EL BOOM


Para todo el que haya tenido contacto con la radio o la televisión antiguamente, un “boom” (bum) es el micrófono grande, omnidireccional, que en la tele estaba fuera de cámaras, colgado, en un trípode con ruedas que permitía moverlo y que en la radio, colgaba del techo de la cabina …

Pero es a otro “boom” al que quiero referirme y este término define aquí lo que es un éxito (como el “boom” de la literatura latinoamericana, de hace un tiempo). Algo que es “grande”, una verdadera explosión …

Es l “boom” que se vive desde hace varios años, de las comunicaciones, entendidas como una carrera universitaria, no con la tecnología que la permite. Las comunicaciones se volvieron “la carrera de moda”, la especialidad que había que seguir si uno quería ser “moderno”; profesiones como la ingeniería, el derecho, la antropología, la medicina y otras, no eran muy “fashion”. Había que ser “comunicador” y así nacieron como hongos después de la lluvia, las facultades universitarias de la especialidad y los institutos superiores que ofrecían educación en esta rama …

A los periodistas se les llama, correctamente, “comunicadores”, y también a los que profesan la publicidad, y ahora pareciera que los comunicadores abundan y uno se en encuentra con comunicadores egresados de esa carrera, que laboran en muchas cosas que nada tienen que ver con lo que estudiaron. Es verdad que uno puede encontrar ingenieros o abogados como taxistas, por ejemplo, pero tal vez porque yo he estado toda mi vida profesional dedicado a la comunicación publicitaria (sin estudios universitarios ni título alguno, hasta que la Universidad Católica, hace diez años, me otorgó el título “honoris causa” por currículum distinguido), es que me “fijo” más en los comunicadores y creo que hay un sobre abundancia de estos, lo que no le hace ningún bien a la profesión, porque los niveles educativos de muchos, no son los que debieran ser …

El asunto es que comunicar es tan “común” y todo el mundo comunica, que estudiar en una universidad para hacerlo, parece una tontería, pero el comunicador profesional tiene mucha mayor responsabilidad que cualquiera que comunique “normalmente”, pues a quienes comunica, es decir los receptores, son generalmente muchísimos y hay que SABER llegar a ellos, conocer el QUÉ, el COMO y el CUÁNDO. No es cosa de poca monta y la abundancia de comunicadores, no asegura una BUENA comunicación …

Y el mundo en general y especialmente el Perú, precisa de ella para que las diferentes crisis que vivimos en este tiempo, se entiendan y se pueda abordar sus soluciones. Si no se comunica BIEN, se conoce MAL, o a medias y eso impide actuar.

Imagen: https://www.agrositio.com.ar

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«HABLANDO SE ENTIENDE LA GENTE»


El título es un refrán archiconocido y muy usado, que dice que hay que “hablar” –léase “dialogar”-, porque cuando se hace una perorata individual, si alguien la escucha, no implica necesariamente una respuesta …

Quien escribe para publicidad, emite comunicaciones que son recibidas por un público determinado y la respuesta de este, no es precisamente un diálogo con el comunicador (a no ser que alguien del público comente en alguna red social como Twitter y establezca uno con el comunicador, o en el peor de los casos lo insulte, lo que no implica por cierto diálogo alguno), sino que puede observarse por medio del éxito del producto o servicio publicitado (algo así como los “likes” que se dan en ciertas redes sociales) y que equivaldría a una respuesta positiva del público, pero que tampoco se prolonga más allá de las recompras si lo publicitado tiene éxito …

Es que, en el fondo, lo que hace quien escribe publicidad es hablar, sí, para que “la gente” lo entienda, sí, y lo hará con el conocimiento que tiene o ha adquirido acerca de las características de esa “gente” o público objetivo; sin embargo, es un “hablar” solitario, confiando en que lo que diga, será bien recibido, atrayendo y produciendo reacciones positivas …

Es verdad que hablando se entiende la gente, pero tiene que escuchar ese hablar y establecer un diálogo para entenderse y es que “entiende”, no significará que se esté de acuerdo con todo; recordemos si no, aquél “conversar no es pactar”, célebre frase del político peruano Ramiro Prialé.

Esto es muy importante, ya que supone “optar”, “escoger” y allí está el quid del asunto. Lo comunicado debe ser convincente de manera tal, que signifique la aceptación de algo y francamente, eso no sucederá si no conocemos las características de aquellos a quienes nos dirigimos.

Todo comunicador, sea publicitario o no, lo sabe. O debería saberlo…

Imagen: http://www.facebook.com

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«SI HE VISTO MÁS, ES PONIÉNDOME SOBRE HOMBROS DE GIGANTES»


La frase que titula este artículo, se le atribuye a sir Isaac Newton y grafica muy bien que los aciertos de uno, se deben siempre a que aprendió de quienes le precedieron. De aquellos “grandes” que marcaron el camino: su camino …

Los primeros hombros de gigantes en los que yo pude subirme, caminar y “ver más lejos”, fueron los de David Ogilvy, Onofrio Paccione y esos –déjenme llamarlos “pioneros”- que, con sus libros y pensamientos, fueron nutriendo lo que había sido una afición, tal vez poco consciente, del chico que coleccionaba avisos que llamaban su atención, recortándolos de revistas y pegándolos en un cuaderno …

Luego vinieron otros hombros de gigantes de la publicidad, tal vez menos famosos o conocidos, pero que me aceptaron, que tuvieron la paciencia de soportarme y estaban en McCann, JWT y otras agencias de publicidad. De ellos aprendí con su ejemplo diario, me fui formando poco a poco y después de un tiempo pude atreverme a caminar solo …

