Lectura incompleta


Sabius

Hace unos días vi una publicación en LinkedIn muy curiosa, que me gustaría diseccionar en dos partes.

Parte 1: Un miembro de LinkedIn mostraba la foto de una mujer dando el pecho a un bebé  en una cafetería. Sobre la mesa había varios objetos…

El autor comentaba que era una vergüenza que tuviéramos que ver cosas así en las cafeterías o bares, que era incluso perjudicial para la salud y muchas cosas más.

Hubo bastantes comentarios insultantes hacia su persona, no solo le llamaron machista y misógino, sino cosas peores…

Parte 2: Inmediatamente después del texto inicial – parte 1-, el autor del post señala que es insano poner una chancla sobre la mesa, preguntándose que habría pisado antes en la calle. En efecto, en la foto se apreciaba  perfectamente ese calzado sobre la mesa de la cafetería.

El autor, se refiere por tanto a la chancla sobre la mesa…

Ver la entrada original 268 palabras más

RECORDANDO CON MÚSICA


Claro que hay una obra de teatro de la cual se hizo una película y que se llamó “Recordando con ira”, pero mis recuerdos no tienen ira, sino música y esta, salvo raras excepciones, es feliz.

Para mí, la música es “memoriosa” y guarda esos instantes que construyen los recuerdos. Está presente casi siempre cuando escribo y hace que surjan temas que tenía olvidados, busca las palabras para que floten y vayan acomodándose, tomando la forma de sucesos, impresiones y figuras, esas que un día tuvieron importancia o fueron un chispazo tal vez poco advertido pero que ahí quedó atrapado, esperando el momento de volver a ser chispa e incendiar la pradera…

Sé que hay aquellos a los que cualquier sonido distrae y que necesitan del silencio para escribir, de un ambiente especial o de una especie de “puesta en escena” que los rodee y permita que las ideas fluyan y vayan llenando el papel o, modernamente, la pantalla de la computadora, sin embargo – y tal vez sea por mi trabajo como redactor publicitario, que ya tiene más de 50 años- yo puedo escribir en casi cualquier lugar, con bulla o silencio, en un sitio cómodo o a bordo de un ómnibus de transporte público; digamos que soy una especie de “todoterreno” para escribir: no importa dónde, escribo.

La música es y ha sido siempre mi “compañera de escritorio”, donde este estuviera y tomase la forma de una mesa o el equilibrio precario de un cuaderno de notas sobre mis piernas. Claro que la música la voy eligiendo y así como puedo modificar mi estado de ánimo con lo que escoja, por ende, lo que produzca escribiendo también dependerá de la música. Eso sí, tiene que ser música, no importa si es una canción con letra, pero el reguetón o el rap se salen del casillero.

Esto que estoy contando es lo que muchísimas personas hacen y no me creo un “exclusivo”, pero para mí, que cuando tenía muy poca edad, pidieron que no cantara el Himno Nacional en la formación del colegio, porque desafinaba todos con una voz tan entusiasmada como potente y “desorejada”, la música es parte importantísima de la vida, aunque no cante, tampoco toque instrumento alguno y siga siendo el mismo “desorejado” de la infancia.

Imagen: http://www.youtube.com

¡AGUA VA…!


Vaciar la bacinica por la ventana que daba a la calle era una costumbre mañanera, pero gritar “¡Agua va!” antes de hacerlo, era imperativo para evitar situaciones incómodas con algún transeúnte…

Un día, Genoveva, la criada, olvidó avisar antes de echar con fuerza por la ventana el contenido del “vaso de noche” y mojó con un verdadero chubasco de orina maloliente, a nada menos que un abogado, que presuroso iba al juzgado cercano para defender una causa…

La inesperada, violenta y olorosa lluvia, no solamente mojó al abogado y a sus legajos, sino que sirvió para ganarle notoriedad al personaje, con un apodo que, aunque él se negara a reconocer siempre, sirvió para llamarlo así desde entonces, porque el suceso corrió rápidamente en una ciudad amante de las habladurías, el chisme y las historias divertidas como Lima; pasó a ser “El Orinadito”, bueno, “El doctor Orinadito”.

