TRANVÍA


TRANVÍA A CHORRILLOS

 Cuando era chico y viajaba en tranvía, a veces me quedaba hasta el final para ver la maniobra de mover los respaldares de los asientos y ponerlos mirando al otro lado; como el “trole”, que lo conectaba con “la línea”, cambiaba de posición, jalado con una cuerda; el conductor se situaba de pie frente a los mandos y el vehículo que había venido en una dirección, empezaba su viaje sobre los rieles brillantes hacia la dirección contraria.

Entonces, pensaba en lo aburrido que debía ser prisionero sobre ruedas y recorrer siempre el mismo camino de ida y vuelta.

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¿PIENSA MAL Y ACERTARÁS?


DIABLO

 El tema del tratado con Francia que el presidente de la república se rehúsa a firmar luego de que fuera aprobado por el parlamento y que contempla la extradición, es un verdadero tema que suscita suspicacias.

Dicen que la mujer del César no solo debe ser honesta, sino parecerlo y lamentablemente aquí, lo menos que hay es impericia en quien conduce la política internacional del país; impericia que parece avalada por sus consejeros cercanos. Algo que por las circunstancias que lo rodean, despierta dudas.

¿Era necesario esto? ¿Qué significa la marcha atrás sobre una previa decisión? ¿Por qué en medio de cuestionamientos a la pareja presidencial hay una negativa a firmar del propio presidente en un caso donde Francia aparece por todas partes?

Nadie puede impedir que haya especulaciones. Desgraciadamente nuestro país, por endémica falta de definiciones y temor a decir lo que es, en presa de “teorías de la conspiración” de diversa índole. Los ciudadanos estamos acostumbrados a escuchar varias versiones sobre un solo tema y como son muchísimos los temas, el nuestro es un país de “bolas”. Lo malo es que a veces alguna bola acierta y chuza; ¿caen los palitroques? No necesariamente, porque sobre la marcha hay una “explicación” que es avalada por el coro de turno, que muge al unísono como rebaño.

Hacer “análisis” es un deporte nacional pero algunos practicantes llegan a la meta, acertando.

CREER


CREER

De pronto descubrimos que lo que nos decían, no era cierto. Que todo aquello que nos movió solamente era un embuste y que el tiempo y la energía que dedicamos, son vanos. Esto, lamentablemente sucede a cada instante y sin embargo no parecemos escarmentar. La desconfianza se resiste a instalarse y otra vez nos vuelven a engañar.

No es que seamos unos crédulos que no se dan ni cuenta de lo que pasa, pero es que en alguien se tiene que confiar y si todo resulta mentiroso ¿qué hacer?

Miramos buscando en quien creer y no se encuentra a nadie; si alguno aparece, la credibilidad golpeada nos dice que mejor es dudar. Pero otra vez confiamos, rogando que esta vez no nos cuenten un cuento; que no nos entusiasmen con cantos de sirena y que las cosas sean por fin, como tienen que ser. Tal vez, como Ulises, necesitemos cera en los oídos y amarrarnos al mástil…

La pregunta queda abierta y flotando: ¿en quién y en qué creer?

 

AGUA PARA TODOS


AGUA

Como si fuera una consigna política, o un lema de campaña, parece que el que calienta el sillón de Nicolás de Ribera “el Viejo”,  Luis Castañeda, “el Mudo” ha decidido, según he visto en la prensa, que los coffee breaks desaparecerán del Concejo limeño y se dará agua. Ni galletitas siquiera.

Parece ser un tema de carnavales (un poquito atrasados), aunque alguien debiera recordarle que hay que tener mucho cuidado: el “juego con agua” no es permitido porque el agua es un bien cada vez más escaso y siempre precioso. No vaya a ser que se la use mal.

Felizmente no ha dicho que la otra administración “no le dejó ni agua”, aunque afirme que el municipio está en bancarrota por los dispendios anteriores.

Lo que sí parece, siempre según la información periodística, es que el amarillo seguirá campeando en polos, gorros y chalecos para los trabajadores. De pronto hay algún auspiciador y hace algún tiempo podría haber sido Kolynos la crema dental de la cajita amarilla. Pero no, es amarillo sol. Solidaridad, digo.

