GRITOS Y NO SUSURROS


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Creo que hay un problema sonoro aquí en el condominio porque las voces de los chicos que juegan en las áreas verdes se escuchan sumamente altas y no sucede lo mismo con los adultos, salvo que alguna mamá no sé si desesperada, exasperada o angustiada pega un grito llamando a su hijo que parece no hacer el menor caso, porque los alaridos maternos continúan hasta que la bullanga chiquilleril gana y son las voces jóvenes con un nivel decibélico verdaderamente bélico, las que atruenan el ambiente con el fragor de una multitud en el estadio nacional, celebrando un gol de Paolo Guerrero.

 

No entiendo por qué para jugar tienen que gritar; tal vez sean sordos o a veces pienso que se comunican entre ellos a distancia, pero compruebo que están tan cerca uno de otro que se confunden en una especie de masa trepidante…

 

Es un misterio para mí si ya metidos en sus departamentos, piden a gritos el teléfono celular o se oponen estentóreamente a comer lo que no les gusta…; es también un misterio –creo yo, científico- si es algo heredado cromosómicamente o aprendido en alguna clase de oratoria escolar, para poder hablar sin micrófono y amplificación a una asamblea de 700 personas.

 

¿Son los gritos el futuro comunicacional que nos espera y entrenan para ello? ¿Es que yo no tengo paciencia? ¿Es que soy susceptible?

 

He tratado de preguntar si alguna de las opciones anteriores es válida, pero parezco el personaje de una película a la que le hubieran quitado el sonido, porque abro la boca para pronunciar palabras mudas que en el fragor del multitudinario juego infantil, son totalmente vanas.

 

Imagen: http://www.yummymummyclub.ca

 

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.