¿JODER PUTICIAL?


Rat king

Tenía otro nombre.

Antes la gente acudía a él para que resolviera sus problemas y poco a poco resultó que revolvía los problemas de la gente.

El dinero comenzó a llegar “volando” y los billetes aterrizaban como avioncitos de colores, principalmente el verde, en los bolsillos convenientes para torcer dictámenes y cancelar favores.

Todo estaba cubierto, todo estaba tapado; era la ley del fuerte; la fuerza de la trampa.

Se negociaba todo: “propiedad” de terrenos, sentencias favorables, desalojos violentos y conciencias mudables.

La presión ha hecho que esto explote por diferentes sitios. Explosiones pequeñas y grandes explosiones. Hay que apagar incendios porque la casa vieja, un presunto burdel, arde por varias partes.

Las ratas van saliendo a la luz: algunas asustadas y otras muy confiadas porque van disfrazadas de conejos.

El Joder Puticial se está quemando y ojalá que los cuerpos de bomberos no puedan apagarlo para que así desaparezca; los sucios roedores no encuentren madrigueras, se quemen los expedientes truchos y las sentencias bamba.

Cuando el solar se encuentre despejado de escombros podridos y quemados, hay que sentar las bases de un edificio nuevo: que sea moderno, funcional y seguro. Uno que lleve el nombre antiguo, rescatado y brillando. Que ofrezca protección a las personas y asegure que lo que allí se hace, sea visto a través de paredes de vidrio. Porque ese lugar debe ser transparente y no un sucio refugio de alimañas.

NOS INVADEN


INVASIÓN

Están invadiendo sitios arqueológicos. Están invadiendo el pasado de todos los peruanos y lotizando la Historia para levantar casas. Sucede porque el pasado se considera eso: pasado. Días que fueron. Que en realidad no importan mucho como no sea para vender las cosas que los recuerdan. Pasado que se ve como objetos vendibles y terrenos polvorientos adonde construir.

No importa que en esos lugares caminaran nuestros antepasados y estén enterrados muertos que un día fueron príncipes, artesanos, soldados, pescadores, gente corriente.

No importa sino el valor de unos metros de suelo que se codicia porque va a subir de precio conforme se urbaniza.

No tenemos donde vivir”, “nos asiste el ser pobres”, “deben darnos”, “este terreno no es de nadie”. Son las frases que se oyen a quienes despliegan sus esteras y marran banderas peruanas  a las cañas. Es lo que argumentan los que compraron trozos de esperanza a los traficantes que se apoderan de lo que es de todos los peruanos, para lucrar vendiéndolo. No importa que haya cercos, letreros que indiquen que es patrimonio histórico. No importa, “porque si invades (y me compras), eres posesionario y no podrán sacarte…

Y así nuestro pasado va desapareciendo. Encima de la Historia se construye, se duerme, se pelea, se come.

Lo que fueron terrazas y explanadas luminosas, escalones que llevaban al cielo y a los dioses, calles, mercados, adoratorios, plazas, ahora son botín que se toma por la fuerza y matones contratados o con trampas legales.

El Perú es inmenso y hay tierra para todos. Pero hay zonas sagradas que no deben tocarse. Porque de otro modo quedarán en los libros y en los cuentos de viejas: desaparecerán. Y eso, no tiene nada que ver con falta de viviendas. Nada.

QUITADA LA JUSTICIA…


 JUSTICIA

 “Quitada la justicia, ¿qué otra cosa son los reinos, sino inmensos latrocinios? Los latrocinios ¿qué son sino unos reinos pequeños? Porque también estos son una gavilla de hombres que se rigen por el mando de un príncipe, unidos por pacto de asociación, en la que la presa se divide en las proporciones convenidas. Este mal, si crece con la agregación de tanta gente perdida, y llega al grado de tener lugares y constituir sedes y ocupar ciudades y someter pueblos toma el nombre de reino que manifiestamente le otorga no la codicia dejada sino la impunidad añadida.

Mi acertado amigo Eduardo, en un correo, hizo llegar esta cita textual y estremecedora. Aquí está escrita entre el año 412 y el 426, una descripción, que desgraciadamente no parece tener tiempo, de lo que pasa en el mundo y en nuestro país. Se trata de “La Ciudad de Dios” de San Agustín.

