CIERRE DEL CONGRESO II/FAKE NEWS


LA MENTIRA TIENE PATAS CORTAS

 

Diario “La República” / Youtube

 

 

SI LOS IMBÉCILES VOLARAN, ESTARÍA OSCURO: SERÍA DE NOCHE TODO EL TIEMPO


RESULTA INCREÍBLE LO QUE SUCEDE EN EL PERÚ.

Y NO ES QUE LO DIGA YO…

Juan Carlos Tafur/La Mula/Youtube

CHUPACABRAS


 

CHUPACABRAS

El otro día, escribiendo para el blog, escuché la voz de un niño que llamaba (gritando, por supuesto): “Chupacabras… ¿estás ahí?… Chupacabras… ¿estás ahí…?” y supuse que se trataba de un juego de esconderse, de esos que los niños han practicado desde siempre y que les gustan tanto, en el que el “escondido” aparece intempestivamente y asusta al “buscador”…

 

Me intrigó el nombre porque “Chupacabras” no es un apodo popular, antes al contrario, es el nombre que sí, popularmente se le da en algunos lugares a un ser que aparece, creo, primero en España (“aparece” es un decir porque nadie lo ha visto, si no me equivoco) y su nombre derivaría del hecho de haber atacado a unas cabras, matándolas y bebiendo su sangre,  porque las encontraron “secas”; sé que la historia de este ser se ha reproducido en varios países, donde no ha sido visto nunca pero los efectos de su accionar al parecer sí.

 

Pongo todo en condicional, uso “al parecer” y lo que me permita decir que no es que lo afirme yo sino que es algo que las noticias y en especial las redes sociales tienen como tema, esporádico, pero existente; podría ser el embrión de una de tantas leyendas como la del “Lobizón”, “Drácula”” o esa “Novia” ubicua, que aparece en diferentes lugares y países e incluso se hacía presente ciertas madrugadas en la cocina (que quedaba en el sótano) de mi casa de infancia en Barranco…

 

“Chupacabras” no es pues un apodo corriente entre los niños y me extrañó el asunto, sobre todo porque cuando yo esperaba respuesta al niño gritón, el silencio era la contestación; luego de un largo rato y de un par de nuevos intentos de llamada del niño, escuché que su mamá venía para llevárselo a almorzar; digo yo que de pronto el niño oyó de sus padres el nombrecito, pero también que de pronto, tal vez, podría ser que exista un “chupacabras” en el condominio: claro, el problema es que por aquí no hay ninguna cabra, dificulto que el niño alguna vez haya visto una y entonces… ¿qué va a chupar ese pobre “chupacabras”?

Imagen: hauntedmario.com

¿POR QUÉ NO TE CALLAS?


por quÉ no te callas

El anterior rey de España, Juan Carlos I, se lo dijo en público a Hugo Chávez, ahora muerto y es exactamente lo que les diría yo a todos los que se llenan la boca loando a Nicolás Maduro, a quienes dicen que los ciudadanos venezolanos que han llegado hasta el Perú escapando      –muchas veces a pie- del desastre que ha causado en su país el enano mental que dice haber sido elegido “constitucionalmente” y que aspira a perpetuarse en el poder apoyado por una cúpula de las fuerzas armadas “incondicional” que parece estar teñida del color nauseabundo del narcotráfico.

 

Se lo diría a quienes sostienen que los ciudadanos venezolanos han venido al Perú para quitarles el trabajo a los peruanos porque “cobran menos” y “aceptan cualquier cosa”; se lo diría a un sinvergüenza como Ricardo Belmont Casinelli que tuvo la desfachatez de postular como alcalde de Lima levantando su bandera xenofóbica y cobarde contra los venidos a nuestro país en busca de sobrevivir, expulsados por una realidad irrespirable.

 

¿Por qué no te callas?, les diría a ciertos medios de comunicación que opinan o albergan opiniones que buscan desacreditar a todos los venezolanos que han llegado al Perú en busca de horizonte y se ceban en las noticias negativas que malos venezolanos –que los hay en el país y vinieron enviados por Maduro para que lo apoyaran, además de aquellos delincuentes de los que se desembarazó el dictador llanero, facilitando su travesía y que ahora están aquí- provocan, como si fueran lo único y exclusivamente pernicioso que hay aquí, alentando una xenofobia estúpida y que tiene cabida en descerebrados que en realidad no quieren trabajar y echan la culpa de su desocupación ociosa a los venezolanos que se desloman por un techo y un plato de comida sin hacerle ascos a ninguna labor.

 

¿Por qué no se callan Evo Morales, Putin, Ortega Maradona y otros cuyo presente no es nada claro, su pasado es dudoso y forman una triste comparsa que cree que la libertad son las mafias, las balas, los asesinatos de opositores, el “poder perpetuo”, la drogadicción…?

