PENSATIVA


Una vez más ha llegado

tu cumpleaños

y no tengo nada material

para obsequiarte …

Sin embargo,

te ofrezco

el tiempo

que hemos pasado juntos …

No está envuelto

en papel de regalo,

ni lo até

con una cinta roja …

Lo empaquetan

las horas

y los días

de lo que hemos

vivido y

lo ata el amor …

Cuando abras

el paquete

ten cuidado,

porque junto

con el tiempo,

hay sonrisas …

Espero que

te guste …

Manolo.

19.11.2021

Imagen: Alicia.

LOS MUCHACHOS DE BARRANCO


Hoy es 12 de octubre y es el cumpleaños de mi amigo Lucho;

nuestra amistad empezó a comienzos de la década del 50, el siglo pasado, lo que suena antiguo y lejano visto así, pero en el corazón parece que hubiese sido ayer …

El título de este post viene a cuento, porque desde entonces hemos sido y somos, cuatro amigos barranquinos, compañeros de colegio, de clase, de juegos, de aventuras y seguramente de alguna desventura: Lucho, Carlos, Germán y Manolo (o sea yo). Cuatro, como los Tres Mosqueteros …

Lucho se nos adelanta en cumplir años por unos meses, luego viene Carlos, le sigo yo y el “menorcito” es Germán, aclarando que Lucho y Carlos son “del año anterior”, porque yo soy de abril y Germán de mayo…

La “máquina de recordar”, me trajo a la memoria hace unos días, la música y letra de un valsecito criollo, que cantábamos, Lucho (él siempre con su guitarra) y yo en nuestra incipiente adolescencia… Hay que aclarar que el vals “original”, lo cantaban nuestros hermanos mayores (Paco, Manolo y Pancho), de los cuales “heredamos” el “Club Unión Deportivo Barranco”, que “funcionaba” en el garaje de mi casa, de la calle Ayacucho y que como deportivamente éramos bastante malos, “ampliamos” la cobertura del club e incorporamos a “no-barranquinos”, compañeros de clase deportistas, que jugaban fulbito y que permitirían darle razón a lo deportivo, en el nombre de la institución, denominación que cambiamos ligeramente, llamándonos desde entonces “Club Deportivo Unión”…

Para no alargar más esta pequeña historia, la letra del vals me aventuré entonces a cambiarla un poco, para que fuéramos los cuatro amigos los protagonistas, en lugar de los hermanos de Lucho, mi hermano y sus amigos los dos Felipes, (a quienes les decían a uno “el Seven” y al otro, “Calvino”) …

Aquí estamos

los muchachos

de Barranco,

Lucho, el “Chino”,

Carlos Moisés y Manolo,

conversando de las “gilas” animados,

no importa si es que es blanca

o morenita…

(bis las dos últimas líneas).

¡Ahora con punta y talón,

muchachos del Barranco ideal,

que me disloco por verlos bailar

este precioso vals…

(bis la estrofa)

“Chino” dice que no hay como su Elenita,

Carlos parla sin cesar de Josefina,

(una voz: ¡Napoleón!),

don Manolo habla hoy de una alemana,

Lucho no habla,

Lo mandaron a la cama…

Ahora con punta y talón,

Muchachos del Barranco ideal,

Que me disloco por verlos bailar

Este precioso vals…

(una voz: ¡Sí señor!)

¡Ahora con punta y talón,

Muchachos del Barranco ideal

Que me disloco por verlos bailar

este precioso vals…!

La música la tengo en la memoria y Lucho, seguro, la podrá cantar acompañado –repito- como siempre, por su guitarra…

Este pequeño post, con memorias y música, es mi regalo cumpleañero para Lucho, teniendo pendiente un gran abrazo “post-Covid” y una charla larguísima.  ¡Sapo verde tu yú!

