GUITARRA CLÁSICA Y MÚSICA “BEATLÍFICA”..


 

MÚSICA DE LOS BEATLES, MAGISTRAL GUITARRA CLÁSICA…

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PASTEL DE CHOCLO


PASTEL DE CHOCLO

Tal vez esto no tenga mucha importancia pero para mí sí la tiene porque hace un par de días he comido el mejor pastel de choclo que comí en mi vida y a estas alturas del partido no hay mucho que me llame la atención, nada verdaderamente nuevo y menos un descubrimiento que podrá parecer menor pero provoca verdadero entusiasmo. Por lo menos a mí.

 

Como decía, hace un par de días me “aventuré” solo –aprovechando que Alicia había salido-  a caminar despacito para botar dos bolsas de basura al lugar indicado para eso en esta etapa del condominio; puede parecer tonto pero para mí que no veo bien y camino con dificultad (porque me duelen la cadera y la pierna derecha) era casi una excursión.

 

Me animé y después de deshacerme de las bolsas seguí un poco más allá por el estacionamiento hasta la pequeña tienda que se llama “Bodega Doña Lucy”; alguien que compraba me ayudó a subir el escalón porque resulta un poco alto para mí y hacerlo sin auxilio es probable que termine en una caída, cosa que hasta ahora no me ha sucedido, temo que ocurra y trato que no.

 

Me “entretuve” mirando (sin distinguir mucho, claro) lo exhibido y luego pedí pan, queso fresco, un par de chocolates y ese queso Edam que viene empaquetado y en tajadas iguales, separadas cada una por una lámina de plástico, para evitar el cortar y facilitar el manipuleo a la hora de hacer un sándwich; doña Lucy, que con paciencia me atendía, dijo que tenía tamales y pastel de choclo recién hecho…

 

Sucumbí a la tentación y pedí dos tamales y dos pedazos de pastel de choclo: Alicia y yo tendríamos un festín de calorías pero dividido en dos tandas porque la refrigeradora conservaría lo no consumido ese día.

 

Ya en casa y con Alicia de regreso, decidimos que los tamales los dejábamos para el día siguiente (era ya de noche y siempre he tenido la impresión de que un “tamal nocturno” no es una buena elección gastronómica ni tampoco la más saludable) y servimos el pastel de choclo que estaba fresco y con una pinta de recién hecho muy buena…

 

He comido mucho pastel de choclo en casa de mi madre (años ha) y alguno en casa, pero NUNCA había probado nada así: suave, consistente, con un delicado sabor a naranja…; por supuesto me dirán ¿y el choclo? Yo me hice la misma pregunta y le dije a Alicia, “creo que se equivocaron y me dieron queque de naranja”.

 

Tuvo tan poca significación mi atingencia que ni las migas creo que quedaron en los platos; nos miramos y yo fui en busca del celular para decirle a doña Lucy que tal vez se había equivocado…: “No”, me dijo, “ES pastel de choclo…” Quedé medio desconcertado y lo único que atiné fue decirle que era el MEJOR PASTEL DE CHOCLO QUE HABÍA PROBADO NUNCA, agradecerle por habérmelo recomendado y que la llamaba porque quería que lo supiera.

 

Como ven, para todos es una pequeña anécdota y nada más, salvo para mí, que fue un descubrimiento y probablemente para doña Lucy, que tal vez haya pensado que tiene un cliente algo loco.

 

Loco, pero agradecido.

 

Imagen: gastrolamas.blogspot.com.es

NÉCTAR DE DIOSES


yo tomando cafÉ

Mi amigo Santiago con su hijo Rodrigo vinieron el otro día de visita y trajeron café: dos bolsas de color rojo, metalizadas, de café sin marca alguna y que Santiago me dijo provenían de Villarrica, zona peruana que se precia de producir un café exquisito.

cafÉ villarrica

 

Yo tenía un café “normal”, preparado con el café molido “para pasar” que venden en las tiendas bajo una marca comercial muy popular y fue lo que tomamos, porque quedaba más de media cafetera llena y para tener listo y tomar el que Santiago y Rodrigo amablemente trajeron, se necesitaba tiempo, descartar el café “de marca” y luego, lavada y secada la cafetera, poner el nuevo café, el agua y encender la máquina de hacer café (la cafetera, pues) esperando a que el agua hiciera su trabajo al calentarse y pasar gota a gota por entre el grano molido de prometedor color “café oscuro” (pongo “café” como color en lugar de “marrón”, porque a nadie se le ocurriría la existencia un café color violeta y el decir “marrón”, en el caso del café, me parece muy simple y sin magia); el “rito” de pasar el café toma su buen rato y francamente una charla entre amigos, sin café, es algo que por lo menos yo, no puedo concebir, bebedor de “café conversado” desde siempre…

cafetera

 

