PICAFLOR* ANDINO.


Picaflor, foto por D. Bathaver www.fotonat.org

En la agencia de publicidad, todos le decían “Picaflor Andino” porque galanteaba a cuanta mujer se le cruzaba en su camino y no perdía oportunidad de “meterle letra”; una mañana, hacia el mediodía, venía de la calle y en recepción estaba sentada una mujer muy guapa, que de inmediato concentró su atención, saludó a la recepcionista y dirigiéndose a la visitante, sin hacer caso a las muecas que le hacía la chica, se lanzó:

 

“¡Buenos días! ¿Vienes para algún casting de modelos? Si quieres pasa a mi oficina mientras esperas al productor…” y preguntó acto seguido a la recepcionista si le había avisado; no obtuvo respuesta, porque la visitante le dijo que venía a buscar al gerente.

 

¡Ah…! dijo él, cambiando por si acaso el tú por el usted “pero pase a mi oficina mientras lo espera…, disculpe ¿es para algo especial que viene?…; “No, nada especial” dijo ella, “vine, porque vamos a almorzar juntos, es mi esposo…

 

Picaflor Andino” se puso rojo como un tomate y farfullando un “permiso” voló a refugiarse en el baño de la segunda planta.

 

 

 

*El picaflor, colibrí o papamoscas es un ave que debe su nombre a que se alimenta, en pleno vuelo, metiendo su largo pico en las flores.

Fotografía: http://www.fotonat.org

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CAJA DE CARTAS.


 

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Llegó una carta con mi nombre escrito a mano en el sobre y con estampillas; de inmediato recordé las cartas que mi madre guardaba en una caja y que descubrí al revisar sus cosas tiempo después que falleciera.

 

Eran las cartas que mi padre le escribía siempre que estaba de viaje, e inclusive cuando vivía en campamentos, dedicado a construir carreteras, en distantes lugares del país; yo lo imaginé enviando las cartas a la ciudad más cercana a donde él estaba para que desde allí, el correo le hiciera llegar sus palabras amorosas a María Antonieta, preguntándole cómo estaba, cómo estaban los hijos; cartas que no tendrían por lo general respuesta hasta que ella se lo contara todo a viva voz, cuando él retornara, generalmente, pasados varios meses.

 

Cartas donde él le contaría de sierras, de accidentes sufridos con la mula, de las sonrisas del cocinero al ver que les gustaban sus platos inventados y pobretones…

 

Una caja con cartas que no me atreví a abrir porque hubiera sido como si los espiara por el ojo de una cerradura; cartas de las que solamente repasé los sobres que llegaron de distintas ciudades, escritas al abrigo de una carpa, a la luz de una lámpara de petróleo, cuando la noche empezaba a caer y el día depositaba su cansancio.

 

Las cartas en que mi padre no contaba sus preocupaciones y sí que todo estaba bien, que avanzaban, que medían, que sacaban la tierra y las piedras; que a veces desenterraban huacos.

 

Era el tesoro de mi madre, que ella guardaba en una caja de cartón, trajinada de tanta mudanza por un Perú muy grande; rota y pegada muchas veces de tanto abrir y cerrar, de tanto hurgar en ella para rescatar las palabras, los recuerdos y los sueños; cuando la hallé, ya no estaba ninguno de los dos y seguramente mi madre siguió leyendo las cartas de mi padre después que él se fue una mañana triste, porque sabía que Manuel Enrique no podría entonces escribirle, ni enviar la carta al pueblo más cercano que tuviera correo, para que le llegara.

NI TANTO NI TAN POCO.


virtud

A veces la tentación de dividirlo todo en blanco o negro es grande y sin embargo los matices de gris son importantes porque permiten que la especie humana se conserve y pese a todo lo que pasa, continúe.

 

Es bueno recordar que además de verano e invierno, existen primavera y otoño; que los extremos nunca fueron buenos y que casi siempre los acompaña el mal.

 

Es bueno recordar que, del justo medio, Aristóteles dice es el camino cierto para llegar a la felicidad.

CONTINUANDO A CONTINUACIÓN (#ChismePosteo).


(por manoloprofe)  “manologo”.

Diré también como Elia, que es la primera vez que me nominan apara algo en la Red, por lo menos que yo me acuerde;  aquí van, al azar 10 “cosas” sobre mí y el blog… ¡Gracias por resistirme!

 

1.-  Tengo setenta años.

2.- Soy Aries, o sea que “psicológicamente hablando“, como leí alguna vez: secundario  e impulsivo.

3.- Escribí un libro (bueno, que publicaron), planté un árbol (en la granja de un amigo y se secó…) y he tenido dos hijas (más dos nietas y un nieto); ¿digamos que “cumplí con la vida“?

4.- Llevo a cuestas cuatro infartos al corazón y tres al cerebro.

5.- He sido creativo publicitario por casi cincuenta años y profesor de creatividad, en universidades, por treinta.

6.- No me gustan las verduras.

7.-  Pierce, la gata, me acompañó quince años hasta que hace unos días hubo que  dormirla, para que no siguiera sufriendo.

8.- El blog “manologo” es el único que quedó , de cuatro que publicaba hace como diez años.

9.- Digamos que mis pasiones son leer y escribir (el orden es aleatorio).

10.- ¿Me creerían si les digo que he tenido cerca de dieciseis nil alumnos…?

 

MIS NOMINADOS SON :SENDERO,  UNOMASDEMIS PENSAMIENTOS, ICÁSTICO,  VENALRINCONDEPENSAR, MISPENSAMIENTOS.

 

P.D.: No sé si lo hice bien, pero es lo que pude. ¡Gracias de veras a los que me nominaron y a los que leen “manologo“!

 

 

PARA PIERCE.


 

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Pierce, nuestra gata,  se durmió para siempre ayer, al empezar la tarde.

 

Para ella es esta lucecita: mi homenaje agradecido, la llama eterna que arderá suavemente y testimoniará el cariño que le teníamos.

 

¡Salta, corre, haz cabriolas y enciende las estrellas con tu mirada, paciente compañera!

 

Manolo.

22.11.2017.

GOLES Y NO PALABRAS.


 

GOL FÚTBOL

Escribir cualquier cosa ahora que Perú ha ganado el derecho a ser actor en el Mundial de Fútbol Rusia 2018 es vano; todo será dicho y se usarán innumerables adjetivos para calificar lo que es en verdad una hazaña.

 

Pero son los goles y no las palabras los que nos llevan al Mundial y dan hoy la alegría al país entero; goles que son el resultado de disciplina, constancia y fe.

 

Goles que significan triunfo, premio, éxito; goles que son la patada certera y la red de un arco acunando la pelota.

 

Goles que valen más que mil palabras.