PELLEJERÍA Y MEDIA


La pellejería es el sitio donde se almacenan, tratan o trabajan los pellejos, es decir las pieles. Una pellejería implica montones de pellejos. Es decir que una pellejería y media, significaría muchos más pellejos que los que normalmente hay en una sola.

Es importante, creo, hacer la distinción entre una piel y un pellejo y esta es que el segundo, es una forma despectiva de referirse a la piel, o podría ser que en el caso de los animales sea únicamente esta, desprovista de pelo, que es el que en ciertos casos la hace valiosa, bien sea por la vistosidad o su capacidad de abrigo…

Una pellejería podría ser el pariente pobre de una peletería y por mayor que sea, no dejará de ser un lugar cuyo nombre suena a despectivo.

Como dato, en la catedral gótica de Burgos, España, hay una puerta o pórtico llamado “de Pellejería”, que tal vez se deba a que se abría a una calle llamada Pellejería, por haber una allí…

Pero volviendo, que sea una pellejería y media, no hace sino aumentar lo coloquialmente despectivo y si “jugarse el pellejo” que también es “jugarse la piel”, significa arriesgarse, comprometer aquello que nos cubre el cuerpo y lo protege del exterior en primera instancia, lo coloquial también nos dice que “pellejería” es dificultad, aunque no sé por qué un lugar donde se almacenan, tratan o trabajan los pellejos –a no ser que esté en la cima de una montaña o resguardado por fieras o un ejército- sea un lugar “difícil”; ¿tal vez será porque nuestra piel o pellejo es una primera barrera de protección contra el exterior?…

Resumiendo, y lo que quería decir, después de tanta disquisición y floritura palabrista, es que “pellejería y media” significa “dificultad y media”, o sea más que una sola dificultad.  El mundo está pasando “pellejería y media” con esto del Covid 19 y también el Perú, claro.

Incluso diría que la “pellejería y media” que el país pasa, es “más peor”, gracias a políticos nacionales indolentes o sinvergüenzas y a peruanos ídem.

Imagen: marroquineria15.blogspot.com

LAS COSAS NO SON COMO ERAN


Nos suele suceder: las escaleras que nos parecían inmensas cuando niños, ahora son eso: unos escalones que llevan a alguna parte; el monumento que se nos antojaba grandioso resulta ahora ser un adorno de parque; las semanas son siete días apretados y no tiempo futuro.

Nuestro recuerdo generalmente es distinto. Las circunstancias del momento y el tiempo pasado configuran imágenes que cuando se ven hoy son como las fotos de un álbum.

Yo, como muchos, seguro, prefiero las viejas fotos de mi memoria. La luz del sol es diferente en la calle que dentro de mí. Los sabores luminosos del pasado son reflejos hoy día: prefiero recordarlos. Es cierto que muchos olores o sabores desencadenan en mí lo que es un viaje, a veces desordenado, por rincones que fueron, que viví y exploré.

Los rincones de la memoria guardan insospechadas maravillas que aparecen de pronto, llamadas unas veces por el azar o por extraños mecanismos. No se trata de vivir de “pasados”, sino de reconocerlos y disfrutar unos instantes idos, porque la luz no es la misma que era, el patio no es tan grande, los árboles se fueron y ahora, donde daban su sombra, hay un centro comercial.

No creo que otras épocas fueran mejores, pero sí eran más divertidas…

(Publicado en “manologo”, en algún día del 2013).

PAL UL DON


Creación de Edgar Rice Burroughs, Pal Ul Don, situada en el corazón del África, es la “Tierra Perdida”, donde pasean, gigantes, los dinosaurios y Tarzán, a horcajadas sobre Tantor, el elefante, se aventura…

Conversando –por escrito- en Facebook, con Jorge Morato, amigo, colega creativo publicitario, con quien trabajé hace tiempo en J. Walter Thompson de Lima, él como director de arte y yo como redactor, acerca de cómo hoy, la publicidad ya no es lo que era antes, se me ocurrió mencionar algo a lo que le doy vueltas y que es que nosotros, “los viejos” (en mi caso han sido 50 años como creativo) de la publicidad somos dinosaurios muertos y enterrados, cuyas osamentas aún no se descubren, o tal vez lo que sucede es que no nos hemos dado cuenta todavía de nuestra desaparición o quizá vivimos en una especie de “dimensión desconocida” virtual, en un imaginario Pal Ul Don, donde, como dinosaurios, damos vueltas…

Estoy seguro –porque yo conservo el entusiasmo creativo de hace cincuenta años- que mis colegas-amigos-compañeros publicistas que van quedando, conservan ese mismo entusiasmo por la profesión y que la experiencia adquirida, junto con el conocimiento cabal de la comunicación, provocan a veces cuando vemos un comercial o un aviso, ese sentimiento de “yo lo haría así”, que parece ser inevitable entre cualquiera que dedicó su vida a algo.

Quizás vivamos en Pal Ul Don y aunque estemos cómodos allí, tengan la seguridad de que, si nos preguntan, nos gustará mucho, porque es sumamente entretenido buscar y encontrar las respuestas.

Imagen:edgarriceburroughs.blogspot.com

EL MARCADOR DE PÁGINAS


Por costumbre, como todos, cuando leía, marcaba la página en la que se había quedado, para continuar la lectura desde allí al retomar el libro. Algunos doblaban una esquina para señalar, pero él, porque no quería arruinar el libro, colocaba un papelito cualquiera, el que tuviera a mano…

Una mañana, compró, de segunda mano, en una librería antigua, que estaba medio escondida en una callecita lateral, un libro que le llamó la atención por el título y al hojearlo, camino a su casa, vio que entre las páginas había un marcador, que era una simple cartulina rectangular que, con muy mala letra, tenía manuscrito en tinta azul descolorida: “buscar en la página 35”.

