VENEZUELA EN EL CORAZÓN


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EL MIEDO HA LLEGADO


LeilaAbidar

PUBLICADO EL 10 marzo, 2019

 63 horas, el miedo ha llegado

 

Los alimentos refrigerados han comenzado a dañarse, no se consigue gasolina para desplazarnos y menos para alimentar la pequeña planta de un vecino que mantiene el congelador de otro y que se hizo pequeño para guardar lo poco que hemos podido salvar de nuestras neveras.

Escribo y pienso en mi mama y mis sobrinos pequeños, siento miedo de que esto se prolongue. No hay noticias al respecto, no informan sobre lo que realmente ha ocurrido en nuestro central hidroeléctrica del Guri, se ha limitado el sátrapa a sacar el ejército a la calle… creo que lo que se viene en la próximas horas es el saqueo, la desesperación marcará la pauta. Ayer dos amigas quedaron atrapadas en un minimarket por una turba que rodeó el local. Los nefastos colectivos (fuerzas de choque del régimen) amenazando al pueblo y aterrorizándolo, haciendo disparos al aire en Caracas en las zonas populares para sembrar miedo…

¿Qué nombre ponerle a esto que nos pasa?

Ruego al cielo no enfermarnos, que no nos falte comida, al menos a los mas vulnerables, que no quedemos incomunicados, que no tengamos que salir de noche por una emergencia…

Control de daños, administración de recursos, solidaridad vecinal, cuidarnos en extremo para no enfermar, no estar solos mucho tiempo, tratar de reír a pesar de…

¿Cómo estarán en los barrios?

¿Qué más tiene que pasar?

Ya no tengo ni ganas de hablar…

 

REPRODUCIDO DEelblogdeleilaabidar.wordpress.com

“¡QUÉ LE VAMOS A HACER…!”


QUÉ LE VAMOS 1

Para quienes no sepan lo que es un huayco o huaico, les diré que es un alud de agua, tierra y piedras generalmente producido por las lluvias y que arrasa todo a su turbulento paso, encontrando “sus caminos” en las quebradas, por donde alguna vez pasó un río (y no importa que sean muchos años que la quebrada esté seca y nadie se acuerde del río, por pequeño que fuere, que por allí discurría); hago esta aclaración porque huayco o huaico es una palabra común en el Perú, que en otros lugares como Chile, también se usa,  y se escribe a veces “guaico””.

 

En el Perú, estamos en temporada de lluvias en la zona de sierra y por lo tanto, temporada de huaycos: sucede TODOS los años por esta época y la naturaleza pareciera ensañarse cuando lo que hace es seguir su natural devenir, algo que es totalmente previsible por su reiteración; sin embargo los huaycos se convierten en desastres cuando actúan sobre los seres humanos, sus posesiones, casas, cultivos, carreteras y todo aquello que el hombre ponga en el camino que el agua busca para bajar de las alturas donde llueve con rumbo a un río o al mar.

 

No soy geólogo, pero el sentido común me dice que el “nivel del mar”, es aquél en el que la tierra seca está y hacia ese nivel “bajará” por gravedad el agua; el habitante de la sierra sabe, por experiencia ancestral, que esta es temporada de lluvias, que se producen huaycos o avenidas de agua que arrastran tierra, piedras, árboles, animales y cantidades ingentes de lodo o barro (que es la tierra mezclada con el agua) en cualquier momento; sin embargo en la costa peruana, en muchas ciudades, el habitante ignora a la naturaleza salvo cuando ya no hay remedio alguno: construye en los cauces secos de lo que un día fueron ríos, en las riberas mismas de los ríos actuales que discurren pacíficamente hacia el océano y los usan como botaderos de basura y desperdicios que se acumulan poco a poco reduciendo y obstruyendo el fluir.

QUÉ LE VAMOS 2

Es el hombre el que se pone en peligro y vive la desgracia año tras año sin aprender nada, creyendo que con sacos rellenos de tierra evitará inundaciones o que una quebrada seca es terreno seguro para levantar su vivienda e inclusive, vender tal terreno, lotizado, para que otros, incautos, desavisados o desesperados por tener un lugar propio para vivir construyan, estafándolos porque la ley dice que esa tierra es propiedad del Estado y ningún ciudadano puede apropiársela y menos venderla.

 

Todos los días vemos en la prensa escrita, en la televisión y escuchamos por la radio las tragedias que se viven en torno a esta época del año y mi memoria sobre esto va hasta una lejana infancia, registrando siempre lo mismo con desesperante previsibilidad; es tremendo, ciertamente, pero no aprendemos y repetimos los errores con regularidad pasmosa poniendo en peligro nuestras propias vidas y lo que tanto costó conseguir; hace unos pocos días escuchaba a un damnificado quejarse amargamente y decir que “esto no había ocurrido desde que yo era niño…”, pero ocurrió antes e iba a suceder de un momento a otro.

