MI HERMANO EN EL CORAZÓN


Hoy, tres de marzo, es el cumpleaños de mi hermano Francisco, “Panchín” familiarmente, pero él no está aquí para que lo abrace, como era lo primero que hacía, al levantarme, cada tres de marzo, cuando vivíamos juntos en la casa de Ayacucho 263, en Barranco…

Yo le entregaba el “regalo” que había preparado, que era una “tarjeta” de cumpleaños, dibujada por mí, días antes… Cada año que pasaba pensaba más en lo que iba a poner en la tarjeta, me demoraba más el hacerla, pero esperaba con curiosidad alegre, la cara de sorpresa que él ponía, mientras iba viendo los dibujos, el “¡FELIZ DÍA!” escrito con letra desmañada y lo infaltable: “Te quiero mucho, hermano” y un MANOLO, grandazo para que no le quedara ninguna duda sobre quién era el autor…

Entonces, él me entregaba un paquete envuelto en papel de colores: ¡En su santo, me regalaba él a mí…! Yo rompía el envoltorio, impaciente, entusiasmado, para encontrar que era justo lo que tanto había querido durante tanto tiempo…

Yo lo abrazaba emocionado y le preguntaba “¿Te gustó tu tarjeta…?, él me guiñaba un ojo y estoy seguro ahora, que se reía de los trucos que había empleado para “jalarme la lengua” y saber qué era lo que yo más quería…

Hoy, tres de marzo, no tengo tarjeta hecha por mí para entregarte, ni la forma de hacerlo, pero quiero que sepas, hermano, allá en el Barrio Eterno, donde estás celebrando con Tony, Enrique, Teté y Lucho, que el único que falta por alcanzar a la familia, te lleva en el corazón y sabe que tu regalo hoy para él, es una guiñada de ojo, una sonrisa y ese abrazo tan grande que extraño tanto.

Imagen: Panchín y Manolo. Paya “Agua Dulce”, Chorrillos, Lima.

FUE SÁBADO ESE DÍA


MANUEL ENRIQUE MAGISTER

El 26 de diciembre de 1903, cayó sábado y fue el día en que nació Manuel Enrique, mi padre, allá en el Cuzco, hijo mayor de Manuel y Antonia, a quienes no conocí; dicen que ella era hermosa y él, en las pocas fotografías que conservo luce bigote de puntas, seguro engominadas, serio y mirando a la cámara, sin saber que su nieto las guardaría celosamente para de vez en cuando tratar de encontrar los rasgos de familia…

 

Manuel Enrique casó con María Antonieta; soy soy el último de sus cuatro hijos y el único que todavía anda por aquí, recordándolos siempre, pero en especial en fechas como estas en las que se unen Navidad, cumpleaños, su aniversario de matrimonio, el nuestro con Alicia y año nuevo…

 

Es especial el 26 de diciembre porque “de sorpresa”, todos los años, venían desde Arequipa mi hermana Teté y sus tres hijos para junto con Tony, nuestra madre y Panchín,  nuestro hermano, celebrar esa especie de “todojunto” que creció al casarnos con Alicia un 30 de diciembre, allá por el ´71.

 

Me resulta inevitable que los recuerdos se acumulen, las emociones -nunca idas- vuelvan a tomar fuerza y el corazón se ensanche con la alegría de la Navidadcumpleañosaniversariosañonuevo, época tan especial y larga como la palabra que compuesta por los sucesos familiares, es; asocié desde chico, la Navidad al cumpleaños de mi padre, al aniversario de bodas de Tony y Manuel Enrique y a ése empezar de un año que siempre trajo esperanzas…

 

Ahora, en este 26 de diciembre estoy aquí, el único de los cinco que queda, escribiendo estas líneas, quizá reiterativas pero donde los recuerdos se amontonan trayendo aroma de violetas, impaciente paciencia, sonrisas, manos tomadas siempre, el olor del queque “dos colores” horneado reciencito; regalos, nacimiento, arbolito, rumor de mar en la noche callada y la felicidad de saberse querido y querer.

 

Hoy era el cumpleaños de mi padre y lo va a ser siempre mientras tenga memoria