TODA CELEBRACIÓN ES UNA FIESTA


TETÉ

Hoy que es 12 de noviembre estoy de fiesta aunque esta sea callada, porque celebro el cumpleaños de Teté, mi hermana mayor, que fue con la risa cantarina y contagiosa para reunirse con su Jorge, con mis padres y hermanos, allá en el barrio eterno.

 

Es fiesta muy mía, casi egoísta; hecha de recuerdos e instantes, de anécdotas, de ese cariño que permanece como rescoldo agradable después que el fuego de la chimenea se apagó, pero que en lo oscuro da luz y conserva el calor…

 

Celebro este 12 como cada año, extrañando nuevamente esta vez no oír la voz querida, temprano, en el teléfono…

 

Sé que solo tengo recuerdos, el cariño y estas pobres palabras, pero hermana, quiero dártelas envueltas en el papel de la alegría para que abras el regalo y lo lleves contigo: que mis palabras sean collar, anillo, prendedor o lo quieras llevar puesto en la fiesta de hoy 12.

 

Te quiero mucho, hermana.

Manolo.

 

 

 

 

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EL RÍO QUE SE LLAMA RECUERDOS.


www.fondosypantallas.com

Los recuerdos son como un pequeño río, a veces caudaloso y otras tranquilo, que discurre entre las piedras de la vida;  bueno es tomar sus aguas y beber o lavarse la cara con ellas y sentirse mejor.

 

 

 

Imagen: http://www.fondosypantallas.com

CAJA DE CARTAS.


 

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Llegó una carta con mi nombre escrito a mano en el sobre y con estampillas; de inmediato recordé las cartas que mi madre guardaba en una caja y que descubrí al revisar sus cosas tiempo después que falleciera.

 

Eran las cartas que mi padre le escribía siempre que estaba de viaje, e inclusive cuando vivía en campamentos, dedicado a construir carreteras, en distantes lugares del país; yo lo imaginé enviando las cartas a la ciudad más cercana a donde él estaba para que desde allí, el correo le hiciera llegar sus palabras amorosas a María Antonieta, preguntándole cómo estaba, cómo estaban los hijos; cartas que no tendrían por lo general respuesta hasta que ella se lo contara todo a viva voz, cuando él retornara, generalmente, pasados varios meses.

 

Cartas donde él le contaría de sierras, de accidentes sufridos con la mula, de las sonrisas del cocinero al ver que les gustaban sus platos inventados y pobretones…

 

Una caja con cartas que no me atreví a abrir porque hubiera sido como si los espiara por el ojo de una cerradura; cartas de las que solamente repasé los sobres que llegaron de distintas ciudades, escritas al abrigo de una carpa, a la luz de una lámpara de petróleo, cuando la noche empezaba a caer y el día depositaba su cansancio.

 

Las cartas en que mi padre no contaba sus preocupaciones y sí que todo estaba bien, que avanzaban, que medían, que sacaban la tierra y las piedras; que a veces desenterraban huacos.

 

Era el tesoro de mi madre, que ella guardaba en una caja de cartón, trajinada de tanta mudanza por un Perú muy grande; rota y pegada muchas veces de tanto abrir y cerrar, de tanto hurgar en ella para rescatar las palabras, los recuerdos y los sueños; cuando la hallé, ya no estaba ninguno de los dos y seguramente mi madre siguió leyendo las cartas de mi padre después que él se fue una mañana triste, porque sabía que Manuel Enrique no podría entonces escribirle, ni enviar la carta al pueblo más cercano que tuviera correo, para que le llegara.

NI TANTO NI TAN POCO.


virtud

A veces la tentación de dividirlo todo en blanco o negro es grande y sin embargo los matices de gris son importantes porque permiten que la especie humana se conserve y pese a todo lo que pasa, continúe.

 

Es bueno recordar que además de verano e invierno, existen primavera y otoño; que los extremos nunca fueron buenos y que casi siempre los acompaña el mal.

 

Es bueno recordar que, del justo medio, Aristóteles dice es el camino cierto para llegar a la felicidad.

QUIZÁ VOLAR.


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Tal vez y con el tiempo

el viento sople nubes

y despeje los cielos

para que pueda el ave

de los sueños

volar en el azul.

 

Tal vez y con el tiempo

el agua del río de

la vida que corre

hacia la noche

se encuentre con

el mar de las

historias pretendidas

en infancias que

uno revive día a día.

 

Tal vez y con el tiempo

la arboleda frondosa

de las desesperanzas

deje pasar al sol

y que un rayo amarillo

toque la tierra oscura

y la convierta

en un arroyo claro,

en perfumada flor,

en mullido acomodo de

mañana de invierno.

Tal vez y con el tiempo

todo llegue.

 

Lima, 23.2.1996.