SONIDO.


 

SONIDO.

Muy de madrugada me despierta un sonido; escucho atento y el sonido se repite mientras mi cerebro busca, ya alerta, la correspondencia que me dirá de qué se trata.

 

Vuelve a sonar y ya no quedan dudas: es la bocina de un tren que suena lejana pero que el silencio amplifica; hace muchísimo tiempo que no la escuchaba, quizá desde que era chico o tal vez la oí repetidas veces cuando filmábamos un comercial en la estación de Desamparados;, no lo sé bien, pero por aquí cerca no pasa ningún tren y lo único posible es que sea el que trae mineral desde el centro y lo lleva hasta el puerto del Callao; pasa muy lejos, pienso.

 

Y de pronto me viene a la memoria el maravilloso cuento de Ray Bradbury, “El Dragón”, del libro “Remedio para melancólicos”…; me levanto para buscarlo y volverlo a leer con el mismo entusiasmo de hace tantos años:

 

“Los guanteletes empuñaron las lanzas y las viseras cayeron sobre los ojos de los caballos.

-¡Señor!

-Sí; invoquemos su nombre.

En ese instante, el dragón rodeó un cerro. El monstruoso ojo ambarino se clavó en los hombres, iluminando las armaduras con destellos y resplandores bermejos. Hubo un terrible alarido quejumbroso y, con ímpetu demoledor, la bestia prosiguió su carrera.

-¡Dios misericordioso!

La lanza golpeó bajo el ojo amarillo sin párpado y el hombre voló por el aire. El dragón se le abalanzó, lo derribó, lo aplastó y el monstruo negro lanzó al otro jinete a unos treinta metros de distancia, contra la pared de una roca. Gimiendo, gimiendo siempre, el dragón pasó, vociferando, todo fuego alrededor y debajo: un sol rosado, amarillo, naranja, con plumones suaves de humo enceguecedor.

-¿Viste? -gritó una voz-. ¿No te lo había dicho?

-¡Sí! ¡Sí! ¡Un caballero con armadura! ¡Lo atropellamos!

-¿Vas a detenerte?

-Me detuve una vez; no encontré nada. No me gusta detenerme en este páramo. Me pone la carne de gallina. No sé qué siento.

-Pero atropellamos algo”.

 

El cuento es mucho más largo y este es casi el final.

 

La bocina que sonaba en la madrugada me ha dejado pensando en cómo un sonido trae recuerdos tan dispares: los de un comercial, caballeros, armaduras, valor, miedo,  posibilidades…

 

http://www.fqt.izt.uam.mx/html/Profes/RVF/comunicacion/lecturas/cuento_el_dragon.pdf

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¿MALINTERPRETACIÓN?


MARITZA GARCÍA

MALINTERPRETACIÓN

 

 

Se dice que “los periodistas malinterpretan”, que “sacan de contexto” ciertas declaraciones lo tal vez sea cierto pero definitivamente no todos lo hacen.

 

Cuando un político lo dice, es bueno fijarse bien en las declaraciones que hace y comprobar en primera persona si se le están haciendo decir otras cosas y si los medios cambian a su antojo lo que en verdad fue manifestado.

 

Hace muy poco, una señora congresista que preside la Comisión de la Mujer y la Familia, afirmó repetidas veces y en distintos medios que había sido tergiversada y que ella no dijo lo que dijo.

 

Esto es pan de cada día y la famosa “interpretación auténtica” parece cobrar vida; sin embargo, sus palabras no dejan duda alguna cuando en un seminario de orientación en Huancabamba, Piura, respalde a un psicólogo que en su charla a un público compuesto por mujeres, entre otras cosas les aconseja que si quieren dejar a su pareja, nunca le digan “te voy a dejar” y alguna otra frase que pueda provocar la violencia; que consulten con alguna amiga y mejor le digan que se van a casa de su madre.

 

La congresista Maritza García lo cita, titulándolo como “maestro” y “gran psicólogo” y dice que algunas mujeres “sin querer queriendo” (¿Chespirito dixit?) provocan la violencia contra ellas por decir cosas que NUNCA deberían decir.

