SUPLUC-SUPLUC


supluc supluc

Las onomatopeyas sirven para identificar algo por medio del sonido que produce; por lo menos yo lo interpreto así; es la imitación vocal de un sonido determinado para significar aquello que lo produce.

 

Sesuda introducción para escribir sobre algo –precisamente una onomatopeya- que me fue “revelada” cuando éramos chicos, creíamos casi ciegamente en lo que nos decían las personas cercanas y no nos complicábamos con todas esas cosas que fuimos aprendiendo mientras crecíamos; mi mejor amigo me dijo un día: “¿sabes cómo se conoce si un melón está maduro…?”, la pregunta me cogió de sorpresa y después de pensar que nunca me había preocupado por la madurez de los melones (ni de ninguna otra fruta, porque la que comía en casa no estaba verde y mi mamá me había dicho que si comía fruta verde me iba a doler la barriga), le dije lo que era evidente: ”no sé”.

 

Me instruyó diciendo: “Agarras el melón, te lo pones junto a la oreja, lo sacudes y si hace supluc-supluc, es que está maduro”; obviamente le creí porque me confesó que lo sabía porque se lo había dicho un peón del campo, que era alguien que sabía…; admito que nunca verifiqué la información y el “supluc-supluc: ¡maduro!” entró a formar parte de nuestras frases hechas, con un guiño a la complicidad; pero hoy, por esas cosas que la memoria tiene, saltó de su cajoncito de archivo la onomatopeya varias veces y decidí que era algo sobre lo que querría escribir y que a ustedes tal vez les daría curiosidad leer…

 

 Claro, cuando mi amigo lea esto, seguramente le va a pasar lo que a mí y es que es verano y el gran sillón-perezosa con cojines floreados aún está balanceándose suavemente  en el patio de su casa, con nosotros allí, conversando y comiendo uvas verdes, que por si acaso no es que no estuvieran maduras, sino que son de ese color verde clarito y que por aquí llamamos Italia.

Imagen: cuantas-calorias.org

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EL AÑO EMPEZÓ YA


EL AÑO EMPEZÓ YA

Estamos a dos de enero y delante se extiende un año nuevecito, como un cuaderno recién estrenado que tiene las hojas en blanco y que poco a poco se irán llenando de letras, palabras, frases y dibujos: correcciones, notas en color rojo e insensiblemente, con el pasar de los días, el trajín hará más gruesas sus páginas que tendrán alguna esquina doblada y –tal vez- una hoja completa arrancada dejando esa huella de “aquí hubo algo que preferí quitar”.

 

Se irá completando el cuaderno pensando que vendrá uno nuevo, que ya dan ganas de empezar, aunque sepamos que primero hay que terminar este y que faltan muchas páginas y días para que el deseo, incipiente, se cumpla.

 

Tenemos este cuaderno nuevo: afilemos los lápices, usemos muy poco el borrador y hagamos buena letra; al fin y al cabo el cuaderno es nuestro y que cuando lo revisen vean que lo llenamos con cuidado y cariño.

Imagen: http://www.freepik.es

MELODÍA DE CAMPANAS


ALICIA & YO & TORTA

No sé si sonaron las campanas de la iglesia Virgen de Fátima en Miraflores, arriba del mar, esa noche del jueves 30 de diciembre de 1971, pero desde entonces han sonado alegres para Alicia y para mí; las escuchamos y nos cuentan la historia que vivimos juntos, que no está escrita en libros sino en mañanas luminosas, alguna tarde con cielo gris y garúa finita, en noches llenas de estrellas que como puntitos luminosos invitan a contarlas, tomados de la mano y a soñar ese sueño que empezó de a dos y que hoy se prolonga en dos hijas y tres nietos….

 

Es un sueño hermoso del que no vamos a despertar porque significa una vida buena, con todo lo que vivir trae y lo que vivir se lleva, dejando solo lo mejor; este sueño que seguimos soñando es como un camino que tiene paisajes bellos, amaneceres, pájaros que cantan saludando al sol; este sueño es subir la montaña, para abrazados, cerca ya de la cumbre, mirar lo recorrido y entre las nubes ver que allá se desenvuelve nuestra historia…

 

Hoy, que es 30 de diciembre, sé que las campanas van a sonar alegres y más fuerte para nosotros dos y lo que importa en verdad es que siempre, su música, ha sido nuestra.

LOS CONEJOS DEL MAGO


LOS CONEJOS DEL MAGO

El mago Alan está molesto por varias razones, pero la principal es que sus actos mágicos ya no asombran e incluso más de un espectador se ríe en la platea; los blancos conejos gordos que sacaba prestamente del sombrero, se han convertido desde hace un tiempo en cuyes (o sea conejillos de indias) que miran asombrados; para peor, quiso hacer nuevamente su ya famoso acto de desaparición y cubierto por una tela de brocado inició el acto, pero un rato después su secretario dio un tirón a la tela y no había desaparecido nadie, porque el mago miraba desconcertado al público y seguía parado en medio de la escena.

 

El mago sonrió como sonríen los que están nerviosos y del bolsillo sacó un pasaporte y un sobre que anunció contenía unas constancias notariadas importantes; miró a la sala y escogió a un señor de anteojos y le entregó solemnemente documento y sobre cuando hubo subido al escenario…; “Voy a hacer unos pases” dijo, y agitó ambas manos pero nada pasaba, hasta que en el silencio expectante se oyó el “ring” insistente que emitía un teléfono celular: el mago extrajo el sonante aparatejo y respondió, llevándolo al oído: “¿Aló…?”, “¡Número equivocado!”, “¡Me chuponean…! dijo, con gesto adusto, mientras creía que el truco era muy bueno y funcionaba para distraer, pero los asistentes ya se iban, dejando sus asientos y comentando que como mago había decaído, mientras había otros que decían que estaba terminado y más de uno pidió que le devolvieran su dinero al momento, para enterarse que este se había esfumado y no se dieron cuenta que era el último acto del Gran Alan, ese que hacía ahora, justo antes de desaparecer.

 

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