QUÉ LE VAMOS 3

La frase más común ante estas desgracias que provoca la naturaleza es “¡Qué vamos a hacer…!” como si no pudiéramos PREVENIR no construyendo en lugares que son peligrosos pues fueron cauce de río o dando el mantenimiento adecuado a los encauzamientos realizados para desviar las aguas o evitando arrojar desperdicios y basura que reducen cauces activos y los taponan; en una palabra, siendo RESPONSABLES y no dejar las cosas “al destino” o a la “buena de Dios”: hay que darle su verdadero sentido a PREOCUPARSE, que es OCUPARSE PREVIAMENTE de algo y no “resignarse”.

 

A veces pienso que vivimos y no nos importa dejar de hacerlo, es decir, morirnos.

 

Imágenes: larepublica.pe

TÓXICO


TÓXICO

Tóxico es lo que envenena, lo que hace daño y en algún caso, puede provocar la muerte. No necesitamos ir al diccionario, porque el significado de la palabra lo comprendemos bien.

 

Por extensión, una “persona tóxica” es aquella que produce daños, que por lo general no se aprecian a simple vista pero con su manera de ser o sus opiniones, “envenena” a quienes le rodean o con quienes tiene alguna relación; existen las “amistades tóxicas” que son aquellas personas que tienen esa “envenenadora” condición y son nuestros amigos o personas a las que conocemos desde hace tiempo; tener amistad con alguien “”tóxico” es responsabilidad de quien así considere al amigo o amiga, porque si se discrepa profundamente de sus opiniones, no estando de acuerdo con ellas, lo más sano es trazar una línea divisoria y decir que se respetan pero no se comparten tales o cuales pareceres de la “persona tóxica” y pedir que se tenga la misma conducta hacia lo que pensamos sobre tal o cuál tema.

 

Hay un viejo dicho: “Cuentas claras, guardan amistades” y no se trata únicamente de sumas y restas o de materia económica, sino de decir las cosas claramente desde el propio punto de vista: “yo opino así sobre esto pero no trato de convencerte si piensas lo contrario, ni quisiera que tú intentaras hacerlo conmigo”. Si la persona se ofende y “nos retira su amistad”, habremos perdido un “amigo” o “amiga”, pero ganaremos en tranquilidad personal. Por lo menos, así creo que son las cosas.

 

Mi padre decía que “cada uno es cada uno y tiene sus cadaunadas”: aceptemos a las personas como son o simplemente evitémoslas sin querer “convertirlas a nuestra religión”.

 

Imagen: http://www.hoy.com.ni

¿POR QUÉ NO TE CALLAS?


por quÉ no te callas

El anterior rey de España, Juan Carlos I, se lo dijo en público a Hugo Chávez, ahora muerto y es exactamente lo que les diría yo a todos los que se llenan la boca loando a Nicolás Maduro, a quienes dicen que los ciudadanos venezolanos que han llegado hasta el Perú escapando      –muchas veces a pie- del desastre que ha causado en su país el enano mental que dice haber sido elegido “constitucionalmente” y que aspira a perpetuarse en el poder apoyado por una cúpula de las fuerzas armadas “incondicional” que parece estar teñida del color nauseabundo del narcotráfico.

 

Se lo diría a quienes sostienen que los ciudadanos venezolanos han venido al Perú para quitarles el trabajo a los peruanos porque “cobran menos” y “aceptan cualquier cosa”; se lo diría a un sinvergüenza como Ricardo Belmont Casinelli que tuvo la desfachatez de postular como alcalde de Lima levantando su bandera xenofóbica y cobarde contra los venidos a nuestro país en busca de sobrevivir, expulsados por una realidad irrespirable.

 

¿Por qué no te callas?, les diría a ciertos medios de comunicación que opinan o albergan opiniones que buscan desacreditar a todos los venezolanos que han llegado al Perú en busca de horizonte y se ceban en las noticias negativas que malos venezolanos –que los hay en el país y vinieron enviados por Maduro para que lo apoyaran, además de aquellos delincuentes de los que se desembarazó el dictador llanero, facilitando su travesía y que ahora están aquí- provocan, como si fueran lo único y exclusivamente pernicioso que hay aquí, alentando una xenofobia estúpida y que tiene cabida en descerebrados que en realidad no quieren trabajar y echan la culpa de su desocupación ociosa a los venezolanos que se desloman por un techo y un plato de comida sin hacerle ascos a ninguna labor.

 

¿Por qué no se callan Evo Morales, Putin, Ortega Maradona y otros cuyo presente no es nada claro, su pasado es dudoso y forman una triste comparsa que cree que la libertad son las mafias, las balas, los asesinatos de opositores, el “poder perpetuo”, la drogadicción…?

 

Claro, aunque callen, seguirán empujando un carro de circo con payasos tristes, animales enjaulados y “artistas” en el lanzamiento de cuchillos, que ¡oh casualidad! fallan cuando le conviene al dueño del espectáculo; sería bueno su silencio y que además la ola de la Historia los borre para siempre se la faz de la Tierra.

 

Imagen: memegen.com

¿DÓNDE ESTÁ OLGA?