LA VUELTA DE LOS HOMBRECITOS AMARILLOS


AMARILLO

El hombrecito amarillo era el símbolo de la vergüenza. Significaba que no habías pagado algo y alguien, para cobrarte, humillándote, contrataba hombrecitos amarillos que eran bien visibles y hacían de todo para poner en evidencia pública al deudor. Desde plantones frente a viviendas y oficinas, hasta desplegar carteles exigiendo que pagaras y presentándote como un delincuente.

Los hombrecitos amarillos fueron un arma usada para coaccionar y finalmente se prohibió la práctica.

El hombrecito amarillo parece haber vuelto.

Por lo menos eso es lo que parece en esta ciudad donde el color está ganando espacio, para decir un “aquí estamos, haciendo”. Poco a poco invade Lima tratando de demostrar eficacia. Amarillo visible, amarillo bilis, amarillo-“amarillo”.

Creo que se hizo bien en terminar con los hombrecitos amarillos y su infamante labor.

Habría que estar atentos, porque podrían estar reapareciendo: el color los delata.

ES CURIOSO, LOS FINALES SUELEN SER OPERÁTICOS


ÓPERA

No sé si el desgaste que evidencian los casi cinco años es la razón o será que la razón venga de una percepción de “aquí se acaba todo”, o tal vez la necesidad de tener leña y hacerla del árbol que ya se está cayendo (que al quemarse, como está verde todavía generará una humareda asfixiante). No lo sé en realidad, pero veo repetirse, hacia el final de los cinco años de gobierno, con algunos matices, la misma aria y coros similares. Es como si asistiéramos al final de una ópera que ya vimos en parte.

Una ópera que ofrecía, al principio, un reparto distinto al servicio de un argumento diferente. Pero es una especie de “ritornello” que a veces hasta podemos silbar, de lo conocido que resulta.

Arrecian las denuncias, proliferan destapes y el ruido de acomodo de sillas es notorio. Hay que terminar rápido y haciendo la mayor bulla posible, para que al principio del siguiente quinquenio, se recuerde claro a los gritones y esto sirva para votar.

Tal vez es un fenómeno mundial, pero me circunscribo al Perú. La temporada está por terminar y el “grand finale” ha empezado. Lo malo es que el público puede silbar y abandonar el teatro. Otros, desconcertados, aplaudirán un poco y otros se quedarán porque no les devolverán su plata o por ver qué cosa es lo que viene…

Ya vimos el final y los actores se quitarán el maquillaje y los trajes para irse. Muchos de los actores se quedan para ver si les va mejor en la próxima.

Fuera, hay gente que hace cola para la siguiente función. No importa que conozcan la trama, pero esperan ver cómo serán las interpretaciones…

No saben si empezará en serio y terminará como una ópera bufa.

EL INFLADOR


INFLADOR

 

 

 

Todo el mundo sabe lo que es. Sirve para echar aire –inflar- todo aquello que pueda ser inflable. Se inflan globos, piscinas portátiles, llantas y qué se yo que más.

Se usa para las noticias. Es un deporte bastante interesado y común Lo sucedido se infla y poco a poco crece, tomando ese aire de verosimilitud que confiere algo repetido.

Muchas veces se fabrica una patraña y se la hace crecer a punta de decirla, siempre con algún agregado. Otras veces es una verdad ínfima y sin ninguna importancia que se busca hacer importantísima y superlativa.

Los políticos, la mayoría de ellos, tienen su inflador propio y lo usan a su favor, si un remordimiento. Los medios también tienen el suyo y lo usan para atraer lectoría y audiencia.

Es conocida la exageración de algunas personas que de un grano de arena hacen una playa y de una gota de agua un océano enorme y navegable.

Usar el inflador es un deporte, repito, y por lo general produce réditos. “No es mentira, es exageración”, disculpamos al toque cuando la verosimilitud flaquea.

Lo peligroso de todas estas acciones es que distorsionan las cosas, las llegan a hacer inverosímiles o reclutan creyentes que repiten lo oído como si fuera un mantra.

Hay que tener cuidado porque los globos se revientan, las piscinas se rompen y el agua se escapa y una llanta pinchada puede ocasionar muertos.

Al final, todo es cuestión de aire. Ese que parecía tan inofensivo.