Justo, cuando iba a buscar la indicación del marcador de páginas, oyó un ruido estruendoso y un automóvil, muy cerca, se empotró contra la pared. Se asustó mucho al darse cuenta de que el auto podía haberlo aplastado a él y se olvidó de lo que iba a hacer, prometiéndose a sí mismo no distraerse con nada mientras no llegara a su casa.

Al entrar a esta, dejó el libro sobre el sillón de la sala y todavía conmocionado y agradeciendo haber tenido la suerte de que no le pasara nada, fue directamente a prepararse un café: “me calmará los nervios” pensó.  Se preparó el café, lo llevó a la sala y cuando iba a sentarse, reparó en el libro, dejó el café en la mesita, cogió el libro y se sentó…

El marcador estaba ahí y después de leer la nota desvaída, buscó la página 35 y subrayadas, en la misma tinta azul, bastante pálida, leyó estas palabras: “Caminaba tranquilo, cuando de improviso, casi a su lado, un vehículo se estrelló contra la pared de ladrillo, provocando una nube de polvo y de fragmentos que volaron por el aire, todo acompañado de un gran estruendo…”. Cerró el libro, cogió la taza de café entre asustado y pensativo y pensó que era rarísimo, pero el subrayado iba dirigido a él, para avisarle…

Entonces apuró el café y prefiriendo no pensar más, fue a echar el libro en la bolsa de basura.

Imagen: educacion2.com

LA ISLA DE LA FANTASÍA


En 1977, una serie de televisión sumamente popular, cuya trama y acción se localizaba en una isla, en algún lugar del océano Pacífico, donde la gente podía cumplir cualquier fantasía que tuviera, previo pago de US$ 50,000 y de no revelar nada sobre la ubicación de la isla…

Estamos en el año 2020, en el camino inmediato al 2021, en una Tierra que es más que nunca una isla, flotando en el espacio y vivimos la fantasía más fantástica que ningún señor Roarke ni Tattoo harían posible, sino un microscópico personaje, cuyo nombre tiene el número 19.

Lo que está sucediendo en todo el mundo, hace realidad una historia que parece salida de la ciencia ficción, que deja chiquitos a los libretistas de la más imaginativa serie de la tele y nos pone a todos en esta nueva realidad, que, aunque no queramos, ni hayamos pagado nada por vivirla, es.

Pero lo último no es tan cierto, ya que muchas personas –sin quererlo- sí pagaron y con lo más valioso que tenían: sus vidas. Esta es una pesadilla fantástica, en la que estamos atrapados en nuestra isla, rodeada de oscuridad por todas partes, que, aunque figurando en los mapas estelares, es tan minúscula e insignificante que parece haber sido olvidada…

Esta serie, ya está resultando larga, tediosa y aunque en cada capítulo se nos promete un final casi feliz, a veces dan ganas de apagar el televisor para irse a tomar un café…

Imagen:  ABC Television – eBay itemphoto frontphoto back, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=20143137

SECANDO Y RECORDANDO


Algo tengo que hacer además de escribir y, entre otras pequeñas cosas personales y domésticas, lavo la vajilla después del desayuno, almuerzo y lonche-comida, seco y la ordeno; eso me ayuda a sentir que colaboro con los ajetreos caseros, aquí, donde por lo general no hay más de cuatro personas…

Para secar la vajilla a veces cojo “el secador de National”, que es uno que tiene muchos años de servicios secadores en la cocina y que me obsequiaron en Matsushita Electric del Perú, empresa de origen japonés, propietaria de la marca de artefactos electrodomésticos “National” –además de otras de los rubros electricidad, electrónica, audio y video-, para la cual durante muchos años hice trabajos de creatividad publicitaria y muy buenos amigos.

El secador de esta historia es parte de un juego (uno por cada día de la semana con una receta de cocina) que promocionaba la marca y se obsequiaba a los compradores de esta. A mí me los dio Carlos Montesino, que era gerente de la agencia publicitaria “in house” (de propiedad de la misma empresa), “INAPU” (Instituto National de Publicidad), división para la cual yo hacía mis trabajos de creatividad publicitaria.

Carlos, mi amigo hasta hoy, es una de las personas con las que más a gusto trabajé y de quien aprendí día a día, bajo la modalidad de “freelance”, que supone prestar servicios y facturarlos una vez aprobados, sin ser dependiente de la compañía y que era la forma en que yo trabajaba. Lo hice por mucho tiempo e incluso siendo director creativo en JWT, Lee Pavao, mi también amigo y gerente, me permitió que continuara “por la libre” con esta actividad; eso sí, siempre que lo hiciera en el tiempo que tuviera libre y no hubiera conflicto de intereses.

Pero volviendo a “National”, es mucho lo que tengo que contar sobre esta etapa importante de mi vida profesional y, como suele acontecerme, no tengo un orden cronológico para ello, porque los recuerdos no es que respondan siempre a fechas, sino a épocas más o menos claras o difusas en la memoria y en siguientes pequeños artículos iré compartiendo las anécdotas que forman parte del tejido de mi carrera en la publicidad por más de medio siglo…

National” me dio muchas satisfacciones y alegrías, me permitió conocer de muy cerca a gente maravillosa, sentirme útil y a veces inteligente (cosa que abonaba en mi ego de creativo) y no sería justo que todo esto se redujera a un simple secador, que, aunque no me crean, es importante para mí porque está lleno de recuerdos…