¿dÓnde estÁ olga

 Es una pregunta que me hago casi todos los días, varias veces, por las mañanas; es una trivialidad que escriba sobre esto, pero como la mayoría de lo que escribo no es muy importante, me lanzo nomás.

 

“¡Olgaaa!… ¡Olgaaaaaa…!… ¡Olgaaaaaaaaaaaaa…..!”: Olga debe ser parte del personal de mantenimiento que trabaja en esta parte del condominio y por lo escuchado  o es muy necesaria, se esconde, está en algún lugar desde donde no escucha y si lo hace prefiere seguir haciendo lo que hace que antes que contestar llamados para preguntarle algo, para que alcance tal o cual cosa o tal vez Olga sea un poco sorda.

 

Lo que me llama la atención es que, como digo, el hecho se repite prácticamente a diario y muchas veces; lo único que he podido sacar en claro es que Olga trabaja en el turno de las mañanas porque en ninguna tarde he escuchado el llamado.

 

Debo decir que las voces que la llaman a gritos (porque gritan) son indistintamente de mujer o de hombre; lo que me hace pensar que Olga, que evidentemente no tiene como muchas de las personas que en este condominio trabajan, una radio portátil para comunicarse, hace labores de limpieza general y anda por el escalafón laboral más bajo.

 

Me sorprende y me vuelve a sorprender que la llamen a gritos (un modo bastante cavernícola de comunicarse) teniendo en cuenta que suele ser en horas tranquilas, cuando los chicos no han salido a jugar y claro, a gritar entusiastamente también; quizá sea, digo, que la gritería infantil ahoga los “¡Olga…!” o que la mezcolanza de gritos, voces, carreras, ruidos de pelotazos y llamados a Olga se convierte en un momento en una especie de ruido de fondo al que uno se acostumbra e ignora un poco…

 

Pero volviendo a Olga: ¿no sería bueno que ella prestara alguna atención, que alguien le recomendara visitar a un médico, que no jugara a las escondidas en horas de trabajo, que le dieran un radio transmisor o que – ¡por favor!- no gritaran tanto?

 

Imagen: casas.mitula.pe

 

 

SI NO SOPORTO EL RAP… ¡IMAGÍNENSE EL REGUETÓN!


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Anteriormente publiqué un “No me gusta el rap” donde dejaba que Joaquín Sabina hablara por mí, coincidentes en opinión.

 

Hoy, a media mañana, en esta “etapa” del condominio, otra vez frente a mi ventana, hay una actividad a la que se invita a todos los residentes; se trata de una celebración navideña múltiple que incluye una feria que ofrece productos hechos por los “emprendedores” que son vecinos, comida, concurso de dibujo para niños, show montado por los mismos niños, premiación a la mejor “decoración de edificios”, juegos infantiles inflables (toboganes y “salta-salta) y “música” para ambientar, a todo volumen, para lo cual han elegido el reguetón.

 

Insisto en que no tengo nada contra la música, las navidades, la familia y el compartir; insisto en que respeto la opinión y los gustos de los demás aunque difieran de los míos, pero esto es una agresión auditiva que de pronto es natural y se manifiesta porque es fiesta… ¡o se acerca y hay que “celebrar”; me dirán que por qué no soy un habitante de solitaria montaña o silencioso desierto, que si vivo en un condominio debo admitir la pluralidad y lo que para mí son incomodidades aunque para otros no…: ¡lo acepto!, pero (siempre hay un “pero”) francamente si el rap me resulta insoportable, el reguetón con su “bum-bum-bum” rítmico y primitivo, con sus letras que por lo general son rimas ridículas y su monotonía, definitivamente no me gusta…; de todos modos, una miradita a Wikipedia dice que:

El reguetón​ o reggaetón es un género musical bailable se deriva del reggae y el dancehall, así como elementos principalmente del hip hop y la música hispana. ​ Se desarrolló por primera vez en Panamá en los años 1970 y llega a Puerto Rico en 1990; nace y surge a raíz de la popularidad del reggae en español, cuyos ritmos llegaron de Panamá, junto con el hip hop estadounidense durante los 1990.

El reguetón se originó a partir de su predecesor el reggae en español. Después de este acontecimiento, el reguetón se apartó poco a poco del reggae originario de Jamaica, usando los mismos instrumentos y los mismos ritmos musicales pero con diferentes letras y melodías. Esto se debió a que en Puerto Rico se usaban beats de reggae sobre bases de rap pero con letras y composiciones diferentes.

 

Bueno pues, no me parece música el reguetón: ritmo, sonsonete y ausencia de verdadera armonía, sí; es mi opinión y no espero una mayoritaria aprobación a ella,

Pero (otra vez el “pero”) por más que he cerrado mi ventana, el reguetón atruena y sacude el departamento (supongo que toda esta “etapa” del condominio.

 

Tal vez, mi único consuelo sea escribir esto, contándoles a ustedes una historia más del condominio.

¡FELIZ NAVIDAD!

 

Imagen: http://www.flickr.com