 

Cuando de todas partes se levantaron contra esas expresiones, la congresista dijo que “la habían tergiversado”; sin embargo allí están las declaraciones y me parece que está tratando de corregir lo incorregible y enmendar lo que dijo, echándoles la pelota a otros.

 

En algún programa de televisión negó conocer al psicólogo, ni haberlo invitado a dar la conferencia como si con su presencia allí y la mención que hizo de sus desafortunadas palabras, dándolas como consejo a la audiencia, fueran algo sin ninguna importancia; incluso afirmó que el profesional trabajaba para el Gobierno Regional de Piura (y no para el congreso), lo que (ella estaba segura, al parecer) la eximía de responsabilidad.

 

Este caso, que ha sido ventilado a todos los aires, es una muestra de la manera en que ciertas “autoridades” entienden su papel frente a la población y creen que servir al pueblo es decir frases grandilocuentes, respaldar cosas que parecen no entender cabalmente y ostentar cargos para los que no tienen una preparación suficiente, aunque sean profesionales en alguna materia.

 

Dejo aquí el enlace al programa “Todo se sabe” de RRPP, donde se puede comprobar lo que digo; perdónenme quienes me leen en el exterior, pero el país está como está por cosas como estas, entre otras muchas, claro.

https://www.youtube.com/watch?v=ZgZfcCUoaxY

 

 

ZAPATILLAS.


 

zapatillas

Le dolían los pies de tanto caminar y estaba muy cansado; se sentó al fin en la banca del parque, se quitó las zapatillas, levantó con cuidado la plantilla de la del pie izquierdo, para sacar el envoltorio de plástico -que estaba igual que cuando lo colocó- para guardarse el billete de cien soles en el bolsillo de la camisa, debajo de la chompa; puso las zapatillas en el suelo.

 

Se echó, enroscándose un poco debajo de la frazada sucia y como  otra frazada, el sueño lo cubrió.

 

Al despertar, las zapatillas no estaban y él tomó su desaparición como un mensaje: debía detenerse.

 

Creía en los augurios.

CANUTO


 

CANUTOS

En su familia y en el barrio le decían “Canuto”-desde chico – era largo y delgado, como un fideo- y una mata de pelo zambo coronaba su figura desgarbada.

 

Canuto” se llamaba Graciano, pero a él no le hacía gracia su nombre y además se había acostumbrado al apodo; fue “Canuto” en el colegio; “Canuto” dejó la universidad porque era muy fiestero aunque en las fiestas nadie le daba bola; “Canuto” formó parte de un grupo musical como cantante.

 

Le dijeron que ni Graciano ni “Canuto” eran nombres artísticos apropiados y le pusieron “Yony”; el nombrecito le sonaba ridículo, pero aceptó “por el bien de tu carrera”, como le repetían.

 

En todo esto pensaba cuando, años después, guardando los timbales que aprendió a tocar cuando fracasó como cantante y formó “Canuto y su Combo”; se dejó llevar por los recuerdos…

 

Reaccionó: el bus de la orquesta, como la vida, no espera.

PICHIRUCHI.


manolito3

Pareciera ser que viene de la lengua mapuche; “pichiruchi” es un despectivo que significa poca cosa. Se usa, por lo que sé, en Argentina, Chile, Paraguay, seguramente en Uruguay y  en Perú (de pronto, en todos los países de habla castellana…).

 

Cuando oigo la palabra –que cada vez sucede menos, ciertamente- recuerdo a las tiras cómicas de Mafalda…

 

Pichiruchi” es palabra sonora y según sea dicha puede ser un insulto, una definición o significar cariño; “pichiruchi” me gusta y es de esas palabras que hacen evocar, no lo sé bien por qué, la infancia y los chupetes de caramelo y de colores.

 

¿Es que tal vez yo fui un “pichiruchi”?

 

 

Ilustración: “Mafalda” por Quino (tomada de Internet).