¡PAU!


manos10

Es lo que suelen decir los niños chicos cuando algo desaparece. “¡Pau!, ¡Se fue! ¡Desapareció!”.

Martín Belaunde Lossio se hizo pau. Hizo lo que se intuía que iba a hacer. No hay que ser muy zahorí para predecir que el personaje desaparecería convenientemente. Lo que es tremendo es la tranquilidad del gobierno para traerlo al Perú de vuelta de Bolivia y la impresión que quería dar de una urgencia que sonaba ficticia.

De pronto los policías bolivianos que lo custodiaban se quedaron convenientemente dormidos. De pronto nadie se percató que el señor salía a las 4 de la mañana (es la hora que se calcula) por la ventana de su cuarto y ganaba la calle. Total, a esa hora está oscuro y hace mucho frío en La Paz, o sea que bien abrigaditos y sin posibilidades de ver algo, o en brazos de Morfeo, “nadies vio nada”. Ahora la pelota bota y rebota, pero lo sucedido es puntual: el individuo “buscado intensamente” y con una cobertura mediática bi-nacional inmensa, se hizo humo, para ser otra vez “buscado intensamente”. Todos echan la culpa a todos y todos se disculpan; tal vez el Gran Bonetón sea el culpable.

Esta sería una trillada comedia de equivocaciones si no estuviera en juego lo que está. “¡Exijo una explicación!” diría Condorito y hasta ahora las explicaciones son de historieta, solo que en lugar de ser cómicas, son una historia trágica. Su familia boliviana está pagando unas consecuencias que no tendría por qué pagar. Mientras tanto, por las redes sociales él “reaparece” y dice que huye de la injusticia.

Martín Belaunde Lossio ha desaparecido. Se fue una madrugada fría por la ventana. Ojalá que haya estado bien abrigado. Sería el colmo que después de un tiempo lo encuentren por ahí, muerto de frío, con un balazo en la cabeza.

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

4 comentarios en “¡PAU!”

  1. Encuentro que lo más triste de estos enredos es tener tan clara la película de “lo que va a pasar” y estar obligados a permanecer en nuestras butacas como meros espectadores mientras se desarrollan estas cotidianas y frustrantes tramas, a las que el asombro pudiera tildar de inverosímiles si no fuera por su pueril repetición (hasta el hartazgo) en nuestra historia. Aún espero que esto termine “sin mártires y héroes” y de alguna forma que permita clarificar lo ocurrido y el país aprender, si no es mucho pedir, alguna lección.

  2. Como dices, la vida en nuestro querido país se está convirtiendo en una loca, muy loca tragicomedia. Al menos, así la está pintando la oscura mano de algún diestro titiritero 😉

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