El tema no es nuevo y lo vemos repetirse a lo largo de la Historia. Se viene advirtiendo sobre esto, casi desde que el ser humano piensa y forma sociedades. Sin embargo las palabras caen en saco roto y se pierden porque nadie hace caso o no conviene hacerlo.

¿Hasta cuándo?

DE CABEZA


DE CABEZA

No debería sorprendernos el que veamos todo patas arriba, al revés de como debiera estar.

A una chica le rompen el vidrio de su auto para robarle la cartera. Los “bujieros” huyen en moto y ella los persigue; los choca: uno de los delincuentes huye y el otro es atrapado. La moto del asalto tiene la placa falsificada y el que es atrapado, antecedentes policiales por robo. El malhechor reclama por “sus derechos” y no quiere que lo filme la televisión, amenazando. Un campeón mundial de boxeo descubre a unos ladrones robando en su automóvil; los coge y luego la familia de uno de los ladrones lo denuncia por “agredir” a un menor. Waldo Ríos, el que recibió dinero de manos de Montesinos para cambiar de partido y apoyar a Fujimori, es “rehabilitado” por la Sala Penal Especial de la Corte de Justicia y puede ser Gobernador de Áncash.

Si vemos someramente las noticias tendremos un panorama de lo que está pasando. Jueces liberan a delincuentes; los delincuentes amenazan y agreden a la ciudadanía; un cajero de banco les roba a los más pobres; un congresista más hace que el Congreso les pague a “asesores” que trabajan… ¡en su universidad particular!

El mundo está al revés en nuestro país: de cabeza, patas arriba, equivocado; mala, dolosamente equivocado. Todo está trastocado.

Dicen que estamos camino a ser país del primer mundo ¿no será que caminamos hacia el último? ¡Esquina bajan…!

CALDO DE CULTIVO


CALDO CULTIVO

Atacar los diferentes casos de corrupción, como se viene haciendo con algunos es loable y necesario. Que se investigue y sancione es lo que el ciudadano espera que suceda.

Sin embargo, mientras las condiciones no cambien, estas serán el caldo de cultivo para más corrupción.

Prosperará de diferentes maneras y encontrará los medios para escapar de la vigilancia y a la detección.

Entre tanto exista el desnivel que hay, no se resolverá nada. Estaremos tratando de curar un cáncer terminal con analgésicos.

FUMIGAR


FUMIGACIÓN

Parece que empezó la fumigación. La desratización ha comenzado y así poco a poco espero que nos libremos de la peste. Esa peste que amenaza con infestarlo todo.

Hay buenas señales y parece que se estuvieran haciendo las cosas como se debe. Por supuesto que la peste es resistente y su erradicación tomará tiempo y traerá sorpresas. Veremos desfilar los cadáveres de roedores que no esperamos ver y también los de viejos conocidos cuyas habilidades de mimetización los salvaron hasta ahora.

El tema ha sido comenzar. Que se asuma con valentía una tarea que nadie parecía atreverse a emprender. Se inició algo que debe terminarse. Alguna vez dije que esto sería una tarea hercúlea, como la de limpiar los establos del rey Augías.

¡Bravo por lo que están haciendo para que la Ley impere y caigan los canallas! Pero no hay que cejar ni tener dudas. ¡Retroceder nunca, rendirse jamás!

¿CÓMO SE ATREVEN?


BOLSA DE DINERO

Se atreven porque piensan que todavía queda un poco de impunidad. Están seguros de ello. El dinero compra las posibilidades más increíbles y acalla posibles reacciones vocingleras.

Álvaro Obregón, el general mexicano, decía que nadie resiste un cañonazo de 50,000 pesos. La frase sigue teniendo una triste vigencia para los que creen que todo es comprable.

Vemos por aquí y por allá las reacciones de esta maldita corrupción en el accionar de “autoridades” que se escudan en el anonimato para seguir perpetrando tropelías, que enumeradas, hacen listas interminables.

Se atreven porque creen que “va a pasar la ola” y que el mar volverá a la calma chicha de siempre donde flota la mierda de la que se alimentan.

Se atreven porque saben que en los más oscuros escondrijos hay “colegas” que, embarrados como ellos, los van a proteger.

Se atreven porque creen que el poder no se acaba; que ni siquiera la sombra de la Justicia los alcanza; que están “asegurados” por ser “indispensables”.

Por eso todavía se atreven y porque todo es lento, paquidérmico, miope, lerdo y confían en ello.

Son difíciles de barrer y se atreven. Hasta que la Verdad los extermine.