Imagen: Lucho y Manolo, hace años

MI HERMANO EN EL CORAZÓN


Hoy, tres de marzo, es el cumpleaños de mi hermano Francisco, “Panchín” familiarmente, pero él no está aquí para que lo abrace, como era lo primero que hacía, al levantarme, cada tres de marzo, cuando vivíamos juntos en la casa de Ayacucho 263, en Barranco…

Yo le entregaba el “regalo” que había preparado, que era una “tarjeta” de cumpleaños, dibujada por mí, días antes… Cada año que pasaba pensaba más en lo que iba a poner en la tarjeta, me demoraba más el hacerla, pero esperaba con curiosidad alegre, la cara de sorpresa que él ponía, mientras iba viendo los dibujos, el “¡FELIZ DÍA!” escrito con letra desmañada y lo infaltable: “Te quiero mucho, hermano” y un MANOLO, grandazo para que no le quedara ninguna duda sobre quién era el autor…

Entonces, él me entregaba un paquete envuelto en papel de colores: ¡En su santo, me regalaba él a mí…! Yo rompía el envoltorio, impaciente, entusiasmado, para encontrar que era justo lo que tanto había querido durante tanto tiempo…

Yo lo abrazaba emocionado y le preguntaba “¿Te gustó tu tarjeta…?, él me guiñaba un ojo y estoy seguro ahora, que se reía de los trucos que había empleado para “jalarme la lengua” y saber qué era lo que yo más quería…

Hoy, tres de marzo, no tengo tarjeta hecha por mí para entregarte, ni la forma de hacerlo, pero quiero que sepas, hermano, allá en el Barrio Eterno, donde estás celebrando con Tony, Enrique, Teté y Lucho, que el único que falta por alcanzar a la familia, te lleva en el corazón y sabe que tu regalo hoy para él, es una guiñada de ojo, una sonrisa y ese abrazo tan grande que extraño tanto.

Imagen: Panchín y Manolo. Paya “Agua Dulce”, Chorrillos, Lima.

FUE SÁBADO ESE DÍA


MANUEL ENRIQUE MAGISTER

El 26 de diciembre de 1903, cayó sábado y fue el día en que nació Manuel Enrique, mi padre, allá en el Cuzco, hijo mayor de Manuel y Antonia, a quienes no conocí; dicen que ella era hermosa y él, en las pocas fotografías que conservo luce bigote de puntas, seguro engominadas, serio y mirando a la cámara, sin saber que su nieto las guardaría celosamente para de vez en cuando tratar de encontrar los rasgos de familia…

 

Manuel Enrique casó con María Antonieta; soy soy el último de sus cuatro hijos y el único que todavía anda por aquí, recordándolos siempre, pero en especial en fechas como estas en las que se unen Navidad, cumpleaños, su aniversario de matrimonio, el nuestro con Alicia y año nuevo…

 

Es especial el 26 de diciembre porque “de sorpresa”, todos los años, venían desde Arequipa mi hermana Teté y sus tres hijos para junto con Tony, nuestra madre y Panchín,  nuestro hermano, celebrar esa especie de “todojunto” que creció al casarnos con Alicia un 30 de diciembre, allá por el ´71.

 

Me resulta inevitable que los recuerdos se acumulen, las emociones -nunca idas- vuelvan a tomar fuerza y el corazón se ensanche con la alegría de la Navidadcumpleañosaniversariosañonuevo, época tan especial y larga como la palabra que compuesta por los sucesos familiares, es; asocié desde chico, la Navidad al cumpleaños de mi padre, al aniversario de bodas de Tony y Manuel Enrique y a ése empezar de un año que siempre trajo esperanzas…

 

Ahora, en este 26 de diciembre estoy aquí, el único de los cinco que queda, escribiendo estas líneas, quizá reiterativas pero donde los recuerdos se amontonan trayendo aroma de violetas, impaciente paciencia, sonrisas, manos tomadas siempre, el olor del queque “dos colores” horneado reciencito; regalos, nacimiento, arbolito, rumor de mar en la noche callada y la felicidad de saberse querido y querer.

 

Hoy era el cumpleaños de mi padre y lo va a ser siempre mientras tenga memoria