 

Claro, aunque callen, seguirán empujando un carro de circo con payasos tristes, animales enjaulados y “artistas” en el lanzamiento de cuchillos, que ¡oh casualidad! fallan cuando le conviene al dueño del espectáculo; sería bueno su silencio y que además la ola de la Historia los borre para siempre se la faz de la Tierra.

 

Imagen: memegen.com

¿DÓNDE ESTÁ OLGA?


¿dÓnde estÁ olga

 Es una pregunta que me hago casi todos los días, varias veces, por las mañanas; es una trivialidad que escriba sobre esto, pero como la mayoría de lo que escribo no es muy importante, me lanzo nomás.

 

“¡Olgaaa!… ¡Olgaaaaaa…!… ¡Olgaaaaaaaaaaaaa…..!”: Olga debe ser parte del personal de mantenimiento que trabaja en esta parte del condominio y por lo escuchado  o es muy necesaria, se esconde, está en algún lugar desde donde no escucha y si lo hace prefiere seguir haciendo lo que hace que antes que contestar llamados para preguntarle algo, para que alcance tal o cual cosa o tal vez Olga sea un poco sorda.

 

Lo que me llama la atención es que, como digo, el hecho se repite prácticamente a diario y muchas veces; lo único que he podido sacar en claro es que Olga trabaja en el turno de las mañanas porque en ninguna tarde he escuchado el llamado.

 

Debo decir que las voces que la llaman a gritos (porque gritan) son indistintamente de mujer o de hombre; lo que me hace pensar que Olga, que evidentemente no tiene como muchas de las personas que en este condominio trabajan, una radio portátil para comunicarse, hace labores de limpieza general y anda por el escalafón laboral más bajo.

 

Me sorprende y me vuelve a sorprender que la llamen a gritos (un modo bastante cavernícola de comunicarse) teniendo en cuenta que suele ser en horas tranquilas, cuando los chicos no han salido a jugar y claro, a gritar entusiastamente también; quizá sea, digo, que la gritería infantil ahoga los “¡Olga…!” o que la mezcolanza de gritos, voces, carreras, ruidos de pelotazos y llamados a Olga se convierte en un momento en una especie de ruido de fondo al que uno se acostumbra e ignora un poco…

 

Pero volviendo a Olga: ¿no sería bueno que ella prestara alguna atención, que alguien le recomendara visitar a un médico, que no jugara a las escondidas en horas de trabajo, que le dieran un radio transmisor o que – ¡por favor!- no gritaran tanto?

 

Imagen: casas.mitula.pe

 

 

CHACHI


CHACHI

Escribo con dolor.

 

Chachi Sanseviero, mi amiga, mi vecina cuando ella y Eduardo iniciaron su aventura peruana en Miguel Dasso, en el primer piso del edificio donde estuvo la oficina de mi primera agencia de publicidad propia, se ha ido para seguir viviendo entre las páginas del libro que el Universo escribe desde siempre.

 

Qué alegría ver como “El Virrey” iba tomando forma y los libros salían de las cajas para alinearse en los estantes; que alegría porque ahí, al alcance de mi mano estaba el mundo entero con sus sueños, el hermoso equipaje para viajes fantásticos, las historias, los días de verano, las sonrisas, todo lo que pudiera imaginar y siempre mucho más…

 

Qué alegría bajar para tomarnos un café y conversar, hablando de política, contando nimiedades, comentando lo último leído, sabiendo yo que a la noche volvería a tomar más café y a seguir con la charla mientras Eduardo y Sammy Drassinower jugaban ajedrez y llegaba la hora de cerrar.

 

Qué alegría que Chachi aceptara el marcador de página que diseñé para ellos (entonces dibujaba) y que era una flecha violeta de bordes redondeados que decía  AQUÍ con letras gruesas redondeadas también y debajo, “Librería El Virrey” y que, como me pasa siempre, no guardé.

 

Qué alegría tener buenos amigos.

 

Qué tristeza cuando Eduardo partió y qué tristeza hoy porque Chachi se fue para ayudarlo a ordenar las estrellas en esa librería inmensa y nos dejó sin su humor ácido, sin su mirada limpia, sin su dejo rebelde y uruguayo.

 

Qué tristeza, Chachi, porque no pudimos despedirnos pero sabes que el abrazo y el beso te los debo para cuando nos encontremos allí, entre las páginas del libro que el Universo escribe desde siempre y no será ya una despedida, sino un ¡hola! Alegre como el de cada día hace ya tanto tiempo.

 

 

Foto: Víctor Idrogo  “El Comercio”