EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS


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Tomar el nombre de la famosa novela de Joseph Conrad  no es casualidad y lo hago porque el tema que quiero tratar en este post es el mismo que a él le inspiró: el colonialismo, el racismo, la violencia humana y el choque de culturas.

 

Las tinieblas de Conrad –el continente africano- se expanden hoy por todo el mundo en lo que a racismo, violencia y choque de culturas respecta; colonialismo hay y bastante más peligroso, porque uno de los efectos de la moderna “información” y la velocidad tecnológica con que esta se mueve, demostrada en el fenómeno de las “redes sociales” que sin el increíble desarrollo de la computadora y sus bifurcaciones en tamaño y propósito sería inimaginable en tiempos de Conrad y hoy produce un colonialismo mental, fruto del ejercicio de esa vieja frase de :Miente, que algo queda.

 

Hace unos días recibí un largo mensaje (reenviado a mí) escrito por un psiquiatra alemán-judío o judío-alemán que narraba lo que pasó y pasó su familia –acomodada- en la Alemania nazi y esto le servía para hacer una revisión del fanatismo, salvajismo y racismo (todos “ismos”) del ser humano, brotando como mal hierba por la Historia reciente y produciendo además de millones y millones de muertos, dolor inenarrable y destrucción.

 

Pasa revista a los nazis, a los comunistas soviéticos, al Japón, a China, al África, con cadáveres que se van amontonando en la imaginación, muerte a bayonetazos y cuchillo, hambre terminal, guerras, terrorismo, “gracias” a que “el otro” es menos, no comparte las mismas ideas de su victimario o su color de piel o tiene algo que se le quitará liquidándolo de la peor manera.

 

Un amigo a quien se la reenvié, me respondió que estaba probado que era “Fake News” desde hacía más de un año y mi respuesta fue que tal vez lo del psiquiatra judío-alemán fuera un invento, que no hubiera existido nunca y que alguien hubiera creado parte de la historia correspondiente al personaje, pero lo que era histórico –no “fake”- eran los  “facts”, los hechos de los que hacía un recuento impresionante que produce asombro, terror y repugnancia…

 

Sucede que meter cifras y hechos dentro de una comunicación que resulta ser falsa, no les quita a estor verosimilitud, aunque se trate de asociarlo a algo que es falso; los muertos, las masacres, la sangre, la violencia, el odio, el dolor, la destrucción, el silencio cómplice y culpable, más las “soluciones” están ahí, incontrovertibles y acusadoras, insertadas en una falsa historia personal, que, repito, no las hace menos terriblemente ciertas.

 

La pregunta que me hago es ¿a quién o quienes les conviene que se tome por falsa toda la historia? ¿Quién o quienes pueden darse el trabajo de construir una falsedad que contiene verdades enormes, esperando que el marbete “Fake News” haga su trabajo englobando las verdades y diciendo que son mentira porque están Asociadas a –en este caso- una identidad inexistente?

 

Hay muchos empeñados en borrar la Historia, retocarla y volverla a contar de acuerdo a su conveniencia; recuerdo que la Historia está escrita siempre por los ganadores y que los que perdieron la leen con estupor o lo que es peor, ignoran la realidad, o tal vez, algo mucho peor: prefieren ignorarla porque están “más tranquilos” sin ella en la memoria.

 

Las “Fake news” son un buen pretexto y meter en el mismo saco a los muertos con las explicaciones “verdaderas” de la inmortalidad del mosco resulta conveniente para ese ser humano que se cree mejor que sus vecinos y siente que lo que es “diferente” es peligroso para él, sin querer admitir que todos somos iguales y que la muerte que es una “REAL OLD”,  no hace distingos.

 

Estamos viajando por el corazón de las tinieblas.

Imagen: http://www.youtube.om

¿SEÑALES?


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De la profundidad del espacio, en verdad desde diferentes, inconmensurables e inimaginables distancias que traducidas a nuestro pobres números se convierten o en una “ene” o agotan la provisión de ceros), llegan desde hace no se me ocurre cuánto tiempo, frecuencias que al parecer son señales o algo que se comporta como tales por su uniformidad y vamos a llamarlo, por tratar de definirlo, “ritmo”.

