya mayor: el retrato de Teté.

 

 

 

¡FELIZ CUMPLEAÑOS, HERMANA!


TETÉ con dedicatoria a mamy.

Ayer hubieras cumplido 86 años, pero te fuiste antes…

 

Estuve acompañándote en la penumbra del comedor de tu casa de Arequipa, rota por las luces de las velas de la torta de cumpleaños, cantando con todos, viendo como reías, soplabas hasta apagarlas todas y aplaudías.

 

¡Feliz cumpleaños, Teté!

TETÉ APOYADA EN BARANDA.