ROCHABUS


De entrada, para los que desconozcan la palabra que se inventó en el Perú y dejó de usarse como tal hace mucho tiempo, diré que es el carro rompe-manifestaciones que usa la policía y echa chorros de agua a presión sobre los manifestantes para dispersarlos. Lo trajo el señor Temístocles Rocha, Ministro de Gobierno (de lo que era el Ministerio de Gobierno y Policía, hoy, Ministerio del Interior) del gobierno del general Manuel Arturo Odría.

El “Rochabus” (que llevaba pues el nombre de un personaje político, fruto del ingenioso humor nacional, tal vez fuera bautizado así por el gran humorista peruano Luis Felipe Angell – “Sofocleto”- “Rochabus” fue también un semanario satírico, evidentemente político, que costaba 2 soles) se hizo especialmente famoso por propinar el “célebre” “manguerazo”, que recibió el entonces candidato presidencial, Arq. Fernando Belaunde Terry*, al cual el Jurado Nacional de Elecciones había negado en forma mañosa su inscripción. Empapado y llevado en hombros por una multitud de manifestantes que lo apoyaba, FBT logró que se reconociera su inscripción, aunque en las elecciones inmediatas perdió, porque ya Odría había conseguido que pactara el MDP (Movimiento Democrático Pradista, después cambiado por un conveniente “Peruano”) y el hasta entonces proscrito y perseguido por el mismo Manuel A. Odría, APRA, alianza que ganó, llevando a Manuel Prado Ugarteche a la presidencia, asegurando la impunidad de Odría y la legalización del APRA

Esta es un poco la “historia” que rodea al “Rochabus” y que estoy seguro tiene otras mil anécdotas más. Es el que en Chile se llamó posteriormente “Pinochito”, porque lo usaba la policía del gobierno de Augusto Pinochet – curiosamente, un general del ejército también- y también es curioso que aquí, en el Perú se llame ahora de ese modo, aunque lo último que supe era que arrojaba agua coloreada para dispersar y teñir a los manifestantes, pero ya no sé si continúe en uso.

Sé que esto que he escrito es algo localista, porque concierne al Perú, a sus avatares y posiblemente a quienes me lean sin ser peruanos, no les interese mucho, pero el “Rochabus” es un pedacito de la historia de este país, que tan complicado políticamente anda, como siempre, con el agravante del Covid 19.

*Fernando Belaunde Terry, FBT, fue después presidente del Perú (1963– 1968) y derrocado por un golpe militar. El pueblo peruano lo reivindicó y volvió a elegirlo como presidente (1980 – 1985).

Imagen: historiaymarcas.wordpress.com

¿EL PERÚ SIN MÁSCARA?


Hay momentos en los que me gustaría ser letón o circasiano. Momentos en los que mi bilis burbujea como espumante. Momentos en los que no puedo creer lo que mis ojos ven y mis oídos escuchan. Momentos en los que la vergüenza se avergüenza.

Un vecino del barrio de Magdalena en Lima, sale con su perro y sin la mascarilla – que es obligatoria- los serenos del distrito le reconvienen y pidiéndole que salga con mascarilla. El vecino los insulta con términos racistas y palabrotas, a pesar de lo cual los serenos le siguen indicando que es necesario el uso de mascarilla o que regrese a su casa. Más insultos del vecino y su negativa a irse… Todo grabado en video.

Me duele mucho decirlo, pero pareciera que así es el Perú sin máscara, “a la hora de los loros” … No se trata de denigrar a mi país ni a su gente, es decir a nosotros, los peruanos y quiero decir que una golondrina no hace verano, pero también que justos pagan por pecadores…

El Perú ostenta el record mundial de muertos por Covid-19, a pesar de advertencias, ordenanzas, ejemplos y toda clase de comunicación que alerta sobre los peligros del virus y las maneras de contenerlo, que son sencillas…

El video muestra la actitud de algunos, que primero causa indignación, para después viralizarse y convertirse en tema de memes y de programas cómicos de la televisión y así, un hecho que fue causante de ira, termina promoviendo la risa al banalizarse, tal vez porque se piensa que es mejor reír que llorar, o porque debajo de la máscara está el gesto despectivo del “¡A MÍ qué me importa…!” o un desaprobador y enfático “¡YO no soy así!”.

El vecino, después, ha salido a “pedir disculpas” para tratar de justificarse, minimizando lo ocurrido y por supuesto que con la mascarilla puesta.

Dicen que la pandemia esta lo cambia todo, pero me parece que si el ser humano no cambia…

Imagen: vectorstock.com

Imágenes noticia: ATV

EL CONDOMINIO EN LOS TIEMPOS DEL VIRUS


EL CONDOMINIO EN TIEMPOS DEL VIRUS.jpg

Lo que escucho insistentemente, a  cada rato del día es el traqueteo metálico que producen los carritos de compra, como los del supermercado, que el condominio tiene a disposición de los inquilinos en cada etapa (los escucho en mi edificio y fuera de él, en la 4ª).

 

Estos carritos se usan cuando alguien viene con muchas bolsas o paquetes grandes, para dar facilidades de transporte entre la puerta de entrada y los edificios de la etapa…

 

Es desde hace poco que este ruido, antes muy esporádico, se ha hecho insistente y coincide con el pánico que el coronavirus ha desatado, produciendo caos, desabastecimiento, toma de medidas oficiales e intentos de las autoridades por convocar a la calma…

 

Pienso, desde aquí, que es el sonido del miedo, el de la desesperación. El sonido que dice “Yo traigo lo que he conseguido para sobrevivir…”.