 

Es un hecho incontrovertible que no estamos solos en esta vastedad inmensa del Espacio (con mayúscula y respeto), donde lo que no podemos ver con los ojos ni con ayuda de potentes telescopios, debe ser infinitamente (“infinito” o sea que no tiene fin) mayor que lo que asombra al ser humano que mira al cielo de la noche – cuando lo oscuro produce la sensación de profundidad, asociada con esas lucecitas de variado tamaño y posición distinta, que llamamos estrellas – desde hace milenios, inspirando así miedo, poesía y curiosidad.

 

El ser humano tiende a sentirse el hueco del queque, el último huevo duro del picnic o la única Coca-Cola en el desierto; nos creemos los reyes de una Creación que demuestra desde hace siglos lo contrario porque lo que en realidad es nuestro planeta Tierra, es un granito de arena en esa inconmensurable playa donde las olas del tiempo llegan y no creo que mueran.

 

Nos venimos contando historias desde que el cerebro nos hizo seres humanos para explicar lo que resultaba inexplicable y aún hoy es un cubo “Rubik” con multiplicidad de posibilidades y muy difícil de alinear.

 

Tratamos de comprender lo que parece incomprensible y seguiremos empecinados, tercos, tratando, porque no creo que encontremos respuesta o por lo menos una sola que resulte real y valedera.

 

Las posibles señales que nos llegan de tanto en tanto, las huellas innegables que alberga nuestra Tierra y que descubrimos cada vez más seguido, reafirman que nuestra “soledad estelar” es un mito, mejor dicho una patraña inventada por alguien que tiene miedo a lo desconocido.

 

La teoría científicamente elaborada (para aquellos que gusten o necesiten de los cálculos matemáticos que evidencian una realidad que puede ser aterradora, pero es) sobre los miles de mundos habitados del Universo (repito, el humanamente visible) nos hace estar viviendo en un barrio grandazo, del que no conocemos prácticamente nada que esté  de nuestra puerta para afuera…Nos tocan el timbre, dejan tarjetas sobre el felpudo de la entrada y lo hacen desde hace tantísimo tiempo –eones, me provoca escribir- sin obtener mayor respuesta (porque somos sordos y desconocemos lo que es una tarjeta de visita) que si no fuera por los ruidos que hacemos y las luces que encendemos por las noches, los vecinos podrían creer que nuestra casa está deshabitada.

 

Sí, hemos hecho intentos y continuamos haciéndolo para comunicarnos con “alguien” ahí afuera, pero parece o que no acertamos con el lenguaje o que este, el nuestro, es tan balbuciente y primitivo que no nos toman en cuenta; igual tal vez que si fuéramos hormigas y “la gente” no comprendiese lo que quisiéramos decir con el movimiento de nuestras antenas, que está probado, es como se comunican estos bichitos, que son sumamente inteligentes…

 

Imagen: abajocomoarriba.blogspot.com

 

LIMEÑO O HABITANTE DE LIMA


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Hace años, allá por el 2005, la revista QUEHACER, dirigida por mi amigo Abelardo –“Balo”- Sánchez León, tuvo la gentileza de publicar un articulito mío en su edición marzo/abril, que reproduzco hoy aquí porque creo que de entonces a esta fecha cada vez es más cierto lo que decía y sucede de manera más acelerada.

 

Cuando empecé a trabajar en publicidad, a pesar de que los modelos en los comerciales  ya no eran absolutamente rubios y de ojos azules, sí había un patrón que casi excluía a los cholos  y a los negros.

Todo era clase media  y “aspiracionalidad”. Los nombres con sonido inglés eran imanes seguros y, definitivamente, el Perú era Lima y Lima, para la publicidad, se reducía a San Isidro, Miraflores y los viejos barrios mesocráticos.

 

A pesar de los esfuerzos del gobierno militar por eliminar la apelación directa  en los avisos y desterrar a Papá Noel de las campañas navideñas, la publicidad buscó las vueltas y, en un máximo alarde de peruanidad, puso un chullo a la gráfica.

