MONASTERIO


Bajo los arcos, en las pequeñas calles, en la plaza, el tiempo se detuvo y aguzando el oído, se escucha alguna avemaría que una voz monótona y antigua recita en el silencio.

Todo está idéntico al ayer que se fue; el agua mana de la fuente, la ventana se cierra y las sombras que los muros proyectan, hablan de un sol que es testigo silente del paso de los siglos.

El viejo monasterio espera que la noche cubra de oscuridades las paredes, para dormir su historia y prepararse para un día distinto, pero igual que otros días: Una mañana clara, mediodía soleado, una tarde tranquila y la noche, nuevamente la noche, que se repite siempre como un rezar callado.

Imagen: Interior del monasterio de Santa Catalina, Arequipa, Perú. Foto: manolo echegaray.