INCÓMODA CERTEZA


INCÓMODA CERTEZA

Estaba perdido en un mundo perdido; el astronauta dejó de caminar, cansado, tenso y atento a cualquier ruido que pudiera indicar cercanía de algo o de alguien.

 

La vegetación, extraña, crecía desmesurada y a ratos había visto claros con restos de fogata; el silencio reinaba y solo el sonido de sus pasos y el de las hierbas altas que empujaba para avanzar antes de detenerse, viajaban por un aire enrarecido que olía un poco a metal.

 

Sin hacer bulla ninguna que lo delatara, el animal de alas correosas, inmenso, lo levantó del suelo con sus garras y lo que vio fue el suelo de esa selva extraña haciéndose pequeño al alejarse veloz y le pareció que así había sido el alejarse de la Tierra que había presenciado, solo que entonces lo protegía la cápsula y no había filudas cuchillas traspasando su traje a la altura de los hombros: Supo que por haberse perdido en ese mundo perdido iba a perder la vida.

 

Imagen: http://www.vix.com

 

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LO PEOR QUE PUEDE PASAR


LO PEOR QUE PUEDE PASAR

Esperó, nervioso, el desenlace: los acontecimientos se habían sucedido abruptamente, elevando su presión arterial hasta el punto que casi se desvanece; lo único que faltaba sería que muriera sin ver el final de todo, pensó.

 

Escribió con dificultad una nota, la dejó sobre la mesa del comedor, al lado de la taza de café que no había tocado por su casi desvanecimiento y se sentó a esperar, mirando hacia la ventana que tenía la cortina cerrada; pasó el tiempo y lo único que retumbaba en sus oídos eran los latidos de su corazón que se agitaba como desacompasado.

 

Dieron las seis y no sucedió nada.

 

Tal vez mañana…”, pensó, mientras hacía una bolita con el papel que empezaba diciendo: “A Quien pueda interesar”.

 

Tal vez mañana…

 

Imagen: hospitaldelaribera.wordpress.com

MIENTRAS MÁS, MENOS


MIENTRAS MÁS, MENOS

Es curioso pero mientras más se desarrollan los teléfonos celulares y más “inteligentes” se hacen estos aparatitos de comunicación, menos se comunica la gente.

 

Observen por ejemplo, una mesa de almuerzo casero, en familia y como cada uno de los asistentes está “concentrado” en su mundo vía celular, que puede ser Twitter, un jueguito de moda, las novedades de la farándula, Facebook o wasapeando un chiste buenísimo…; o la pareja en un café, sumergido cada uno en su mundo que de pronto comparte con todo el mundo menos con su pareja, a la que tiene al lado, en la mesa…

 

Me dirán que el aparatito (que de teléfono original tiene tanto como una lechuga tiene de clavo) es una maravilla para comunicarse, y sí, pero le hemos agregado un “in” que nos convierte en monosilábicos apretadores –ya no de botones- de pantallas táctiles y resulta magnífico porque ahora somos concisos, muy hábiles con un par de dedos de la mano derecha (o izquierda, según sea un diestro o un zurdo) y finalmente, la otra mano se especializó en sostener cosas.

 

Como dicen popularmente en la procesión del Señor de los Milagros: “¡Avancen hermanos!”

Imagen: http://www.canstokphoto.es

DE LO OBVIO Y OTROS ASESINATOS


DE LO OBVIO

Hay quienes “suben arriba”, “bajan abajo”, “salen afuera”, entran adentro” o dicen muy sueltos de huesos que “el agua moja”…

 

Las obviedades son muy comunes al hablar y menos al escribir (supongo que cuando uno escribe piensa un poquito más, relee y puede corregir), pero al hablar lo dicho está dicho y la “metida de pata” es notoria.

 

También es cierto que quienes más hablan tienen mayores posibilidades de equivocarse en el uso del lenguaje y como los que hablan más suelen ser los políticos las obviedades están a la orden del día y los “nadies”, los “subpersticios”, lo “agructo” y muchas más lindezas suelen campear en entrevistas, discursos o debates.

 

A veces sucede que las personas no pueden pronunciar correctamente alguna palabra, lo que sucede con los disléxicos pero este no es el caso; pasa que al lenguaje se le puede herir o asesinar y el responsable del estropicio sigue orondo, haciendo “replay” a su error sin que se le mueva un músculo porque no se da cuenta y suele enojarse si de lo advierten: claro, “nádienes” es perfecto.

Imagen: http://www.tvtime.com

¿LAS CUCLILLAS SON LAS PÁJARAS DEL CUCLILLO?


LAS CUCLILLAS

 No entendía bien: ¿Las cuclillas no eran las pájaras de los pájaros cuclillo? ¿Por qué lo mandaba a “ponerse de cuclillas” en la clase de gimnasia si él no eran ningún pájaro y además era hombre?