Conversamos pues, bebiendo el café “de marca” que había y cuando después de una mañana de conversa Santiago y Rodrigo se despidieron, yo me quedé pensando en que tenía casi media cafetera llena y dos bolsas ahí, sobre la mesa de la cocina, llenas de ese café molido sin marca, que prometía durar, porque en casa solo tomamos café Paloma, los amigos que a veces nos visitan y yo; para decirlo francamente, no lo pensé mucho y el café “de marca” que estaba ya preparado fue a dar al desagüe vía el lavadero y di los pasos necesarios para que el almuerzo terminara con el café de Villarrica, que en cuanto abrí la bolsa exhaló un aroma maravilloso que me hizo recordar a cuando yo era chico y mi padre traía a casa el café recién molido que compraba en el centro de Lima…

 

Aunque suene manido, diré que valió la pena esperar porque –sin desmerecer para nada el almuerzo preparado rápidamente por Paloma- fue un verdadero premio el café de la bolsa roja metalizada, el sin marca, el de Villarrica, el que Santiago y Rodrigo nos trajeron de obsequio; es desde ese día que nos venimos “premiando” y ya solo queda una bolsa porque aunque diariamente solo seamos dos los “cafeteros”, consumimos bastante.

 

Y aquí, para acabar, una anécdota que creo ya conté, pero que viene a cuento: Alicia me decía siempre que tomaba mucho café y que eso no era bueno para la salud; una vez, en el médico, en presencia de ella pregunté cuánto café podía tomar y “confesé” que bebía de cuatro a seis tazas por día: miró sus papeles el médico, levantó la vista y me dijo: “Hmmmm…, cuatro infartos al corazón, tres al cerebro, hipertenso… Bueno, de algo se tiene que morir uno…”; es así que desde entonces me considero afortunado porque tengo al menos una certeza…

 

Alicia, no imaginas lo que te estás perdiendo…   

LOS NIÑOS CANTORES DE


los niÑos cantores de

Soy católico y creo verdaderamente que hay que dar gracias a Dios por su bondad que nos permite seguir viviendo, equivocarnos, meter la pata y que Él nos ayude a salir de apuros; creo que es loable sobre todo porque “nos deja ser” y es esa libertad la que nos ayuda para que asumamos responsabilidades y sepamos íntimamente cuando obramos bien o no lo hacemos así.

 

Creo que hay que alabar a Dios y si para “facilidad” de estos bípedos pensantes se programan momentos y fechas específicamente para hacerlo, se destinan lugares y se alienta las reuniones numerosas para alabarle en forma conjunta, el reconocimiento personal, “in pectore”, tiene el valor de la comunicación entre dos seres que podrán decirme que las catarsis multitudinarias superan, pero –perdónenme- no lo pienso así.

 

Y toda esta introducción viene a propósito, porque el domingo, a las diez de la mañana un grupo de niños y niñas que si no es numeroso sí hace el esfuerzo de sonar como si lo fuera, arranca a cantar canciones de alabanza a Dios, en algún departamento situado en uno de los edificios de esta etapa del condominio; cantan fuerte, supongo que sin saber que Dios todo lo oye y no es necesario que levanten tanto la voz.

Claro, es domingo, son ya las diez de la mañana y nadie se debería quejar de que no le dejen dormir, pero pienso en los departamentos que están pared de por medio con este lugar alabatorio que quién sabe en qué edificio estará, pero si aquí suena como si los cantores estuvieran frente a mi ventana…; no me parece que la fe de nadie ni sus creencias deban incomodar a alguien por el modo de manifestarse y finalmente todas las religiones que conozco, tienen lugares destinados al culto masivo, a la alabanza grupal de quien en verdad es un Dios único aunque tenga distintos nombres y haya quienes se sientan sus exclusivos poseedores.

 

Cantar alabanzas a Dios está perfecto, hacerlo en grupo, más, pero ¿no sería bueno que tuvieran un lugar aparente para hacerlo en grupo? A Dios se le alaba en cualquier parte, pero repito que Él oye hasta los pensamientos, entonces ¿¡Por qué…!?  ¿¡Por qué…!? ¿¡Por qué…!?