Felizmente, el contenido fue únicamente líquido”, decían con malicia…

Imagen: http://www.platanativa.com

LA KODAK


Solamente soy un simple aficionado, como millones de personas y ahora que hacer “¡click!” es casi estúpidamente sencillo (sin el “casi”) gracias a los omnipresentes teléfonos celulares, la fotografía me parece que ha perdido su magia y se ha vulgarizado al masificarse.

Todavía recuerdo con cariño mi cámara “Brownie” de Kodak, que tenía incorporado un flash, de esos a los que se les cambiaban los “bulbos” (foquitos o lamparitas, por si alguien no entendiera) después de cada disparo utilizando flash, porque se quemaban. Contrariamente a su nombre, que se traduciría como “marroncita”, era azul y gris, usaba película 126 de carrete y no pesaba nada – porque en realidad era una caja de plástico vacía- una lente de vidrio con obturador, una mirilla con lente también de plástico, pero transparente, un flash que era parte del cuerpo y los dos carretes para la película – uno lleno y nuevo y el otro que iba recibiendo la película expuesta -. Eso, el sencillo mecanismo que permitía “pasar” la película para cada toma y un cordoncito para colgar del cuello, era todo.

He tenido varias cámaras fotográficas, alguno muy completa como la “Minolta”, con lentes intercambiables, e incluso un “tele”, pero siempre la película fue Kodak, salvo alguna vez que usé “Agfa-Gevaert” o “Fuji Film”. Kodak fue una constante al hablar de fotografía y recuerdo en la infancia, acompañar a mi madre al “Estudio Acevedo” a dejar un rollo para revelar o a recoger el sobre que contenía las imágenes en blanco y negro que perennizaban instantes o retrataban paisajes y las andanzas de mi padre como constructor de caminos.

Kodak ha sido una constante en buena parte mi vida, primero con el blanco y negro, luego con el color en fotografía y después, cuando trabajé en publicidad, como cliente de JWT en el Perú: Una de esas relaciones que van creciendo, maduran y que un día empiezan a vestirse del conocimiento de ciertas cosas que nos intrigaban cuando éramos niños…

Kodak, ahora, ya no es la primera palabra que salta cuando mencionamos fotografía, pues estoy totalmente seguro que esta es “celular” y que lo instantáneo ha reemplazado –tal vez con perjuicio- a lo trabajado, a lo planificado, a lo pensado y según creo, a la calidad (como el “café instantáneo al verdadero café “pasado”).  Aunque las “instantáneas” fueron parte muy importante de la fotografía, requiriendo atención, buenos reflejos y claro, mucha suerte, yo diría que en general se ha banalizado la fotografía, con su “popularización celulárica”, convirtiéndola en una simple y vulgar pestañeada casi irreflexiva.

Hace muchos años, uno hablaba de “la Kodak”, para referirse a la empresa, a la fotografía que veía y a las que tomaba o a la cámara fotográfica barata y sencilla… Hoy es una palabra que casi no se usa, pero que promete regresar, porque he visto que se piensa producir computadoras Kodak, haciendo realidad el título del magnífico vals peruano de César Miró, “Todos vuelven”.

Imagen: ww.clasesdeperiodismo.com

FUEGO DE ARTIFICIO


Miró el reloj, vio como la aguja que indicaba los segundos indicaba el paso del tiempo y sin quitar los ojos del Movado de pulsera, abrió y cerró su otra mano en un afán instintivo de calmar los nervios que el momento que vendría le estaba produciendo.

La aguja dio tres vueltas a la esfera y el movimiento de su mano se intensificó porque sabía que solamente dos minutos lo separaban de provocar lo inevitable, haciendo realidad su sueño y luego, cuando fueron las doce en punto, oprimió el botón, haciendo que su dedo borrara a la Tierra del mapa celeste, convirtiéndola en una especie de monstruoso fuego de artificio, de esos a los que tan aficionado había sido el Venerable Líder en su infancia.

Imagen: http://www.pinterest.com