¡QUE SIGA LA BOLA, VÁQUILI-VÁQUILI-VA…!”


Ese parece ser el “sonsonete” que se escucha en el congrezoo y creo que lo tendremos que escuchar por largo tiempo, porque alegremente insisten en algo, que como la vacancia (¿tal vez por eso lo de “váquili-váquili-va”?) presidencial es    –lo dije en un post anterior– una muestra manifiesta de pelotudinez.

Otra vez digo que lo que quieren, con la excusa de la vacancia, es extender su mandato, “ganando alguito”, como decía el viejo comercial de la tele y si pueden, reelegirse con el tema de que, si aprueban la bicameralidad, podrían ser senadores y “seguir sirviendo al país”, cuando lo que quieren en verdad es ser es CENADORES y seguir “comiéndose” al Perú.

No entiendo, de otro modo, las trapisondas y enjuagues en los que andan, para seguir con este maromeo que lo único que está haciendo es desestabilizarnos a todos los peruanos y hacer chichirimico de las instituciones nacionales. Ya sé que me repito y pido disculpas a los que tienen la paciencia y amabilidad de leerme, pero esta demostración nefasta del juego de la pelota, me parece –como en el fútbol- que “mueven la pelota”, pasándosela de uno a otro para tratar de ganar tiempo, porque saben que no pueden meter gol, pero no se resignan y por lo menos quieren “dar espectáculo”.

Así estamos.

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ROMPIENDO LAS COSTURAS


El saco de gatos que es la política peruana está rompiendo las costuras y los animales pueden llevar con su pelea ciega a que el Perú se convierta en un caos terrible, donde el todos contra todos sea la norma y que se haga imposible organizar nada sensato.

Al enorme problema que es la pandemia que ha sumido al país en la oscuridad de la desgracia y la incertidumbre, se suma la estupidez asesina y suicida de los políticos en general –los “profesionales” y los “aficionados”- y en particular los que están representados en el congrezoo (donde la mayoría son “aficionados”)-; que además de estúpida es interesada porque lo que quiere la mayoría de ellos, es que “su botín” de prebendas, gollerías y “negocitos” no se les vaya.

Pero ellos (salvo algunos, la verdad sea dicha) siguen revolcándose, mientras tanto el saco va a reventar y “otros” tienen la culpa de todo, porque ellos son mansas palomitas blancas, casi casi Espíritus Santos, incapaces de todo mal. Incapaces son, hasta en tratar de cometer felonías, que sin embargo repiten con terquedad de mulas.

No sé si tendremos solución y los gatos morirán en su combate, antes que las costuras del saco se acaben de romper… Tal vez la mirada que tengo parezca apocalíptica, negativa y hasta derrotista, pero tal vez habría que aprovechar y gasear el saco. No sé cómo.

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