 

Hoy, a la inversa de aquellos años, Lima es el Perú. Lima es una ciudad mezclada, agitada, colorida. Ha dejado de ser la ciudad de los diminutivos, donde imperaba el “lonchecito”, tomabas “una chelita”, esperabas “un ratito” y después te comías “un cebichito”. Sigue siendo la ciudad con el cielo color panza de burro del que hablaba don Héctor Velarde, pero bajo ese cielo se esconden otros cielos. Se esconden amaneceres andinos y atardeceres selváticos.

 

Lima baila a otro ritmo. A otros ritmos diría.  Lima no es más la ciudad jardín. Para muchos nostálgicos está mucho más cerca de “Lima la horrible” de Sebastián Salazar Bondy. No hay una Lima. Hay muchas Limas. Tampoco hay “limeños” estrictamente hablando. Tal vez queden algunos, pero son una ínfima minoría al lado de los habitantes de Lima.

 

El limeño pudiente veraneaba en Ancón. Para la clase media, los Baños de Barranco y La Herradura. Más lejos, Punta Negra y San Bartolo. Los que menos podían llegaban hasta Agua Dulce y Conchán. El invierno ofrecía Chosica, Chaclacayo y para la sociedad entre comillas, Los Cóndores.

 

Pero la ciudad, Lima, creció hacia El Callao; avanzó hacia el sur, desbordando los cerros, poblando los arenales, sembrando de barriles y esteras los terrenos donde la hierba se negaba a crecer. Asia ha convertido ahora a los veranos en una pasarela iluminada. Por el norte, Lima terminó uniéndose con Puente Piedra y al este la Carretera Central se ha convertido en calle principal

 

Lima se encuentra en un “aeropuerto” democrático su identidad gastronómica. En Gamarra la forma de vestir y en las discotecas con chelas, pollería y hostal, se pasa un divertido fin de semana.

 

¿Qué está haciendo la publicidad para ubicarse dentro de ese cambio? ¿Cómo enfrenta la vieja “Inca Kola” a la atrevida “Kola Real”? ¿Dónde ha quedado “El Rancho” frente a los “Roky´s” y los “Norky´s”? ¿Vencerá “Vencedor” a la pintura “Anypsa”? ¿El jugador de ajedrez se dará cuenta de que su contrincante tiene puestos los chimpunes y de que ese es un partido sin árbitro ni reloj?

 

Miren un triste ejemplo: el Centro Comercial Camino Real, ayer paradigma de centros comerciales y hoy en Cementerio Comercial Camino Real. Y el orgulloso y todavía reciente Jockey Plaza ve nacer en los conos la competencia inmisericorde que absorbe público y compradores, reteniéndolos allí, en sus zonas.

Hasta hace tres años era impensable que la gente de Los Olivos, Comas o Independencia dejara de “bajar a Lima”. Hoy no lo necesitan. Viven, estudian, trabajan, se divierten y crecen en su sitio. Lo tienen todo. Y cuando no lo tienen, lo inventan y disfrutan haciéndolo. Son prósperos y no sienten envidia.

 

La publicidad, sin embargo sigue soñando con patrones de los años cincuenta; con amas de casa rubias, casi perfectas, con dos hijitos como máximo, esposo trabajador, carro en la puerta  y casa perfumada por el olor a flores  del aromatizante preferido por todas. De vez en cuando un cholo, de vez en cuando un negro. Por aquí una Tula Rodríguez blanqueada a su pesar, animando un programa. Por allá una Eva Ayllón en su papel moreno de cantante criolla que recomienda una gaseosa, junto a una “Suavecita” que es charapa pero limeñizada y una Gisela ejemplo de ascensión y olvido de su pasado bataclánico.