Imagen: http://www.atades.com

ASESINATO EN EL CONDOMINIO


asesinato en el condominio

El domingo pasado a la hora del almuerzo, se perpetró un asesinato en el condominio donde vivo; los alaridos se escuchaban muy fuerte y era evidente que estaba ocurriendo en el área común, esa en la que se realizan celebraciones y fiestas, que está en el subsuelo y que se llama ZUM.

 

Gritos destemplados atronaban el ambiente y alarmado, le pregunté a mi hija qué podía ser aquello, aunque no me cupiera duda alguna de que fuera algo terrible; “Creen que cantan” me dijo y entonces me percaté que los gritos, los alaridos tenían discordes de guitarra como acompañamiento y palmadas.

 

“Creen que cantan” repitió y lo que Juan Gabriel concibió como una canción y cantó muchísimas veces, estaba siendo berreado por un grupo dedicado entusiasta y minuciosamente a destrozar la letra, que improvisaban sin reparo y  a patear la música que, discordante y errática parecía pedir auxilio; estaban asesinando a un Juan Gabriel que, muerto ya, se resistía a que lo mataran otra vez.

 

Minuciosos, estaban asesinando hasta el recuerdo y para que no quedaran dudas atacaron una tras otra a varias composiciones hasta dejarlas reducidas a polvo y a un penoso eco que a cualquier oído (salvo los de ellos, claro) le sonaría al graznido de gallinazo en celo; algo jocosamente mi hija comentó que “no sabía que teníamos un club de fans de Juan Gabriel en el condominio”, para ser informada de inmediato y corregida, por el griterío disonante que estaba equivocada, porque ahora mataban a más: “Vilma Palma E Vampiros”.

 

Ha sido un almuerzo sazonado con muertes el de este domingo, porque fueron asesinados cantantes, compositores y… ¡La Música!; más tarde el velatorio fue amenizado por una radio o tocadiscos, con el acompañamiento incansable de voces estentóreas que mal decían (que no es lo mismo que maldecir o proferir maldiciones) los trozos de letra que creían conocer.

 

En fin, almuerzo necrológico de domingo, con café, de ese que se acostumbra a tomar en los entierros.

 

Imagen: http://www.cubanet.com

¿DÓNDE ESTÁ OLGA?


¿dÓnde estÁ olga

 Es una pregunta que me hago casi todos los días, varias veces, por las mañanas; es una trivialidad que escriba sobre esto, pero como la mayoría de lo que escribo no es muy importante, me lanzo nomás.

 

“¡Olgaaa!… ¡Olgaaaaaa…!… ¡Olgaaaaaaaaaaaaa…..!”: Olga debe ser parte del personal de mantenimiento que trabaja en esta parte del condominio y por lo escuchado  o es muy necesaria, se esconde, está en algún lugar desde donde no escucha y si lo hace prefiere seguir haciendo lo que hace que antes que contestar llamados para preguntarle algo, para que alcance tal o cual cosa o tal vez Olga sea un poco sorda.

 

Lo que me llama la atención es que, como digo, el hecho se repite prácticamente a diario y muchas veces; lo único que he podido sacar en claro es que Olga trabaja en el turno de las mañanas porque en ninguna tarde he escuchado el llamado.

 

Debo decir que las voces que la llaman a gritos (porque gritan) son indistintamente de mujer o de hombre; lo que me hace pensar que Olga, que evidentemente no tiene como muchas de las personas que en este condominio trabajan, una radio portátil para comunicarse, hace labores de limpieza general y anda por el escalafón laboral más bajo.

 

Me sorprende y me vuelve a sorprender que la llamen a gritos (un modo bastante cavernícola de comunicarse) teniendo en cuenta que suele ser en horas tranquilas, cuando los chicos no han salido a jugar y claro, a gritar entusiastamente también; quizá sea, digo, que la gritería infantil ahoga los “¡Olga…!” o que la mezcolanza de gritos, voces, carreras, ruidos de pelotazos y llamados a Olga se convierte en un momento en una especie de ruido de fondo al que uno se acostumbra e ignora un poco…

 

Pero volviendo a Olga: ¿no sería bueno que ella prestara alguna atención, que alguien le recomendara visitar a un médico, que no jugara a las escondidas en horas de trabajo, que le dieran un radio transmisor o que – ¡por favor!- no gritaran tanto?

 

Imagen: casas.mitula.pe