La niña y el “pirata”


SENDERO BLOG

Bajo la sombra, Cecilia, de diez años mira hacia el caserío. Imagina que su perro yace con el lomo quebrado en alguna callejuela. Su mirada va y viene. Suspira. Sus parpados no le arden, no le pican, pero los talla. Varias amigas la saludan, van acompañadas por su mascota. La tarde envejece y Ceci está por regresar a su vivienda, cuando siente un roce peludo entre sus piernas. Sabe que es “Pirata”. Se hace la indiferente y alzando la voz lo regaña.  “Dos días sin saber de ti es demasiado”. El can mueve la cola. Percibe que en un futuro no regresará. ¡De muy dentro sale un grito “No has sido buen amigo”! “¡Eres libertino, andariego!” El can lame sus manos, chilla. Ella solloza, cierra sus ojos, ya inundados de lágrimas. busca tejos, tira a no darle. ¡Vete!, ¡vete! camina dándole la espalda, a pasos cortos recuerda a su padre…

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LOS ANTEOJOS


LOS ANTEOJOS

No encuentro mis anteojos, esos que tienen el marco negro y que estoy seguro de haberlos dejado encima de la mesita de la sala; los busco, inclusive revisando en los tres sillones, metiendo la mano por los costados del cojín de asiento de cada uno y he encontrado un lapicero azul que había estado perdido durante mucho tiempo y con el que hacía anotaciones en los márgenes y subrayaba lo que me interesara de lo que leía y entonces recordé que debía guardarlo en lugar seguro y no se me ocurrió nada mejor que ponerlo en el cajón de mi mesita de noche o sea cerca de todo lo que necesito en una emergencia, como la navaja suiza, dos curitas, pastillas para la acidez, un paquetito nuevo de pañuelos de papel, mi linterna con flash rojo, dos pilas de las gordas pero  al ir al cuarto me he fijado en una mancha que está en la pared y he decidido limpiarla de inmediato porque realmente se ve mal, da aspecto de descuido y yo soy muy cuidadoso con todo: trato que cada cosa tenga su lugar y me cercioro de que esté allí por si alguna vez la necesitara; he ido hasta la cocina para buscar un paño, humedecerlo y con un poquito de detergente hacer el trabajo, pero el bote de detergente está vacío y el café que está en el anaquel de arriba me ha hecho acordar que hace rato –bueno, unos minutos- he puesto café y agua para hacerme un café de los buenos, porque yo soy un cafetómano exigente: nada de sucedáneos o de esos polvos marrones instantáneos que dan una acidez horrible, para la que tengo mis pastillas bien guardadas en el cajón de las emergencias pero no ha prendido la cafetera que creo necesita le pongan en el cordón de electricidad un poco de cinta aislante plástica porque hay un posible roto y con la electricidad es mejor no jugar; tengo cinta aislante plástica de color rojo en el cajoncito de las emergencias y como la cuchilla suiza tiene tijerita, puedo cortar un pedazo y reparar el cordón de la cafetera ahora mismo…; pero yo busco algo, creo que mis anteojos y tal vez lo mejor sea preguntarle a mi mujer llamándola por el celular, porque mi mujer ha salido creo que al mercado o a la lavandería, donde dejó unas blusas y de refilón dos camisas mías que no son wash & wear, aunque ahora que me acuerdo ya no uso anteojos, porque me operaron hace un tiempo y veo perfecto. Lo que no entiendo es eso que me dice mi mujer que si me operan del cerebro de pronto mejoro; no sé qué tengo que mejorar, porque yo soy muy ordenado, bien ameno y conversador, me acuerdo de todo (o casi todo) y en realidad un olvido lo tiene cualquiera…, y a todo esto, ¿dónde estarán mis anteojos, los de marco negro…?

 

Imagen: http://www.newhairstylesformen2014.com