 

… … … … … … … … … … … …

 

Es de día y hay un silencio extraño a pesar de tener frente a mi ventana, la zona de juegos infantiles de la etapa 4; miro afuera y veo que los subibajas, el tobogán y las escaleras aéreas, pintadas de colores brillantes están sin niños y hay una cinta plástica amarilla con palabras impresas en negro que rodea la zona; no llego a ver qué es lo que está impreso, pero imagino un “NO PASAR” o tal vez un inglés “NO TRESPASSING”…

 

… … … … … … … … … … … … … … …

 

En el condominio hay gatos sueltos que salen por las noches y maúllan bajito mientras caminan amparados por la tranquilidad de la hora y la falta de personas que molesten su deambular explorador. Pero ahora es media tarde y un gato maúlla desesperadamente, como si tuviera miedo, le doliera mucho o aterrorizado, viera algo extraño.

 

… … … … … … … … … … … … … …

 

El “happy birthday” es cantado finalmente y lo que era rumor de voces que venía de algún edificio, amplificado un poco por el silencio, identifica que la vida sigue y hay quienes se reúnen para celebrar, a pesar de temores y recomendaciones.

 

… … … … … … … … … … … … … … … …

 

Todo sigue lentamente y ahora, afuera, detrás de la ventana está lloviznando.

¿ES LA HORA DE LA REIVINDICACIÓN?


ES LA HORA DE LA REIVINDICACIÓN.jpg

Las redes sociales que existen en Internet y que deberían servir para eso, o sea socializar, han sido desnaturalizadas, convirtiéndose en las redes “suciales”, como las he llamado más de una vez.

 

En mi caso particular, , yo, que como profesional de la publicidad y persona interesada en informarme y opinar interactuando a través de ellas, salvo una o dos, las he ido abandonando con el tiempo; esto no significa que haya disminuido mi interés en la comunicación, sino que he visto y sufrido en carne propia este proceso que me parece de descomposición por un uso banal, tonto y verdaderamente insignificante de una forma tan importante de comunicar; aquella que lo pone al alcance de quien acceda a una computadora, o lo que es aún mucho más común, a un teléfono celular.

 

Las redes sociales, perdónenme, se han convertido en una cloaca donde las aguas negras de una comunicación pésimamente entendida confluyen. Podría compararse también con un botadero de basura, donde no es que abunden las bolsas cerradas, sino que el detritus está a vista y paciencia de todos, con legiones de moscas pululando y gusanos reptando entre los deshechos.

 

Si creen que soy muy duro o injusto en mis apreciaciones, fíjense simplemente en lo que se han convertido Facebook o Twitter (por solamente nombrar dos), donde lo que campea es la desinformación, el insulto o los sarcasmos ofensivos. Las redes sociales se han transformado en un campo de lucha, en un “todos contra todos” que desnuda  lo más bajo de una gran mayoría de usuarios.

 

Probablemente usted, que me lee, no se sentirá parte de este ejército de zombis que se expande constantemente y que usa las redes sociales para ventilar diferendos, exhibirse y exhibir a sus familiares o conocidos; mostrar sus propiedades,  gustos, paseos y en general todo lo que a cualquiera se le ocurra: desde fajos de billetes hasta perros bailarines.

 

Tal vez se me dirá que las redes sociales también tienen un lado lúdico, divertido y es verdad, pero creo que lo lúdico y divertido a costa de la desgracia, inocencia o la ignorancia de otros no es un juego gracioso sino una canallada de estupidez mayúscula.

 

Y esto sucede alrededor del mundo sin mayor distinción; pero ahora ha llegado el tema que tiene más palabras escritas y dichas e imágenes en movimiento o estáticas, comentarios, reportajes, noticias y “bromas”: Sí, se trata del coronavirus que además de infectar seres humanos y a ciertos animales, lo ha hecho con las redes sociales, abarrotándolas de lo peor…

 

La desinformación cunde y todos “saben” y  quieren saber. No es que el coronavirus sea “cualquier cosa”, como para desestimarlo de una, pero –lo he dicho ya en otras ocasiones- el pánico casi irracional que está provocando hace que en vez de pensar en prevención, se piense en contagio, muerte o desgracia personal: supermercados primero rebosantes de clientes ansiosos que se arrebatan todo lo imaginable, luego desabastecidos por la locura compradora y seguramente después cerrados por falta de existencias y pobre abastecimiento, son las imágenes que grafican lo irracional del tratamiento que se está dando a un tema sensible y delicado.

 

Es hoy, con este virus, que las redes sociales tienen la oportunidad de reivindicarse y demostrar que son un eficaz medio de comunicación socializante. Sé que no es fácil pero tienen que alzarse voces potentes, que de manera sencilla, digan esas verdades que uno tiene y quiere conocer para informarse y tomar así las acciones que sean necesarias.

 

Hay que olvidarse de exageraciones o alarmismos que lo único que consiguen es causar pánico, ese que impide pensar y hace actuar a tontas y a locas.

 

Compete, más que nunca, a las redes sociales cumplir a cabalidad un papel protagonista, serio y que les devuelva esa función para lo cual fueron creadas: la comunicación.

 

Diversión sí, pero que antes ayuden a tomar exacta conciencia del problema y sus implicancias en todo el mundo.

 

No sé si le logrará, pero espero que sí, porque de otra manera, la raza humana se irá al tacho.

 

Imagen: http://www.minutoneuquen.com