 

¿Cuál es el “limeñan way of life” que nos propone la publicidad? ¿Hasta cuándo seguiremos hablando de los comerciales de “Magia Blanca”, que ya agotaron las batallas, para mostrarlos como ejemplo de publicidad local? ¿Es la publicidad de “Compra peruano” algo más que un pretexto? La publicidad, en la mayoría de los casos, sigue creyendo que su público vive en San Isidro, compra en “Todos” y vuela en  “Aerolíneas Peruanas”. Salvo raras y honrosas excepciones, la publicidad parece dirigirse a un grupo humano  ya desaparecido. Como los fantasmas de las destruidas ciudades marcianas de Ray Bradbury que “eran hermosos y de ojos dorados”. Existe tal vez aún, en la página de sociales de “El Comercio”.

 

Jefferson Janampa Gutiérrez no tiene nada que ver con eso. Él es abarrotero mayorista, tiene una camioneta Toyota y vive en Los Olivos. Su mujer y uno de sus hijos lo ayudan en el negocio; los otros tres están en el colegio. Chatean  desde la cabina, se irán de vacaciones a Miami y no les preocupa que su ropa de marca sea “Made in Peru”. Tienen cable, no leen los periódicos  y el fútbol los congrega frente al televisor de 29 pulgadas. En el verano hay piscinas cerca donde pasar el día. Si salen a comer, ¿pollos o parrillada, chifa  o pizza? ¿Es Jefferson Janampa un limeño o solo habita en Lima? ¿Qué publicidad es la que lo seduce? ¿Las piratas de” Backus”? ¿Los remeros que ganan gracias a fideos ingeridos desde que eran niños? ¿La intriga de la “M”? ¿La simpleza lavable que le presenta “Anypsa”? ¿Alguien  le habla a él? ¿A su familia?

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Para Ana María Berenson Ardiles la cosa es diferente. ”Ésika” es para ella. Las cucarachas, ¡¡¡ajjj!!! se mueren con “Baygón”. Para tomar “Sprite Zero” o un agua mineral. Para “esos días”, “Always” con alas. El aceite olivado “”Primor” es una buena idea y un yogur “Bio-Laive” hace la diferencia. Claro que viaja en micro y cuando alcanza en taxi, pero eso no impide vivir como una sueña. ¿Ana María Berenson es limeña o solo habita en Lima?

 

Difícil lo tiene en esta Lima, que en realidad son varias, la publicidad masiva si es que hace introspección. ¿Funciona? ¿Es rentable? ¿Cómo llegar y a quiénes? ¿Es necesario limeñizar la comunicación? ¿Es que existe el limeño? ¿La tan mentada globalización ha homogeneizado a una población heterogénea? ¿Será que asistimos a los coletazos finales de un sistema obsoleto que se niega a morir porque su aviso de su fallecimiento no ha aparecido todavía en la página de defunciones de “El Comercio”?

 

Imagen: Cerro San Cristóbal, Lima / pinterest.com

 

 

¿LO DIGITAL TE VUELVE VEGETAL?


 

DURA UN POCO MÁS DE 41 MINUTOS, PERO ESTE DOCUMENTAL ME PARECE ALTAMENTE RECOMENDABLE E INTERESANTE. EL TÍTULO DE ESTA ENTRADA AL BLOG NO ES EL DEL DOCUMENTAL, PRECISAMENTE, PERO HACE UNA PREGUNTA QUE ES CLAVE RESPONDER. 

Gracias Youtube.

EN LOS DESAGÜES, LAS RATAS SE ALBOROTAN


scary illustration of a rat

En estos días, los desagües de Perú están alborotados porque las ratas corren de un lado para otro, tratando de salvarse de la fumigación que amenaza extinguirlas.

 

Otras, más alejadas de las emanaciones letales, están convencidas de su supremacía y salen por algunos buzones mordiendo el aire como si fueran fieras.

 

Todas van a morir porque el humo del Bien es para estos animales veneno poderoso; el país necesita que sus alcantarillas se libren de alimañas y que estas al dar sus últimas boqueadas sepan que la Verdad sí es capaz de liquidar a la mentira porque que lo que creyeron ser refugios no son sino lugares donde agonizarán para después morir.

 

Los cadáveres luego, se han de quemar para que no quede ningún rastro, el fuego se haga cargo de sus restos y así, el país pueda vivir por fin en paz.

 

Imagen: i.stockphotos.com