DESPUÉS DE NAVIDAD.


Hoy, 26 de diciembre, es el cumpleaños de mi padre.

Él ya no está, porque se fue para no ver más las miserias de este mundo.

Mi amigo Jaime envió un mensaje recordándolo y el Chambo, otro amigo querido me ofreció lugar para plantar un árbol en su “Estancia Gozosa” cerca a Lima. Con ello cumpliría el dicho de tener un hijo (tengo dos hijas, dos yernos maravillosos y una nieta de 16 y un nieto de un año y meses), escribir un libro (La PUCP, tuvo la gentileza de publicarme “El pasado se avecina. Historias del Barranco.” Gracias a todos los que lo hicieron posible) y plantar unárbol, que con este ofrecimiento, digo, se completaría el viejo dicho para hacer de mi vida algo pleno (aunque uno espere seguir siempre, mientras pueda).

En fin, que en este día después de Navidad, como siempre, festejo en mi corazón al hombre que me enseñó con el ejemplo, lo más importante que sé y que muchas veces no supe aprovechar, sino tiempo después, cuando él ya no estaba,  para agradecerle personalmente.

Feliz día, Manuel Enrique!

POR NAVIDAD


Este blog ha tenido sus silencios, pero no puede quedarse callado ante una fecha que es lo mejor que ha pasado al mundo. Es Navidad y la paz debe llegar a todos los corazones que la necesitan y desean. Esa paz que sólo da el saberse amigo de todos en este planeta.

FELIZ NAVIDAD para todos!!

LA MECEDORA.


Me Me siento y oscilo tranquilamente de atrás hacia delante y viceversa.

La mecedora que está en la sala me sirve como un lugar tempranero para pensar –por ejemplo- mientras espero por la mañana que venga a recogerme el señor Enrique en su taxi, para ir a la universidad. Me tomo un cuarto de hora “libre” desde las seis y media hasta las seis y cuarenta y cinco, después de haber corrido a medias la cortina y abierto la ventana para que Pierce, la gata, salga si quiere, después de una noche durmiendo a los pies de la cama.

La mecedora era de mi madre. En realidad su historia se remonta bastante más atrás, cuando mi abuelo Francisco, en Arequipa,  obtuvo una serie de muebles ingleses fruto de nunca supe bien qué transacción, de la empresa del ferrocarriles, de la que era abogado. Lo cierto es que la mecedora en la sala de mi casa ha recorrido un largo camino hasta llegar allí. Mi madre la trajo de Arequipa cuando mis tías se la entregaron como recuerdo, supongo. Ya vivíamos con ella aquí en la casa de San Borja y había muerto mi padre. Mi hermana se la envió y ella la hizo arreglar: cambio de asiento (poniéndole esterilla tejida real), ajuste general, pulido y barnizado. La mecedora no tiene tornillos. Es antigua, pues.

Ahora que lo pienso, me siento en el lugar donde se han sentado varias generaciones de Gómez de la Torre y seguramente han puesto sus posaderas varios apellidos ingleses trasplantados a una ciudad cuyo nombre dice ¡are-quepay! –¡aquí nos quedamos!-. En esta silla oscilante se debe haber leído novelas, tomado el té equilibrando alguna delicada taza de porcelana casi traslúcida japonesa (conservo dos, también recuerdos de los recuerdos de mi madre), rezado rosarios y dormido siestas.

Nada especial tiene esta mecedora, pero es el mueble que más uso en casa además de la cama y el escritorio. Es más, cuando vienen visitas, me siento allí y su movimiento suave acompaña la conversación de una manera admirable.

Guardo en la memoria, a María Antonieta, vencida por la modorra de la tarde, cabeceando, acomodada en la mecedora con un cojín que atado en la cabecera, facilitaba el apoyo. También la veo hojeando el álbum donde las fotografías de sus nietos y bisnietos le recordaban seguramente que la vida sigue y se prolonga despacio como el movimiento acompasado de la mecedora.

Solo la traslado de lugar cuando viene Fernando, el peluquero y una vez al mes hace sonar sus tijeras para cortar mi pelo. Esta es una de las comodidades de las que disfruto. Fernando viene a casa, al terminar su trabajo y mientras elimina los cabellos sobrantes, conversamos de Chincha, su tierra, de cómo va su negocio, de la coyuntura social o política y de su familia y la mía.

 Coloco una silla en el lugar de la mecedora, porque allí hay luz y espacio para que Fernando pueda trabajar tranquilo. Cuando termina, la mecedora vuelve a ocupar su lugar y yo me olvido que está allí hasta que inconscientemente me siento y dejo volar la imaginación moviéndome de atrás para adelante y de adelante hacia atrás.

