ROMPIENDO LAS COSTURAS


El saco de gatos que es la política peruana está rompiendo las costuras y los animales pueden llevar con su pelea ciega a que el Perú se convierta en un caos terrible, donde el todos contra todos sea la norma y que se haga imposible organizar nada sensato.

Al enorme problema que es la pandemia que ha sumido al país en la oscuridad de la desgracia y la incertidumbre, se suma la estupidez asesina y suicida de los políticos en general –los “profesionales” y los “aficionados”- y en particular los que están representados en el congrezoo (donde la mayoría son “aficionados”)-; que además de estúpida es interesada porque lo que quiere la mayoría de ellos, es que “su botín” de prebendas, gollerías y “negocitos” no se les vaya.

Pero ellos (salvo algunos, la verdad sea dicha) siguen revolcándose, mientras tanto el saco va a reventar y “otros” tienen la culpa de todo, porque ellos son mansas palomitas blancas, casi casi Espíritus Santos, incapaces de todo mal. Incapaces son, hasta en tratar de cometer felonías, que sin embargo repiten con terquedad de mulas.

No sé si tendremos solución y los gatos morirán en su combate, antes que las costuras del saco se acaben de romper… Tal vez la mirada que tengo parezca apocalíptica, negativa y hasta derrotista, pero tal vez habría que aprovechar y gasear el saco. No sé cómo.

Imagen: depositphotos.com

LA ISLA DE LA FANTASÍA


En 1977, una serie de televisión sumamente popular, cuya trama y acción se localizaba en una isla, en algún lugar del océano Pacífico, donde la gente podía cumplir cualquier fantasía que tuviera, previo pago de US$ 50,000 y de no revelar nada sobre la ubicación de la isla…

Estamos en el año 2020, en el camino inmediato al 2021, en una Tierra que es más que nunca una isla, flotando en el espacio y vivimos la fantasía más fantástica que ningún señor Roarke ni Tattoo harían posible, sino un microscópico personaje, cuyo nombre tiene el número 19.

Lo que está sucediendo en todo el mundo, hace realidad una historia que parece salida de la ciencia ficción, que deja chiquitos a los libretistas de la más imaginativa serie de la tele y nos pone a todos en esta nueva realidad, que, aunque no queramos, ni hayamos pagado nada por vivirla, es.

Pero lo último no es tan cierto, ya que muchas personas –sin quererlo- sí pagaron y con lo más valioso que tenían: sus vidas. Esta es una pesadilla fantástica, en la que estamos atrapados en nuestra isla, rodeada de oscuridad por todas partes, que, aunque figurando en los mapas estelares, es tan minúscula e insignificante que parece haber sido olvidada…

Esta serie, ya está resultando larga, tediosa y aunque en cada capítulo se nos promete un final casi feliz, a veces dan ganas de apagar el televisor para irse a tomar un café…

Imagen:  ABC Television – eBay itemphoto frontphoto back, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=20143137

LLOVER SOBRE MOJADO


Las noticias que dieron cuenta de que el Perú es el país del mundo con más muertos de acuerdo a su población, es decir que ocupamos un triste y desastroso primer lugar en nuestro planeta, deberían hacernos reaccionar, aunque últimamente las cifras de muertos estén bajando.  Y digo que “deberían” porque pareciera que estamos muy felices de ser los campeones en algo, aunque esto sea nuestra propia destrucción.

Las advertencias han venido de todos lados y en la práctica, el desastre lo vemos por todos lados:  los del barrio, los conocidos, amigos y parientes que se enferman y mueren      –estoy tentado a decir “como moscas”- porque les importó un bledo todo, hasta que dejó de importarles absolutamente, porque a un muerto en una bolsa de plástico no le importa más nada.

Pero esto que escribo es como la lluvia que cae sobre lo que la misma lluvia ya mojó, porque estoy seguro que me van a tomar como tremendista, como exagerado, como derrotista y negativo, porque “Dios es peruano”, porque Superman, que es el “hombre de acero”, existe y canta “Y se llama Perú” …

Decimos que “la vida tiene que seguir”, pero parece que no nos damos cuenta que sí, la vida en general continúa, pero a una velocidad increíble la vida humana, específicamente, se acaba y lo hace en esta “hermosa tierra del sol” a ritmo de campeonato. No sé si somos o nos hacemos, pero sí que no se quiere entender que el Covid-19 mata y que eso de la peruanidad que nos agrupa e “inmuniza” está bien para letra de valsecito criollo o charla motivadora, porque el virus no hace ningún distingo, ni tampoco pide DNI o mira el pasaporte.

Repito que lo más seguro para quienes me lean, es que esto será llover sobre mojado, porque la reflexión no es sino el eco de una avalancha de sucesos increíblemente estruendosa, que de pronto, como después de todo alud, hace oír el silencio… que es silencio de muerte.

Imagen: es.blastingnews.com