MIENTRAS TANTO…


calavera hamlet

Cuando muera, se me habrán apagado las luces y pasaré a un estado que intuyo feliz, pero para los efectos terrenos, habrá oscuridad. Mientras tanto estoy vivo y me ocupan la mente muchas cosas: lo que sucede, por ejemplo, en un presente que parece que se va degradando mientras camina hacia el futuro. Un presente que no parece que a nadie le importara y en el que solo lo puramente personal valiera. Me parece terrible ver como se dinamitan los días sin que los escombros que caen le hagan mella a nadie.

La indiferencia general resulta extraña porque veo sucesos que debieron mover los cimientos, pasan sin dejar huella y sin mayores comentarios o como notas al margen.

Yo, mientras esté vivo, no puedo hacer más que ocuparme de lo que sucede y escribir. Escribir con la esperanza del mensaje de una botella echada al mar: tal vez, en una playa, muy lejos, alguien lo lea y haga aquello que no pude.

No es mirar las cosas negras, pero sí me doy cuenta que lo que está pasando tiene tonos oscuros, tiene sombras. Pienso a veces que una gran mayoría duerme y me vienen a la memoria las palabras de Hamlet: Morir, dormir… ¿dormir? Tal vez soñar.

CON P DE PIURA Y PUBLICIDAD


Estuve repasando las fotos que una ex alumna que vino de visita, dejó para que viera. Primero, noté que los años pasaron y segundo, comprobé que los recuerdos se mantienen intactos. Fue hace bastante tiempo, cuando me propusieron ir a dictar unos cursos de publicidad a Piura, al Instituto “Pacífico Norte”. Estaba ubicado en una casona grande pintada de color claro, en la calle Lima número 463, si las imágenes no mienten y la memoria no falla.

Fue un reto el hacerlo y luego una alegría porque encontré que chicas y muchachos querían aprender y saber de aquello que me ha gustado tanto durante toda mi vida: la publicidad.

A pesar que yo iba esporádicamente, nos compenetramos tanto que terminaron haciéndome “padrino” de la promoción, cuando se graduaron y me obsequiaron un juego de lapiceros Cross de oro, que no solo conservo  sino que uso siempre. Mucho cariño sentí en las cálidas tierras del norte, no solo de los alumnos sino de profesores, con quienes conversábamos largamente, uno de los cuales es ahora ministro de Agricultura. Recuerdo que mi amigo, el dueño del Instituto poseía también una discoteca, que tenía en el centro una inmensa lámpara blanca colgada del techo, hecha con miles de conchas…

Las fotografías siguen avivando los recuerdos y solo puedo encontrar momentos gratos durante ese tiempo. Amistades hechas entonces, que ahora se manifiestan con esta visita, por ejemplo. Gracias a ella, nos reímos con las anécdotas, hicimos recuento de sucesos y en general fue muy hermoso volvernos a encontrar.

Tal vez sea porque me gusta la publicidad y me gusta enseñar, que cosas como esta van creando un tesoro invalorable. Que me recuerden después de tantos años me parece maravilloso, porque lo que siempre quise fue transmitirles mi entusiasmo y presiento que lo conseguí.