16.5.2010

MI MESA


hoy, después de mucho tiempo, estoy mirando mi mesa-escritorio.

Y digo esto porque normalmente usa las cosas, pero pocas veces se fija en ellas, mirándolas. No les da verdadera importancia, como es el caso de esta mesa-escritorio, ante la cual me siento varias veces al día.

Una mesa- escritorio que no tiene nada de extraordinario, pero que sirve de soporte a múltiples actividades, entre ellas el escribir. Tiene tres cajones laterales que están llenos de las más disímiles cosas. En el cajón de arriba guardo lo más inmediato, lo que más uso. Hay desde marcadores de fibra hasta tarjetas personales.

El segundo y tercer cajones guardan entre la variedad de cosas, cables, recuerdos y fotografías. La vejez ha hecho que el primer cajón se venza y haya que hacer maniobras para cerrarlo o abrirlo, emitiendo ruidos que no las dejan pasar desapercibidas.

La mesa-escritorio tiene encima un tocadiscos digital marca HI TECH, chino, sin lugar a dudas, un antiguo mueblecito de sobremesa que contiene siete pipas que fumé antiguamente, una caja de madera para tabaco, un cenicero de metal (para pipas, claro), así vcomo limpiadores de felpa y un limpiador multipropósito metálico. Hay gtambién una agende del año 2,010 de la Universidad Católica, papeles de colores para anotaciones, dos contenedores de lápices y lapiceros, una lámpara de pantalla de vidrio verde, tipo “Tiffany Bank”, un sello aumático con m nombre, un perforador de papeles y un par de agendas pasadas, grandes, que están de pie gracias a dos sujetadores de libros, con la figura de el gato Garfield, hechos en lata y pintados.

Completan el conjunto un clip sujeta-papeles con base de acrílico roja , una estatuita de un sabio chino, que puede ser Lao Tse un búho de cerámica, en forma de medallón y una cajita de cerámica también, con el símbolo de Aries en la tapa, hecho por una compañera de universidad de mi esposa hacen muchos años.

Aquí escribo o leo. Aquí, por las noches como y tomo desayuno por las mañanas desde que estoy recuperándome, pues el almuerzo lo tomo en familia en el comedor de la casa.

Esta mesa-escritorio es de madera y tiene un descolorido barniz de color medio rojizo, que le da personalidad.  Y claro, sin olvidar la Net Book marca Acer donde estoy escribiendo esto.

Confieso que me he acostumbrado a este mueble, por eso debe ser que no me he fijado antes de hoy, en él.

Cumple su fución y preside el escritorio, estando situado debajo de una ventana que en las mañanas de verano deja entrar el aire y el sol.

No hay mucho más que decir de la mesa-escritorio, salvo que paso varias horas del día, sentado frente a él en una silla común pero tapizada.

TIEMPO DE OCIO.


El tiempo de ocio es éste que llevo a cuestas desde hace seis meses. Ocio forzado, pero bque me permite hurgar en los intresticios del día y descubrir en ellos que mis miedos son sólo míos. Ocio forzado que me lleva a descubir en la biblioteca volúmenes largamente olvidados einteligencias que fueron y dejaron su huella.

Estos meses han logrado que poco poco me encuentre a mí mismo y en el silencio he buscado las palabras correctas. Ahora siento que soy un poquito más sabio, que puedo comprender más y que en general, perdiendo un poco, me he enriquecido.

ES SÁBADO.


El sábado es un día de espera. En primer lugar, esperar que llegue el domingo y así completar la semana. Luego están la pila de cosas que vamos posponiendo durante cinco días para esas horas que están entre el viernes y el último día.

El sábado es día de “geniograma” el quiz de El Comercio, que ahora me sirve de ejercicio para ver ajustadamente. El sábado está lleno de buenas intenciones, acumuladas una tras otra. Buenas intenciones que la mayor parte de las veces quedan solo en eso.

Es día también de limpieza en muchas casas, donde se voltean colchones, se airean ropas de cama y se lustra los pisos.

Sábado, día comodín que muchas veces sirve para resolver mucho o no hacer nada.

Hoy es sábado y sólo quedan 5 horas y media para que vtermine el día.

Cinco horas y media por llenar. Nuevecitas e impolutas, regidas por los relojes o el oscurecer. Tiempo! lo más escaso del universo, en nuestras manos. Sábado. Un sábado cualquiera de cualquier semana o año. Sólo importa que sea sábado. Como hoy.