Sin subirme sobre esos hombros amistosos, no hubiera visto lo que pude ver, ni aprendido lo poco que sé. Tampoco hubiera podido contar a otros –los que fueron mis alumnos- acerca de los paisajes que pude admirar, de ese mundo hermoso –lo digo siempre- que es la publicidad …

Tengo la fortuna de que los hombros sobre los que me permitieron subir, fueron los correctos y siempre daré gracias a que me recogieron en el camino e hicieron que mirara más allá, un poco más allá …

Imagen: https://www.abc.es

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SALVAJE OESTE


Este asunto se está pareciendo cada vez más a ese “Salvaje Oeste” (WW o “Wild West” en inglés), que veíamos en series de la tele como “La Ley del Revólver” (“Gunsmoke”) y en películas de “pantalla grande”, donde cualquiera, con una Colt 45, hacía destrozo y medio, o prácticamente lo que quería …

No me quejo de la digitalización en cuanto a técnica (que es imparable), ni tampoco de la evolución que sirve para facilitar el acceso a los medios, o de la importancia que tienen las redes sociales; lo que me parece es que con toda esta facilidad y el poner tan a la mano una tecnología que “antes” estaba reservada a los que sabían usarla, ahora cualquiera puede echar mano de ella, con los resultados que muchas veces vemos y que no son otros que el desorden y la banalización de algo tan importante como la comunicación. Precisamente, a la comunicación publicitaria me refiero …

La publicidad, de respetar ciertas reglas que la hicieran posible, para que sus contenidos se entendieran y surtieran efecto, ha pasado a ser una especie de “tierra de nadie” o “tierra de todos”, porque ahora, cualquiera se siente “publicista” y con una computadora, imágenes bajadas de Internet, grabaciones de video y audio hechas con un teléfono celular, puede perpetrar cualquier cosa. Sí, “perpetrar” cualquier cosa, porque lo que haga NO será publicidad, ya que el tema de la COMUNICACIÓN estará ausente o tan deformado que sería irreconocible y por supuesto, ineficiente y claro, ineficaz …

Con esto repito lo dicho ya otras veces, y es que no son los lamentos de un viejo que opina que “todo tiempo pasado fue mejor” y que “lo que se hacía antes …” . No, es que me parece que en publicidad, salvo excepciones, por supuesto, todo se está tomando a la ligera y que sufren los clientes, los productos o servicios que representan, el consumidor –que se desconcierta y quizás es desinformado- y finalmente la publicidad que termina siendo colores, sonidos, letras y ningún fondo. ¿La comunicación?: Ausente.

Imagen: https://www.alamy.es

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CREER EN LO QUE SE DICE


Es indispensable para el creativo publicitario creer en lo que está diciendo; aquí no cabe “guardar distancia”, creer “a medias” o simplemente no creer, porque se estaría mintiendo y lo que es más grave, dando forma a una mentira que se va a esparcir, con el poder que todos sabemos, la publicidad tiene en materia de difusión…

El creativo publicitario no solamente estará mintiendo y esparciendo su mentira, sino que estará convenciendo a una audiencia enorme; esto, por supuesto, no preocupa a los que yo llamo propagandistas del “tónico curalotodo” o “vendedores de sebo de culebra” y que, en realidad, lo que son es delincuentes disfrazados…

Y dentro de la delincuencia, también tienen un nombre, y este es el de sicarios, porque alquilan su arma, que en este caso es la creatividad, para un fin que saben no es lícito…

Nadie debería decir lo que no cree, difundirlo, sabiendo que no es verdad, que está engañando, e irse a dormir tranquilo, como si nada hubiera pasado…

Repito: eso no es ser creativo publicitario sino delincuente. Un sicario, por más señas.

Imagen: http://www.hola.com

Publicado el 2.8.2021 en el blog «mentemochilera.blogspot.com«

EL DEDO CREATIVO


Puedo decir que el dedo índice de mi mano derecha, es “el dedo creativo”, porque solamente con él, tecleo desde siempre; primero en la máquina de escribir y luego en una PC o cualquier artefacto que tenga teclas y sirva para escribir (llámense laptop o teléfono con pantalla “táctil”), desde que empecé en la vieja “Hermes-Baby” portátil, metálica y gris, que tenía mi padre cuando yo era chico…

Es mi modo de reconocer que NO soy dactilógrafo, porque no uso los diez dedos de las manos como cualquiera que lo sea…

Cuando empezaba como redactor publicitario en McCann, me vio escribir el gerente de la agencia y me ofreció matrícula en un curso para aprender dactilografía y me parece que ahí nació lo del “dedo creativo”, además de decirle, respetuosamente, que el curso de dactilografía se lo dieran a Lucho Piérola (que era el otro redactor que trabajaba allí), porque yo estaba bien así …

Estoy seguro que la negativa –que no le debió haber gustado mucho a Christian Hamann, el gerente- era en realidad, que a mí me daba flojera pasar por un curso que permitía escribir rápido y sin mirar las teclas. Supongo que Lucho sí aprovechó la oportunidad y yo… ¡Seguí escribiendo con un dedo y mirando las teclas…!

Con el tiempo, mi velocidad escribiendo a máquina aumentó, y “casi” me sabía de memoria las posiciones de las teclas, aunque por supuesto, cualquier dactilógrafo experto, parecería una bala a mi lado…

“Racionalizando” un poco el tema, pienso que el escribir con un solo dedo –y por consiguiente ser más lento haciéndolo- me permite pensar “un poquito más” y que las ideas se acomoden mejor; que las palabras que estoy usando, sean más precisas.

Seguramente concluirán que estas son las excusas de alguien que nunca aprendió algo útil por flojo, pero confieso que yo mismo me lo creo, porque tengo 74 años, 50 como redactor publicitario y empecé a teclear en la “Hermes-Baby”, cuando tenía siete…

Publicado en mentemochilera.blogspot.com