 

Cuando preguntó en su casa le dijeron que no fastidiara y entonces preguntó a los amigos, que tampoco sabían; después le preguntó a un profesor que le dijo que al cuclillo se le decía también  el cuco y entonces todo se le hizo un zafarrancho en la cabeza porque resultaba que el malo era un pájaro, se llamaba cuclillo y le decían “cuco”.

 

Cuando le preguntó a su papá si las pájaras del cuco se llamaban cucas, le prohibió decir la palabra y él se quedó en babia, que tampoco sabía bien que era, pero mejor ni preguntaba.

 

Imagen: http://www.ecoregistros.prg

 

 

UNA ESCALERA GRANDE Y OTRA CHIQUITA


UNA ESCALERA GRANDE Y OTRA CHIQUITA

Estaba harta de subir y bajar, las piernas le dolían, la espalda le dolía y cuando se levantaba, las pocas veces que no estaba de pie y podía sentarse, una punzada de dolor en la zona de la cadera, donde nacen las piernas, hacía dubitativo el movimiento y difícil su andar inicial.

 

Tenía treinta años y el trabajo de mesera en el restaurante fast food de dos pisos de la plaza era lo único que conservaba y tenía para mantenerse después que su matrimonio de diez años se derrumbara en un país extraño, al que hacía poco habían llegado, en medio de una discusión a gritos y un portazo: el último portazo.

 

En el hospital, después de esperar interminablemente, la atendió un médico joven que escuchó pacientemente su relato de dolores mientras la miraba; le dijo: “Tu problema son las escaleras y que estás de pie todo el día…”; ella lo miró incrédula pensando cómo había adivinado de su trajín diario en el trabajo.

, pero él sonrió: “Te he visto mucho, aunque tú no lo creas: yo voy al fast food por lo menos cuatro veces por semana y te he visto; subes, bajas y caminas todo el día… ¿Eres mesera allí, no?…

 

Ella sonrió y recordó al muchacho de jeans y saco que siempre que iba al restaurante comía ensalada y tomaba agua mineral: “Un vegano” había pensado alguna vez…

 

 

Voy a comer ensalada, que es lo único que puedo pagar como comida… La plata no alcanza…” respondió él ante la sonrisa de ella. ¿Y en tu casa…? Le preguntó. “Mi mujer se fue y el trabajo en el hospital, aunque paga poco, me ocupa casi todo el día; solo tengo tiempo para comer algo por ahí, que es el fast food donde trabajas y dormir…” Ella se lo quedó mirando fijamente y vio su propia historia en un instante.

 

El muchacho –porque era un muchacho- mientras escribía en un recetario le indicaba: “Te voy a indicar algo para el dolor: pastillas genéricas nomás y cuatro inyecciones que contienen un mio relajante y un analgésico. Mi consejo es que cambies de trabajo por uno que no te fuerce tanto durante tanto tiempo…” Y abriendo un cajón, sacó dos blíster de pastillas y cuatro ampolletas de vidrio: “A ver, aquí tienes unas muestras médicas de las pastillas y también las cuatro ampolletas para las inyecciones. Ten cuidado porque están sueltas y se pueden romper…”.

 

Ella se quedó muda mirando la receta, las pastillas y las ampolletas de color ámbar. De pronto, supo que había hecho un amigo gracias a las malditas escaleras.

 

Imagen: http://www.arquitecturadecasas.info

POR SI LAS MOSCAS


POR SI LAS MOSCAS

Es un “por si acaso” volador y recurrente; un “ampay me salvo” aéreo que usamos muchas veces para no comprometernos.

 

Las moscas han inspirado a filósofos, poetas, músicos y a ociosos que se dedican, estos últimos, a ver sus evoluciones por los más diversos espacios.

 

El silencio se ejemplifica con un “no se oía volar ni una mosca” y las moscas son ejemplo en la fábula de Samaniego que dice: “A un panal de rica miel cien miel moscas acudieron y  por golosas murieron presas de patas en él. Otra, dentro de un pastel enterró su golosina.

Así, si bien se examina, los humanos corazones perecen en las prisiones del vicio que los domina”.

 

Las moscas son una señal delatora de basura, muertos, comida y prácticamente de todo lo que sea orgánico, vivo o descompuesto; parecen estar en todas partes y hay diferentes especies, pero la mosca doméstica, esa que nos acompaña donde haya una domus, vive como adulta  – si no se encuentra con un matamoscas en su ruta, fallece de un periodicazo o perece ahogada por los vapores de un moderno spray insecticida- unos 20 a 25 días.

 

Las moscas “se reproducen como moscas”  y hay moscas para rato, “for if the flies”, como me gusta decir en una traducción “pegadita a la letra” al inglés para hacerme el “muy” y por si las moscas, con esta reiteración en anglosalsa del título termino el post antes de que se mosqueen y cambien de blog.

 

Imagen: animales.dibujos.net